Los GPS del Cosmos

mayo 22, 2013

Desde su descubrimiento en los años setenta del pasado los siglo los púlsares han estado en la imaginación de todas las personas fascinadas con la astronomía. Estos cadáveres estelares que rotan a gran velocidad sobre su eje emiten intensos haces de radiación con un periodo muy bien definido, y realmente sus periodos de rotación son muy estables, lo que hace que los púlsares sean tan exactos para medir el tiempo como los relojes atómicos. Por esta razón en los textos de divulgación con frecuencia se comenta su posible utilidad como faros cósmicos, bien para la navegación interestelar, bien como referencias para la comunicación entre civilizaciones mediante ondas de radio. De hecho, estas posibilidades son comentadas brevemente por Carl Sagan en su famosa serie Cosmos.

Aunque todo esto pueda parecernos ciencia ficción, lo cierto es que hay publicaciones que tratan de la utilidad de los púlsares para la navegación interplanetaria desde los años setenta, aunque en esos momentos el conocimiento sobre estos objetos era aún impreciso y los errores en los métodos de posicionamiento podrían ser grandes. Pero con el paso del tiempo el número de estos objetos catalagados ha crecido, y además se conoce con más precisión los diferentes tipos de estos objetos y sus propiedades, así como de los haces de radiación que emiten. Por eso aunque aún resulte una tecnología de implantación futura desde un punto de vista teórico parece cada día más viable, y es lo que sugieren un grupo de científicos del Instituto Max-Planck en este interesante artículo.

Lo que estos autores proponen es un sistema de posicionamiento en el espacio profundo (algo similar a una especie de GPS interplanetario) que podría utilizarse para la navegación por el Sistema Solar sin necesidad de emplear el posicionamiento basado con estaciones de radio ubicadas en la Tierra. Aunque bien puede parecer una quimera hablar sobre cómo enviar naves tripuladas o automáticas para explorar Plutón u otros objetos de la Nube de Oort cuando casi parece imposible un “simple” viaje a Marte, no está de más dejarse llevar un poco por la imaginación.

Reflexiones sobre gnosticismo y ciencia ficción

mayo 13, 2013

Hace unos años di una charla en la AsturCon sobre gnosticismo y ciencia ficción, y recordando los autores incluidos en la lista como relevantes en lo que al tema se refiere, creo que hacerlo hoy mantendría más o menos los mismos, aunque daría más importancia a algunos de ellos. Y al hacerlo profundizaría en los autores de cómic fantástico, pues quizá sean los autores más interesantes, ya que la impronta gnóstica en la ciencia ficción es mucho mayor que la introducción de una duda sobre la naturaleza de la realidad de Phillip K. Dick o algunos dioses sacados de los cuentos de Lovecraft. Pero creo que al plantear ahora unas reflexiones sobre esta temática, y cuando hay bastante literatura sobre el tema, lo más importante me parece que no es explicar dónde aparece lo gnóstico en el género de la ciencia ficción, sino en resaltar en qué aspectos de ello se hace más énfasis.

VALISTomando como referente a Dick podríamos ver que en su obra se repite la duda sobre la naturaleza de la realidad, pero esta se presenta a través de dos aspectos diferentes. Por un lado una ontología fenomenista en la cual se adopta una concepción idealista de la realidad, donde lo material es un mera hipóstasis de la información que procesa la mente, que diría Dick. Por otro lado la persistente presencia de una entidad demiúrgica que controla la realidad y de aviesas intenciones, o relacionado con ella, la aparición de algún elemento que trata de imitar lo humano pero en realidad no lo es, como el androide. De estas dos siempre se ha hecho mucho mayor énfasis en la crítica sobre la primera de ellas, relegando, equivocadamente según mi percepción, a la segunda. Así se habla mucho de lo que tienen que ver las realidades virtuales del cyberpunk con el imaginario gnóstico, pero poco sobre los demiurgos, a pesar de que en el zeitgeist estos son los que son casi onmipresentes no ya en la obra de ficción, sino también en el imaginario de lo paranormal.

Al hilo de esto último, también es interesante como a la hora de hablar del rechazo de la carne, de lo material, también se haga mucho énfasis en la variante informática, la de la realidad virtual al estilo de Gibson, pero menos sobre la modificación de ésta para alcanzar en cierto modo su trascendencia. Existe un buen número de obras de ciencia ficción transhumanista o postsingularista en las que se plantea una trascendencia de la carne humana no mediante la creación de un mundo de información solipsista, sino mediante una modificación del cuerpo y la naturaleza para adaptarse al ambiente cambiante de un universo en evolución. Y aquí llego al meollo del asunto, pues esta visión de la trascendencia del ser humano al estilo de Bernal o Dyson plantea claramente una concepción materialista de los conceptos gnósticos que se manifiestan en la ciencia ficción. Frente a ella se encuentra la concepción idealista de realidades artificiales repletas de entidades daimónicas virtuales.

Por lo tanto creo que cuando por parte de los estudiosos se opta por una u otra parte del pensamiento gnóstico, y en concreto por las que he comentado, en realidad no están más que aplicando un sesgo idealista en su análisis, considerando únicamente un análisis parcial de la importancia que tiene lo gnóstico en la génesis y evolución de los conceptos en la ciencia ficción. Y este sesgo se acompaña de otro que me parece más determinante aún, el que adopta una visión del gnosticismo que podríamos denominar elitista, más próxima a la filosofía hermética que al gnosticismo primigenio. Pero la precisamente la ciencia ficción moderna tiene un origen en la cultura popular, no puede entenderse la primera sin la segunda, y esto es más claro en la ciencia ficción posmoderna.

Es por eso que me resulta paradójico y decepcionante que los teóricos posmodernos del género, a pesar de organizar su discurso en muchas ocasiones de lo cultista y lo popular, y de que realizan interesantes análisis de la cultura popular y los géneros, sin embargo caigan en este sesgo que podríamos denominar idealista-elitista. Y no en tanto ellos adopten posturas idealistas-elitistas, sino porque se fijan en aspectos del gnosticismo en la ciencia ficción que les alejan del meollo del asunto, tal como lo veo yo. Por eso, si ahora volviese a dar una charla sobre gnosticismo y ciencia ficción me centraría más en esa parte materialista-popular pues es de la que menos se habla, y además, la más interesante.

Crisis en espichas infinitas

mayo 10, 2013

Pues sí amigos, el Multiverso asturconero está en peligro por la acción del Mercachifle. ¿Cómo resolver esta crisis? ¡No consintáis que triunfe el villano Mercachifle!

Y como siempre, os esperamos en la espicha, disfrazados.

Selección natural cosmológica, un concepto entre la física y la ciencia ficción

mayo 7, 2013

Una cuestión que se plantea cuando se filosofa sobre la moderna cosmología es la cuestión del ajuste fino, es decir, cómo aparentemente los valores de diferentes parámetros que aparecen en las teorías y modelos de la física son tales que facilitan el desarrollo de la vida en el universo. Personalmente creo que es un falso problema, en el sentido de que aún nos falta un conocimiento general de la síntesis entre la física y la biología, y su conexión con el contexto cosmológico. Pero en la literatura pueden encontrarse diferentes soluciones, más o menos satisfactorias, y más o menos atractivas.

Si se quieren evitar los argumentos del diseño o los principios teleológicos imprecisos, hay que plantear alternativas que permitan explicar los valores de los parámetros analizados. Un de las más interesantes es la selección natural cosmológica de Lee Smolin. Según este físico teórico, y basándose en algunas propiedades de las soluciones de ecuaciones de campo de la gravitación que describen los agujeros negros, cada proceso de colapso que da lugar a la formación de uno de estos objetos potencialmente puede inducir la formación de un nuevo universo. Así, el proceso de colapso podría dar lugar a una fase de crecimiento inflacionario en un nuevo universo hijo, siendo este mecanismo una especie de forma de reproducción.

Pues bien, según Smolin en este proceso de formación de nuevos universos pueden haber pequeñas fluctuaciones en los valores de las constantes físicas, y por tanto pueden surgir físicas ligeramente diferentes. Smolin sugiere que esto puede considerarse como un análogo de las mutaciones aleatorias en biología, y que entre los diferentes universos podría considerarse un proceso análogo a la selección natural. En este caso vendría dada en base a que los universos que produzcan más agujeros negros, tendrán un mayor número de descendientes, y por tanto más exitosos evolutivamente. Pero aquí es donde Smolin va más allá y considera que como una consecuencia derivada de la física necesaria para la formación de los agujeros negros surgen las condiciones que hacen posible la vida en nuestro universo.

Esta última parte es la que me parece más débil en el argumento de Smolin, y diversos autores la han criticado en este punto. La idea de selección puede ser correcta, y de hecho es una de las propuestas metafisicas más interesantes para plantear un escenario de universo sin principio y con una explicación inmanentista de la creación. Pero eso no implica que la habitabilidad del universo sea un resultado necesario y evidente de este proceso de evolución. En cualquier caso Smolin argumenta en detalle su propuesta, y presenta una serie de predicciones que según él pueden falsar su escenario.

Como dato curioso, y ya casi en el ámbito de la ciencia ficción, comentar que hay autores que han propuesto que en la selección natural de universos podría haber una contribución no estrictamente natural, pues podría imaginarse la intervención de civilizaciones avanzadas en otro universo que se dedicasen a crear, quién sabe si por diversión o por error, que diría Lovecraft, universos capaces de albergar seres vivos. Por no hablar de las ideas más especulativas de ese Punset anglosajón llamado James Gardner.

Se da el caso además de que dos científicos de la universidad de Oxford han publicado un artículo donde hacen lo que sin duda parece evidente si uno se toma en serio el escenario de Smolin, aplicar técnicas y métodos que surjan o puedan aplicarse en el estudio de la evolución de los seres vivos. No sé hasta qué punto la formalización matemática de la evolución que plantean los autores es válida o no, pero parece claro que ellos consideran que gracias a ella puede establecerse la analogía entre la selección darwiniana y la de universos, a pesar de importantes diferencias entre ambos casos, como por ejemplo la no introducción de la muerte (aunque sobre esto podría hablarse largo y tendido) o la competición de recursos en el caso de la selección cosmológica.

La selección natural cosmológica es otra propuesta especulativa más de más allá del escenario del Big Bang estándar, como pueden ser la inflación eterna, o la cosmología cíclica conforme de Penrose, que tratan cuestiones de alcance extrapolando nuestro conocimiento actual de la física. A mí me parece interesante, pero realmente he decir que me parece que está más en el ámbito de la ciencia ficción que de la propia ciencia, aunque también creo que la segunda debería de dejarse inspirar por la primera mucho más de lo que lo hace actualmente.

Dédalo e Ícaro: el futuro de la ciencia (John B.S. Haldane y Bertrand Russell)

abril 22, 2013

Dedalo

Un subgénero bastante interesante de la ciencia ficción es el transhumanista, que trata sobre las modificaciones tecnológicas a las que es posible que el ser humano se someta en el futuro y cuáles serán las consecuencias de éstas, en diversos ámbitos que abarcan desde lo social a lo puramente filosófico. Y es que al modificar su propia naturaleza el ser humano bien puede ocurrir que deje de serlo y pase a ser otra cosa, que no sabemos muy bien cuál podría ser, de ahí que estemos ante un tema muy apropiado para la ciencia ficción.

Ahondando en sus orígenes nos encontramos con diversos autores, tanto en el ámbito literario como el científico, y en este último destacan John D. Bernal y J.B.S. Haldane, quienes en unas cuantas conferencias y ensayos breves expusieron un panorama del futuro no ya de la humanidad, sino de la vida en el cosmos, en el que se combinan el transhumanismo y la escatología con bases más o menos científicas. Y si hay que buscar un primer texto por parte de estos autores, sin duda es uno de los dos que componen este volumen que en su momento la editorial KRK tuvo la feliz idea de editar: Dédalo o la ciencia y el futuro, de Haldane.

En él, el genetista británico, pocos años después de la Primera Guerra Mundial, planteaba una serie de reflexiones sobre el impacto de la ciencia en la sociedad y como ésta podría emplearse para mejorar la condición humana. Aunque en general el tono de Haldane es agridulce, y la propia elección de un personaje trágico como Dédalo para emplearlo como arquetipo para el científico moderno, puede decirse que en el fondo es optimista.

En parte por deformación profesional, y en parte porque es lo más coherente con la temática que en él trata, Haldane da mucha importancia a las cuestiones biológicas, incluso entrando en temas delicados como el cultivo de fetos fuera del vientre materno o la eugenesia. Pero lo que a mí me sigue fascinando estéticamente es su predicción de que con la tecnología el ser humano cambiaría el color de los océanos. Y la imagen de unos océanos de un fuerte color purpura es muy sugerente, y algo inquietante.

En respuesta a este texto, otro de los grandes pensadores de este siglo, Bertrand Russell articuló una respuesta crítica a las propuestas de Haldane. Mucho más escéptico con el papel de los científicos en la sociedad, y con todo lo que respecta al ser humano en general redactó una respuesta cuyo propio título ya es una muestra de su contenido: Ícaro o el futuro de la ciencia. Ya no estamos ante al héroe trágico, sino directamente ante su hijo quien pereció por acercarse demasiado al Sol. La postura de Russell se resume en una afirmación, ya en el final de su ensayo:

La ciencia no ha dado al hombre más autocontrol, más bondad, o más capacidad de prescindir de sus pasiones cuando decide el sentido de su acción.

Los avances científicos no harían más que aumentar el poder destrucción del ser humano o las desigualdades e injusticias entre los hombres, y la historia del resto del siglo XX no ha hecho sino darle la razón a Russell. Quien de todas maneras no es hostil a la ciencia en sí misma, sino todo lo contrario, pero sus reflexiones parten de tener en cuenta el contexto social y político de entonces, además de la propia naturaleza humana.

Aunque Haldane no respondió a Russell, sí que puede intuirse una respuesta en otro ensayo breve visionario, pero esta vez de John Bernal, quién si llegó a plantearse la necesidad de una modificación de la naturaleza humana mucho más radical que la planteada en un principio por Haldane, y que se puede considerarse como una auténtica exposición de filosofía transhumanista. La obra de Bernal influyó a científicos como Freeman Dyson, y es un referente para muchos autores de ciencia ficción, por ejemplo, sin ir más lejos, Juan Miguel Aquilera.

A pesar de los errores en las predicciones de estos dos grandes pensadores, y de que son dos textos breves, aún conservan su frescura y son textos de una gran entidad literaria. Y si cabe aquello en lo que se alejan de lo que realmente fue el devenir de la historia incita más si cabe la reflexión del lector.

Este año 2013 se cumplen exactamente noventa años de la conferencia de Haldane, y esto es una magnífica excusa para adquirir este clásico de la literatura futurista en cualquiera de las diversas ferias del libro que se celebran estos días.

Nanotrajes para sobrevivir en el vacío del espacio

abril 17, 2013

Curiosas sorpresas nos depara a veces el eterno baile de los átomos y el vacío. Mi última entrada trata sobre el transhumanismo, y algunas de las que tengo pendientes de asuntos relacionados, y precisamente hoy me he encontrado con una noticia estrechamente relacionada con esta fascinante temática. Esta es, una investigación que, entre otras cosas, sugiere procedimientos que en un futuro podrían utilizarse para conseguir que los organismos vivos puedan sobrevivir a condiciones como las del vacío espacial. Ciertamente las moscas son animales modestos, pero no deja de ser un primer paso. Además de ser una muestra del sentido de la maravilla que tiene la ciencia.

Recuerdo que la primera vez que leí el ensayo de Freeman Dyson El mundo, el demonio y la carne (lo podéis encontrar en El científico rebelde) pensaba que eso de adaptar a los organismos vivos para vivir en el espacio, o fabricar trajes que no fueran como los de los astronautas del transbordador espacial era más ciencia ficción, que prospectiva científica. Afortunadamente, a veces uno se sorprende para bien. Sobre todo cuando la ciencia y las especulaciones de la ciencia ficción van de la mano. Aunque en estos momentos la exploración del espacio parece un sueño, casi inalcanzable, al menos nos quedan como consuelo este tipo de noticias.

Aunque quizá debamos tener en cuenta también esa ambiciosa propuesta de colonización de Marte, con grandes hermanos de la exploración espacial de por medio, y que cuenta con padrinos como el Nobel de Física Gerard ‘t Hooft, pero eso es otro historia.

El transhumanismo en la obra de Stanislaw Lem

abril 15, 2013

GOLEM_XIVSi se pregunta por el nombre de algún autor de ciencia ficción transhumanista es posible que aparezcan nombres como los de Greg Egan o John C.  Wright, pero seguramente el de Stansilaw Lem no aparecería como el primero de la lista. Y sin embargo que el ser humano está condenado a transcenderse a sí mismo como resultado de la aplicación de la tecnología es una reflexión que aparece a lo largo de su obra, no como el elemento principal, pero desde luego es mucho más que una mera anotación al margen en ella.

Esto se asocia con uno de los temas capitales en su obra, el del contacto con entidades extraterrestres, o más bien la explicación de por qué este en la práctica parece ser casi un imposible metafísico. Bien sea a través de algunas reflexiones presentes en sus obras satíricas de robot, o en sus novelas que específicamente tratan del tema, vemos que una de las respuestas de Lem ante la ausencia de contacto, la paradoja de Fermi, es el hecho de que necesariamente los extraterrestres habrán de ser seres muy diferentes a nosotros.

Pero Lem también plantea la posibilidad de que realmente los nichos noéticos más extendidos, aquellos lugares en donde el cosmos favorece la aparición y desarrollo de la inteligencia, no tienen que se necesariamente los planetas poblados por mamíferos reptiles o bichos del espacio exterior varios.  Evidentemente el ejemplo más claro de esta concepción de Lem es su obra más representativa: Solaris. Y no es difícil encontrar una conexión entre  esta entidad y la trascendencia de la vida biológica que encontramos en otros autores que sí tratan más explícitamente la evolución transhumana, y se me vienen a la cabezas las entidades que aparecen en el universo de Neverness de David Zindell.

Por otro lado, la explicación del Gran Silencia que Lem articula en uno de los ensayos de Vacío Perfecto se basa en la aceptación de que la evolución de la inteligencia implica una faceta no biológica que da lugar al desarrollo de civilizaciones que cambian la propia naturaleza física de nuestro universo.

Pero si hay una obra donde este tema se trata de forma más explícita, sin duda es Golem XIV, que podemos disfrutar ahora en una edición de Impedimenta. Y aunque Lem aclaraba que no todas las opiniones vertidas han de tener una correspondencia con las suyas, lo cierto es que son bastante representativas de lo que podemos encontrar en el resto de su obra sobre estas cuestiones. Y es que en este texto apócrifo,  las dos conferencias del gran superordenador que da título a la obra no son sino reflexiones sobre la evolución, en un sentido amplio, pues trata la puramente biológica como aquellas asociada con la Inteligencia (con mayúsculas) más próxima a la máquina que a lo biológico.

Así con la mala leche que es habitual en el maestro polaco, y con la libertada creativa que le da el presentar las opiniones de una más que misántropica inteligencia mecánica, asistimos a un demoledor y certero análisis del proceso de evolución biológica y el no precisamente protagonista papel de humanidad en ella. Lo interesante es la conclusión general de GOLEM quien considera que el único futuro digno para la humanidad es alcanzar la condición transhumana transcendiendo el proceso evolutivo mediante el concurso de la ingeniería biológica, entre otras tecnologías.

Y en la segunda conferencia de GOLEM, que trata sobre sí mismo, llegamos al paroxismo de la especulación, pues aquí es donde afronta la cuestión de la evolución de la Inteligencia fuera del soporte físico, o los problemas que esta plantea. Quizá el universo no este lleno de civilizaciones biológicas o de sus meros equivalentes mecánicos, sino por otro tipo de entidades mucho más ajenas a la naturaleza humana. Por momentos el lector no puede más que sentir un mareo en ese relato sobre cómo las superinteligencias transforman su soporte físico en una especie de estrella de neutrones consciente, que deviene necesariamente en un agujero negro, un fin inevitable donde el proceso de alcanzar la singularidad, tal y como se concibe este concepto actualmente (originario de Stansilaw Ulam y John von Neumann y  popularizado por el escritor de ciencia ficción Vernon Vinge). Pero no como metáfora, porque el alcanzar la singularidad es el destino que GOLEM considera el único posible para estas superinteligencias sobre las que especula.

Una de las cumbres especulativas y literarias de Lem, quien una vez más nos muestra cuál debería de ser el camino de la ciencia ficción, y en cierto modo muchos autores se han alejado de la estela de aquella ciencia ficción que tanto denostaba Lem en su momento para discurrir por sendas narrativas y especulativas mucho más apasionantes.

Visualización de fluidos: El ámbito donde confluyen el arte y la ciencia

abril 12, 2013

Esto es lo que opina Norman J. Zabusky, cuyo artículo sobre el tema que acaba de subir a ArXiv os recomiendo. Me parece que es éste un ámbito que muestra muy claramente cómo la ciencia no esta exenta de belleza y estética, y cómo realmente hay artistas que intentan aprovechar la imágenes y sonidos de la naturaleza para desarrollar arte. La propia combinación de complejidad y estética, y su universalidad y omnipresencia, hacen de los problemas de la física de los fluidos una fuente de inspiración.

Pero la mejor forma de demostrarlo es con un ejemplo de los que comenta Zabusky, en este caso un vídeo resultado de su colaboración la artista Hilary Shames y que guarda relación con problemas del ámbito de la astrofísica. Espero que lo disfrutéis.

 

Los tres principios morales de la física computacional

abril 8, 2013

WheelerSiguiendo la estela de los principios fundamentales metodológicos que estableció John Wheeler, como reglas heurísticas válidas para la física teórica, aquí planteo yo mis tres propios principios morales, pero en este caso de la física computacional. Yo creo que ésta puede considerarse como un caso particular dentro de la física teórica, y que hay que considerar los tres siguientes principios morales (siguiendo la terminología de Wheeler) o metodológicos:

Primer principio: nunca se debe de realizar una simulación sin conocer antes el resultado.

Segundo principio: siempre es mejor una buena simulación que un mal experimento.

Tercer principio: toda simulación está cargada de teoría.

El primero no es más que la particularización del general de Wheeler, mientras que el segundo es el que es más específico. Se suele creer que el experimento tiene un estatus superior al de la simulación, pero esto es un error, y si bien hay ámbitos donde es cierto, en algunos como el de los fluidos, sucede todo lo contrario. Las fuentes de error incontrolable, así como el aumento de la complejidad, y la aparición de fenómenos de los que el experimentador podría ni siquiera conocer su existencia, hacen que realmente sea más fiable una buena simulación.

En cuanto al tercero, es una malévola adaptación de una afirmación de muchos filósofos e historiadores de la ciencia, y que para mí es la clave para entender por qué se debe de considerar una parte de la física computacional como un apartado de la física teórica. Evidentemente, otra cuestión es la resolución de las ecuaciones de la física en el ámbito de las aplicaciones o la tecnología (que sería la otra parte), pero el análisis para la distinción entre los dos ámbitos metodológicos que pueden establecerse dentro de la física computacional lo dejo para otro momento.

Turbulencia relativista

abril 5, 2013

Es un tópico afirmar que el de la turbulencia es el gran problema no resuelto de la física clásica. Y en cierto modo es cierto, o al menos yo lo creo así, pero también lo es que habría que definir cuál es realmente el problema de la turbulencia, porque no está tan claro. Y es que como hacen notar los expertos en el estudio teórico, numérico y experimental de los flujos turbulentos ni siquiera está claro si podemos hablar de uno, o de varios problemas de la turbulencia, por ejemplo. En cualquier caso la importancia del estudio de la turbulencia radica en el ámbito teórico, mal comprendido y que yo creo que en el futuro podrá darnos muchas sorpresas, y su ubicuidad que hace que encontremos flujos turbulentos en todo tipo de situaciones.

Uno de los ámbitos en donde están presente es en los fenómenos astrofísicos, y en estos las cosas se complican mucho, pues a la mezcla inercial de los flujos hay que añadir complejas interacciones con campos magnéticos, efectos de la estratificación y similares. Y además, que en muchos casos hay que trabajar con la hidrodinámica relativista. Ahora, un par de físicos han presentado los resultados de un estudio basado en una simulación DNS (simular directamente sobre la ecuaciones hidrodinámicas, a día de hoy el mejor y más potente método para enfrentarse con la física de la turbulencia) de las ecuaciones hidrodinámicas relativistas.

By Konrad Jacobs

Los resultados tienen interés en su ámbito de aplicación, pero también generales, y son éstos precisamente los que me interesa comentar. Por un lado encuentra que el grado de intermitencia en la turbulencia relativista es mayor, y aquí es donde encontramos una de las principales diferencias con respecto a los flujos no relativistas. Pero también encuentran que el espectro de la turbulencia se corresponde con el de la teoría de Kolmogorov, el principal resultado clásico de la turbulencia. La intermitencia se asocia con las propiedades de correlación de los campos de velocidad para estadísticas de órdenes altos, mientras que el espectro se obtiene a partir de los bajos.

Lo mas interesante de esto, es que el espectro predicho por Kolmogorov de la teoría clásica de la turbulencia se encuentra en casos muy diferentes desde el punto de vista físico. Así, también se encuentra en el caso de la turbulencia cuántica en superfluidos y condensados de Bose-Einstein, en la turbulencia magnetohidrodinámica y parece que también en la relativista. Y es interesante porque la física en todos estos casos difiere significativamente, y es muy importante conocer en qué se parecen y en que difieren. Conociendo que propiedades de los flujos turbulentos son realmente universales es cómo se puede definir con precisión cuál es realmente el problema de la turbulencia, y poder efectuar las preguntas adecuadas para abordarlo.


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