La Divina Comedia y el género de la ciencia ficción


Grabado de Gustavo Doré. Virgilio y Dante son transportados en la espalda de Geryon.

Una de las discusiones habituales en torno a la ciencia ficción es la de cuál es su seña característica. La aparición de la palabra ciencia es objeto de diferentes polémicas, pues hay quienes consideran que la inclusión de este término implica que debe de haber un papel destacado de los conceptos científicos en las tramas, mientras que otros lo consideran como una limitación, y también los hay alérgicos a todo lo que suene a ciencia. Mi opinión es que lo que distingue a la ciencia ficción de otros géneros literarios en general, y específicamente de otros géneros fantásticos hermanos, no es tanto la presencia de la ciencia, como la adopción de la visión científica del mundo.

De este modo la ciencia ficción trata sobre ficciones verosímiles desde el punto de vista de la visión científica del mundo, o bien lo adopta como base ontoepistemológica del universo narrativo, o incluso trata de refutarla o criticarla empleando sus propias herramientas conceptuales. Si adoptamos este punto de vista las consecuencias a la hora de clasificar obras como de ciencia ficción son importantes. Por una parte es difícil hablar incluso de genuinos antecedentes antes del siglo XIX, y desde luego el primer gran autor de referencia a considerar sería H. G. Wells. Aunque en esto podemos no ser estrictos y examinar tanto los antecedentes como la ciencia ficción actual con algo de manga ancha respecto a este criterio.

Pero aquí se plantea un problema, lo que me lleva mencionar como caso de análisis, a uno de los más claros antecedentes de la ciencia ficción, al menos aparentemente: La Divina Comedia de Dante. Pues no sólo se trata de un poema ético y moral, sino que también es una obra de ciencia ficción hard medieval (si adoptamos el punto de vista simple e ingenuo de considerar la ciencia ficción como literatura con ciencia rigurosa). Sobre la abundancia y rigor de la ciencia medieval presente en la obra de Dante, y como algo más que un simple detalle, incluso formando parte importante de la cosmovisión sobre el mundo medieval, se escrito bastante, también en los ámbitos académicos. Cuando hablaba en este blog sobre los infiernos en la ciencia ficción ya comentaba el importante papel que tiene la astronomía ptolemaica en la historia, abundando los datos astronómicos en la historia.

Pero la presencia de la física y las matemáticas va más allá. Algunos autores han visto aplicaciones mucho más detalladas y sutiles de la física aristotélica, e incluso la intuición de conceptos mucho más avanzados, y aparecidos en el ámbito de la ciencia siglos después. Por ejemplo, en este artículo del American Journal of Physics su autor defiende la tesis de que el universo dantesco es una 3-esfera, como un ejemplo intuitivo de geometría no euclídea y como un claro precursor del universo cerrado y estático de Einstein. Que el poeta plantease de forma intuitiva una geometría no euclídea no es tan descabellado, teniendo en cuenta que las cuestiones de fundamentos de la geometría y el famoso postulado de las paralelas de Euclides fue tema de discusión para los matemáticos árabes. Además, en esta otra comunicación breve en Nature su autor defiende que Dante visualizó el principio de relatividad de Galileo, uno de los resultados fundamentales de la mecánica asociado con el principio de inercia. Aquí encontramos que Dante era un buen conocedor de la física escolástica, y teniendo en cuenta que Galileo no llegó tampoco a su principio de la nada, no es descabellado pensar que al menos como resultado de una reflexión de poeta interesado por la ciencia Dante pudo entrever parte los misterios de la inercia, que no serían desvelados algunos siglos después por su compatriota.

Tendríamos entonces que considerar la Divina Comedia como una obra de ciencia ficción hard medieval, y una precursora del género. Pero realmente no lo es, y la razón se encuentra en que en absoluto nos muestra una visión científica del mundo, sino todo lo contrario. Es una obra maestra que refleja el pensamiento medieval y en la cual los contenidos científicos están subordinados a la moral, la ética y la metafísica de entonces. Si a eso sumamos una serie de elecciones estéticas y narrativas de Dante, como las que comenta Jorge Luis Borges en Nueve ensayos dantescos, encontramos que a pesar de aparentar ser una obra de ciencia ficción en realidad es todo lo contrario. En este sentido podemos examinar otros poemas clásicos que tratan temas filosóficos, como el poema de Lucrecio, escrito en el siglo I antes de Cristo, y vemos una aproximación mucho más clara a lo que es el espíritu de la ciencia ficción. En Lucrecio tenemos una visión del naturalismo, una ética muy próxima a la que se puede desarrollar a partir de la visión científica del mundo, etc. Así a pesar de la distancia en tiempo y espacio, si el poema de Lucrecio hubiese sido una obra de ficción estaría más próximo a la ciencia ficción moderna, que la obra de Dante. De hecho, no hay mucha distancia entre algunos planteamientos filosóficos lucrecianos y los que nos muestra Olaf Stapledon en su monumental obra Hacedor de Estrellas.

Por eso creo que no es adecuado considerar como ciencia ficción una obra porque tenga mucha física o biología, y lo que hay que considerar son otros aspectos. Y también de aclarar que esta reflexión es incompleta, pues aún nos falta considerar hasta qué punto la ciencia ficción es hija no únicamente de la visión científica del mundo, sino de la unión de ésta con otra gran cosmovisión del pensamiento occidental, la del romanticismo. Pero eso, es otra historia.

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6 comentarios to “La Divina Comedia y el género de la ciencia ficción”

  1. hector1564 Says:

    Humm…No soy muy dado a las trabajos de diccionario pero, así a bote pronto, juraría que has solapado el naturalismo con la visión científica, empero, hay un cantidad innumerable de autores considerados sci-fi que no entrarían en ese corralito, desde las fantasías más o menos fundadas científicamente de un Orson Scott Card o un Dan Simmons, a las elucubraciones paranaturalistas de telépatas y realidades alternativas de todo un Philip K.Dick o Asimov, pasando por los realismos geek sin cosmovisión alguna como trasfondo de un Neal Stephenson o William Gibson, y eso, por no olvidar a aquellos que deliberadamente acosan y derriban el platonismo ingenuo de los científicos al uso como, ejemplarmente, Stanislaw Lem.

    Creo que en tu definición de sci-fi sí que entra Greg Egan, pero únicamente él, y por cierto, por eso es un autor harto interesante, esto es, porque muestra como nadie las consecuencias de la visión científico, pero insisto, por eso es único, porque nadie más lo hace.

  2. Instan Says:

    Aunque ciertamente no son lo mismo, naturalismo y visión científica van de la mano, en buena medida porque la segunda está (más o menos) incluida en el primero. Pero por otro lado, quiero aclarar que lo que yo entiendo por “visión científica” es algo bastante amplio, y que no considero únicamente la más cientifista, valga la redundancia.

    Pero sí que hay muchos autores que no entrarían ahí, y desde luego pones algunos ejemplos con los que estoy de acuerdo, como Card y Simmons, que no debería de considerarlos como de ciencia ficción según mi convenio. Y no es que me preocupe mucho la verdad, pues no son autores que me entusiasmen precisamente.

    En cuanto al caso de Dick, es muy, muy interesante. Estéticamente está claro que es ciencia ficción, ontoepistemológicamente es discutible pues Dick no adopta la visión científica de las cosas, sino que la enfrenta ante sus paranoias metafísica. Dick entraría más bien dentro de la categoría de literatura fantástica, como aquella en el que elemento fantástico es perturbador tanto para el lector como para los protagonistas de la historia.

    Sobre Asimov, es ciencia ficción de pata negra, pues adopta el punto de vista naturalista, racionalista, científico e ilustrado. Algo similar podría decirse de Lem, pues aunque es escéptico frente a las versiones optimistas de estas doctrinas, no las rechaza de pleno. Aunque ciertamente Lem es un género en sí mismo, y seguramente pueden adoptarse puntods de vista diferentes sobre esta cuestión.

  3. hectorM Says:

    Vaya por delante, como transparente ejercicio de preventiva honestidad, que Asimov no es santo de mi devoción pero es que, y siendo indudablemente paradigma de la sci-fi, es trivial mostrar cómo a este autor la racionalidad y lo científico le queda muy grande luego de escarbarse sus cosméticas anotaciones divulgativas, quiero decir, el Mulo o la propia Gaia de su saga Fundación no son más que fantasías alla Dick (solo que sin su posterior travesía metafísica) y hallazgos como la psicohistoria apenas son esbozadas más allá de las exigencias ordinarias de un whisfhul thinking, y eso por no hablar de las reglas de la robótica que no erganzan con ningún tipo de paradigma científico real, quiero decir, y volviendo a Egan, este autor coge por ejemplo el paradigma IA de Turing y lo lleva hasta las últimas consecuencias (a mi juicio hasta la inconsciente reducción al absurdo, pero ese es otro tema) como en su cuento Motivos para ser feliz, por el contrario, Asimov (pero como tantos otros popes de la sci-fi, ojo) jamás explica sus elucubraciones, sin ir más lejos si los humanos tenemos instrucciones por todo instinto biológico o bien nuestro operar cognoscitivo es distinto y no tan imperativo, etc., es decir, lo mires por donde lo mires no coge nunca a Turing y dice: “¡venga! vamos a suponer que tienes razón a ver qué pasaría si toda experiencia cognitiva es producto de un cálculo computacional, emociones de felicidad incluida”. Simplemente elabora fantasías que luego da un barniz científico y ya, pero llega (con huecos) a la ciencia, no parte de ella y así operan, insisto, la práctica totalidad de autores sci-fi consagrados.

    A Egan le he oído decir en alguna entrevista que apenas un 1% de lectores tiene interés verdadero en la ciencia, eso aplicaría a los autores de sci-fi en realidad, si entendemos, por supuesto, que la inventiva de tecno-gadgets no es explorar las consecuencias de la visión científica.

    Otro tema a discutir, por cierto, es que aún asumiendo que todos la sci-fi fuera en realidad eso que hace Egan y tu anotas como su esencia, otro tema a discutir, como decía, es averiguar si entonces una historia sci-fi puede aspirar a ser algo más que una fábula entretenida o una vívida ilustración de lo que postula la ciencia, o sea, a ver si la sci-fi es literatura.

  4. Instan Says:

    En lo literario Egan es un caso extremo, y aunque ciertamente es un autor de los pocos que sabe aprovechar lo que es la ciencia ficción, no debería de ser el canon a la hora de considerar comparaciones para determinar si un autor u obra se incluyen dentro de la ciencia ficción.

    Cuando hablo de visión científica lo hago desde una perspectiva muy amplia y filosófica, no tanto como extrapolación o proyección de conceptos científicos. La ciencia ficción es una ficción proyectiva en la medida que hace una proyección de los modelos científicos (o de la sociedad, y ahí entraría la literatura prospectiva), pero esa proyección se puede a hacer a diferentes niveles y con diferente énfasis.

    Egan siempre plantea una metafísica a partir de una idea científica, llevándola al extremo. Practica algo que recomendaba el físico John Wheleer (de quien por cierto Egan toma algunas de sus ideas), partir de unas premisas o principios muy básicos, y pocos en número, pero jugar con ellos todo lo que se pueda, buscando sus últimas consecuencias. Otros autores no llegan a tanto, pero sí que hacen proyecciones, en base a conceptos como pueden ser el viaje en el tiempo, los universos paralelos, el contacto extraterrestre, etc.

    En este sentido es la visión científica la que distingue al género, frente a la fantasía. Si nos planteamos una historia en la que alguien es transportado al futuro y se encuentra con una sociedad diferente, aparentemente desde el punto de vista literario podría haber pocas diferencias. Este tipo de historia es fantástica en la medida en que se busca un elemento preternatural, o fantástico, y es una constante en el folklore de las hadas.

    Pero es ciencia ficcción cuando consideramos un viaje relativista, como en “El planeta de los simios” o en “Retorno de las estrellas” de Lem. Aquí la diferencia es que no sólo no es algo fantástico, sino plausible científicamente, sino que en este caso incluso es una predicción directa a partir de la relatividad especial, llegando a ser bastante verosímil. Y eso sí que tiene una implicación literaria, pues es algo que podemos pensar que ocurriría realmente, y el choque cultural del lector ante una sociedad futura se nos muestra más potente que en el caso de una sociedad mágica que sabemos positivamente que no existe.

  5. hectorM Says:

    Sin duda en esta última acotación, ya encontré razones para estar más de acuerdo, después de todo, y como leí cierta vez, todo tecnólogo es, aunque lo sepa ni lo pretenda, un ingeniero social en la medida en que su inventiva puede repercutir en la fisionomía de la sociedad, mismamente, una aparente trivialidad como Twitter ha sido esencial en la articulación de las revueltas sociales de la primavera árabe, y de este modo, presentar ciertos elementos tecnológicos innovadores y, a diferencia del escritor tecnogadget, explorar sus implicaciones sociales; sí que me ha parecido siempre característico de la sci-fi y justamente por ahí yo sí incluiría a Dick y excluiría, a pesar de su pretendido rigor científico, a Dante pues no está interesado en los aconteceres terrenales, si bien, seguramente él disentiría (por lo que se sabía entonces) sobre el hecho de no atenerse a una visión científica, creo yo.

  6. Instan Says:

    Sí desde luego Dante no puede incluirse como antecedente de la ciencia ficción, por eso lo escogí como ejemplo, pues en su caso sí que hay una utilización directa de la ciencia, o su antecedente medieval.

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