Un comentario de Seleucus, uno de los visitantes habituales de este blog, en la entrada anterior, me ha sugerido hablar un poco de este tema. Su comentario es con respecto a la presencia de un apartado dedicado al feminismo en el congreso sobre ciencia ficción que he comentado (y que repito me parece una inciativa muy interesante a pesar de algunos comentarios críticos, espero que constructivos, que he puesto). No entraré a valorar si el papel que las cuestiones mal llamadas de género en el ámbito de la cultura está sobrevalorado o no. De lo que si quiero hablar es sobre lo íntimamente relacionado que está el feminismo con la literatura fantástica, y especialmente de ciencia ficción.
Lamentablemente no puedo hablar con mucho conocimiento de causa del tema, porque he leído muy poca ciencia ficción y fantasía feminista. Bueno quizá debería de decir hembrista, y entonces sí podría decir que lo hecho con la feminista, no mucha, pero alguna sí. No obstante como precisamente la ciencia ficción es más hembrista que feminista, me quedaré con esa. Al grano, que no puedo con ella, es superior a mí. Si se pretende que uno se vuelva feminista el efecto es el contrario, aún recuerdo un relato de una antología que me produjo sarpullidos. Y es que a veces algunas de esas autores casi parecen abogar por el exterminio del varón, el androcidio (ojo, otra cosa es que se plantee si una sociedad sólo de mujeres sería diferente a la actual, sin hacer ningún tipo de sutil preferencia por ella).
Hay una estrecha relación entre el feminismo y la literatura fantástica, como la hay entre el socialismo utópico y ésta. En este caso si puedo hablar con una mayor seguridad, por tener un mayor número de lecturas. La verdad es que siempre ha habido una relación muy estrecha entre el socialismo planteado como utopía y el género fantástico, pues muchos autores han optado por presentar su visión utópica de la sociedad a través de una historia fantástica. No sólo los autores clásicos en este campo, también algunos de los grandes relatos de viajes fantásticos del XVII como los de Cyrano tienen una gran carga de utopía. Siendo posiblemente el siglo XIX el de máximo esplendor de este subgénero. Y no sólo el socialismo o el feminismo han estado presentes en la ficción, cualquier tipo de ideología relevante ha entrado a formar parte de la ciencia ficción utópica.
Sin embargo a mí este género no me apasiona precisamente. Prefiero con mucho la distopía porque como obra de ficción y como reflexión sociológica y política me parece más interesante. En primer lugar porque se sustenta en la crítica y eso para mí es un punto a su favor. Quizás me he vuelto muy escéptico, no lo sé, pero prefiero una historia que muestre los defectos de una sociedad, no sus virtudes. Pero también me parecen mejores porque muestran las contradicciones y los puntos débiles en un sistema de organización de una sociedad o colectivo humano. Donde se puede ver que una forma de organización es mejor o peor que otra es analizando precisamente lo que no va bien, los aspectos negativos. Si alguien quiere defender un tipo de organización social ha de mostrar los inconvenientes, los problemas que podría surgir.
Por eso la utopía me parece por sistema, por definición, deshonesta. Al contrario, la distopía puede ser honesta o no, pero no está viciada desde el principio, depende el punto de vista que adopte el narrador al construir la sociedad distópica. Incluso cuando es deshonesta no dejar de llevar consigo una parte de verdad, ya que como es bien sabido siempre es mejor ver los defectos en los demás que en uno mismo.
Quizás aquí esté la clave de por qué, en general, me encuentro más próximo a una parte de la ciencia ficción (o fantasía) feminista y no soporto la hembrista. La primera es distópica y crítica, la segunda es utópica. Lo interesante es mostrar una sociedad espejo de la nuestra en la que poder apreciar como la mujer es sometida por el varón en una sociedad, o los problemas que surgen cuando se intenta encontrar un equilibrio entre los dos sexos. El conflicto, la problemática, me parece que está mucho más cerca de las mujeres y los hombres reales, y por eso la crítica siempre será más certera. El problema que veo en la ficción hembrística es que incluso cuando plantea una distopía misógina parece hacerlo pensando en una utopía futura de las hembras. O lo que es peor, en un revisionismo que reivindica una supuesta utopía hembrista del pasado.
Si hay algo que no soporto precisamente esa fantasía es toda esa historia de la mujer sensible y con capacidades mágicas sometida por los malvadísimos y machistas cristianos. Ojo, la mujer fue sometida mucho más que lo estaba en las sociedades paganas, pero ya lo estaba en ellas. Y todo eso de la Diosa no es más que un mito sin pruebas, se quiere creer en ello y se buscan evidencias arqueológicas, no se procede a la inversa. Pero eso es lo de menos. Lo peor es que todo este tipo de ficción de la nueva era refuerza algunas concepciones de la desigualdad entre hombres y mujeres que durante mucho tiempo sirvieron como argumentos en contra de la igualdad de oportunidades. La mujer es intuitiva, ergo es menos racional, ergo no tiene capacidad para las matemáticas. A todas estas autoras de la nueva era les recomendaría que leyesen bastante estudios biográficos sobre grandes matemáticas y las dificultades que tuvieron, sustentados los argumentos machistas y misóginos con la misma base que los suyos. Pero bueno, no me extrañaría que dijesen que esas matemáticas no eran realmente mujeres, sino emuladoras de los comportamientos masculinos, ay.
Dejando de lado el feminismo y el hembrismo en la ciencia ficción, lo que sí me molesta bastante del género es el papel que muchas veces tienen las mujeres en él. Aunque a veces las percepciones que uno pueda tener quizá estén distorsionadas. Mi autor favorito es Lem, y desde que comencé a leer sus novelas siempre me ha molestado el escaso papel que tienen las mujeres en su obra, llegando pensar a veces que más que machista podría decirse que era misógino en algún grado. Un día lo planteé en un foro y me sorprendió que bastante mujeres lectoras de algunas novelas suyas no lo tomaban en consideración, y en todo caso reconocían que no dejaba de ser (como mucho, que no todas lo pensaban) un machista en una sociedad machista. Eso me dio mucho que pensar, de hecho lo que me hace pensar en la misoginia de Lem es alguna aparición de mujeres en su historia, y cuando no aparecen casi es más respetuoso con ellas. Porque peor es que sean protagonistas de la historia y directamente gilipollas. En fin, sobre esto podría hablar más, pero ya me he extendido bastante.