Llevo varios días queriendo tratar este tema, pero no acabo de plasmar mis pensamientos en palabras de una forma sistemática y precisa. Este post de Rudy me animó a hablar sobre la necesidad de autocrítica por parte los aficionados a la literatura fantástica, o si se quiere también al fandom en su sentido más amplio.
Un tarde de esta semana emitieron por un canal de televisión un engendro de película de supuesta ciencia ficción de dudosa calidad y nulo interés. Pues bien alguien me comentó que esa “debía de ser de las mías” porque había muchas naves espaciales, tiros y bichos raros. Bueno el comentario no fue exactamente así, pero capta la esencia. Y eso me lo comentó una persona que conoce bien mis gustos y que sabe que no todo lo que sea ciencia ficción me gusta. Además hoy comentaban en una emisora local los estrenos de la semana, y ah, hablaban de Stardust una película con buenos muy buenos y malos muy malos (con cierto aire irónico propio de los comentarios en los medios sobre este tipo de cine), de la nueva versión de los ladrones de cuerpos cuyo único interés es la actriz protagonista, porque claro estas cosas de ciencia ficción poco interés tienen. Y en sedice se ha abierto un hilo para criticar cierto artículo en un periódico en donde se preguntaba si se estaban infantilizando los lectores de literatura fantástica, ya que personas de veintitantos años ahora leen cosas como Harry Potter.
Ciertamente todo este tipo de comentarios tópicos tienen una parte de prejuicio y de desconocimiento del tema que se trata. Eso es evidente, y no mucho que comentar al respecto. Sin embargo creo que en gran parte son ciertos y tienen razón, y es esa precisamente la desgracia que algunos lectores de género fantástico tenemos. Así que en vez de ponernos a despotricar sobre el artículo ese, como algún forero de sedice ha hecho en ese hilo que comentaba, quizá deberíamos de hacer autocrítica. Al menos yo lo haré con respecto a mis gustos y tal vez critique la actitud del fandom al respecto.
Porque no nos engañemos, más allá de la ley de Sturgeon que se puede aplicar a cualquier tipo de producción artística, también vemos cosas que difícilmente son asimilables por el resto de la población. No es una cuestión de calidad, creo yo, aunque algo de eso hay. En el caso de la fantasía puede ser una historia buena, digna, de calidad y luego se criticable por el tipo de visión de la realidad que defiende. O puede ser una magnífica novela para jóvenes, que los trata como lectores adultos, pero cuyo contenido huele a naftalina y alcanfor. Pero en general tragamos con cosas que en fin parece mentira.
Y lo malo es que mucha gente que traga con cosas infumables son personas razonables con criterios bien formados, pero que tragan con eso por el sólo hecho de ser fantástico. Y no me digáis que no, porque es una verdad como una catedral. Eso en sí no es malo, todos tenemos nuestros gustos irracionales, yo también tengo los míos. Pero sucede que en el aficionado al fantástico esto es algo sistemático. No hay cosa que más me alarme es ver luego en un foro que la película esa de marras de la tele le pareció buena a alguien, o que cierto bodrio supuestamente utópico de unos dinosaurios felices que emitieron no hace mucho en la televisión era interesante.
Lo siento pero ya no me vale el que los gustos son libres y demás. Las personas son respetables, sus gustos no, y ya estoy cansado de tanto relativismo posmoderno de todas las opiniones son iguales. Una cosa es que a mí me guste Asimov como autor, reconociendo sus carencias y virtudes, y que alguno de mis lectores diga que le parece un escritor mediocre aunque tiene un par de cosas mejores que las demás. Esto es una divergencia de gustos, que podemos justificar con argumentos, pero que partimos de que ni Asimov es el mejor escritor de todos los tiempos, ni el peor. Lo que no es decir que esa película está bien porque salen unos orcos o los efectos especiales están bien. Porque la misma persona ve una película de género negro o un drama de la misma calidad y dice que es un bodrio.
Luego está la máxima aquella que una famoso carpintero palestino legó a la posteridad, que vemos la paja en el ojo ajeno y no nos fijamos en la viga del nuestro. Porque bien que criticamos los tópicos contra el fandom que vienen desde fuera, pero no nos paramos a pensar en todos los tópicos que soltamos para criticar esos tópicos, porque lo hacemos con otros tópicos. Y no sigo con lo de los tópicos que la redundancia del término podría ser perniciosa para la salud. Que sí, que en parte es verdad que son tópicos, pero a lo mejor hay una base que históricamente ha servido para alimentar esos tópicos.
Y para terminar hay algo que me preocupa. Últimamente he estado reflexionando mucho sobre la forma de ver el mundo que adopta la literatura fantástica, y por derivación el cine y los tebeos. Y lo que veo no me gusta, no me gusta en absoluto. Alguna vez he comentado mi evolución como lector y mi forma de ver ciertos temas en el pasado, y creo que es una evolución que va asociada con una forma de ver el mundo que en realidad no ha cambiado. No me gusta la ideología subyacente al género fantástico. No hablo de ideas políticas o sociales concretas, ya que en el género hay de todo, no, es algo más sutil y profundo y que trasciende esas cosas. Es algo más filosófico, más metafisico si queréis. Y esa visión no me gusta, va en contra de la que ahora considero mi visión del mundo más próxima a lo que representa el poema de Lucrecio que recientemente he comentado.
No toda la ciencia ficción es así, por supuesto. Pero es una pequeña parte la considero más válida, no muy grande. Eso no significa que haya perdido interés por la ciencia ficción, pero no descartaría que a medio plazo lo hiciese, y no deja de ser contradictorio que lo diga en este blog que entre otras cosas se dedica a hablar de temas de ciencia ficción. Quizás sea una crisis del cambio de década vital. Pero entonces sería resultado de que mi situación anímica me ha hecho replantearme muchas cosas, y sobre todo las tonterías que pensaba en el pasado, así como los errores que he cometido.
Decía hoy el antropólogo Manuel Delgado en la radio que una máxima de los gnósticos era la de que la ignorancia es el infierno. Yo no sé si tenían razón o no, porque con respecto al pensamiento gnóstico tengo sentimientos encontrados. Sí sé que el conocimiento del género es el que me hace verlo de una forma diferente. Lo que también tiene relación con los gnósticos y su pensamiento, por cierto.
No estoy criticando al elemento fantástico. De hecho a la vez que he llegado a estas conclusiones también lo he hecho a la de que lo fantástico debería de ser un elemento fundamental en la literatura, un de los más importantes. La potencia que le da a la literatura es muy grande, y la muestra son todas esas novelas de autores mainstream que tanto se están comentado últimamente en blogs fandomitas y que son ciencia ficción o fantasía, aunque los autores no lo quieran reconocer explícitamente. Pero lo que no me gusta es cómo la literatura fantástica hace uso de ese elemento. Sin duda leer ciencia ficción expande la mente, pero me temo que nos la expande demasiado y entran cosas que no deberían de entrar bajo ningún concepto.