Últimamente hablo poco sobre ciencia ficción, y es bastante posible que cada vez lo haga menos. Pero no es el momento ahora de explicar por qué, y tampoco tiene que ver una falta de interés por el género (aunque sí que tengo un punto de vista mucho más crítico respecto a él), ni muchos. Pero si quiero comentar un tema del que siempre me entran ganas de hablar leyendo blogs y revistas en red. Para ello propuse la encuesta sobre la mejor novela de Lem, y en un principio pensaba poner una entrada extensa. Sin embargo, estos días estoy bastante liado y no tengo ni el tiempo suficiente ni la mínima concentración para hacerlo. Así que este texto no será todo lo extenso que en un primer momento pretendía.
Muchas veces se plantea una confrontación entre dos formas de ver la literatura fantástica, una que se centra más en las ideas, y otra en los aspectos formales. No deja de ser una discusión artificial, pero que lamentablemente se reproduce más veces de lo que sería necesario al hablar de ciertos autores. Está claro que una buena historia ha de mantener un equilibrio entre fondo y forma. No lo está tanto cuál debe ser ese fondo y la verdad estoy cansado de ver argumento de autoridad sobre ello que me parecen irrelevantes. Así que no es mi intención tomar partido en esta cuestión.
Lo que quiero exponer es que me parece que al final es muy difícil plantearse esa discusión, y que los criterios de demarcación de una crítica objetiva y los criterios emocionales, o de gustos, es muy difusa. Por eso me pareció que un buen ejemplo es del Stanislaw Lem. Es un autor reconocido por la crítica con lo que no está bajo la lente de la duda de falta de calidad que injusta y sistemáticamente se puesto sobre otros autores como Asimov. Además, una muestra de su buen hacer literario está en la diversidad de estilos de sus obras, pasando del texto aburrido al tremendamente divertido, a veces en la misma novela, y siempre con una imaginación desbordante.
Si uno se dejase llevar por criterios más o menos objetivos, que tengan en cuenta tanto fondo como forma , sin duda su novela más completa sería Fiasco. Es un resumen de toda su obra, una especie de testamento literario dentro de la ciencia ficción, genero que abandonó definitivamente tras escribir esta novela. También es pura literatura de ideas, al más clásico estilo de la ciencia ficción, y todo un tratado filosófico y científico, en la medida que una novela pueda serlo. Pero en general, o al menos eso percibo en la mayor parte de la gente, les gusta mucho más Solaris.
Es posible que este sesgo tenga que ver con el hecho de que es más conocida y que ha tenido dos adaptaciones cinematográficas, y por lo tanto mucho más ha leído Solaris que Fiasco. Pero también podemos preguntarnos por qué una y no la otra es la novela emblemática de Lem. Y aunque sólo la he leído una vez, hace ya tiempo, creo que Solaris tiene más puntos débiles. Formalmente, en la medida en que mis capacidades de análisis como lector me lo permiten, no está tan bien estructurada. Además es muy desigual y no existe un coherencia en el estilo, a veces es entretenida y la trama es absorbente, otras veces pesada y anticlimática. Es lógico que así sea teniendo en cuenta el modo en que Lem la escribió, como reconoció en alguna entrevista. Pero al final, tiene algo.
Se trata de uno de los ejemplos más claros de lo que algunos han llamado el sentido de la maravilla. Si tuviésemos que basarnos en supuestos criterios objetivos tendríamos que reconocer que no es la mejor novela de Lem, y sin embargo no tengo duda alguna de muchos de quienes abogan por su empleo la elegirían frente a Fiasco. Tendremos que reconocer entonces que esa parte emocional en una novela es esencial, más allá de los estilos, referencias culturales o las ideas introducidas por el autor. Y que lo más importante es precisamente, y ya sé que es una perogrullada decirlo, es que el libro produzca una emoción de ese tipo al leerlo. De hecho, la novela que más me gusta de Lem, teniendo en cuenta criterios emocionales, no es ninguna de las dos citadas, es La investigación.
Ahora bien, no todos los lectores conectan con los mismos temas, con las mismas ideas. Y hay quien puede verse embriagado por un sentido de la maravilla al encontrarse con un dilema metafísico, pero también hay quienes piensan que la novela de Lem es un truño y que la ciencia ficción de pesas y medidas es la más potente, o que se emocionan con una historia que habla sobre los sentimientos y la esencia de lo que es ser humano. Las respuestas a la encuesta que he planteado son bastante diversas a pesar de no ser muchas. Y representan bastante bien esa diversidad en los lectores.
¿Entonces por qué algunos autores conectan tan bien con los lectores?. Dejando de lado aquellos que explotan los impulsos onanistas y cierto tipo de tramas repetitivas (desgraciadamente abundantes en la fantasía), parece que hay algunos que sí saben conectar con un número muy grande de lectores. Qué sorpresa produce entonces leer que son autores mediocres, malos, etc. No dudo que se exponen buenas razones para hacerlo, pero como digo mi tesis es que al final todo es cuestión de corazón y no de razón a la hora de conectar con las historias. Así que algo tendrán esos autores que saben conectar con el lector. Y ojo que desde el principio no hablo de la confrontación de fondo y forma, sino que una vez admitida la componente del fondo, de las ideas, discuto qué han de tener esas ideas, o cómo ha de ser la forma de presentarlas. Es decir, me parece injusto que se niegue la capacidad de ciertos autores de introducir esas ideas y producir la conexión emocional.
Y por supuesto hablo siempre en términos estadísticos, y siempre hay diversidad entre los lectores. Lo que quiero plantear es que el que se trate injustamente a autores como Asimov me parece en base a criterios subjetivos. Porque una cosa es que tal vez, en este ejemplo concreto, no sea un autor completo a la hora de conciliar fondo y forma, pero otra muy distinta que a la hora de construir el fondo sea malo o mediocre, porque sí es capaz de crear sentido de maravilla. Del mismo modo, Lem, que sí concilia lo formal con lo conceptual, no conecta del mismo modo en novelas que más o menos tienen una temática en común. Y sí una de sus novelas sí parece conectar mejor con la mayoría de los lectores de ciencia ficción ha de ser por algo.
Por lo tanto soy escéptico con respecto a los argumentos de autoridad en lo que se refiere a la interpretación del fondo en la ciencia ficción. Lamentablemente la profundidad conceptual de una obra no puede cuantificarse del mismo modo que las calorías que están presentes en un filete de ternera, o la velocidad de un coche por una autopista. Pero mucho menos esa capacidad de conectar con el lector a través de la especulación, de la duda o del sentimiento. Porque generalmente la literatura fantástica genera unas emociones diferentes a las que suelen asociarse con otros géneros, y a la vez comparte otras con toda la literatura en general. Otra cosa diferente es que sí puedan establecerse criterios más objetivos a la hora de analizar los aspectos formales de una obra, considerar el contexto cultural en que ha sido creada, y todas esas cosas que se suelen hacer desde la crítica. Cosas que han de tenerse muy en cuenta.
Pues si bien esto es una crítica a la crítica, también lo es a esas afirmaciones simplonas y superfluas que perdonan, esta vez sí, la mediocridad de ciertas obras de ciencia ficción con la excusa de que es literatura de ideas. Estoy pensando precisamente en esos prólogos de los últimos años de la colección de Miquel Barceló en donde defiende libros bastante malos con la excusa de que se trata de literatura de ideas. Pues no, de eso nada. Para que la ciencia ficción sea buena ha de conectar con el lector, esas ideas no son nada más que cháchara (y no voy a poner ahora ejemplos de autores de ciencia ficción hard y soft) si no conectan con el lector. Y claro, dominar ciertas técnicas y conocimiento de la forma de narrar, incluido en el aspecto académico, ayuda. No puedo admitir que la simple exposición de bichos raros o reflexiones sobre lo irreal del mundo, por decir algo, sea literatura de ideas. Para que lo sea ha de conectar con el lector. Pero esto es algo subjetivo, y cuando un buen número de personas lo hace con ciertos autores ha de ser por algo.
Como autocrítica también he de reconocer que soy bastante escéptico con respecto a las disciplinas que intentan establecer criterios científicos en cosas como el arte. Mi formación como físico, y mis posteriores lecturas sobre filosofía de la ciencias, me hacen ser muy escéptico con el rigor metodológico de las ciencias no experimentales o formales, incluso con las metodologías que se emplean en algunas. Y no tengo complejos de déficit cultural como para asimilar ciertos puntos de vista que muchas veces puedo compartir, pero no defender con criterios de objetividad científica. Y es que esa objetividad científica es más que dudosa, yo creo en ella pero en todos los casos puede defenderse con rigor que exista. Porque si en física y matemáticas las discusiones ideológicas son importantes, a veces en temas asociados a las aplicaciones y sobre teorías cuyas leyes cuantitativas se han demostrado por activa y por pasiva, qué podemos decir de otros campos.
Pero tampoco, y para terminar, puedo defender a aquellos que no tienen en cuenta esos aspectos que la crítica hace notar, o los intentos de dotar de mayor rigor al análisis de los textos literarios. Como digo esa doctrina Barceló me parece que hace mucho daño a la literatura de ciencia ficción, porque impide que exista un análisis más profundo en términos de crítica literaria. También es necesario un análisis en términos más generales. Pero ese es un asunto muy diferente al que he tratado aquí, la importancia de los factores subjetivos a la hora de analizar la calidad del fondo en la literatura de ciencia ficción. Y aunque esta entrada parezca larga, se trata de una versión reducida de la que me gustaría hacer. Otra vez será.