Durante el siglo XX el debate en la filosofía de la ciencia se planteó entre dos grandes concepciones de la labor científica, una centrada en los aspectos lógicos y formales, en la lógica de la investigación científica, y otra que hacía énfasis en la sociología de la ciencia. Un nombre destacado entre los defensores de la primera es el de Rudolf Carnap y este libro es una exposición detallada de algunas de sus ideas. Pero hay que tener en cuenta que es un libro que recoge su pensamiento más elaborado escrito a finales de los cincuenta, y por lo tanto sus tesis pueden asociarse más a lo que se ha denominado concepción heredada de la filosofía de la ciencia que a sus primeras ideas sobre el fisicalismo en la ciencia y su filosofía de las matemáticas.
Como su título indica el libro pretende dar una fundamentación lógica de la física. El libro se estructura en seis bloques temáticos. Si bien en su momento la idea de autores como Carnap de reducir la física a leyes teóricas analizables en términos de los lenguajes lógicos y leyes empíricas se mostró problemática eso no quita valor a gran parte del contenido del libro. Eso hay que tenerlo muy en cuenta.
La primera parte se centra en los diversos conceptos de probabilidad y la problemática de la inducción en la investigación científica. Establece una distinción entre una concepción lógica de la probabilidad y la estadística, lo que tiene implicaciones a la hora de analizar la inducción en física. Como suele ser habitual en este tipo de autores no menciona por ninguna parte la teoría axiomática de la probabilidad de Kolmogorov, quizá no tan apasionante filosóficamente como las otras que cita pero sí una muestra de qué problemática se plantea en las matemáticas con este esquivo concepto.
La segunda trata la estructura lógica asociada con la medición de magnitudes en física. Lo más provechoso de este capítulo es el empleo de la teoría de los conjuntos para establecer los conceptos básicos en la medición de magnitudes físicas. Un tema olvidado y que debería de ser tenido muy en cuenta física. También hace mención al operacionalismo de Brigdman curioso personaje poco conocido por la comunidad de los físicos.
Lo mejor del libro es sin duda alguna la parte que dedica a la filosofía del espacio, a cómo la física moderna trata el concepto de espacio-tiempo. Con un análisis muy completo e interesante de las implicaciones de la teoría relatividad. Para ello analiza la relatividad general teniendo en cuenta el punto de vista convencionalista de Poincaré frente a la concepción de Einstein del espacio-tiempo. Lo mejor del libro sin duda, de lectura imprescindible. Si bien estos autores adscritos a la concepción heredada y las escuelas filosóficas que los inspiraron eran algo flojos en temas de mecánica cuántica eran auténticos fieras en el análisis filosófico de las teorías clásicas, con especial énfasis en la relatividad general. De hecho estos temas nunca han sido de mayor actualidad en el seno de la física. Las teorías de la gravitación cuántica tratan sobre la propia naturaleza del espacio en sí mismo y es necesario tener en cuenta la discusión filosófica previa. El debate entre la concepción relacionista de Leibniz, la convencionalista de Poincaré y los enfoques positivistas es muy útil incluso hoy en día.
Los siguientes capítulos abordan el peliagudo tema de la causalidad y su vinculación con el determinismo. Las reflexiones de Carnap no son excesivamente originales y se limita a defender un punto de vista intermedio entre los excesos metafísicos, que tanto critica a lo largo del libro, y la negación total de la causalidad y el determinismo. Esto último no tiene mucho sentido a la vista del éxito predictivo de la ciencia. Quizá podría resumirse su punto de vista en que la existencia de un determinismo fuerte en física pero parcialmente limitado por la incertidumbre cuántica no tiene que entrar en contradicción con la libertad de elección.
La sexta parte es la que peor ha envejecido con el tiempo. Aquí es donde presenta el programa de reducción de la física a términos lógicos y empíricos, mediante la división de las leyes científicas en leyes teóricas y leyes empíricas. Para poder conectarlas hay que introducir la noción de leyes de correspondencia. Estas correspondencias vincularían conceptos teóricos como campo o electrón con los resultados de los experimentos científicos. Es aquí en donde este enfoque de la filosofía de la ciencia se mostró más débil. Es muy difícil separar en algunos casos una ley teórica de una empírica, porque en un proceso de medida hay una carga subyacente de teoría muy grande, que habitualmente no aparece de forma explícita.
El libro termina con un pequeño capítulo sobre el indetermismo en mecánica cuántica. Como comentaba los autores de esta escuela filosófica y muchos contemporáneos de educación en la física y matemática clásicas (como Popper) no tenían su punto fuerte en la teoría cuántica. Pero al menos Carnap, Nagel y Hempel eran conscientes de ello y trataban estas cuestiones con la debida modestia de aquel que se mueve en terrenos resbaladizos, pero sin renunciar a exponer sus puntos de vista. No como Popper que pretendía descubrir el chocolate del loro sin saber muy bien de lo que hablaba. En este caso Carnap no se moja mucho, aunque sí critica los excesos filosóficos cometidos en nombre del determinismo cuántico.
Si tuviese que quedarme con algo lo haría con los capítulos sobre la filosofía del espacio. Lamentablemente es un libro bastante difícil de conseguir.

Octubre 24, 2007 a las 8:11 am
A Carnap se le ha dado mucha caña, quizas por su fisicalismo inicial tan inocente pero que encaja al dedillo con eso que han criticado y critican los postmodernos, o del hecho de que pese a todo las posturas de la concepcion heredada no dejo de ser una manera de salvar las verguenzas del fisicalismo. Pero lo cierto es que toda concepcion elaborada tiene mas valor que la negacion sin mas de la misma, sin proponer nada.
El traslado de la “responsabilidad” que va desde la concepcion de conceptos teoricos asociados a comprobacion empirica no se hace mas fuerte cuando de conceptos pasamos a leyes, el paso a un nivel digamos mas “formal” acaba debilitando el interes inicial.
Generalmente en filosofia se enseña (al menos en lo que respecta a mi universidad, claro, donde hay bastantes postmodernos, y un buen puñado de dogmaticos -yo soy hijo bastaardete ede estos ultimos) que hay algo malo o fallido en la concepcion heredada y su papa el fisicalismo, una suerte de desprecio trasnochado, como si se le culpara de alguna manera de algo.
Yo mismo he estado en ese estado de semidesprecio en algunos momentos de mi vida, guardo un sin fin de prejuicios necios en mi interior, tambien me he llevado mucho tiempo pensando que Whittgestein era un asco como filosofo, hasta que entendi su coherencia, del mismo modo el fisicalismo y su hijitos de la concepcion heredada.
Probablemente el concepto filosofico que mas interes me mueve ha sido el de la verdad, concepto que paradojicamente es el menos tocado tanto en filosofia como en ciencia. Con el tiempo he ido respetando cada vez mas al fisicalismo y la C.E. precisamente porque a fin de cuentas de lo que hablaban era de la verdad, asi en minuscula, no de relativismo…
Saludos!
PD: siento lo de las tildes, pero en el curro no puedo cambiar, vete a saber por que, la configuracion del teclado.
Octubre 24, 2007 a las 4:21 pm
Estoy completamente de acuerdo con lo que dices. Además se les ha criticado tendenciosamente en algunos aspectos. En un libro que tengo de F. Fernández Buey sobre la filosofía pone una cita de Hempel en donde hace mención a la componente cultural o sociológica de la ciencia. Del mismo modo en su famoso libro Kuhn habla mucho de revoluciones científicas y paradigmas pero en algunos pequeños párrafos dice que al final si una teoría no se atiene a los hechos no sirve para nada. Simplemente durante el siglo XX unos autores han dado primacía a lo formal, y otros a lo sociológico, pero más o menos todos reconocían que “lo otro” alguna importancia tenía. Uno siempre hace énfasis en los puntos fuertes de su pensamiento pero no en los débiles. Y es que en vez de leerse los trazos gordos se prestase atención a los matices y los comentarios a pie de página…
Eso es lo que les molesta a los posmodernos. Y sí que hay algo que distingue a Carnap o Hempel de los posmodernos, y es su modestia. Como dices ellos trabajaban con la verdad, quizás de forma dogmática, pero eran modestos y cautos a la hora de sugerir que su verdad con minúsculas fuese la Verdad. Pero la mayoría de los posmodernos sugieren que la Verdad es la ausencia de verdad.
Noviembre 11, 2007 a las 10:12 pm
Me alegro de encontrar más defensores de los viejos positivistas lógicos. Es una gozada sobre todo encontrar una reseña tan favorable de este libro de Carnap, que es lo que todo el mundo tendría que empezar leyendo de filosofía de la ciencia (los que empiezan con Kuhn y Feyerabend, lamentablemente terminan no entendiendo nada).
Un saludo de un positivista.
Noviembre 14, 2007 a las 9:31 pm
Gracias. Es una gran satisfacción ver que alguien del ámbito académico en filosofía de la ciencia se pasa por este blog que trata de forma amateur estas cuestiones (salvo algunos temas muy concretos en relación con la física) y pone un comentario favorable. Pero mucho mayor ver que no también hay gente que no se ha dejado llevar a los acantilados de la confusión incitada por los cantos de sirena del posmodernismo.
La figura de Otto Neurath me interesa mucho. Sólo conozco su metáfora del barco y superficialmente su pensamiento. Me da la imprensión de que representa un punto intermedio entre el logicismo y las tesis sociológicas radicales.
Agosto 21, 2008 a las 11:01 pm
SABES ESTA MUY BIEN TU INFORMACION
Agosto 21, 2008 a las 11:06 pm
MUY BIEN TU INFORMACION YA QUE ESTE SERVIRA DE MUCHO PARA APRENDER DE LA FISICA YA QUE ES MUY ENTENDIBLE AUNQUE ALGUNOS NO ENTIENDAN NADA ATTE UNA COMPAÑERA POSITIVISTA
Agosto 27, 2008 a las 7:22 am
Excelente, Rudolf Carnap me parece un filósofo, matematico y físico excelente, riguroso siempre y cauto en sus afirmaciones, sabe perfectamente de qué está hablando, sistemático y comprensible.
Todo lo contrario de lo que ocurre en mi facultad, donde se llenan la boca los posmodernos o relativistas con cosas que realmenten ni entienden de física y matemática, que vayan a estudiar primero. Esto me revienta ya que tengo formación en estos campos, lo que origina frecuentes discusiones.
Un saludo desde Argentina, es preferible positivismo lógico a chamuyo hueco.
Agosto 30, 2008 a las 5:00 pm
Gracias JACKS, espero que encuentres interesantes los comentarios que pongo de vez en cuando sobre la filosofía de la física y las matemáticas.