La sonda Phoenix en Marte

Mayo 27, 2008

Esta vez las pifias no han evitado que aterrice en Marte una sonda capaz de hacer pruebas y análisis del suelo, lo que seguramente servirá para aumentar el conocimiento de este fascinante planeta. Ha amartizado en una zona próxima a uno de los polos en la que se espera encontrar agua congelada, aunque no está claro si a una profundidad que los aparatos de la sonda puedan alcanzar.

Me temo que los resultados que se obtengan no harán avanzar mucho el tema de la búsqueda de vida extraterrestre. A partir de los datos no habrá evidencias directas de vida actualmente o en el pasado, pero tampoco la refutarán por completo. Un día aparecerán estudios que demostrarán que Marte siempre ha sido seco y al siguiente otros que estaba lleno de agua y rebosante de vida. La verdad es aburrido y estoy por pasarme al bando de aquellos que sostienen que no merece gastar la pena tanto dinero en esas cosas. Total, para que la comunidad científica se empecine en buscar la más mínima razón para negar que hay vida en Marte si en alguna misión futura se descubriese algo interesante, no merece la pena.

Mientras tanto os pongo un enlace para que veáis alguna de las fotos del aterrizaje. Lo que me encanta de estas misiones es ver las fotos de otro mundo, aunque de momento las más fascinantes han sido las de hace unos años de Titán. Siempre que veo fotos de Marte, las pocas del suelo de Venus, o la de Titán se me quedan los ojos como platos.


Intelligent life in the Universe (Iosif S. Shklovskii y Carl Sagan)

Mayo 21, 2008

Hay tres libros que me parecen las referencias fundamentales en lo que la búsqueda científica de la vida extraterrestre se refiere, y este es uno de ellos. En este caso me parece que es fundamental porque es uno de los primeros que hace un enfoque general del estudio de la vida extraterrestre, y lo que es más importante, trata de hacerlo analizando la vida en el contexto cósmico. Tras haberlo leído puedo ya afirmar que todos los argumentos básicos en que se fundamenta SETI ya están presentes en él, y poco se ha avanzado desde entonces.

Se trata de una edición en inglés de un libro escrito en primer lugar en ruso por Shklovskii y revisado y ampliado por la mano de Sagan. Eso hace que se produzca un interesante balance entre los dos autores que es lo que le da su carácter de clásico del campo, y que también consigue que un libro escrito hace algo más de cuarenta años no haya perdido interés. Porque en contra de lo que pueda parecer no está desfasado.

En él se organizan y se estructuran de forma coherente toda una serie de trabajos previos que aparecieron en la literatura científica durante esa década (la década de oro de la exobiología podría decirse) y cuyos contenidos seguramente sonarán a muchos lectores de ciencia ficción. Eso no significa que el libro sea meramente especulativo, y cuando es posible se emplean argumentos cuantitativos, teniendo siempre como punto de partida los datos astrofísicos de que disponían los autores. Aquí me parece importante destacar que estamos ante dos investigadores que provenían del mundo de la física, aunque los intereses científicos de ambos divergían, si bien tenían un interés común por la vida extraterrestre.

El que sea antiguo podría significar que se trata de un texto desfasado y que tiene poco interés, pero no es cierto. Está claro que, como todos los libros de este estilo, el nivel de conocimiento del Sistema Solar de entonces está muy alejado del actual y de hecho Sagan siempre hizo referencia en sus ensayos a cómo le entusiasmaba haber participado en primera persona en la revolución del conocimiento asociada al empleo de las sondas interplanetarias. Pero si uno lee con atención se da cuenta de que esto es irrelevante para los argumentos de los autores, ya que no hacen especulaciones innecesarias fuera del grado de conocimiento de los planetas de que disponían, que ya permitía desechar ciertas hipótesis sobre la existencia de vida en ellos. Por otro lado que no tuviesen en cuenta posible hábitats para la vida que entonces no se consideraban no refuta sus conclusiones.

Pero la parte de la vida en otros sistemas estelares no ha perdido interés, y tampoco se nota tanto el desfase en el nivel de conocimientos astrofísicos, ya que ya entonces las teorías sobre evolución estelar estaban suficientemente avanzadas como para no cometer errores de bulto. Menos aún se pueden poner en duda las exposiciones sobre la utilidad de las ondas de radio en la comunicación interestelar o el empleo de canales ópticos. Y las reflexiones sobre el empleo de sondas en la colonización interestelar o el análisis de los términos de la ecuación de Drake siguen siendo en buena medida válidos. Realmente en cuarenta años sólo hemos pasado del primer término en la ecuación, a tener una estimación razonable del segundo (el número de sistemas planetarios en la galaxia) a través de cotas establecidas por la detección de planetas extrasolares.

Pero lo mejor del libro son las especulaciones calenturientas de Shklovskii pasadas por el filtro de Sagan. Por ejemplo la fascinante sugerencia de que los satélites de Marte podrían ser de origen artificial, tema al que se dedica todo un capítulo. Y no hay que dejarse engañar, los argumentos son muy sólidos y están basados en los datos disponibles entonces, aunque ahora sabemos que no es así gracias a los datos de las sondas sobre la composición de estos cuerpos y sobre la dinámica de sus órbitas, pero no es una idea tan descabellada como parece. También especulan sobre la civilización sumeria y cómo podrían interpretarse las leyendas sobre su fundación como un ejemplo de como podría ser un contacto con civilizaciones extraterrestres en el pasado histórico, aunque dejan muy claro que es un hipótesis que no consideran.

Aquí hay un detalle que me parece interesante, y por lo que el libro tiene gran interés. Este tipo de especulaciones de extraterrestres en el pasado eran muy queridas tanto por escritores de ciencia ficción como académicos soviéticos. En el primer caso está claro por qué, pero en el segundo seguramente eran forzadas por el ámbito en que vivían. Desde el punto de vista de la censura política soviética toda teoría delirante pero que pudiese dar una interpretación materialista de las religiones o mitos era bienvenida y fomentada, a sabiendas de su falsedad, por motivos ideológicos. Esto seguramente influía que en ámbitos científicos en donde tal tipo de sugerencias descabelladas darían la risa no fuesen criticadas con énfasis.

Encuentro muy interesante la parte política del libro, incluso fascinante. Shklovskii hace unos comentarios muy pertinentes sobre las chorradas que algunos decían en nombre del materialismo dialéctico en contra del estudio de la vida extraterrestre, o cómo el socialismo podría considerarse como una alternativa social que podría interpretar de otro modo la cuestión de las civilizaciones extraterrestres. Y también como Sagan muestra su punto de vista sobre estos temas. Pues ambos autores tratan de buscar un balance entre los sistemas de pensamiento dominante en sus países.

Para terminar lo que me parece más interesante de este libro. Es un ejercicio de algo que se ha perdido en la ciencia, de pura imaginación y creatividad, de la exposición de ideas. Pero ojo, las especulaciones se tratan como eso, y se sabe en todo momento cuándo hay datos sólidos y cuándo no. Esto es algo que se nota en los artículos sobre vida extraterrestre de esa época, sus autores no tenían miedo de especular, de imaginar. Esto ya no es así, ya no hay publicaciones científicas así, la ciencia ha perdido su imaginación y se ha vuelto muy antipática. Si alguien propusiese ahora cosas como las hipótesis de trabajo de Shklovskii se lo comerían vivo, o peor aún, guisado en uno de esos infames platos de los cocineros deconstructivistas. Y no creo que sea porque ahora sabemos más, sino porque la mentalidad de la comunidad científica es diferente.


Svante Arrhenius

Mayo 18, 2008

La ciencia es como el fútbol, los jugadores galácticos eclipsan con su fama (la mayoría de las veces inmerecida) a los buenos jugadores de equipos más modestos. Un ejemplo interesante es el de Arrhenius, premio Nobel de Química. Me encontré con su nombre por primera vez en los libros de química de secundaria, pero con el tiempo he descubierto que las ideas de este sueco eran mucho más interesante que sus teorías sobre ácidos, bases y cosas de esas.

El primer hecho que quiero destacar es que era de formación físico, aunque las investigaciones más importantes que realizó se correspondían con lo que ahora se conoce como química-física, algo que en los textos de secundaria escritos mayoritariamente por químicos no se suele contar. Pero más sugestivo para mí fue descubrir que fue el máximo exponente de la defensa de la panspermia, la idea de que el origen de la vida en la Tierra es extraterrestre.

Si bien no fue el primero, pues ya Kelvin y Helmhotlz sostenían lo mismo, fue Arrhenius el principal defensor de la idea que las bacterias podrían viajar por el medio interestelar impulsados por la presión de radiación de la luz estelar. Y en general parecía tener, como todos los grandes científicos de la época, un gran interés por el tema de la vida extraterrestre en el Sistema Solar.

Curiosamente Arrhenius era muy escéptico con las especulaciones sobre vida en Marte y la fiebre de los canales, ya que afirmaba que desarrollaban un escenario para la vida muy detallado con muy pocos datos. Por el contrario el mismo parecía caer en lo que criticaba cuando defendía la existencia de vida vegetal en un Venus húmedo y pantanoso. Pero quizá sus afirmaciones sobre el clima de Venus fuesen más rigurosas de lo que podría parecer y seguramente guardan relación con su gran descubrimiento científico: el efecto de los gases de invernadero sobre una atmósfera planetaria. De hecho hizo estimaciones sobre el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera de origen antropogénico que podrían alterar el clima, que se quedaron muy cortas a la hora de establecer qué intervalo de tiempo se necesitaría para que en la atmósfera hubiese esa cantidad de gases de invernadero, pero esto nos recuerda que ya a principios del siglo XX existían las bases teóricas para predecir que un desarrollo industrial desmedido podría alterar el clima.


El océano subterráneo de Titán

Marzo 25, 2008

Parece ser que se han encontrado evidencias de lo que podría ser un océano subterráneo compuesto por agua y amoniaco debajo de la superficie de Titán. No parece que sea una gran noticia en lo que se refiere a encontrar vida, porque está a un profundidad muy alta con respecto a la superficie. Pero no deja de ser un descubrimiento importantístimo en cuanto a ambientes en los que se puede desarrollar una química orgánica compleja más allá del planeta terrestre típico. Casi parece que los sueños de algunos autores de ciencia ficción se convierten parcialmente en realidad. Lo que sí parece estar claro es que los satélites de los gigantes de gas son interesantísimos en lo que a entornos para la química de la vida se refiere. ¿Cuántos mundos exóticos y maravillosos habrá en torno a los planetas extrasolares?.


Clarke, Sagan y la vida joviana

Marzo 22, 2008

La muerte de A. C. Clarke y el que se haga mención de sus novelas y sus cuentos de forma generalizada me ha recordado una duda que tengo, y espero que algún lector de este blog me la pueda resolver. Se trata además de una cuestión que muestra una interrelación entre dos personajes muy significativos en los campos de la ciencia y la ciencia ficción, pues hay un tema en que las ideas que Clarke expuso en sus cuentos y las que Carl Sagan desarrolló en su obra de divulgación y científica se confunden.

Uno de los mejores relatos de Clarke es Encuentro con Medusa, que data de 1971. En él especula con la posibilidad de que en la atmósfera de Júpiter pudiese haber algún tipo de vida, e incluso una pequeña ecología joviana con depredadores y presas. Las criaturas de Clarke son fascinantes, y sin duda es uno de los mejores cuentos en un subgénero de la ciencia ficción que me apasiona (y lo sigue haciendo incluso en los momentos actuales en que menos me atrae el género), el de la vida extraterrestre que vive en entornos muy diferentes al terráqueo, o con una composición y estructura muy diferente de la nuestra.

Unos pocos años más tarde, Sagan junto con E. E. Salpeter escribió un artículo científico en donde exponen qué tipo de condiciones habrían de darse para que en Júpiter hubiese vida con una bioquímica próxima a la terrestre, o al menos una química orgánica no muy diferente a la terrestre en sus aspectos básicos. Sagan y Salpeter parten de los datos sobre la composición y dinámica de la atmósfera de Júpiter disponibles entonces y hacen una análisis riguroso. El artículo se centra en las condiciones físicas que podría limitar la supervivencia de los bichos. Una vez mostrado que puede haber una química compleja y que los organismos jovianos podrían obtener energía química del medio para alimentarse se centran en ver qué posibilidades de supervivencia tendrían antes de ser calcinados en las capas más bajas de la atmósfera, o congelados en las más frías. Es por tanto un problema de mecánica de fluidos y transporte, frente a la velocidad de crecimiento y reproducción de las criaturas.

Pero van más allá y proponer una ecología joviana, con tres tipos de especies genéricas fundamentales, analizando las posibilidades de cada una de ellas para sobrevivir en ese ambiente. Incluso en aquella época este tipo de análisis ya era altamente especulativo, y los datos de composición química que tenemos ahora son más desfavorables para que existan tales bichos, pero el esquema general es consistente y plausible. Algunos años más tarde Sagan retomó en tema en su magnífica serie Cosmos, en donde en uno de los capítulos habla sobre él. Y tanto en el artículo científico como en el documental es curiosa la analogía entre la perspectiva de Clarke y la de Sagan. Esto sería un magnífico ejemplo de cómo a partir de la ciencia ficción escrita con buen fundamento pueden surgir ideas de interés en el ámbito científico. Pero aquí me surge la duda que tengo.

Recuerdo haber leído en alguna parte, y no recuerdo dónde, que en el libro de Sagan coescrito con I.S. Shklovskii , Vida inteligente en el universo, los autores mencionan la posibilidad de que exista algún tipo de vida en la atmósfera de Júpiter. El problema es que no lo he leído y parece que no lo podré hacer salvo que tenga suerte con algún préstamo interbibliotecario o algo así. De hecho, es mi lectura pendiente sobre estos temas junto con los libros de Ian Stewart y Jack Cohen sobre vida extraterrestre (que espero que si pueda conseguir si se reeditan en alguna nueva edición en inglés porque estos son relativamente recientes). Lo que me interesa de todo esto es que el libro de Sagan y Shklovskii es de 1966 y podría ser que Clarke encontrará inspiración él, o no.

De cualquier modo me gusta mucho encontrar esta conexión entre dos autores que desde la narrativa y la ficción han contribuido a divulgar el tema de la búsqueda de vida extraterrestre. Y sobre todo una inspiración en los dos sentidos entre ciencia y ciencia ficción. No es el único caso, y sobre alguno más quizá hable en una próxima entrada.


El origen de la vida

Noviembre 27, 2007

Siempre me ha interesado la investigación científica del origen de la vida y tengo varios libros sobre el tema. Lo malo es que son libros antiguos y teniendo en cuenta el avance de las ciencias debería de estar muy desfasados. Sin embargo me da la impresión de que no lo están tanto. Ciertamente están desfasados en la química que explica cómo se forman los ladrillos de la vida.

Suelo visitar con frecuencias portales sobre astrobiología y generalistas de física y se hace referencia a muchas publicaciones sobre el tema, así que debe de estar muy vivo. Cada vez se descubren nuevas reacciones que podrían suceder en el medio interestelar o interplanetario, una química muy compleja. Incluso en su momento hablé en el blog sobre reacciones que podrían dar lugar a formas de vida inorgánica. Parece entonces que la química estelar es muy compleja y que en este campo se ha avanzado mucho.

Pero a la hora de llegar a la bioquímica es donde no parece haber un avance tan grande. Al menos a los no especialistas nos llega esa impresión. ¿Por qué es tan complejo el estudio del origen de la vida?. ¿Por qué si hay mucha información sobre cómo se forman proteínas e incluso la base de los ácidos nucleicos hay tan poca de cómo se relacionan éstos para dar lugar a seres vivos?.


Cincuentenario espacial

Octubre 4, 2007

Hoy hace cincuenta años que fue lanzado el primer satélite artificial. Y tras todo este tiempo no tengo muy claro qué análisis podemos hacer del proceso de conquista del espacio, como algunas veces se ha denominado. Porque teniendo en cuenta la rapidez con que se lograban nuevos avances en el pasado es paradójico que ahora en pleno siglo XXI estemos tan poco adelantados en el dominio de nuestro espacio cercano.

Falta dinero y se nota. También se ha demostrado que los vuelos tripulados fuera de la órbita terrestre son más complicados de lo que se pensaba. Pero me parece que es la primera razón la fundamental. Quizá sea muy costoso ir a Marte en términos humanos y tecnológicos, al menos durante unas cuantas décadas. Pero no lo sería tanto disponer de un montón de estaciones espaciales en órbita o una base lunar, al menos a corto plazo a día de hoy. Y también se ha notado en la investigación científica.

Tal vez no podamos viajar por el espacio, pero sí enviar sondas a otros mundos. Y se tiende a gastar poco. La última gran sonda ha sido la Cassini-Huygens. A pesar de todo algo hemos avanzado en este campo. Pero cuando uno piensa que cuando los soviéticos lanzaban una bola que emitía un ruidito ya había planes para viajar a Marte de los más visionarios es deprimentes. Porque eran proyectos visionarios pero factibles desde el punto de vista de la ingeniería lo que significa que habría sido un pequeño avance en el proceso. También que proyectos como el Orion se fuesen al traste. Porque la propulsión mediante explosiones de bombas de fisión sería importantísima para explorar el Sistema Solar más lejano con tiempos de viaje razonable, y para enviar sondas no tripuladas al espacio interestelar profundo.

Generalmente se considera que la carrera espacial estaba ligada a la Guerra Fría y que al acabar esta ya no tiene mucho sentido. Y en parte es cierto, pero creo que la realidad es todavía peor. Porque esa carrera, más allá de la propaganda, fue algo resultado de una contingencia. Si la URSS no hubiese tenido un retraso de varios años en la fabricación de bombas atómicas seguramente no habría sido tan imperiosa su necesidad de desarrollar una tecnología de misiles y cohetes capaz de rentabilizar su inferior potencia nuclear. Es posible que de haber más igualdad entre ambas superpotencias el avance de la tecnología de cohetes hubiese sido mucho más lento, aunque lo habría habido sin duda alguna.


Búsqueda activa de inteligencias extraterrestres

Septiembre 12, 2007

La mayoría de la comunidad científica que se ocupa del tema de la búsqueda de vida extraterrestre o SETI suele apostar por métodos pasivos de búsqueda. Es decir tratar de detectar señales emitidas por algún tipo de civilización extraterrestre avanzada, ya sean de radio u ópticas. A pesar de que los programas de búsqueda suelen tener aplicaciones en otras ramas de la investigación en Astrofísica y Física Fundamental en principio sólo sirven para eso, para buscar señales. Así que puede discutirse la necesidad de invertir recursos financieros, técnicos y humanos en ello.

Yo creo que la búsqueda de vida extraterrestre es algo que merece la pena intentar y que hará avanzar la ciencia y la tecnología, aunque el resultado de la búsqueda sea negativo. También creo que debe defenderse la investigación básica únicamente para conocer más sobre la naturaleza. Y creo que SETI es mucho más trascedente que otros muchos a los que se dedican grandes cantidades de dinero. Pero también creo que deberían de planificarse otros métodos de búsqueda más baratos y más rentables desde el punto de vista de la producción de conocimiento científico (tenga luego este aplicación o no).

Para ello es necesario imaginar estrategias de búsqueda activa de inteligencias extraterrestre que puedan aprovechar otro tipo de programas de investigación. En este campo las sugerencias de Freeman Dyson me parecen a tener muy cuenta. Las aportaciones de Dyson en este tema son muy interesantes porque en sus libros ha hablado bastante sobre lo que el denomina “ecología de los programas científicos”, pero también porque son muy imaginativas. Quizás su aportación más conocida para muchos lectores de este blog sea la de las esferas de Dyson.

Dyson se planteó la cuestión de cómo buscar civilizaciones extraterrestres y pensó que lo mejor sería observar fenómenos astrofísicos que tuviesen relación con una tecnología avanzada. Pero hay que hacerlo basándose en física básica bien establecida y en posibles tecnologías que toda civilización avanzada habría de desarrollar como resultado de sus necesidades. Así que qué mejor motivo que la necesidad de energía en una sociedad tecnológica. Y lo mejor forma de aprovechar la mayor fuente de energía disponible a mano, sería crear un cascarón esférico que pudiese recoger la energía emitida en todo el espectro electromagnético por la estrella del sistema que habitasen los extraterrestres. Por muy avanzada que fuese su tecnología las leyes de la termodinámica exigen que en la superficie de la esfera se disipe energía en forma de calor, esas pérdidas son inevitables. Pues bien el espectro en el infrarrojo de un objeto así sería de lo que se llama un cuerpo negro en equilibrio, con propiedades diferentes de las fuentes habituales de radiación infrarroja en torno a las estrellas (nubes de polvo estelares y cosas similares) que corresponde a radiación que no está en equilibrio térmico (aunque en la práctica las cosas son más complicadas).

Dyson se inspiró en una magnífica historia de ciencia ficción de Olaf Stapledon. Por supuesto se trata de Hacedor de Estrellas. A su vez Stapledon se inspiró en las ideas sobre la colonización del espacio del cristalógrafo John D. Bernal y su ensayo precursor de eso que algunos han denominado posthumanismo. Hay pues una estrecha relación en este tema entre la ciencia y la ciencia ficción.

Recientemente Dyson también ha propuesto otros métodos de búsqueda de vida, esta vez vida extraterrestre de cualquier tipo que pueda habitar el Sistema Solar. Por ejemplo, posibles formas de vida que habitasen en Europa o algunos satélites de hielo del Sistema Solar exterior. Supone que los bichos que habitasen tales lugares, al menos aquellos que quisiesen vivir en la superficie helada de tales cuerpos, habrían de focalizar la débil luz del Sol para elevar la temperatura y mantener pequeñas zonas con agua líquida. Si hiciesen esto podría tenerse evidencia de ello estudiando la reflectividad del hielo de tales mundos de hielo. Así que Dyson propone enviar haces láser y estudiar cómo se reflejan en el hielo. Como dice Dyson esto tiene la ventaja de que es un método que permite hacer investigaciones independientemente de que se detectase vida o no.

El propio Dyson cree que no se encontrará nada, aunque sí cree que es el procedimiento más apropiado y que más posibilidades de éxito tendría. Yo creo que no encontrares vida así, tampo creo que encontremos esferas de Dyson. Pero el buscar vida buscando esferas de Dyson tiene una ventaja sobre el SETI de escucha de ondas de radio. No hace falta buscar las esferas, investigando espectros infrarrojos de estrellas cuando se estudian las nubes de polvo puede encontrarse alguna. No hace falta dedicar tiempo de observación específico a ello (aunque han habido programas de búsqueda de esferas de Dyson en algunas estrellas cercanas), sólo saber reconocer que estamos ante una cuando estudiamos otras cosas. Estas propuestas de Dyson para buscar vida, pero que si no se encuentran pueden aprovecharse para otras cosas me parecen las más productivas. Y quien sabe, a lo mejor me equivoco y el día menos esperado descubrimos que no estamos solos en el universo, aunque a veces temo que lo estemos, más allá de mundos habitados por bacterias (que seguramente habrá muchos).


Vida inorgánica

Septiembre 10, 2007

Una de mis aficiones frikis es recolectar artículos que especulan sobre formas de vida extraterrestres no convencionales, desde las bioquímicas no basadas en el agua a la vida en una estrella de neutrones. Busco siempre cosas que traten de Física principalmente y que tengan formalismo matemático y estimaciones cuantitativas. En un campo en donde no existe un objeto de estudio físico en que basarse y todo son especulaciones la mayoría de las publicaciones científicas sobre el tema se reducen a perogrulladas y argumentaciones sin más. Si se publican es porque suelen ser investigadores de prestigio quienes los envían, pero claro eso no evita que sean perogrulladas y argumentos vacíos que se quedan cortos frente a la buena ciencia ficción. Pero también existen otros que recurren a las estadísticas, a modelos físicos, a reflexiones basadas en la Termodinámica, etc. Esos son los que recopilo. Y por supuesto, también lo hago con relatos de ciencia ficción sobre el tema.

El problema que tiene la ciencia ficción que trata con extraterrestres exóticos es que por principio han de ser criaturas muy esquemáticas, más propias de un bestiario que de una reflexión con sólida base científica. Incluso cuando tal base existe no siempre se puede ir más allá por razones obvias. Y por eso me gustan mucho aquellos trabajos que van estableciendo unas bases para reflexionar sobre lo amplio que puede ser el concepto de vida.

Hace unas semanas aparecía una noticia en las webs sobre Astrobiología sobre un artículo que especulaba con mecanismos físicos que podrían dar lugar a formas de vida inorgánica en el medio interestelar. Lo he estado buscando, porque ha aparecido en una revista de libre acceso en internet, y le he echado un vistazo. Me ha parecido muy interesante. Eso sí, como siempre, creo que hay que ver este tipo de aportaciones como lo que son, oportunidades para reflexionar un poco sobre lo chauvinistas que son los expertos a la hora de definir la vida.

En realidad el artículo no habla de formas de vida, sino de estructuras que podría evolucionar a formas de vida en el entorno de los gases interestelares. Lo interesante está en que aunque los procesos físicos que se describen no generen ningún tipo de vida exótica sí que podría jugar un papel a la hora de favorecer la aparición de vida como la nuestra desarrollando una física y química de la vida ya en los gases interestelares.

En esencia la tesis del artículo es la siguiente. El gas interestelar es un medio ionizado, un plasma, a temperaturas bastante bajas. Los autores sostienen que las partículas de polvo que se encuentran en el seno de tales plasmas podrían formar estructuras complejas como resultado de una propiedad del apantallamiento de las cargas eléctricas en el plasma, como resultado de la aparición de fuerzas atractivas entre los diversos granos de polvo. Presentan los resultados de simulaciones numéricas en las cuales empleando los potenciales de interacción asociados a ese fenómeno se pueden observar distintas agregaciones de partículas de polvo. Entre las más interesantes estarían agregados de partículas con forma de hélice, que según los autores podrían servir para transferir información, y que pueden replicarse a partir de otros agregados de partículas. Consideran que esto podría ser una base para una forma de vida inorgánica, y que en cualquier caso podrían jugar un papel como estructuras favorecedoras de una bioquímica orgánica compleja que ayudaría en el proceso del origen de la vida.

El artículo es altamente especulativo, pero a la vez presenta unos modelos físicos simples fáciles de interpretar, y por lo tanto refutar (y seguramente un experto en plasmas les vería todos los puntos débiles, pero yo no lo soy). Lo más interesante es que es uno de esos artículos que van más allá de la pura idea y tratan de dar una explicación cuantitativa de las posibilidades para el estudio de otras formas de vida que sugieren. Como dato curioso comentar que el modelo de vida que uno podría imaginar sobre las bases expuestas por tales investigadores recuerda un poco a la nube negra de Fred Hoyle, salvando las distancias. A veces la ciencia ficción tiene cosas en su seno muy interesantes.

Creo que a veces en estos temas se va a los extremos con demasiada facilidad. De asegurar que en Marte no hay vida de ningún tipo a que es un mundo rebosante de bichos exóticos. Ni una cosa ni la otra. Lo más probable es que no encontremos vida en donde todo el mundo dice que la hay, y que la encontremos en algún lugar en que nunca se había pensado. No hace mucho casi nadie hablaba de Encelado como lugar en donde buscar vida y ahora hemos descubierto que tiene unas condiciones de las mejores en todo el Sistema Solar para tenerla.

Y ya que estoy hablando de alienígenas hoy me he comprado en una librería de segunda mano (obviando mi promesa a mí mismo de no comprar libros en los próximos dos meses) un libro con dos textos de ciencia ficción. A pesar de tener bastante tiempo está en buen estado. Pero lo mejor es que contiene una novela de Heinlein(pse) y…¡Lo mejor de Stanley G. Weinbaum según Asimov!. Llevo todo el día con babas saliendo de la boca.


Estimación de la biomasa marciana

Septiembre 2, 2007

De nuevo tenemos noticias sobre especulaciones sobre los resultados de las sondas Viking. Los mismos autores que proponían que se replantease la interpretación de los resultados de los experimentos de la sondas han elaborada más las ideas, y estiman el porcentaje de biomasa en el suelo marciano presente en las muestras si se acepta que podría existir algún tipo de vida marciana basada en una bioquímica con el peróxido de hidrógeno jugando un destacado papel. Esto no demuestra que exista vida en Marte, ni los estudios pesimistas demuestran que no existan. Lo que sí hemos de tener muy claro al enfrentarnos a la gran cantidad de publicaciones contradictorias sobre el tema es que estamos ante un tema muy complejo y que siempre hay que tener la mente muy abierta.