Svante Arrhenius
La ciencia es como el fútbol, los jugadores galácticos eclipsan con su fama (la mayoría de las veces inmerecida) a los buenos jugadores de equipos más modestos. Un ejemplo interesante es el de Arrhenius, premio Nobel de Química. Me encontré con su nombre por primera vez en los libros de química de secundaria, pero con el tiempo he descubierto que las ideas de este sueco eran mucho más interesante que sus teorías sobre ácidos, bases y cosas de esas.
El primer hecho que quiero destacar es que era de formación físico, aunque las investigaciones más importantes que realizó se correspondían con lo que ahora se conoce como química-física, algo que en los textos de secundaria escritos mayoritariamente por químicos no se suele contar. Pero más sugestivo para mí fue descubrir que fue el máximo exponente de la defensa de la panspermia, la idea de que el origen de la vida en la Tierra es extraterrestre.
Si bien no fue el primero, pues ya Kelvin y Helmhotlz sostenían lo mismo, fue Arrhenius el principal defensor de la idea que las bacterias podrían viajar por el medio interestelar impulsados por la presión de radiación de la luz estelar. Y en general parecía tener, como todos los grandes científicos de la época, un gran interés por el tema de la vida extraterrestre en el Sistema Solar.
Curiosamente Arrhenius era muy escéptico con las especulaciones sobre vida en Marte y la fiebre de los canales, ya que afirmaba que desarrollaban un escenario para la vida muy detallado con muy pocos datos. Por el contrario el mismo parecía caer en lo que criticaba cuando defendía la existencia de vida vegetal en un Venus húmedo y pantanoso. Pero quizá sus afirmaciones sobre el clima de Venus fuesen más rigurosas de lo que podría parecer y seguramente guardan relación con su gran descubrimiento científico: el efecto de los gases de invernadero sobre una atmósfera planetaria. De hecho hizo estimaciones sobre el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera de origen antropogénico que podrían alterar el clima, que se quedaron muy cortas a la hora de establecer qué intervalo de tiempo se necesitaría para que en la atmósfera hubiese esa cantidad de gases de invernadero, pero esto nos recuerda que ya a principios del siglo XX existían las bases teóricas para predecir que un desarrollo industrial desmedido podría alterar el clima.