Artículo sobre máquinas del tiempo

Octubre 29, 2007

En la portada de Sedice podéis encontrar un artículo que he escrito yo sobre máquinas del tiempo. Es el primero de tres artículos que tratan de máquinas del tiempo y las capacidades técnicas de las civilizaciones capaces de construirlas.


Samain

Octubre 28, 2007

En está época del año ya se está convirtiendo en tradición la discusión sobre la copia de esa fiesta ajena a nuestra cultura del Halloween mercantilista. Pero me parece que ha de hacerse en los términos que corresponde. Porque en realidad la fiesta de Halloween no deja de ser una pequeña revancha de las culturas celtas ante el cristianismo y los anglosajones. Porque el origen es celta. En la medida en que consideremos la importancia de la influencia celta en la Península Ibérica también podremos considerar la celebración original como nuestra.

El Samain era una de las principales celebraciones celtas, si es que no era la principal. Para entender qué significa hay que entender qué sistema de creencias tenían estas culturas con respecto a la vida tras la muerte. Solían considerar que el mundo de los muertos era una especie de mundo subterráneo o inframundo, aunque a veces también lo consideraban un mundo paralelo. Esto es importante porque a veces se producía una identificación entre el mundo feérico y el mundo de los muertos. Precisamente en la noche que ahora llamamos de difuntos los celtas pensaban que se abría una puerta entre los dos mundos y que los habitantes de ese mundo podían molestar a los vivos. De ahí que decorasen sus casas con todo tipo de objetos grotescos para espantarlas. Como siempre el cristianismo adoptó la fiesta pagana en beneficio de sus intereses. Así que en el fondo es tan nuestro hablar de esa noche de difuntos, con los tenorios y los estudiantes de Salamanca, como el Samain, aunque los contextos son diferentes.

Lo que me parece más interesante es esa relación entre los muertos y duendes. Una de las leyendas habituales en Asturias es la de la Güestia, una procesión de almas en pena que presagia algún fallecimiento o que se pasea por los caminos durante estas fechas. Esa hueste tiene varios nombres, algunos de los cuales guardan relación con los nombres propios de las criaturas del mundo de los diaños y trasgos. En su libro Mitología Ibérica Constantino Cabal  hace de estas coincidencias una prueba de su tesis de que en realidad de que ambas clases de criaturas tendrían la misma naturaleza y los duendes o trasgos no serían más que espíritus. El libro de Cabal está muy bien aunque me parece bastante crédulo teniendo en cuenta que ya está escrito en la década de los veinte del siglo pasado y sus tesis sobre el origen de los mitos son discutibles.

Teniendo todo esto en cuenta podemos plantearnos qué representa la noche de los difuntos con mayor perspectiva, más allá de las modas basadas en intereses comerciales. También es el momento de plantearse, como hago yo, cómo darle un significado a tal tipo de celebración cuando se parte de un completo agnosticismo con respecto a todo tipo de creencias mágicas y religiosas. Aunque no creo que necesite ningún tipo de reflexión para comerme unos deliciosos huesos de santo.


Grumos en el espacio-tiempo

Octubre 28, 2007

La divulgación en temas de cosmología es difícil porque hay que manejar conceptos físicos y matemáticos complejos de forma que puedan ser entendidos por gente que no posea una sólida formación en ese campo. A veces ocurre que al emplear analogías o metáforas se da una imagen distorsionada de un concepto físico. Pero la mayoría de las veces son una herramienta muy potente para poder comprender la esencia de las cosas sin necesidad de bajar a los detalles técnicos.

Estos días ha aparecido la noticia en los medios de comunicación de un importante descubrimiento en el campo de la cosmología. Como suele ser habitual la combinación de científicos poco dados a la divulgación de su trabajo y a emplear el pedante lenguaje de las revistas científicas y el analfabetismo científico de los periodistas hace que al final nadie se entere de lo que se ha descubierto. Y en este caso es muy fácil de explicar y comprender. Se ha encontrado evidencia de la presencia de un grumo en el espacio-tiempo. Así de simple.

Se trata de un defecto topológico en la estructura del espacio. Es fácil de comprender lo que es un defecto topológico si alguna vez se ha forrado un libro con forro adhesivo. A veces quedan pequeñas burbujas de aire, son un defecto en la superficie forrada del libro. Son defectos topológicos en la medida en que que por más que estiremos o tratemos de aplanar la burbuja no desaparecerá, a no ser que rompamos el forro y pinchando la aguja hagamos salir el aire. La topología trata de propiedades de los objetos que no se alteran ante dilataciones, estiramientos, pliegues y demás, pero siempre sin romper los objetos. En este caso la burbuja es un defecto en la superficie del libro porque por más que tratemos de estirarla la puñetera no se mueve.

Algunos modelos cosmológicos predicen la existencia de defectos topológicos en la estructura del espacio. Se clasifican según las dimensiones del defecto; en una dimensión son cuerdas, en dos paredes y en tres texturas. En este caso hablaríamos de un defecto del tercer tipo, y lo más parecido a eso es un grumo. Pero esto es más que una simple analogía afortunada. Porque los defectos topológicos también en un imán al enfriarse, y en general en los cambios de fase de sustancias o de propiedades magnéticas puede manifestarse con frecuencia. Y podemos decir que la analogía entre un grumo que se nos ha formado al enfriarnos la bechamel y una textura cosmológica es algo más que una simple metáfora, y que hay unos principios físicos subyacentes. Y es que precisamente esos grumos en el espacio serían resultado del enfriamiento del universo en sus primeros tiempos. Quién sabe, a lo mejor nuestro universo no es más que una croqueta y alguien está esperando a que se enfríe del todo para comérselo.


¿Una ciencia ficción diferente?

Octubre 27, 2007

Estos días me estoy leyendo la antología en cuatro volúmenes de los cuentos de Cordwainer Smith y tengo que reconocer que aunque los primeros me parecían flojos la cosa ha mejorado mucho y me lo estoy pasando de miedo con algunos de ellos. Smith murió relativamente joven, con cincuenta y tantos años. Y me paro a pensar y caigo en la cuenta de que otros autores magníficos como Kornbluth o Weinbaum también murieron prematuramente. Si estos tres no se hubiesen muerto y pudiesen haber continuado escribiendo ciencia ficción, ¿qué habría significado para el género?.


Contra el fandom

Octubre 25, 2007

Llevo varios días queriendo tratar este tema, pero no acabo de plasmar mis pensamientos en palabras de una forma sistemática y precisa. Este post de Rudy me animó a hablar sobre la necesidad de autocrítica por parte los aficionados a la literatura fantástica, o si se quiere también al fandom en su sentido más amplio.

Un tarde de esta semana emitieron por un canal de televisión un engendro de película de supuesta ciencia ficción de dudosa calidad y nulo interés. Pues bien alguien me comentó que esa “debía de ser de las mías” porque había muchas naves espaciales, tiros y bichos raros. Bueno el comentario no fue exactamente así, pero capta la esencia. Y eso me lo comentó una persona que conoce bien mis gustos y que sabe que no todo lo que sea ciencia ficción me gusta. Además hoy comentaban en una emisora local los estrenos de la semana, y ah, hablaban de Stardust una película con buenos muy buenos y malos muy malos (con cierto aire irónico propio de los comentarios en los medios sobre este tipo de cine), de la nueva versión de los ladrones de cuerpos cuyo único interés es la actriz protagonista, porque claro estas cosas de ciencia ficción poco interés tienen. Y en sedice se ha abierto un hilo para criticar cierto artículo en un periódico en donde se preguntaba si se estaban infantilizando los lectores de literatura fantástica, ya que personas de veintitantos años ahora leen cosas como Harry Potter.

Ciertamente todo este tipo de comentarios tópicos tienen una parte de prejuicio y de desconocimiento del tema que se trata. Eso es evidente, y no mucho que comentar al respecto. Sin embargo creo que en gran parte son ciertos y tienen razón, y es esa precisamente la desgracia que algunos lectores de género fantástico tenemos. Así que en vez de ponernos a despotricar sobre el artículo ese, como algún forero de sedice ha hecho en ese hilo que comentaba, quizá deberíamos de hacer autocrítica. Al menos yo lo haré con respecto a mis gustos y tal vez critique la actitud del fandom al respecto.

Porque no nos engañemos, más allá de la ley de Sturgeon que se puede aplicar a cualquier tipo de producción artística, también vemos cosas que difícilmente son asimilables por el resto de la población. No es una cuestión de calidad, creo yo, aunque algo de eso hay. En el caso de la fantasía puede ser una historia buena, digna, de calidad y luego se criticable por el tipo de visión de la realidad que defiende. O puede ser una magnífica novela para jóvenes, que los trata como lectores adultos, pero cuyo contenido huele a naftalina y alcanfor. Pero en general tragamos con cosas que en fin parece mentira.

Y lo malo es que mucha gente que traga con cosas infumables son personas razonables con criterios bien formados, pero que tragan con eso por el sólo hecho de ser fantástico. Y no me digáis que no, porque es una verdad como una catedral. Eso en sí no es malo, todos tenemos nuestros gustos irracionales, yo también tengo los míos. Pero sucede que en el aficionado al fantástico esto es algo sistemático. No hay cosa que más me alarme es ver luego en un foro que la película esa de marras de la tele le pareció buena a alguien, o que cierto bodrio supuestamente utópico de unos dinosaurios felices que emitieron no hace mucho en la televisión era interesante.

Lo siento pero ya no me vale el que los gustos son libres y demás. Las personas son respetables, sus gustos no, y ya estoy cansado de tanto relativismo posmoderno de todas las opiniones son iguales. Una cosa es que a mí me guste Asimov como autor, reconociendo sus carencias y virtudes, y que alguno de mis lectores diga que le parece un escritor mediocre aunque tiene un par de cosas mejores que las demás. Esto es una divergencia de gustos, que podemos justificar con argumentos, pero que partimos de que ni Asimov es el mejor escritor de todos los tiempos, ni el peor. Lo que no es decir que esa película está bien porque salen unos orcos o los efectos especiales están bien. Porque la misma persona ve una película de género negro o un drama de la misma calidad y dice que es un bodrio.

Luego está la máxima aquella que una famoso carpintero palestino legó a la posteridad, que vemos la paja en el ojo ajeno y no nos fijamos en la viga del nuestro. Porque bien que criticamos los tópicos contra el fandom que vienen desde fuera, pero no nos paramos a pensar en todos los tópicos que soltamos para criticar esos tópicos, porque lo hacemos con otros tópicos. Y no sigo con lo de los tópicos que la redundancia del término podría ser perniciosa para la salud. Que sí, que en parte es verdad que son tópicos, pero a lo mejor hay una base que históricamente ha servido para alimentar esos tópicos.

Y para terminar hay algo que me preocupa. Últimamente he estado reflexionando mucho sobre la forma de ver el mundo que adopta la literatura fantástica, y por derivación el cine y los tebeos. Y lo que veo no me gusta, no me gusta en absoluto. Alguna vez he comentado mi evolución como lector y mi forma de ver ciertos temas en el pasado, y creo que es una evolución que va asociada con una forma de ver el mundo que en realidad no ha cambiado. No me gusta la ideología subyacente al género fantástico. No hablo de ideas políticas o sociales concretas, ya que en el género hay de todo, no, es algo más sutil y profundo y que trasciende esas cosas. Es algo más filosófico, más metafisico si queréis. Y esa visión no me gusta, va en contra de la que ahora considero mi visión del mundo más próxima a lo que representa el poema de Lucrecio que recientemente he comentado.

No toda la ciencia ficción es así, por supuesto. Pero es una pequeña parte la considero más válida, no muy grande. Eso no significa que haya perdido interés por la ciencia ficción, pero no descartaría que a medio plazo lo hiciese, y no deja de ser contradictorio que lo diga en este blog que entre otras cosas se dedica a hablar de temas de ciencia ficción. Quizás sea una crisis del cambio de década vital. Pero entonces sería resultado de que mi situación anímica me ha hecho replantearme muchas cosas, y sobre todo las tonterías que pensaba en el pasado, así como los errores que he cometido.

Decía hoy el antropólogo Manuel Delgado en la radio que una máxima de los gnósticos era la de que la ignorancia es el infierno. Yo no sé si tenían razón o no, porque con respecto al pensamiento gnóstico tengo sentimientos encontrados. Sí sé que el conocimiento del género es el que me hace verlo de una forma diferente. Lo que también tiene relación con los gnósticos y su pensamiento, por cierto.

No estoy criticando al elemento fantástico. De hecho a la vez que he llegado a estas conclusiones también lo he hecho a la de que lo fantástico debería de ser un elemento fundamental en la literatura, un de los más importantes. La potencia que le da a la literatura es muy grande, y la muestra son todas esas novelas de autores mainstream que tanto se están comentado últimamente en blogs fandomitas y que son ciencia ficción o fantasía, aunque los autores no lo quieran reconocer explícitamente. Pero lo que no me gusta es cómo la literatura fantástica hace uso de ese elemento. Sin duda leer ciencia ficción expande la mente, pero me temo que nos la expande demasiado y entran cosas que no deberían de entrar bajo ningún concepto.


Fundamentación lógica de la física (Rudolf Carnap)

Octubre 23, 2007

Durante el siglo XX el debate en la filosofía de la ciencia se planteó entre dos grandes concepciones de la labor científica, una centrada en los aspectos lógicos y formales, en la lógica de la investigación científica, y otra que hacía énfasis en la sociología de la ciencia. Un nombre destacado entre los defensores de la primera es el de Rudolf Carnap y este libro es una exposición detallada de algunas de sus ideas. Pero hay que tener en cuenta que es un libro que recoge su pensamiento más elaborado escrito a finales de los cincuenta, y por lo tanto sus tesis pueden asociarse más a lo que se ha denominado concepción heredada de la filosofía de la ciencia que a sus primeras ideas sobre el fisicalismo en la ciencia y su filosofía de las matemáticas.

Como su título indica el libro pretende dar una fundamentación lógica de la física. El libro se estructura en seis bloques temáticos. Si bien en su momento la idea de autores como Carnap de reducir la física a leyes teóricas analizables en términos de los lenguajes lógicos y leyes empíricas se mostró problemática eso no quita valor a gran parte del contenido del libro. Eso hay que tenerlo muy en cuenta.

La primera parte se centra en los diversos conceptos de probabilidad y la problemática de la inducción en la investigación científica. Establece una distinción entre una concepción lógica de la probabilidad y la estadística, lo que tiene implicaciones a la hora de analizar la inducción en física. Como suele ser habitual en este tipo de autores no menciona por ninguna parte la teoría axiomática de la probabilidad de Kolmogorov, quizá no tan apasionante filosóficamente como las otras que cita pero sí una muestra de qué problemática se plantea en las matemáticas con este esquivo concepto.

La segunda trata la estructura lógica asociada con la medición de magnitudes en física. Lo más provechoso de este capítulo es el empleo de la teoría de los conjuntos para establecer los conceptos básicos en la medición de magnitudes físicas. Un tema olvidado y que debería de ser tenido muy en cuenta física. También hace mención al operacionalismo de Brigdman curioso personaje poco conocido por la comunidad de los físicos.

Lo mejor del libro es sin duda alguna la parte que dedica a la filosofía del espacio, a cómo la física moderna trata el concepto de espacio-tiempo. Con un análisis muy completo e interesante de las implicaciones de la teoría relatividad. Para ello analiza la relatividad general teniendo en cuenta el punto de vista convencionalista de Poincaré frente a la concepción de Einstein del espacio-tiempo. Lo mejor del libro sin duda, de lectura imprescindible. Si bien estos autores adscritos a la concepción heredada y las escuelas filosóficas que los inspiraron eran algo flojos en temas de mecánica cuántica eran auténticos fieras en el análisis filosófico de las teorías clásicas, con especial énfasis en la relatividad general. De hecho estos temas nunca han sido de mayor actualidad en el seno de la física. Las teorías de la gravitación cuántica tratan sobre la propia naturaleza del espacio en sí mismo y es necesario tener en cuenta la discusión filosófica previa. El debate entre la concepción relacionista de Leibniz, la convencionalista de Poincaré y los enfoques positivistas es muy útil incluso hoy en día.

Los siguientes capítulos abordan el peliagudo tema de la causalidad y su vinculación con el determinismo. Las reflexiones de Carnap no son excesivamente originales y se limita a defender un punto de vista intermedio entre los excesos metafísicos, que tanto critica a lo largo del libro, y la negación total de la causalidad y el determinismo. Esto último no tiene mucho sentido a la vista del éxito predictivo de la ciencia. Quizá podría resumirse su punto de vista en que la existencia de un determinismo fuerte en física pero parcialmente limitado por la incertidumbre cuántica no tiene que entrar en contradicción con la libertad de elección.

La sexta parte es la que peor ha envejecido con el tiempo. Aquí es donde presenta el programa de reducción de la física a términos lógicos y empíricos, mediante la división de las leyes científicas en leyes teóricas y leyes empíricas. Para poder conectarlas hay que introducir la noción de leyes de correspondencia. Estas correspondencias vincularían conceptos teóricos como campo o electrón con los resultados de los experimentos científicos. Es aquí en donde este enfoque de la filosofía de la ciencia se mostró más débil. Es muy difícil separar en algunos casos una ley teórica de una empírica, porque en un proceso de medida hay una carga subyacente de teoría muy grande, que habitualmente no aparece de forma explícita.

El libro termina con un pequeño capítulo sobre el indetermismo en mecánica cuántica. Como comentaba los autores de esta escuela filosófica y muchos contemporáneos de educación en la física y matemática clásicas (como Popper) no tenían su punto fuerte en la teoría cuántica. Pero al menos Carnap, Nagel y Hempel eran conscientes de ello y trataban estas cuestiones con la debida modestia de aquel que se mueve en terrenos resbaladizos, pero sin renunciar a exponer sus puntos de vista. No como Popper que pretendía descubrir el chocolate del loro sin saber muy bien de lo que hablaba. En este caso Carnap no se moja mucho, aunque sí critica los excesos filosóficos cometidos en nombre del determinismo cuántico.

Si tuviese que quedarme con algo lo haría con los capítulos sobre la filosofía del espacio. Lamentablemente es un libro bastante difícil de conseguir.


Geometría y experiencia

Octubre 21, 2007

Uno de los textos más famosos de Albert Einstein es la conferencia Geometría y experiencia, en donde expone sus ideas sobre la relación del formalismo matemático con el mundo físico. También puede considerarse como un resumen de sus principales posturas filosóficas en lo que a la Física respecta. El párrafo más importante de este texto es el siguiente:

“¿Cómo es posible que las matemáticas encajen con tanta perfección en los hechos de la realidad, siendo un producto del pensamiento humano independiente de toda experiencia?. ¿Acaso el intelecto humano puede profundizar a través del pensamiento puro, en las propiedades de los objetos reales sin ayuda de la experiencia.
Según mi opinión, esa pregunta puede responderse como sigue: cuando las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son ciertas: cuando son ciertas no hacen referencia a la realidad”

Pocas veces en la historia de la ciencia se ha dicho tanto con tan pocas palabras. A pesar de ser breve la conferencia de Einstein tiene mucha miga. La podéis encontrar en el volumen Mi visión del mundo, y creo que también en Einstein esencial, ambos en la editorial Crítica. No aparecen ecuaciones y la exposición es bastante clara y amena.


Falta de ideas

Octubre 18, 2007

Hay una creencia en el ambiente de que la ciencia ficción está en horas bajas, y yo creo que es así. Las causas pueden ser varias, y como sabéis los lectores habituales del blog, yo creo que son dos, una renuncia a “mojarse” de la ciencia ficción actual y una cierta imagen de la ciencia en la sociedad. Pero podríamos decir que en ambos casos podemos hablar de una falta de ideas, de una sequía creadora. Lo que me pregunto es si realmente eso no es una característica de nuestra sociedad.

Asistimos a una invasión de los remakes en el cine que es una muestra de ello. Aún queda el reducto de las series, pero aún así yo creo que existe esa falta de ideas ahí también. Del mismo modo hay quienes sugieren que el debate filosófico no da más de sí. Sin embargo, y en contra de lo que decían algunos, la historia no ha terminado sino que nunca ha estado tan viva. El problema es que muchas de las cosas que han dado vitalidad al devenir histórico son una consecuencia de la falta de ideas. ¿Y qué pasa con la ciencia que tantos avances nos presenta en los últimos tiempos?.

Pues aquí la falta de ideas es total. El volumen de nuevos y desconcertantes datos sobre el mundo crece de forma exponencial. Cada poco se descubren nuevos fenómenos en todas las ciencias, al avance es espectacular. Pero no hay grandes ideas, que son precisamente las que sirven para darle sentido al conjunto. No hay grandes principios unificadores, grandes ideas. Esto es algo obvio en Física y por ejemplo los grandes defensores de las teorías físicas más de moda buscan como locos un principio unificador, una gran idea. Porque sabe que sus importantes avances en los métodos matemáticos de cálculo no son nada sin una gran idea. Y algunos lo han intentado, como por ejemplo el gran físico t’Hooft con algo que llama el Principio Holográfico. Y creo que esto se puede aplicar a prácticamente todas las ciencias.

¿Será esta falta de ideas transitoria o definitiva?. No lo sé, me gustaría que fuese transitoria. Lo malo es que creo que es resultado de la evolución social, económica y política y me temo que no va a cambiar. Eso sí, si nos quedamos con la ciencia ficción es posible que los tiempos interesantes que nos esperan es posible que hagan resurgir el género. Pero no será porque aparezcan nuevas ideas, sino porque la realidad será pura ciencia ficción. De hecho ya lo es.


Una cita de Lucrecio

Octubre 15, 2007

El poema filosófico De rerum natura del romano Lucrecio está repleto de versos maravillosos, como este:

Pues como los niños tiemblan y se asustan de todo en las oscuras tinieblas, así nosotros en la luz tememos a veces cosas que en nada hay que temer más que las que los niños temen en las tinieblas e imaginan que van a ocurrir. Así pues este terror y estas tinieblas del espíritu es necesario que no los rayos del sol ni los luminosos dardos del día los disipen, sino la contemplación y el conocimiento de la naturaleza.

Parece mentira que dos mil años después algunas de las reflexiones de Lucrecio sean compartidas por tan pocos.


Actualización de la web de la AsturCon

Octubre 14, 2007

Os recuerdo que en la web de la AsturCon ya están disponibles las bases del premio Avalón 2008.