Recuento de libros

Febrero 28, 2008

Hoy he hecho un recuento de los libros que tengo. El resultado sorprenderá a los lectores de este blog. ¡Sólo tengo novecientos y pico libros! Contando los libros que tenía de niño y se han conservado y libros de texto y similares. El número parece grande, pero si pensáis en la extensión son bastante poco. Lo más preocupante es que muchos de ellos no los he leído y me temo que no lo haré nunca. Como tantos lectores compulsivos me compraba cosas porque pensaba que en algún momento tener un libro sobre tal o cual tema podría ser interesante. Ahora ya no lo hago, pero esos libros ahí han quedado y no tengo muy claro cuál será su destino definitivo en un futuro.

También están todos aquellos que en su momento compré con interés, gastando bastante dinero, y que ahora me da verngüenza incluso ver sus lomos. Y lo peor es que son unos cuantos, una fracción importante del total. De hecho tengo pocos libros porque en su momento leía muchos sacados de las bibliotecas públicas y lo malo es que también perdí mucho tiempo con libros de esa clase sin haberlos comprado.

Ahora tengo una pila de libros que no leeré, incluso alguno comprado recientemente, que ahí se quedarán. Incluso libros que si tuviese menos libros pendientes, más tiempo o más ganas si leería. Pero se van a quedar ahí, me temo que ese será su destino.

Como podéis ver no soy un buen friki lector, tengo pocos libros (incluso los de cf no son tantos en el total), un montón por leer (prefiero no contarlos), y buena parte de los que tengo no debería de conservarlos. Es lo que tiene estar hipotecado por los errores del pasado en lo que a las aficiones frikis se refiere.


Crisis en el fandom

Febrero 26, 2008

Estamos en un momento de crisis para el género fantástico en España, todos esos saldos con títulos de buenos autores españoles, son un síntoma de ello. No tengo a mi disposición estudios sociológicos y datos económicos para analizar por qué hay éxitos desbordantes de cierto tipo de fantasía y el resto de los géneros fantásticos se venden poco. O para analizar la mentalidad de los lectores y la problemática del mundo editorial. Pero tengo clara una cosa, algo tendrá que ver un interesante y preocupante fenómeno.

El lector de género fantástico, y sobre todo de fantasía, quiere escribir, pero no leer. Te encuentras con gente que pretende escribir y que ni siquiera ha leído ciertos clásicos imprescindibles. Quizá obvian que para escribir bien, más allá de las técnicas y la propia experiencia, hay que leer mucho. Pero ojo, leer no sólo de tu género favorito, hay que hacerlo con toda la literatura general. Parece que esa no es la tónica y todo el mundo se pone a escribir y no leer, y me temo que eso tiene que afectar necesariamente al mercado. Con el problema de que ahora no hay fanzines en papel para ejercer de criba y entorno en el que foguearse para aprender las técnicas de la narración. Este fenómeno no es nuevo, pero ahora es exagerado. Quizá la falta de exigencia en la red tenga algo que ver (aunque esto es discutible porque hay publicaciones electrónicas con criterios de selección más o menos exigentes), o el boom de la fantasía a lo Tolkien. No lo sé. Pero sí tengo claro que esto a la larga va a ser bastante malo para que el género se normalice en el ámbito editorial, así como para la percepción social que se tiene sobre él.


Los temas más populares

Febrero 16, 2008

Ahora que WordPress permite conocer cuáles han sido las entradas más visitadas en el blog desde sus comienzos he hecho un análisis sobre qué temas son los que más os interesan a quienes visitáis mi blog. He visto que ganan por goleada las reseñas de libros sobre filosofía de la ciencia y ciertos temas de matemáticas y física. Pero sobre todo aquellos sobre filosofía de la física o que tratan algunos temas muy específicos de física o matemáticas. Y sorprendentemente (o no) alguna de mis entradas sobre fluidos han tenido bastante éxito en lo que a número de entradas se refiere. Así que me parece que aumentarán las entradas sobre estas materias.


La ficción epistemológica de Stanislaw Lem

Febrero 14, 2008

Con motivo de la muerte de Stanislaw Lem preparé un texto sobre la filosofía del conocimiento presente en la obra de Lem y que apareció en un especial de Sedice.

La epistemología es la disciplina filosófica que estudia la teoría del conocimiento basada o en torno a la ciencia. Puede parecer, entonces, que una novela no sería el lugar más adecuado para encontrar reflexiones de corte epistemológico. Sin embargo no es así, y la obra de Stanislaw Lem es una muestra de ello, ya que podría decirse que la mayor parte de su obra aborda los grandes temas de la epistemología desde diferentes perspectivas.

¿Pero cuál es la teoría sobre el conocimiento de la realidad expuesta por Lem a lo largo de su producción literaria? Es difícil responder a este pregunta, aunque podría decirse que su intención principal no era tanto elaborar una teoría del conocimiento en su literatura, como una crítica, desde la narrativa, de las existentes en el ámbito de la ciencia. Y para ello Lem empleó a la propia ciencia, fundamentando su aguda y penetrante crítica en los grandes teorías de la ciencia contemporánea. Lo que no es en absoluto sorprendente si tenemos en cuenta la amplísima formación, tanto científica como humanística, de este escritor polaco.

A la hora de analizar el contenido epistemológico de la narrativa de Lem puede hacerse desde diversas perspectivas. Aquí lo haré a partir de cuatro conclusiones generales que nos permitirán tener una visión global de la teoría del conocimiento implícita en las novelas de éste.

La descripción incompleta y complementaria de la realidad

La posibilidad de que no podamos comprender en su totalidad algunos aspectos del mundo que nos rodea y que nuestras descripciones de él no se corresponden con la realidad subyacente, se encuentra en las novelas más ambiciosas de Lem en cuanto a especulación filosófica se refiere. Las ideas expuestas en ellas no parecen ser enteramente son originales, ya que todo indica que era un buen conocedor de las implicaciones filosóficas de la teoría cuántica, pero supo manejarlas lo suficientemente bien como para mostrarnos sus propios puntos de vista, que eran mucho más extremos que los de los autores en que encontró inspiración, a saber, los fundadores conceptuales de la teoría cuántica. De entre ellos habría que destacar a Niels Bohr y su principio de complementariedad. En el bloque temático en torno a la descripción incompleta de la realidad podemos considerar novelas como La investigación, La fiebre del heno y Solaris.

La importancia de las consecuencias filosóficas de la mecánica cuántica para la teoría del conocimiento en Lem se muestra claramente si se considera que la más importante conclusión de la teoría cuántica en el terreno epistemológico es la afirmación de la incompletitud de la descripción del mundo dada por la física clásica. Se podría decir, simplificando un poco, que nuestros conceptos cotidianos, en los que se basa nuestra concepción del mundo resultan erróneos o incompletos a la hora de describir la realidad del mundo microscópico. Como resultado de esta conclusión, Niels Bohr desarrolló su filosofía de la complementariedad. Según Bohr, los conceptos clásicos son incapaces de dar una descripción completa de la realidad cuántica, y debemos adoptar descripciones complementarias que expliquen parcialmente sólo algunos aspectos de la realidad cuántica, pero no en su totalidad. Estas descripciones complementarias implican descripciones en términos clásicos contradictorios entre sí, y es necesario tener en cuenta el conjunto de las descripciones complementarias para obtener una visión completa del mundo cuántico. La contradicción se evita teniendo en cuenta que cada descripción complementaria sólo puede aplicarse a cierto rango de fenómenos, y nunca sucederá que puedan aplicarse las dos descripciones complementarias, ya que cada una de ellas sólo se aplica a un rango concreto de fenómenos. El ejemplo más claro es la dualidad onda-partícula, en algunos casos podremos emplear una descripción en términos de ondas, en otros en términos de partículas, pero nunca las dos simultáneamente. Esta forma de analizar la problemática de la descripción del mundo cuántico, y en el caso de la obra de Lem del mundo en su conjunto, la encontramos en las tres novelas antes citadas, especialmente en La investigación.

A partir de la investigación policial en torno a unas misteriosas desapariciones de cadáveres, Lem teje una red de razonamientos que desarrollan de forma muy extensa una forma de complementariedad aplicada al problema planteado en la investigación policial. En este caso, las descripciones complementarias se corresponden con las explicaciones científicas y policiales de las desapariciones. Ambas explicaciones son contradictorias, las explicaciones científicas y policiales se excluyen mutuamente, y no pueden explicar por sí solas la totalidad de los acontecimientos, y para hacerlo hay que considerar ambas familias de explicaciones en su totalidad. Pero no se pueden considerar de forma simultánea, sino sólo cada una de ellas para explicar sólo una serie de los fenómenos o crímenes objeto de la investigación. Para Bohr lo importante dejan de ser entes claramente definidos del tipo de las partículas, para pasar a serlo los fenómenos y el proceso de su observación. De forma similar, para Lem lo importante es el fenómeno de la desapariciones de cadáveres en sí, no las entidades individuales vinculadas a ellas (como podrían ser los propios cuerpos, el supuesto criminal que los roba, el agente que los haría moverse, etc.) sino los fenómenos que se manifiestan en, o a través (también podría interpretarse así), de ellas. Sin embargo hay una clara diferencia entre el pensamiento de Bohr y Lem, porque el primero restringe su visión de la realidad al mundo de lo cuántico y en Lem eso se manifiesta en en el ámbito de percepción cotidiano.

Otra analogía entre los puntos de vista de Bohr y Lem, es que el físico considera que hay que hacer una descripción de los fenómenos cuánticos como fenómenos discretos sin poder establecer una continuidad, más allá de la pura asociación entre ellos, es decir no hay una continuidad ontológica, esencial, entre ellos. Y precisamente uno de los detalles más fascinantes de las desapariciones de cadáveres en la novela es que cada una es diferente, y en ningún momento podemos estar seguros que exista una clara relación causal entre todas ellas, ya que hay pequeños detalles que son diferentes en cada caso y que no pueden ser completamente explicados. No está claro, pues, que podamos asociar ontológicamente, es decir, a un nivel de realidad más fundamental, tales fenómenos. Cada caso policial parece diferente y, sin embargo, todos parecen estar relacionados. Es muy interesante tener en cuenta que, esta visión de los fenómenos como entidades individuales sin una conexión causal precisa, también aparece en el magnífico relato de Borges, Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, autor por el que Lem parecía sentir bastante admiración.

Dados por válidos los razonamientos anteriores puede hacerse una crítica, al concepto de azar y su negación implícita en la doctrina del determinismo. Si una serie de sucesos no están causalmente conectados a un nivel fundamental (ontológico), conectados, ¿cómo podemos suponer que un suceso va a influir de forma completamente determinada, prefijada sobre otro? Éste es un viejo problema que ha surgido varias veces en la historia de la filosofía y que aún no está resuelto, al menos a partir de los actuales resultados de la ciencia. Éste es el tema que gira en torno a la trama de La fiebre del heno, sólo que dando la vuelta a la tostada y mostrando cómo a partir de hechos completamente azarosos puede establecerse una línea de continuidad causal entre diversos acontecimientos, cuando se consideran grandes colectividades de individuos. La clave de ello está en los razonamientos estadísticos del tipo de los que se denominan de los grandes números y Lem nos hace dudar de la validez tanto de nuestras concepciones de azar como de los acontecimientos, ya que nos narra la historia desde la perspectiva de uno de esos individuos. Es muy importante que en esta novela la narración no es en tercera persona, por un narrador exterior, sino que es en primera persona por parte del protagonista. Su visión subjetiva e individual contrasta con la visión colectiva que explica lo que sucede y ayuda a crear la duda que intencionadamente quería sembrar el autor en los lectores.

Para acabar con este bloque temático, comentar que también en Solaris hay un cuestionamiento de nuestra capacidad para comprender de forma completa la realidad. Éste nos viene dado a través de la descripción del fracaso de la solarística en encontrar una teoría general sobre el océano viviente de Solaris. Los largos párrafos en donde el protagonista lee los tomos sobre solarística y se nos narran las peculiaridades de la entidad Solaris son pues capitales a la hora de desarrollar esta crítica, y el tono pedante, aburrido y casino tiene una finalidad muy concreta. Todas las teorías sobre Solaris son, por principio, incompletas y sólo pueden dar cuenta de hechos parciales, de fenómenos puntuales, de configuraciones particulares del océano, por ejemplo, siendo muchas de ellas contradictorias entre sí. Esto hace que no exista ni la más remota posibilidad de establecer un programa coherente de investigación sobre el océano.

La insuficiencia de las matemáticas humanas para comprender el mundo

Sin embargo, toda esta crítica se centra en la descripción física del mundo, en la fenomenológica. Pero, ¿no podría el razonamiento puro, es decir, las matemáticas, aportar luz sobre la verdadera naturaleza de las cosas aunque no sepamos interpretarla en términos físicos puramente observacionales? Esta confianza, yo diría que fe, en las universalidad de las matemáticas -que es un prejuicio hondamente establecido en la mayoría de los científicos contemporáneos- también es puesta en duda por Lem. No parecía ser Lem un idealista platónico, ni mucho menos.

Esta crítica aparece de forma manifiesta en La voz de su amo, una de sus novelas sobre el contacto con entidades extraterrestres y quizás una de las menos conocidas. En ella se presenta el diario de un matemático que forma parte de un equipo de investigación multidisciplinar que trata de analizar un supuesto mensaje extraterrestre. Supuesto mensaje, porque en ningún momento de la narración del matemático, eminentemente autobiográfica, existe la seguridad de que el patrón regular que los científicos creen haber detectado en el fondo cósmico de neutrinos sea un mensaje. De hecho, la conclusión de la novela es tremendamente pesimista al respecto.

Ni siquiera las matemáticas nos aportan seguridad, ya que nuestras matemáticas están limitadas por la capacidad finita e imperfecta del pensamiento humano. Percibimos orden y estructura en donde quizá sólo hay un caos que por puro azar estadístico nos crea la ilusión de un orden, de un sentido. En cierto modo es lo que podría suceder con el aparente mensaje extraterrestre. Y es que sus autores se encuentran en un nivel de pensamiento radicalmente diferente y es en principio imposible obtener información valiosa sobre él, salvo quizá cierta información residual, basura matemática que en nuestra ignorancia calificamos de mensaje. La inmensidad de los procesos involucrados se manifiesta en el canal en que aparece el mensaje, los neutrinos cósmicos, que implicaría una capacidad tecnológica abrumadora.

La limitación de la ciencia humana por su carácter antropocéntrico

Toda esta crítica se fundamenta en las limitaciones intrínsecas del ser humano. El ser humano es imperfecto y, por lo tanto, su ciencia es imperfecta. Sin embargo, estas limitaciones no se encuentran sólo a un nivel ontológico profundo de la realidad, sino que podemos encontrarlas en problemas más próximos y más fáciles de resolver, como el estudio de un organismo o de una cultura extraterrestres. Sobre ello tratan todas las novelas sobre el primer contacto de Lem: Solaris, Edén, El Invencible, La voz de su amo y Fiasco. La más optimista, Edén, hace énfasis en el relativismo cultural y en la incapacidad de comprender otra cultura ajena a la nuestra, a pesar de que seamos capaces de comunicarnos de algún modo con ellos. Las más pesimistas, Solaris, El Invencible, y La voz de su amo, enfatizan en la imposibilidad de comprender algo completamente ajeno a lo humano. La más interesante de todas ellas desde tal perspectiva es Fiasco. En ella no encontramos seres extraterrestres completamente ajenos a lo humano, pues se supone que se trata de una especie biológica con un nivel tecnológico equivalente al de la Tierra, y es posible, en un principio la comunicación. Es más, en este caso existe toda una teoría científica que da cuenta con precisión el nivel de avance tecnológico y mental de una civilización de ese tipo y de sistemas de comunicación universales basados en las matemáticas. Sin embargo, el intento de comunicación acaba en un fiasco, de ahí el título de la novela, porque la forma de razonar de los extraterrestres es totalmente ajena a la humana. Es más, la razón de la ausencia de contacto se sugiere que puede ser resultado de problemáticas sociales o de conflictos en el seno de tal sociedad, ni siquiera es resultado de un barroco exotismo alienígena.

Tenemos entonces que aceptar también una limitación fundamental en nuestra ciencia por el hecho de estar construida y desarrollada por humanos; sólo puede tener en cuenta el punto de vista humano de las cosas. Esta limitación del punto de vista subjetivo las novelas “serias” de Lem pero también en las humorísticas y satíricas como las de robots o las del astronauta Tichy, quizá sugiriéndonos que tales limitaciones son algo consustancial a los seres vivos y tecnológicos, y que para superarlas de algún modo hay que trascender el nivel de percepción de la realidad en que cada una de ellas se encuentra.

La existencia de problemas que están más allá de la capacidad humana

Consideradas en conjunto las anteriores críticas epistemológicas podemos llegar fácilmente a la conclusión de que hay problemas cuya naturaleza nunca podrá ser dilucidada por el intelecto humano. Ésta es la conclusión básica de la obra cumbre de Lem, Solaris, ya que en esta novela no sólo se muestran las limitaciones de la ciencia humana para entender algo totalmente ajeno, sino que también se muestra la incapacidad que tenemos para enfrentarnos a nuestros fantasmas y demonios interiores. También hay una duda sobre la objetividad de la percepción que tenemos de los demás individuos ya que ésta no es un reflejo de lo que los demás son realmente, sino una mezcla de recuerdos, sueños y percepciones sobre los que nunca estamos seguros, no siendo capaces de distinguir cómo es realmente uno mismo y cómo son los demás. A este respecto, la reflexión psicológica de Solaris enfatiza la crítica epistemológica hasta sus últimas consecuencias. Como bien se ha comentado ya muchas veces, en Solaris no sólo se habla de nuestra incapacidad para comprender algo ajeno a nosotros, sino de la incapacidad para conocernos a nosotros mismos.

Tratando de resumir toda la exposición anterior, Stanislaw Lem desarrolla una crítica general de la ciencia, pero sobre todo de la visión cientificista y optimista de que la ciencia será capaz de desentrañar los misterios últimos de la realidad. Pero esa crítica se hace desde la propia ciencia y empleando sus propias herramientas en el marco de la literatura de ficción científica. Lem ha sido un narrador de lo epistemológico, pero también de la imperfección del ser humano en todas las facetas de su existencia y, por tanto, un referente fundamenta en la literatura fantástica del siglo XX. Y también una muestra de las cotas a que puede llegar la literatura de ciencia ficción, y la literatura en general, en el análisis de la realidad.


Ciencia ficción escatológica: De Akasa-Puspa al Punto Omega

Febrero 12, 2008

Este es un artículo que se puede encontrar en un especial de Sedice sobre Juan Miguel Aguilera . Allí podéis encontrar más contenidos interesantes sobre este autor español y su obra. Lo reproduzco aquí en el blog como resultado de algunas peticiones que me hicisteis en los comentarios. El tema de la ciencia ficción escatológica es apasionante, espero que os guste.

Muchos autores de ciencia ficción actuales especulan sobre las posibilidades que abre la biotecnología para producir radicales transformaciones en el ser humano. Pero esta temática tan en boga actualmente en la ciencia ficción anglosajona ya aparece mucho antes en una saga de space opera española. Se trata de la saga Akasa-Puspa de Juan Miguel Aguilera y Javier Redal. Para entender tan fascinante universo narrativo y poder establecer una base temática en la obra de Juan Miguel Aguilera en general hay que analizar los referentes en el mundo de la ciencia para las ideas desarrolladas en él.

La historia está ubicada en un cúmulo globular exterior al disco de nuestra galaxia en un lejano futuro indeterminado. Es esto una elección muy conveniente para poder conciliar el rigor científico que impone viajes a velocidades menores que la luz con estructuras políticas como imperios o instituciones religiosas. La insistencia por el rigor presente en las historias del cúmulo Akasa-Puspa no solo no merma la intensidad de la historia sino que en algunos momentos le da unas connotaciones épicas y fatalistas muy interesantes. Por eso lo mejor del universo narrativo no está en los elementos de ciencia ficción dura sino en el trasfondo de la historia. Algunas ideas que aparecen entre bastidores son las que dirigen la historia. En Mundos en el Abismo, Hijos de la Eternidad (o Mundos en la Eternidad) y Mundos y Demonios el lector se enfrenta a algunas de las más fantásticas especulaciones que han surgido en la ciencia del siglo XX.

Para comprender las bases científicas de la saga hay que considerar como punto de partida las especulaciones sobre el futuro de la vida del cristalógrafo británico J. D.Bernal. En 1929 Bernal escribió un opúsculo titulado The World, The Flesh, and The Devil, es decir El Mundo, la Carne y el Demonio . Bernal pretendía hacer un juego de palabras para hablar sobre los que él consideraba los enemigos del alma racional, haciendo un juego de palabras con los términos de inspiración teológica. El título de la novela Mundos y Demonios es un homenaje al texto de Bernal, así que es un autor fundamental para entender la creación de los universos narrativos de Juan Miguel Aguilera. Pues bien, para Bernal los tres enemigos del alma racional serían: el Mundo, que representa a las limitaciones ambientales a que debe enfrentarse el ser humano para sobrevivir, la Carne a las ligaduras que nos impone la fisiología, y el Demonio, la parte irracional de nuestra mente. Para Bernal la forma de vencer a estos tres enemigos de la razón sería emplear la tecnología para modificar a los seres humanos, vivir en colonias en el espacio y emplear psicología aplicada para enfrentarnos a nuestra parte irracional. Tremendamente ingeniosas, las ideas de Bernal no estaban lo suficientemente maduras en algunos aspectos, como resultado de que en aquel momento se estaba a las puertas de la gran revolución en biología, resultado del descubrimiento de las bases químicas de la genética. No obstante ya hay una intuición por su parte de la importancia que tales técnicas tendrán en el futuro, como también existe en otras dos obras contemporáneas a la suya y de lectura imprescindible que son Dédalo o la ciencia y el futuro de J.B.S Haldane e Ícaro o la ciencia del futuro de Bertrand Russell escritas en 1923 y 1924, respectivamente. Los textos de Haldane y Bernal tendrían una notable influencia sobre uno de los padres de la electrodinámica cuántica, pero más conocido en el ámbito de la ciencia ficción por razones diferentes: Freeman Dyson.

De hecho, el universo de Akasa-Puspa es una especie de compendio de las ideas de Dyson que han acabado formando parte del bagaje del autor o lector de ciencia ficción. Dyson toma algunas de las ideas de Bernal y las renueva con la toma en consideración de la genética contemporánea. Según Dyson la vida ha de enfrentarse a tres problemas para poder sobrevivir en el vacío del espacio: la gravedad cero, una temperatura próxima a cero, y la ausencia de presión atmosférica. No parece que el primero sea muy difícil de resolver ya que podemos imaginarnos formas de adaptar la vida vegetal o animal a tales condiciones mediante biotecnología convencional. En lo que a la temperatura se refiere las cosas ya no están tan claras. No es complicado mantenerse caliente en un entorno frío pero es bastante más difícil mantenerse frío en un ambiente caliente. En el espacio interplanetario se dará más frecuentemente el primero de los casos. Para adaptarse a un ambiente frío habrá que diseñar algún tipo de piel capaz de absorber muy eficientemente la radiación solar con pocas pérdidas por radiación, sobre todo en el infrarrojo. Pero más complicada es la adaptación a la presión cero. El estar en un entorno con presión cero dificulta mucho los procesos de alimentación y excreción de un organismo, ya que los esfínteres deben estar diseñados de modo que el organismo no explote al comer o defecar. Pues bien, por difícil que parezca podemos imaginarnos seres vivos que pudiesen vivir en tales condiciones, y quizá algunos de los más sencillos que podamos imaginar: los árboles. Podrían diseñarse árboles con hojas aislantes del calor y que podrían vivir a costa de la luz solar y de los nutrientes presentes en un cometa o asteroide, aunque deberían de ser árboles de “sangre caliente”, pues su sistema de savia debería mantener el calor corporal interior. Tales árboles aparecen en el relato de Aguilera El bosque de hielo. Pero estos árboles que también son parte fundamental del funcionamiento de la Esfera de Akasa-Puspa no son los únicos seres capaces de vivir en el espacio en el cúmulo globular. Otros seres, los colmeneros, están perfectamente adaptados a vivir en el vacío. Los colmeneros tienen resueltas las cuestiones escatológicas mediante unos esfínteres especiales, y también otro de los problemas que plantea la presión cero, la imposibilidad de comunicarse con ondas sonoras, gracias al empleo de ondas de radio para su intercambio de ideas e información. La bioingeniería de Dyson tiene una aplicación directa a la hora de construir una esfera de Dyson.

Puede decirse que la verdadera protagonista de toda la historia de las novelas del universo de Akasa-Puspa es la Esfera, una gigantesca obra de ingeniería astral. La idea original de Dyson de imaginar gigantescas esferas construidas por civilizaciones extraterrestres alrededor de las estrellas fue inspirada por su lectura de Hacedor de Estrellas de Olaf Stapledon. Si queremos buscar de forma activa civilizaciones extraterrestres una forma de hacerlo es considerar cuáles podrían ser sus fuentes de energía. La principal fuente son las estrellas en torno a las que se desarrollan tales civilizaciones. La forma más simple y eficaz de recolectar la energía emitida en forma de radiación por una estrella es construir una enorme estructura esférica que contenga a la estrella en su interior. De este modo se podría manejar una cantidad de energía del orden de la que emite la estrella en forma de radiación en todas las longitudes de onda del espectro. Las leyes termodinámicas exigen que una parte de la radiación absorbida por la estructura esférica ha de escapar en forma de radiación térmica, lo que implica emisiones en el infrarrojo. Además el espectro asociado a tales radiaciones será de cuerpo negro. Lo interesante es que las posibles fuentes emisoras de radiación infrarroja como las nubes de polvo en torno a las estrellas no tienen un espectro de ese tipo, por lo que las esferas serían fácilmente detectadas si se dispone de una tecnología adecuada para estudiar los espectros en el infrarrojo de las estrellas de interés. Hasta el día de hoy se han realizado varias búsquedas de fuentes infrarrojas con tales características en el entorno del Sistema Solar y los resultados han sido negativos.

Pero eso no indica que no existan civilizaciones extraterrestres, sino que tal vez la construcción de las esferas sea innecesaria, o lo que es más probable, muy compleja. Estudiando las dificultades teóricas que se plantean al imaginar su construcción podemos ver lo bien que está desarrollada la aparición de una esfera de Dyson en las historias de Akasa-Puspa. Para esto hay que tener en cuenta que en todo momento Dyson parte de la física básica y bien establecida para diseñar sus esferas. A la hora de construir una esfera de Dyson hay que tener en cuenta problemas asociados con la habitabilidad de la esfera, con la estabilidad de la estructura y con su rendimiento como colector de energía.

En primer lugar hay que considerar la habitabilidad de la esfera a construir. En el caso de nuestro Sol el radio de la esfera tendría que ser cercano al de la órbita de la Tierra para que las condiciones fuesen óptimas para vivir en ella. Dependiendo del tipo espectral de la estrella (cada uno de ellos implica diferentes temperaturas superficiales en la estrella y radiaciones dominantes en diferentes longitudes de onda del espectro electromagnético) hay que considerar otros valores del radio de la esfera. Pero no solo basta con tener una incidencia de radiaciones estelares óptima para establecer poblaciones en la esfera, también sería conveniente disponer de algún tipo de gravedad artificial. Una forma de obtenerla es hacer rotar la esfera sobre su eje y aprovechar la aceleración inercial para simular el efecto de la gravedad. Un inconveniente de esta técnica es que la gravedad es máxima en el ecuador de la esfera e irá disminuyendo hasta un valor cero en los polos, quedando solo una franja de la esfera habitable con gravedades distintas de cero. Pero el mayor problema no es ese, si la esfera es rígida estará sometida a enormes tensiones. Se necesitaría un material extremamente resistente. Una forma de evitar este problema es considerar una esfera compuesta de múltiples trozos orbitando en sincronía en vez de una esfera rígida.

En lo que a la estabilidad dinámica de la estructura se refiere surge un problema fundamental de difícil resolución en el caso de que la esfera sea rígida. Existe un resultado fundamental en la teoría del campo gravitatorio conocido como teorema de Gauss que asegura que en el interior de una esfera hueca el campo gravitatorio es cero. La consecuencia que esto tiene para una esfera de Dyson es que la ausencia de un campo gravitatorio interior implica que no puede estar en equilibrio dinámico con respecto a la estrella. Mientras la esfera no sea perturbada permanecerá en reposo, pero cualquier pequeña perturbación como resultado de la acción de meteoritos, por ejemplo, la haría ponerse en movimiento y tarde o temprano acabaría chocando con la estrella a la que rodea. Una forma de solventar esta dificultad es de nuevo considerar una esfera con muchos trozos, quizá miles, que pueden situarse en órbitas estables y ser corregidas sus trayectorias mediante sistemas de propulsión convencionales como velas solares o reactores de cualquier tipo. Pero como sucede con los problemas asociados con la habitabilidad la esfera hecha de trozos podría resultar menos eficiente a la hora de recolectar energía.

La mayor parte de las historias ambientadas en Akasa-Puspa tienen acción en la Esfera que está compuesta por una inmensa nube de asteroides y otras estructuras, y por lo tanto no presenta los problemas asociados con la rigidez. En su caso son más bien los habitantes quienes están adaptados a ella, y no a la inversa, ya que se trata de seres vivos rediseñados según las ideas de Dyson y Bernal. Pero he aquí que esos diseños biológicos juegan un papel fundamental en la eficacia de la Esfera, ya que precisamente son esas formas de vida las que permiten obtener el máximo rendimiento de la radiación de la estrella tapizando los asteroides y los huecos entre ellos. La vegetación adaptada al vacío permite aprovechar la luz ya que forma inmensos bosques que salen de los asteroides en grandes extensiones de espacio vacío. Pero algunas formas de vida cumplen alguna función más, ya que ciertos organismos en realidad funcionan como mecanismos para mantener la estabilidad de las órbitas. Esas criaturas sirven como elementos de un sistema de propulsión por eyección de masas de modo que su tránsito entre los asteroides se emplea como un sistema fundamental para el mantenimiento de la Esfera. También sobre estos sistemas de propulsión ha escrito Dyson diversos artículos con aplicación al tema de las civilizaciones extraterrestres. Vemos pues que la Esfera es una estructura cuya eficacia es resultado de aplicar las tecnologías ideadas por Dyson. La base científica del universo narrativo creado por Aguilera y Redal parece ser sólida y abundante, pero no se agota aquí, siendo desarrollado hasta sus últimas consecuencias por Aguilera en solitario. Y es que la eficacia de las formas de vida que viven en la Esfera para aprovechar energía tiene mucho que ver con que la Esfera es una enorme biosfera.

El hecho es que la Esfera no es un simple estructura artificial habitada por árboles, colmeneros y otras criaturas, es una noosfera. El término se atribuye al jesuita Teilhard de Chardin y hace referencia a una entidad que engloba a todos los seres vivos que viven en una biosfera en donde los seres conscientes juegan un papel muy destacado. Según Chardin la noosfera irá evolucionando hasta alcanzar un Punto Omega que él interpreta como un proceso de acercarse a Dios. Aunque también puede pensarse en un sentido diferente, de simple evolución de la entidad como un todo consciente sin hacer interpretaciones religiosas. La Esfera en realidad es una noosfera y como tal todas las formas de vida que habitan en ella forman un completo y complejo mecanismo. ¿Y hacia qué pueden evolucionar sus habitantes? Para entender un poco esto y cómo se relaciona con una de la claves de las novelas hay que regresar de nuevo a Dyson. Y es que Dyson también ha especulado sobre el futuro último de la vida en el Universo.

La concepción del futuro de la vida propuesta por Dyson se basa en principios físicos básicos. Su punto de partida es que la vida puede adaptarse a entornos a diferentes temperaturas, y que su metabolismo se puede modificar de tal manera que perciba un tiempo subjetivo diferente al tiempo real. El razonamiento de Dyson se basa en algunos resultados muy básicos de la mecánica cuántica y en una relación entre el consumo de energía asociado al metabolismo y la temperatura ambiente. Se puede demostrar fácilmente que sería más fácil una adaptación a temperaturas bajas que altas, y que puede obtenerse un tiempo subjetivo infinito con un coste de energía finito. El tiempo subjetivo es el que siente la criatura, así que en un universo que se expanda eternamente el que este tiempo sea infinito implica que la criatura puede vivir eternamente gastando únicamente una cantidad finita de energía. A medida que el universo se expanda y disminuya la temperatura las formas de vida se irán adaptando. Sin duda la supervivencia será difícil pero la persistencia de la vida según cree Dyson será posible. En todo momento Dyson habla de vida abstracta, podrían ser seres biológicos, máquinas o cualquier tipo de criaturas excéntricas. Si como se cree actualmente la expansión cósmica es acelerada los seres de Dyson tendrán en el futuro lejano serios problemas para sobrevivir y mantener una civilización.

También los tendrían si comenzase una fase de contracción cósmica que desembocara en un estado de altísima densidad y temperatura de la materia. Pero en este escenario el astrofísico Frank Tipler también ha imaginado una forma en que podría haber una existencia eterna de formas de vida. Para ello Tipler retoma el concepto de Punto Omega que en su caso va asociado con el surgimiento de una superinteligencia resultado de la expansión por todo el universo de la vida en forma de inteligencias artificiales. A partir de ciertos resultados de la teoría general de la relatividad Tipler pretende demostrar que cerca del Punto Omega la percepción subjetiva del tiempo podría ser la de un tiempo infinito, una eternidad. En ese momento la inteligencia cósmica estaría en disposición de crear réplicas de todas las criaturas que han existido y podría resucitarlas mediante una simulación informática. Tipler no hace ascos a las connotaciones religiosas de su escenario y sus ideas parecen más ciencia ficción si cabe que las de Dyson. Tipler argumenta la plausibilidad de la resurrección suponiendo que la información necesaria para replicarnos siempre será menor que la cantidad de información máxima que puede almacenarse en una región del espacio-tiempo, la denominada cota de Bekenstein. A su vez se basa en unas de las más peculiares propiedades de los objetos cuánticos, la indistinguibilidad, para defender la equivalencia ontológica entre un ser humano físico y su copia simulada. Así que tanto Dyson como Tipler desarrollan escenarios escatológicos en los cuales la vida juega un papel relevante en la evolución cosmológica. A pesar de las diferencias en sus concepciones ambos dan por hecho que la vida puede alterar su entorno mediante el empleo de grandes obras de ingeniería cósmica y de su propia evolución. Una interesante combinación de los dos puntos de vista anteriores aparece en Mundos y Demonios.

Pero la ficción de Juan Miguel Aguilera es mucho más amplia que la que acontece en el cúmulo globular. En su serie de novelas de ciencia ficción histórica aparece otro universo fascinante con otros referentes científicos. A primera vista puede parecer que temas que aparecen en ellas, como la panspermia, la vida adaptada a vivir en cometas, o ciertos elementos que aparentan ser magia o al menos algún tipo de extraña tecnología, no tienen que ver mucho con los que comentado hasta ahora. No obstante existe un sutil relación ya que la creación de una Esfera no es más que un paso lógico en la evolución de la vida si se dan por verdaderas las concepciones sobre ella que aparecen en novelas como La locura de Dios o Rihla. Por tanto toda la obra reciente de Juan Miguel Aguilera puede considerarse que forma parte de un todo coherente y que es una cosmovisión que reúne una serie de especulaciones escatológicas con otras propias de la ciencia ficción clásica. Pero en realidad la ficción de Juan Miguel Aguilera es una clara heredera de las historias de viajes extraordinarios del siglo XVII de descubrimiento de nuevos mundos, nuevas culturas y otras formas de pensar. Por tanto hay que considerar más sus historias como viajes de aventuras y de descubrimiento y no como una exposición de ideas sobre el papel de la vida en el cosmos, ya que eso es el trasfondo, pero lo importante es la propia aventura de descubrimiento. Su ficción no plantea especulación científica o filosófica sino una búsqueda del sentido de la maravilla, nada más y nada menos, algo que cada vez resulta más difícil encontrar en la ciencia ficción actual.


El espejismo de Dios (Richard Dawkins)

Febrero 9, 2008

Acabo de terminar de leer este libro. Quizá debería de decir panfleto, aunque este calificativo no tiene por qué ser malo. Se trata de una defensa del ateísmo y con pocas, o más bien ninguna, concesiones a las religiones. Y la verdad me ha gustado mucho.

Es un libro muy interesante porque Dawkins es valiente y afronta temas que otros científicos detractores de la vertiente más fanática de las religiones no se atreven a hacer. Para él, el problema el problema no está en los fanatismo, si no más bien en la propia naturaleza de las religiones y el pensamiento religioso. Evidentemente este punto de vista sobre el tema hará que los creyentes no puedan estar de acuerdo con muchas de sus reflexiones, aunque ellos mismos defiendan puntos de vista similares frente a los fanatismos religiosos. Es precisamente esto lo que me parece mejor del libro, más allá de los análisis que hace sobre la existencia o no de Dios.

Dawkins llega a conclusiones muy discutibles sobre que la postura atea es mejor que la agnóstica. Es esta parte del libro la que me parece más tendenciosa porque si bien hace una crítica del agnosticismo como una especie de ser ateo pero querer llevarse bien con la mayoría religiosa que hay en la sociedad, y esto no deja de ser cierto, trata este asunto atacando únicamente una clase de posturas agnósticas, las que le conviene comentar. También me parece que aborda muy superficialmente la cuestión de Dios como concepto filosófico y no únicamente religioso. Aunque aquí es coherente con las tesis generales que defiende en la obra.

Lo más interesante está en su análisis del posible origen de las religiones desde una perspectiva evolucionista, o las críticas a los argumentos del diseño del universo. Y sobre todo su crítica general del pensamiento religioso. Aquí Dawkins es sincero y políticamente incorrecto y no trata de reconciliar la ciencia con las religiones, muestra que son antagónicos, y explica claramente el por qué. De hecho es lo más importante del libro. Evidentemente se podrá estar de acuerdo o no con él, en este caso yo lo estoy más o menos, pero es claro en su defensa de una forma de ver el mundo. Una defensa que cómo bien dice en determinados ámbitos puede implicar acabar convertido en un paria social.

También reflexiona a fondo sobre lo que significa adoctrinar a los niños en una religión determinada. Es aquí donde se muestra más duro con las religiones y su papel institucional (velado o no) en las sociedades occidentales.

El problema que me surge en este comentario es a quién recomendar o no la lectura de este libro. A los ateos convencidos no les servirá de mucho, aunque encontrarán seguramente puntos de vista sobre el tema que antes no habían considerado. Quizá sea más conveniente para los agnósticos, pero como decía al principio, desde esta perspectiva yo le veo muchas deficiencias ya que mezcla su crítica a las religiones y la ausencia de la necesidad de Dios con otras cuestiones. Y en cuanto a los creyentes, dudo mucho que cambien de opinión con este libro, incluso algunos podrán sentirse ofendidos con algunas de sus opiniones. Eso sí, los creyentes que leen habitualmente este blog, me imagino que a pesar de discrepar de lo que dice lo encontrarán interesante. Sin embargo creo que más que convencer, o que estar de acuerdo con las muy personales teorías del autor, lo interesante de este libro es que está concebido para que el lector se pare a pensar. Esa es la mayor virtud que le veo a este libro, y por eso me lo he pasado bien con su lectura. Y eso que me lo leí en inglés, lo que me ha hecho más ardua la lectura.