Fieramente humano (Rodolfo Martínez)

Cada vez soy menos partidario de leer reseñas cuando voy a comenzar la lectura de un libro, ya que de algún modo condicionan la actitud con que te enfrentas a él. En este caso mi temor se ha visto confirmado, así que eres de la misma opinión que yo, mejor que no sigas leyendo. Y es que con esta novela me veo en la extraña situación de escribir una reseña completamente a contracorriente, de modo que por momentos no puedo más que preguntarme si otros lectores han leído el mismo libro que yo (quizá ese sea el caso, pues el libro surge de la interacción incontrolable entre autor y lector, de modo que sólo con la intervención del último las potenciales materializaciones de la obra colapsan en una concreta).

Pues bien, ante reseñas que califican esta novela como de “fantasía oscura” y resaltan su tono inquietante, y no negaré que se le puede clasificar dentro de tal subgénero del fantástico, yo me he encontrado con una deconstrucción gamberra y casi bufa del horror cósmico, en una historia inmersa en el entorno narrativo de la Ciudad. Si en la ficción se busca el horror mediante la violencia extrema o el horror metafísico justificado mediante la concatenación de adjetivos coloristas, aquí se nos muestra como una sobredosis de tal supuesto horror no puede más que provocar la sonrisa del lector, consciente de lo trivial que resulta esta herramienta en manos de algunos narradores.

En esta novela la violencia resulta casi paródica, aderezada con sexo desenfrenado en diferentes grados, y que haría las delicias del mismísimo Sigmund Freud. A partir de cierto momento uno no puede tomárselo en serio, lo que no significa que la historia en sí misma no sea seria, y que tenga partes donde el ambiente siniestro está más logrado, como es el caso de la parte del viaje de los peregrinos. No obstante, el tono general es el que es, y para mí es más divertido que inquietante.

Pero no os llevéis a engaño, pues la violencia extrema y el sexo desenfrenado cumplen una función muy clara en la historia, y han de comprenderse en base a la curiosa metafísica que Rodolfo Martínez nos presenta en la novela, en donde una vez más reflexiona sobre las figuras de los creadores imperfectos. Pero en este caso, el horror que acecha tras el abismo es absurdo en extremo, totalmente contradictorio y esperpéntico, y de ahí surge el tratamiento general de los temas que he comentado. Y sobre esa contradicción se presenta lo que podría denominarse la tesis fundamental de la novela, que da lugar a diferentes lecturas, a cual más interesante. Sin embargo no hablaré aquí de mis lecturas, pues tendría que dar detalles de la trama, y tampoco quiero condicionar vuestra lectura.

Para terminar quiero aclarar que mi interpretación general de la obra no se basa en el tratamiento formal de la historia, pues hay momentos que pueden resultar bastante inquietantes en la medida en que están muy bien narrados, con una sobriedad y rigor propias de un autor con la maestría de Rodolfo Martínez. Pero creo que uno no debería de dejar que los árboles le oculten el bosque, o al menos eso he percibido yo con respecto a otras opiniones sobre la novela.

En cuanto al entorno narrativo del ciclo de la Ciudad he terminado con ganas de volver a leer sobre ella, y espero encontrarme al entrañable personaje del tuerto, curiosa mezcla de maquiavélico manipulador y chistoso cocinero mediático, uno de los personajes más interesante de la novela.

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