Los libros que tratan sobre el papel de la vida en el Universo desde un perspectiva escatológica me resultan especialmente interesantes, siempre que se muevan dentro de los márgenes de la ciencia. El propio título es un homenaje a un texto de Fred Hoyle que es una auténtico ejercicio de especulación desenfrenada que combina todo tipo de teorías heterodoxas y particulares. El de Gardner no podía ser menos y presenta una idea la mar de curiosa, sobre el papel de la vida en el Universo.
El texto está estructurado en tres bloques temáticos. El primero aborda cuestiones relacionadas con eso que se ha llegado a denominar transhumanismo, la posibilidad de que el ser humano modifique su naturaleza física e intelectual mediante el empleo de diversos tipos de tecnología. Como tantos otros Gardner se centra en el tema de la Inteligencia Artificial y las inteligencias mecánicas que supuestamente nos superarán. Cada vez entiendo menos como gente que se supone inteligente y tiene formación científica o técnica puede sostener ciertos puntos de vista que son muestra de un pensamiento infantil y misántropo. De todos modos el tema de la IA y los dilemas filosóficos plantea es interesante en sí mismo.
En cuanto a la segunda parte, se centra en el tema de la búsqueda de inteligencias extraterrestres y el problema planteado por Fermi sobre la ausencia de contactos. Me ha gustado el énfasis de Gardner en el principio de mediocridad que es una poderosa herramienta a la hora de especular sobre el surgimiento de vida extraterrestre inteligente. Para el lector con conocimiento de la literatura científica sobre este tema, como es mi caso, esta parte del libro no aporta nada nuevo. Sí son novedosas las respuestas que aporta el autor y que son el nexo con la tercera parte, en donde expone la idea central del libro.
Para Gardner el mensaje extraterrestre está en las propias leyes físicas que son, según él, extremadamente favorables para la aparición de la vida. Su explicación es que el papel de la vida en el Universo es el de agente para favorecer la replicación de éste mediante la creación de nuevos universos con leyes físicas fijadas, en un proceso de selección natural. Así cada nueva generación de universos estaría mejor adaptada para la aparición de la vida. Estamos por tanto ante una curiosa combinación de las especulaciones de Lee Smolin sobre un proceso de selección de universos, la hipótesis Gaia de Lovelock a lo grande y los genes egoístas de Richard Dawkings.
Se trata por tanto de una visión global sobre el papel de la vida en clara contradicción con el dichoso principio antrópico. Algo que el autor deja bien claro con sus múltiples referencias al principio de mediocridad. Como también hace notar, el papel de la humanidad no tiene por qué ser esencial en el Universo, e incluso la propia vida no tiene un trascendente papel sino que sería más bien un agente para la propagación del replicador egoísta. Aquí, me temo, Gardner no es muy honesto y trata de dar una visión positiva sobre el papel de la vida que me parece contradictoria con las consecuencias de su particular cosmogonía que ha dejado bien claras en su exposición.
Como especulación que no puede ser verificada experimentalmente no deja de ser interesante, no tanto por su poder para dar una visión general de la realidad unificando paradigmas de diferentes ámbitos científicos, sino por introducir una alternativa respecto a otras visiones más populares dentro de la literatura de divulgación científica. El hecho de que procedan de gente con prestigio en el ámbito de la física teórica, como sucede con esas combinaciones de teorías de cuerdas, principios antrópicos y demás, no significan que tengan más interés que las discusiones de los escolásticos sobre temas intrascendentes. Se nos quiere vender como ciencia lo que no es más que mala metafísica. Lo que encuentro interesante de las especulaciones calenturientas de Gardner es que van en la dirección copernicana y aplican principios generales como la idea de selección natural, en vez de tautologías antropocéntricas. Pero como siempre no hay que tomarse tales especulaciones muy en serio.
Lamentablemente he de comentar algunos aspectos desagradables sobre la edición lo que es más grave teniendo en cuenta que estamos ante un libro para nada barato. Y es que en la traducción hay fallos muy graves, pues una vez más se hace una traducción de miles de millones por billones. Se espera de los traductores, y en este caso son dos, que conozcan las diferentes variantes de las palabras que se emplean en un texto y cómo hacer la traducción correcta. En este caso se trata de algo que cualquier traductor debería saber, y sobre todo aquellos que lo han hecho con obras sobre ciencia.
Lo peor no está en la traducción, algo que es perdonable (a medias, por lo que he comentado), sino en la falta de corrección o en el absoluto desconocimiento en todas las partes implicadas de datos como la edad de la Tierra o el Sistema Solar (que harían dudar seguramente de que la palabra billones no era la adecuada) que forman parte de lo que se enseña habitualmente a nivel de ESO. Si se equiparasen las lagunas en temas de ciencia con las de otros en las mal llamadas letras el resultado sería espectacular. Y esto duele más cuando hablamos de libros que suele leer gente que tiene interés por la ciencia y conocer más sobre ella, y que por lo tanto contribuyen a reducir la distancia entre esos dos ámbitos de la sociedad.
Escrito por Instan
