En el panorama de la ciencia ficción actual hay dos autores que destacan por su tratamiento de los temas científicos, Greg Egan y Ted Chiang. Pero si el primero opta por un estilo más centrado en la exposición pura y dura de teorías científicas, resultando a veces difícil su lectura para el lector medio, Chiang opta por un tratamiento más simple de los conceptos científicos, pero no por ello menos riguroso, e incluso, mejor en lo literario. Lamentablemente su obra no es muy extensa, pero todas y cada una de sus historias son de una gran calidad, siempre al máximo nivel de la excelencia. O al menos al nivel de mi exigencia como lector.
Pues bien, este cuento es probablemente el mejor de Chiang, tanto por el estilo, como por la temática. A partir de una idea muy simple, y de la aplicación de un principio básico de la física de los fluidos, Chiang desarrolla una exposición de una tesis filosófica sobre el fin de la existencia de los individuos y el universo. Para ello se vale de la creación de unos seres realmente fascinantes, habitantes de un peculiar universo de bolsillo.
A través de la exposición por parte de uno de dichos seres de los resultados de sus investigaciones científicas desarrolla una física y una cosmología peculiar, que en realidad no es más que la aplicación de nuestra física al mundo en donde vive el narrador de la historia. El principio físico que es la clave de la trama es muy simple y fácil de entender para el lector medio, que no puede más que maravillarse ante el descubrimiento en torno al cual gira la trama. Gracias a él Chiang expone las consecuencias que tiene para la existencia de la vida la existencia de la irreversibilidad en física y lo emplea como una metáfora aplicable a nuestro mundo, o a cualquier universo imaginable en términos de nuestros conocimientos científicos.
Con unos elementos muy sencillos nos plantea una interesante y emocionante especulación escatológica, con un final bello y aterrador a la vez, que realmente me emocionó. Una muestra de lo que es capaz la ciencia ficción, como herramienta para entender la realidad, y cómo hay cosas que sólo pueden narrarse desde dentro de este género y desde ningún y otro. Y también de que es el relato de pequeña o media extensión el mejor medio para crear una buena historia de ciencia ficción.
Aquí podéis encontrar el cuento de Chiang, si bien tenéis que leerlo en el inglés original, y es que lamentablemente en el mercado español las antologías no parecen ser del agrado de lectores y editores, salvo contadas excepciones. Espero que disfrutéis con su lectura como yo lo he hecho.




Me estabas poniendo los dientes largos hasta que he leído que solo existe disponibilidad si lo lees en inglés, arrg. Parecía que Luis Prado pensaba editarlo, pero por alguna razón no ha podido ser. Como este tío escribe tan poquito, el material parece que no basta…cosas incomprensibles, no sé…
Eso sí, me acabo de pillar Magnitud Imaginaria, la última rayada de Lem, recién salidito del horno de la imprenta, para devorarlo junto con la mona de Pascua, je, je.
Un saludete
Que el de ariba soy yo, que puse el nick del messenger, tonta que estoy, por dios…
El de Lem está muy bien, aunque yo prefiero “Vacío perfecto”, creo que se le daban mejor las reseñas que los prólogos. Aunque también tiene alguna cosa muy interesante.
[...] (algo que en los últimos años sólo han sido capaces muy pocos autores, como Peter Watts o Ted Chiang). Así que ante esta antología de relatos el lector se enfrenta a una serie de cuentos que le [...]