Con motivo de la muerte de Stanislaw Lem preparé un texto sobre la filosofía del conocimiento presente en la obra de Lem y que apareció en un especial de Sedice.
La epistemología es la disciplina filosófica que estudia la teoría del conocimiento basada o en torno a la ciencia. Puede parecer, entonces, que una novela no sería el lugar más adecuado para encontrar reflexiones de corte epistemológico. Sin embargo no es así, y la obra de Stanislaw Lem es una muestra de ello, ya que podría decirse que la mayor parte de su obra aborda los grandes temas de la epistemología desde diferentes perspectivas.
¿Pero cuál es la teoría sobre el conocimiento de la realidad expuesta por Lem a lo largo de su producción literaria? Es difícil responder a este pregunta, aunque podría decirse que su intención principal no era tanto elaborar una teoría del conocimiento en su literatura, como una crítica, desde la narrativa, de las existentes en el ámbito de la ciencia. Y para ello Lem empleó a la propia ciencia, fundamentando su aguda y penetrante crítica en los grandes teorías de la ciencia contemporánea. Lo que no es en absoluto sorprendente si tenemos en cuenta la amplísima formación, tanto científica como humanística, de este escritor polaco.
A la hora de analizar el contenido epistemológico de la narrativa de Lem puede hacerse desde diversas perspectivas. Aquí lo haré a partir de cuatro conclusiones generales que nos permitirán tener una visión global de la teoría del conocimiento implícita en las novelas de éste.
La descripción incompleta y complementaria de la realidad
La posibilidad de que no podamos comprender en su totalidad algunos aspectos del mundo que nos rodea y que nuestras descripciones de él no se corresponden con la realidad subyacente, se encuentra en las novelas más ambiciosas de Lem en cuanto a especulación filosófica se refiere. Las ideas expuestas en ellas no parecen ser enteramente son originales, ya que todo indica que era un buen conocedor de las implicaciones filosóficas de la teoría cuántica, pero supo manejarlas lo suficientemente bien como para mostrarnos sus propios puntos de vista, que eran mucho más extremos que los de los autores en que encontró inspiración, a saber, los fundadores conceptuales de la teoría cuántica. De entre ellos habría que destacar a Niels Bohr y su principio de complementariedad. En el bloque temático en torno a la descripción incompleta de la realidad podemos considerar novelas como La investigación, La fiebre del heno y Solaris.
La importancia de las consecuencias filosóficas de la mecánica cuántica para la teoría del conocimiento en Lem se muestra claramente si se considera que la más importante conclusión de la teoría cuántica en el terreno epistemológico es la afirmación de la incompletitud de la descripción del mundo dada por la física clásica. Se podría decir, simplificando un poco, que nuestros conceptos cotidianos, en los que se basa nuestra concepción del mundo resultan erróneos o incompletos a la hora de describir la realidad del mundo microscópico. Como resultado de esta conclusión, Niels Bohr desarrolló su filosofía de la complementariedad. Según Bohr, los conceptos clásicos son incapaces de dar una descripción completa de la realidad cuántica, y debemos adoptar descripciones complementarias que expliquen parcialmente sólo algunos aspectos de la realidad cuántica, pero no en su totalidad. Estas descripciones complementarias implican descripciones en términos clásicos contradictorios entre sí, y es necesario tener en cuenta el conjunto de las descripciones complementarias para obtener una visión completa del mundo cuántico. La contradicción se evita teniendo en cuenta que cada descripción complementaria sólo puede aplicarse a cierto rango de fenómenos, y nunca sucederá que puedan aplicarse las dos descripciones complementarias, ya que cada una de ellas sólo se aplica a un rango concreto de fenómenos. El ejemplo más claro es la dualidad onda-partícula, en algunos casos podremos emplear una descripción en términos de ondas, en otros en términos de partículas, pero nunca las dos simultáneamente. Esta forma de analizar la problemática de la descripción del mundo cuántico, y en el caso de la obra de Lem del mundo en su conjunto, la encontramos en las tres novelas antes citadas, especialmente en La investigación.
A partir de la investigación policial en torno a unas misteriosas desapariciones de cadáveres, Lem teje una red de razonamientos que desarrollan de forma muy extensa una forma de complementariedad aplicada al problema planteado en la investigación policial. En este caso, las descripciones complementarias se corresponden con las explicaciones científicas y policiales de las desapariciones. Ambas explicaciones son contradictorias, las explicaciones científicas y policiales se excluyen mutuamente, y no pueden explicar por sí solas la totalidad de los acontecimientos, y para hacerlo hay que considerar ambas familias de explicaciones en su totalidad. Pero no se pueden considerar de forma simultánea, sino sólo cada una de ellas para explicar sólo una serie de los fenómenos o crímenes objeto de la investigación. Para Bohr lo importante dejan de ser entes claramente definidos del tipo de las partículas, para pasar a serlo los fenómenos y el proceso de su observación. De forma similar, para Lem lo importante es el fenómeno de la desapariciones de cadáveres en sí, no las entidades individuales vinculadas a ellas (como podrían ser los propios cuerpos, el supuesto criminal que los roba, el agente que los haría moverse, etc.) sino los fenómenos que se manifiestan en, o a través (también podría interpretarse así), de ellas. Sin embargo hay una clara diferencia entre el pensamiento de Bohr y Lem, porque el primero restringe su visión de la realidad al mundo de lo cuántico y en Lem eso se manifiesta en en el ámbito de percepción cotidiano.
Otra analogía entre los puntos de vista de Bohr y Lem, es que el físico considera que hay que hacer una descripción de los fenómenos cuánticos como fenómenos discretos sin poder establecer una continuidad, más allá de la pura asociación entre ellos, es decir no hay una continuidad ontológica, esencial, entre ellos. Y precisamente uno de los detalles más fascinantes de las desapariciones de cadáveres en la novela es que cada una es diferente, y en ningún momento podemos estar seguros que exista una clara relación causal entre todas ellas, ya que hay pequeños detalles que son diferentes en cada caso y que no pueden ser completamente explicados. No está claro, pues, que podamos asociar ontológicamente, es decir, a un nivel de realidad más fundamental, tales fenómenos. Cada caso policial parece diferente y, sin embargo, todos parecen estar relacionados. Es muy interesante tener en cuenta que, esta visión de los fenómenos como entidades individuales sin una conexión causal precisa, también aparece en el magnífico relato de Borges, Tlon, Uqbar, Orbis Tertius, autor por el que Lem parecía sentir bastante admiración.
Dados por válidos los razonamientos anteriores puede hacerse una crítica, al concepto de azar y su negación implícita en la doctrina del determinismo. Si una serie de sucesos no están causalmente conectados a un nivel fundamental (ontológico), conectados, ¿cómo podemos suponer que un suceso va a influir de forma completamente determinada, prefijada sobre otro? Éste es un viejo problema que ha surgido varias veces en la historia de la filosofía y que aún no está resuelto, al menos a partir de los actuales resultados de la ciencia. Éste es el tema que gira en torno a la trama de La fiebre del heno, sólo que dando la vuelta a la tostada y mostrando cómo a partir de hechos completamente azarosos puede establecerse una línea de continuidad causal entre diversos acontecimientos, cuando se consideran grandes colectividades de individuos. La clave de ello está en los razonamientos estadísticos del tipo de los que se denominan de los grandes números y Lem nos hace dudar de la validez tanto de nuestras concepciones de azar como de los acontecimientos, ya que nos narra la historia desde la perspectiva de uno de esos individuos. Es muy importante que en esta novela la narración no es en tercera persona, por un narrador exterior, sino que es en primera persona por parte del protagonista. Su visión subjetiva e individual contrasta con la visión colectiva que explica lo que sucede y ayuda a crear la duda que intencionadamente quería sembrar el autor en los lectores.
Para acabar con este bloque temático, comentar que también en Solaris hay un cuestionamiento de nuestra capacidad para comprender de forma completa la realidad. Éste nos viene dado a través de la descripción del fracaso de la solarística en encontrar una teoría general sobre el océano viviente de Solaris. Los largos párrafos en donde el protagonista lee los tomos sobre solarística y se nos narran las peculiaridades de la entidad Solaris son pues capitales a la hora de desarrollar esta crítica, y el tono pedante, aburrido y casino tiene una finalidad muy concreta. Todas las teorías sobre Solaris son, por principio, incompletas y sólo pueden dar cuenta de hechos parciales, de fenómenos puntuales, de configuraciones particulares del océano, por ejemplo, siendo muchas de ellas contradictorias entre sí. Esto hace que no exista ni la más remota posibilidad de establecer un programa coherente de investigación sobre el océano.
La insuficiencia de las matemáticas humanas para comprender el mundo
Sin embargo, toda esta crítica se centra en la descripción física del mundo, en la fenomenológica. Pero, ¿no podría el razonamiento puro, es decir, las matemáticas, aportar luz sobre la verdadera naturaleza de las cosas aunque no sepamos interpretarla en términos físicos puramente observacionales? Esta confianza, yo diría que fe, en las universalidad de las matemáticas -que es un prejuicio hondamente establecido en la mayoría de los científicos contemporáneos- también es puesta en duda por Lem. No parecía ser Lem un idealista platónico, ni mucho menos.
Esta crítica aparece de forma manifiesta en La voz de su amo, una de sus novelas sobre el contacto con entidades extraterrestres y quizás una de las menos conocidas. En ella se presenta el diario de un matemático que forma parte de un equipo de investigación multidisciplinar que trata de analizar un supuesto mensaje extraterrestre. Supuesto mensaje, porque en ningún momento de la narración del matemático, eminentemente autobiográfica, existe la seguridad de que el patrón regular que los científicos creen haber detectado en el fondo cósmico de neutrinos sea un mensaje. De hecho, la conclusión de la novela es tremendamente pesimista al respecto.
Ni siquiera las matemáticas nos aportan seguridad, ya que nuestras matemáticas están limitadas por la capacidad finita e imperfecta del pensamiento humano. Percibimos orden y estructura en donde quizá sólo hay un caos que por puro azar estadístico nos crea la ilusión de un orden, de un sentido. En cierto modo es lo que podría suceder con el aparente mensaje extraterrestre. Y es que sus autores se encuentran en un nivel de pensamiento radicalmente diferente y es en principio imposible obtener información valiosa sobre él, salvo quizá cierta información residual, basura matemática que en nuestra ignorancia calificamos de mensaje. La inmensidad de los procesos involucrados se manifiesta en el canal en que aparece el mensaje, los neutrinos cósmicos, que implicaría una capacidad tecnológica abrumadora.
La limitación de la ciencia humana por su carácter antropocéntrico
Toda esta crítica se fundamenta en las limitaciones intrínsecas del ser humano. El ser humano es imperfecto y, por lo tanto, su ciencia es imperfecta. Sin embargo, estas limitaciones no se encuentran sólo a un nivel ontológico profundo de la realidad, sino que podemos encontrarlas en problemas más próximos y más fáciles de resolver, como el estudio de un organismo o de una cultura extraterrestres. Sobre ello tratan todas las novelas sobre el primer contacto de Lem: Solaris, Edén, El Invencible, La voz de su amo y Fiasco. La más optimista, Edén, hace énfasis en el relativismo cultural y en la incapacidad de comprender otra cultura ajena a la nuestra, a pesar de que seamos capaces de comunicarnos de algún modo con ellos. Las más pesimistas, Solaris, El Invencible, y La voz de su amo, enfatizan en la imposibilidad de comprender algo completamente ajeno a lo humano. La más interesante de todas ellas desde tal perspectiva es Fiasco. En ella no encontramos seres extraterrestres completamente ajenos a lo humano, pues se supone que se trata de una especie biológica con un nivel tecnológico equivalente al de la Tierra, y es posible, en un principio la comunicación. Es más, en este caso existe toda una teoría científica que da cuenta con precisión el nivel de avance tecnológico y mental de una civilización de ese tipo y de sistemas de comunicación universales basados en las matemáticas. Sin embargo, el intento de comunicación acaba en un fiasco, de ahí el título de la novela, porque la forma de razonar de los extraterrestres es totalmente ajena a la humana. Es más, la razón de la ausencia de contacto se sugiere que puede ser resultado de problemáticas sociales o de conflictos en el seno de tal sociedad, ni siquiera es resultado de un barroco exotismo alienígena.
Tenemos entonces que aceptar también una limitación fundamental en nuestra ciencia por el hecho de estar construida y desarrollada por humanos; sólo puede tener en cuenta el punto de vista humano de las cosas. Esta limitación del punto de vista subjetivo las novelas “serias” de Lem pero también en las humorísticas y satíricas como las de robots o las del astronauta Tichy, quizá sugiriéndonos que tales limitaciones son algo consustancial a los seres vivos y tecnológicos, y que para superarlas de algún modo hay que trascender el nivel de percepción de la realidad en que cada una de ellas se encuentra.
La existencia de problemas que están más allá de la capacidad humana
Consideradas en conjunto las anteriores críticas epistemológicas podemos llegar fácilmente a la conclusión de que hay problemas cuya naturaleza nunca podrá ser dilucidada por el intelecto humano. Ésta es la conclusión básica de la obra cumbre de Lem, Solaris, ya que en esta novela no sólo se muestran las limitaciones de la ciencia humana para entender algo totalmente ajeno, sino que también se muestra la incapacidad que tenemos para enfrentarnos a nuestros fantasmas y demonios interiores. También hay una duda sobre la objetividad de la percepción que tenemos de los demás individuos ya que ésta no es un reflejo de lo que los demás son realmente, sino una mezcla de recuerdos, sueños y percepciones sobre los que nunca estamos seguros, no siendo capaces de distinguir cómo es realmente uno mismo y cómo son los demás. A este respecto, la reflexión psicológica de Solaris enfatiza la crítica epistemológica hasta sus últimas consecuencias. Como bien se ha comentado ya muchas veces, en Solaris no sólo se habla de nuestra incapacidad para comprender algo ajeno a nosotros, sino de la incapacidad para conocernos a nosotros mismos.
Tratando de resumir toda la exposición anterior, Stanislaw Lem desarrolla una crítica general de la ciencia, pero sobre todo de la visión cientificista y optimista de que la ciencia será capaz de desentrañar los misterios últimos de la realidad. Pero esa crítica se hace desde la propia ciencia y empleando sus propias herramientas en el marco de la literatura de ficción científica. Lem ha sido un narrador de lo epistemológico, pero también de la imperfección del ser humano en todas las facetas de su existencia y, por tanto, un referente fundamenta en la literatura fantástica del siglo XX. Y también una muestra de las cotas a que puede llegar la literatura de ciencia ficción, y la literatura en general, en el análisis de la realidad.