¿Mitos nuevos?
Llosef me incitaba desde su bitácora llena de pecios y brumas siniestras con olor a salitre que comentase alguna cosilla sobre mitos, antiguos y modernos. La razón es un comentario que he puesto en una de sus entradas que trata de la obra de Arthur Machen. No puedo ahora extenderme con la debida profundidad, así que me limitaré a dejar en el aire unas reflexiones a vuelapluma.
Hace un tiempo estoy muy interesado en cómo la literatura fantástica ha contribuido a crear mitos modernos y una iconografía nueva de los monstruos en la cultura popular. Me interesan sobre todo aquellos autores, que como Machen, emplearon las tradiciones celtas de seres feéricos en sus relatos. Así como personajes como Lovecraft que convirtieron doctrinas esotéricas en una ficción terrorífica materialista. La razón es que creo que existe un hilo conductor entre esas historias antiguas, esos bestiarios míticos de antaño, y las modernas historias de platillos volantes, fantasmas o sucesos que dan un miedo que te cagas cuando el periodista magufo pone música chunga. Y que precisamente ha sido la literatura fantástica el medio de transmisión.
Tampoco es una idea en exceso original y ya he comentado libros de ensayo en esta bitácora que defienden puntos de vista similares desde ámbitos académicos. Pero me parece algo a tener muy en cuenta. Cuando los programas de “misterios” son tremendamente populares no puedo más que pararme a pensar en cuántas de esas historias no son más que versiones de famosos cuentos que el aficionado conoce bien, y que se nos quieren hacer pasar por verdaderas. Pienso ahora precisamente en el cuento largo de El pueblo blanco y cómo lo que ahí se describe me recuerda mucho a esas historias de “viajes a otra dimensión” o esas leyendas urbanas de teleportación de coches (leyendas porque se han demostrado por completo falsas y tienen todas las características propias de las leyendas urbanas). O cómo El horror de Dunwich de Lovecraft se parece demasiado a algunos relatos que se pueden encontrar en los libros sobre ovnis. De hecho cuando lo estaba leyendo no hace mucho tiempo (como resultado de que me regalasen el volumen segundo de la ficción completa de Valdemar) no paraba de pensar en muchos detalles del relato, y eso me hizo enfocar la relectura de los cuentos de Lovecraft de otra manera. Como digo las similitudes son demasiado grandes.
Por eso me inquieta como mucha gente inteligente, racional y sensata que es lectora habitual de literatura de género tiene un nivel de credulidad alta con todos esos temas paranormales y pseudocientíficos. Y digo mucho, porque dentro del fandom hay mucha gente metida en ese armario.
Abril 30, 2008 a las 7:42 am
Me gustó lo que comentaste, o al menos yo lo entendí así, de que hay una semejanza en la reacción frente a los supuestos avistamientos ovni y lo que hace más o menos un siglo eran los avistamientos de hadas y duendes (suena a cachondeo, como dentro de 50 años sonará lo de los ovnis, pero recordad que alguien como Sir Arthur Conan Doyle entregó su carrera y su vida al espiritismo y a dar pábulo a aquellas fotos de hadas que dos niñas hicieron para jugar…). Es como si hubiera un extraño impulso en algunos humanos de creer en este tipo de cosas, como si no les bastara ya con la religión.
Es verdad que en el género hay mucho crédulo. Da la sensación de que si crees en fantasmas, venga, ya te van a gustar más las historias de fantasmas. Yo creo que se trata, en algunos casos, simplemente de una vía más fácil de darse el chute adrenalítico de terror. Más fácil con Íker Jiménez que leyendo “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, que hay que pensar y ya sabemos lo que eso hace de sufrir. Lo mismo para los ovnis. En algunos casos, repito, nada de generalizar.
En cualquier caso, me encantan esos temas, pero soy incapaz de creerme nada. Soy el tipo más incrédulo del planeta, pero al tiempo el más miedoso. Esto es, confieso mi estultucia: no creo en espíritus, por ejemplo, pues sinceramente creo que después de la muerte lo que viene es la nada, y sin embargo como esté leyendo un buen cuento de miedo o viendo una buena peli, nada, a dormir con la luz encendida. Hay algo atávico en esto.
Un deseo de algo más. Imagino que sucederá lo mismo con un gran aficionado a la ciencia ficción: su sueño será darse de morros con un platillo volante y charlar un rato con un alienígena (bueno, si es un fan de Heinlein, de intercambiarse unos disparillos láser).
Esto tendrá alguna explicación antropológica, pero confieso que soy un completo ignorante en la materia. ¿Qué decís?
Saludos. Llosef.
Abril 30, 2008 a las 7:44 am
Lo que quería confesar era mi estulticia. Mi estultucia, por el momento, no. Lo siento.
Abril 30, 2008 a las 8:06 am
Hay un libro de dos especialistas en literatura, cuyo título no recuerdo, que reduce toda la narrativa a unas 25 líneas arquetípicas. Algo de eso hay en lo que dices.
Abril 30, 2008 a las 4:57 pm
Yo creo que el misterio es una necesidad del propio conocimiento humano. Hay un tipo de misterio que emparenta con lo sagrado (Eliade), que serían símbolos subyacentes en las manifestaciones esotéricas (fertilidad, muerte, renacer, seguridad, super-hombre, miedo a que el cielo caiga sobre mi cabeza, fin de los tiempos…
Hay más clases de misterios, los miedos, por supuesto, normalmente el miedo al dolor que te lo inflige un monstruo (un ser incomprensible) Las temáticas son limitadas, el mundo del misterio es sistémico. Suelen estar ahí siempre, a veces en un segundo o tercer plano, otras en un primer plano, por ejemplo cuando los medios encuentran manera de servirlos como un producto de impacto en la audiencia. De todas maneras, no creo que haya tal boom, hay una fragmentación del segmento y un abaratamiento tecnológico que permite entrar en subsegmentos. Paquesementienda. Antes había un canal y 20 millones de audiencia. Ahora hay 8 con 30. En breve habrá 78 y eso obliga a subsegmentar audiencias en función de “centros de interés”, a su vez segmentables. IKer tiene un share de 6-7% (tengo entendido, y es el único programa esoterico. No es mucho)
Mayo 1, 2008 a las 1:23 am
En realidad, la literatura fantástica existe como extrapolación o expresión artística de los temores y sueños más antiguos de la humanidad. Parece un eterno juego de retroalimentación, pero sin duda comenzó en los orígenes de nuestra especie, cuando intentábamos explicar aquel entorno tan amenazador, y envolvimos nuestras “explicaciones” de dosis variables de misticismo y esoterismo, que no han hecho que repetirse a lo largo de nuestra historia. La ciencia, con su clarividencia fría y estricta suele echar por tierra las explicaciones míticas, pero entonces el colectivo humano vuelve a la carga con aquellos fenómenos que la ciencia aún no explica. Como en nuestro siglo XX, la ciencia abarcó tanto de nuestro mundo, pues… ¡empezamos con el espacio! Como la ciencia aún no tiene una explicación racional enteramente satisfactoria ni definitiva sobre el mundo “espiritual” -de hecho, nos debatimos aún sobre su existencia-, entonces éste se vuelve terreno fértil para las especulaciones, y creamos desde fantasmas hasta fenómenos energéticos paranormales.
Nuestra mente es inquieta. Mientras le gusta la lógica y la razón, se fascina con lo imposible. Es una paradoja que nos da muchos momentos de entretenimiento, sin duda.
Bueno… esa es mi teoría personal.
Mayo 1, 2008 a las 9:09 pm
Llosef:
Mira algo tenemos en común, la incredulidad y esa tendencia al miedo. Aunque mi caso es diferente en un aspecto, soy muy miedoso con el cine, pero muy poco con la literatura. El único relato que me ha dado verdadero mal rollo hasta ahora, ha sido el de Bernanos de Al otro lado de la montaña y aún así miedo nada, y me lo leí por la noche y tras terminarlo dormí como un bebé, cosa que no me pasa con las películas, pues hay veces que me dan hasta la risa, pero hay algo que me aterra en el inconsciente.
En su momento era crédulo, y creo que esa credulidad, en buena parte procedía de lo miedoso que era de niño, con el paso del tiempo estoy venciendo poco a poco algunos miedos, y al hacerlo me vuelvo más y más incrédulo. Y repito una vez más, que me gusta atacar ciertos tópicos, que la incredulidad y una visión materialista de las cosas no es resultado de una educación científica y universitaria. Más bien la lectura de literatura y ensayos que van por otros derroteros (de hecho apostaría porque más de dos y de tres compañer@s de promoción de física se creen que las psicofonías y los fantasmas son verdaderos fenómenos paranormales…aunque seguramente no salen del armario).
Seleucus:
Puf, menundo tema que has sacado a colación. No sé mucho sobre esos temas, pero me imagino que sí, al igual que hay estructuras en los mitos (toda esa historia de Levi-Strauss de las estructuras por oposición de ideas o conceptos y demás) seguramente también habrá temas comunes en todas las historias. Bueno los lectores habituales sabemos que muchas veces no hacemos sino leer diferentes versiones de una pocas historias…
Miyazaki:
No tengo muy en cuenta las tesis de Eliade sobre lo sagrado, ya que en él está muy presente lo esóterico en detrimento de la científico, aunque su libro que he leído sobre los mitos está muy interesante. Me gustaría pensar que ese porcentaje de espectadores es el mismo que de personas que tienen interés por la temática de ese programa, pero me temo que el segundo es mucho mayor.
Laura:
Es que esas creencias tienen una base racional. Me hace mucha gracia esa manía que se tiene de tildar como irracionales las doctrinas que defienden la realidad de los fenómenos paranormales, por ejemplo. Creer que son reales y violan las leyes de la ciencia puede ser irracional, cosa que no tengo nada clara tampoco, pero los argumentos que se emplean para defenderla sí lo son. De no ser así no habría tanta gente inteligente y formada que se lo tomase en serio. El etnólogo frances V. Stockzkowski tiene un libro interesantísimo sobre las teorías a lo von Däniken en donde defiende que son creencias racionales, pero de una razón no práctica, frente a la razón práctica y más efectiva (y yo digo que mejor) de la ciencia, pero razón al fin y al cabo.