Infiernos de ciencia ficción

Un libro que ocupa un lugar destacado en mi biblioteca es Historia de los infiernos, de Georges Minois, un relato en torno a la evolución de la idea de infierno en diferentes culturas, pero centrándose, como es obvio en la de la religión cristiana. Es un interesante viaje en torno a las visiones surgidas tanto de los teólogos como de la imaginación popular de la naturaleza infernal.

Pero quizá la parte más interesante del libro es aquella que narra cómo evoluciona dicha idea con el surgimiento de la modernidad, y en esa parte nos encontramos con las tesis expuestas por el genial filósofo y científico Leibniz, desarrolladas en parte como una respuesta a las propuestas escépticas de Pierre Bayle. Haciendo referencia a Ensayo de teodicea Minois comenta la siguiente cita del filósofo alemán, que yo no puedo más que relacionar con el género de la ciencia ficción, ya veréis por qué (párrafo 19 de la primera parte del ensayo Sobre la bondad de dios, la libertad del hombre el origen del mal):

Ateniéndonos a la doctrina establecida, es decir, que el número de condenados es mucho mayor que el de elegidos, hay que decir que el mal no deja de aparecer como una mónada en comparación con el bien cuando se tiene en cuenta la verdadera grandeza de la ciudad de Dios. Hoy en día, sea cual fuere el límite que se quiera dar al universo, hay que reconocer que existen innumerables globos tan grandes o mayores que el nuestro que tienen tanto derecho como el nuestro a tener seres dotados de inteligencia, aunque no se siga de ahí que sean hombres. Nuestro globo no es más que un planeta, es decir, uno de los seis satélites principales de nuestro sol; y como todos los fijos también son soles, de ahí se echa de ver lo poco que es nuestra Tierra en relación a las cosas visibles, puesto que no es más que un apéndice de uno de ellos. Pudiera ser que todos esos soles no estuvieran habitados más que como criaturas felices, y nada nos obliga a creer que haya muchos condenados, porque pocos ejemplos o pocas muestras bastan para demostrar el beneficio que el bien saca del mal. Así pues, al perderse casi en la nada la proporción de la parte del universo que conocemos, comparada con lo que no es desconocido pero que tenemos motivos para admitir, y al encontrarse en ese casi nada todos los males que se pudieran imaginar, es posible que todos los males no sean también más que un casi nada comparados con los bienes que existen en el universo.

Este texto me parece muy significativo y retrata muy bien qué personaje era Leibniz, pues aunque aparentemente su objetivo es defender los conceptos tradicionales de condenación y adopta un punto de vista en extremo optimista y complaciente con el dogma sobre el problema del mal, lo fundamenta en un contexto de civilizaciones extraterrestres y una compresión de lo que implica el infinito matemáticamente. En este sentido es un pensamiento muy moderno, y esa mezcla de lo moderno y lo tradicional, lo racional y lo irracional está muy presente en el género de la ciencia ficción, que es eminentemente moderno, entendido este término como que es hijo de la modernidad, ya sea de la propia razón o de sus sueños.

Pero esto no es más que la introducción que hace Leibniz para llegar a una conclusión que es mucho más interesante, pues no se limita a comentar la existencia del mal, sino a la necesidad de un gran de número de condenados en la Tierra:

No podemos asegurar con toda verdad que los malvados de nuestro globo sean castigados tan severamente con el fin de intimidar a los habitantes de de los demás planteas y hacerlos mejores, pero hay otras razones de la armonía universal que nos son desconocidas y que pueden causar el mismo efecto (porque nosotros no conocemos suficientemente la amplitud de la ciudad de Dios ni la forma de la república general de los espíritus, lo mismo que no conocemos toda la arquitectura de los cuerpos).

O sea, que la propia Tierra podría ser un mundo lleno de pecado y condenación, y el infierno estar repleto de humanos, como un ejemplo para las civilizaciones extraterrestres. ¿A qué es un punto de partida fascinante para un relato de ciencia ficción? ¿Conocéis algo que parta de esa base? Tratar de responder a esta pregunta es una buena excusa para hablar sobre unos pocos ejemplos de obras de ciencia ficción en las que aparecen regiones infernales.

En realidad no es algo nuevo, pues la propia Divina comedia de Dante en cierto modo es un antecedente de la ciencia ficción, pues además de ser una obra apologética y moralista, y un panfleto contra los partidos rivales, también tiene un componente de ciencia ficción hard, en donde la ciencia sería la astronomía medieval. El tratamiento de la astronomía en esta obra de Dante no es meramente circunstancial, aunque juegue un papel secundario frente al elemento religioso y moral, como podéis comprobar en este interesante artículo del astrofísico argentino Alejandro Gangui.

Pero esto no son más que antecedentes, ¿hay realmente obras de temática infernal dentro de la ciencia ficción? Pues sí, y precisamente una de ellas es una auténtica adaptación de la temática dantesca a los tiempos. Se trata de Inferno de Larry Niven y Jerry Pournelle, una obra curiosa dentro de la fantasía y ciencia ficción, que al igual que la de Dante tienen una carga ideológica y moral, que seguramente no será del gusto de muchos de los lectores.

Más alejados de la visión canónica de los infiernos se encuentran novelas o relatos en donde los paisajes infernales surgen en planetas o entornos narrativos con un transfondo racionalista, o al menos más canónico dentro de la ciencia ficción. De los más logrados es el que aparece en uno de los mejores cuentos del ciclo de la Instrumentalidad de Cordwainder Smith: Un planeta llamado Shayol. En este caso se trata de un planeta de castigo, en el cual nos encontramos con una peculiar versión tecnológica del infierno, lo que se nos hace explícito a partir del título escogido por Smith, cuyos cuentos están repletos de referencias alegóricas y de juegos con las palabras de distintas lenguas, en este caso la referencia es con respecto al Seol de los hebreos.

También me parece relevante una de las más interesantes novelas de Ian Watson (y de las más raras, lo que con este autor es mucho decir), que en su momento me causó cierto impacto como lector: El jardín de las delicias. En ella aparecen conceptos propios del gnosticismo y la alquimia en un entorno de ciencia ficción, y en el devenir de los protagonistas en la historia también hay una etapa infernal, que se corresponde con la región infernal del cuadro del Bosco al que hace referencia al título de la novela.

 Esta novela me impresionó en su momento cuando la leí sacada de una biblioteca pública, y siempre he lamentado no haberla comprado a tiempo cuando estaba disponible en saldos a buen precio, pues a día de hoy es bastante difícil de encontrar y cuando se encuentra es a un precio no precisamente barato.

La lista de historias que he comentado no es exhaustiva, pero sí significativa de cómo se trata la temática infernal en la ciencia ficción. Pero creo que tampoco hace falta extenderse más sobre el tema, que no por ello deja de ser interesante y que sin duda no está agotado en el género, como creo que demuestra la introducción de esta entrada.

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6 comentarios to “Infiernos de ciencia ficción”

  1. Knut Says:

    Emocionado me dejas, de verdad. Y no sólo por citar a Leibnitz, todo el mundo debería tener en casa, leído, la Teodicea, porque aunque no comulges con él es tan honesto, tan honrado y sincero a la par que inteligente y sutil, que únicamente por eso es ya un ejemplo.

    Junto con el libro de Lucrecio dos de las joyas más hermosas que ha dado la humanidad.

    Pero es que además todos los tipos que citas también son patrimonio de mis amores. Watson cuando se le va la olla en estas cosas es un caldo de reflexiones que da para años. Y el señor Smith un autor no siempre reconocido como se debería en el género.

    A mi me inquieta de Leibtniz la defensa que hace a la moralidad de Dios, que en el fondo es la fuente de todas sus elucubraciones respecto al mal, argumentos que mi dickianismo me ha hecho ver con horror.

    Porque ya no es sólo la naturaleza del mal, sino la posibilidad de que este sea substancialmente el origen de todo, que Dios mismo sea Malo.

    Ah, y sin estar al nivel tenemos Infierno, la novela de Larry Niven y Jerry Pournelle, una revisión de Dante.

    Por cierto que se habla poquísimo de la segunda parte dela Divina Comedia, que a mi me parece másd aterradora e interesante que el viajito al infierno. Ains, recuerdo algunas clases en la facultad aludiendo a la ciencia de Dante, muy muy muy interesante, con eso en la cabeza la lectura del libro mejora considerablemente.

    Un saludo compi, cacho de entrada ;)

    GRacias

  2. Instan Says:

    Gracias. Sospecho que el libro que cito al principio “Historia de los infiernos” te gustaria mucho, es una historia apasionante.

  3. Knut Says:

    Lo apunto, estoy retomando la lectura filosófica que tenía muy olvidada, en cuanto termine con B. Ruserl me tiro a por este.

  4. Sim Says:

    No obstante, la idea general de la Teodicea -si mal no recuerdo- es el optimismo, la convicción de que habitamos el mejor mundo posible gracias a la perfección divina.

    Oye, gran post… que no lo había dicho.
    Me suena que hay una herejía según la cual la tierra es el infierno-purgatorio… Bueno, el budismo y el hinduismo…

  5. Instan Says:

    Tal herejía existe, pues no es más que una forma extrema de gnosticismo y teniendo en cuenta la pluralidad de tales doctrinas es seguro que algunas sectas creían eso. Si no recuerdo mal los cátaros estaban muy cerca de esa concepción de la propia tierra como infierno.

  6. La Divina Comedia y el género de la ciencia ficción « El Trasgu Probabilista Says:

    [...] se escrito bastante, también en los ámbitos académicos. Cuando hablaba en este blog sobre los infiernos en la ciencia ficción ya comentaba el importante papel que tiene la astronomía ptolemaica en la historia, abundando los [...]

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