La ciencia ficción hard de Stanislaw Lem

Agosto 2, 2009

Stanislaw Lem pasa por ser un autor de ficción científica de corte humanístico y satírico. De hecho pocos lectores y críticos lo calificarían de autor de ciencia ficción hard. Pero estarían equivocados pues una de las características del genio polaco era que sus reflexiones filosóficas siempre tenían como base los desarrollos de la ciencia del momento.

De hecho Lem tenía una auténtica cultura científica enciclopédica y sin duda tuvo que leer bastante literatura sobre física, y creo que la mayoría de las obras fundamentales de los padres de la cuántica. Lo que sucede es que es algo que está presente como trasfondo de algo más profundo, o para dar base a las críticas sociológicas y políticas.

Sin embargo en Lem tenemos previsiones o anticipos propios de un Arthur C. Clarke. En La voz de su amo plantea un escenario en que el mensaje extraterrestre tan esperado por SETI se presenta en el fondo cósmico de neutrinos. Esta novela data de mediados de los sesenta y si bien creo que la idea no es original y de alguna revista científica la obtuvo, bien es cierto también que no he conseguido rastrear literatura especializada que no sea de los años setenta o posterior (mirad las referencias del artículo que comento más abajo). Aunque habrá que seguir buscando en esa maravillosa herramienta que es el google académico, para estas cosas.

Actualmente pueden encontrarse publicaciones en las que se sugiere que una de las actividades en que emplear los actuales detectores de neutrinos, o de los de próxima generación, sería la búsqueda de señales procedentes de civilizaciones inteligentes. Aquí os dejo un par de ejemplos vía ArXiv. Este y este otro.

A veces la buena ficción hard no se escribe presentando una enciclopedia tecnológica sino empleando un poco de imaginación a partir del estado del arte del conocimiento científico en ese momento. Y en eso sí que se puede considerar a Lem como un autor hard.


El Universo Inteligente (James Gardner)

Enero 17, 2009

Los libros que tratan sobre el papel de la vida en el Universo desde un perspectiva escatológica me resultan especialmente interesantes, siempre que se muevan dentro de los márgenes de la ciencia. El propio título es un homenaje a un texto de Fred Hoyle que es una auténtico ejercicio de especulación desenfrenada que combina todo tipo de teorías heterodoxas y particulares. El de Gardner no podía ser menos y presenta una idea la mar de curiosa, sobre el papel de la vida en el Universo.

El texto está estructurado en tres bloques temáticos. El primero aborda cuestiones relacionadas con eso que se ha llegado a denominar transhumanismo, la posibilidad de que el ser humano modifique su naturaleza física e intelectual mediante el empleo de diversos tipos de tecnología. Como tantos otros Gardner se centra en el tema de la Inteligencia Artificial y las inteligencias mecánicas que supuestamente nos superarán. Cada vez entiendo menos como gente que se supone inteligente y tiene formación científica o técnica puede sostener ciertos puntos de vista que son muestra de un pensamiento infantil y misántropo. De todos modos el tema de la IA y los dilemas filosóficos plantea es interesante en sí mismo.

En cuanto a la segunda parte, se centra en el tema de la búsqueda de inteligencias extraterrestres y el problema planteado por Fermi sobre la ausencia de contactos. Me ha gustado el énfasis de Gardner en el principio de mediocridad que es una poderosa herramienta a la hora de especular sobre el surgimiento de vida extraterrestre inteligente. Para el lector con conocimiento de la literatura científica sobre este tema, como es mi caso, esta parte del libro no aporta nada nuevo. Sí son novedosas las respuestas que aporta el autor y que son el nexo con la tercera parte, en donde expone la idea central del libro.

Para Gardner el mensaje extraterrestre está en las propias leyes físicas que son, según él, extremadamente favorables para la aparición de la vida. Su explicación es que el papel de la vida en el Universo es el de agente para favorecer la replicación de éste mediante la creación de nuevos universos con leyes físicas fijadas, en un proceso de selección natural. Así cada nueva generación de universos estaría mejor adaptada para la aparición de la vida. Estamos por tanto ante una curiosa combinación de las especulaciones de Lee Smolin sobre un proceso de selección de universos, la hipótesis Gaia de Lovelock a lo grande y los genes egoístas de Richard Dawkings.

Se trata por tanto de una visión global sobre el papel de la vida en clara contradicción con el dichoso principio antrópico. Algo que el autor deja bien claro con sus múltiples referencias al principio de mediocridad. Como también hace notar, el papel de la humanidad no tiene por qué ser esencial en el Universo, e incluso la propia vida no tiene un trascendente papel sino que sería más bien un agente para la propagación del replicador egoísta. Aquí, me temo, Gardner no es muy honesto y trata de dar una visión positiva sobre el papel de la vida que me parece contradictoria con las consecuencias de su particular cosmogonía que ha dejado bien claras en su exposición.

Como especulación que no puede ser verificada experimentalmente no deja de ser interesante, no tanto por su poder para dar una visión general de la realidad unificando paradigmas de diferentes ámbitos científicos, sino por introducir una alternativa respecto a otras visiones más populares dentro de la literatura de divulgación científica. El hecho de que procedan de gente con prestigio en el ámbito de la física teórica, como sucede con esas combinaciones de teorías de cuerdas, principios antrópicos y demás, no significan que tengan más interés que las discusiones de los escolásticos sobre temas intrascendentes. Se nos quiere vender como ciencia lo que no es más que mala metafísica. Lo que encuentro interesante de las especulaciones calenturientas de Gardner es que van en la dirección copernicana y aplican principios generales como la idea de selección natural, en vez de tautologías antropocéntricas. Pero como siempre no hay que tomarse tales especulaciones muy en serio.

Lamentablemente he de comentar algunos aspectos desagradables sobre la edición lo que es más grave teniendo en cuenta que estamos ante un libro para nada barato. Y es que en la traducción hay fallos muy graves, pues una vez más se hace una traducción de miles de millones por billones. Se espera de los traductores, y en este caso son dos, que conozcan las diferentes variantes de las palabras que se emplean en un texto y cómo hacer la traducción correcta. En este caso se trata de algo que cualquier traductor debería saber, y sobre todo aquellos que lo han hecho con obras sobre ciencia.

Lo peor no está en la traducción, algo que es perdonable (a medias, por lo que he comentado), sino en la falta de corrección o en el absoluto desconocimiento en todas las partes implicadas de datos como la edad de la Tierra o el Sistema Solar (que harían dudar seguramente de que la palabra billones no era la adecuada) que forman parte de lo que se enseña habitualmente a nivel de ESO. Si se equiparasen las lagunas en temas de ciencia con las de otros en las mal llamadas letras el resultado sería espectacular. Y esto duele más cuando hablamos de libros que suele leer gente que tiene interés por la ciencia y conocer más sobre ella, y que por lo tanto contribuyen a reducir la distancia entre esos dos ámbitos de la sociedad.


Intelligent life in the Universe (Iosif S. Shklovskii y Carl Sagan)

Mayo 21, 2008

Hay tres libros que me parecen las referencias fundamentales en lo que la búsqueda científica de la vida extraterrestre se refiere, y este es uno de ellos. En este caso me parece que es fundamental porque es uno de los primeros que hace un enfoque general del estudio de la vida extraterrestre, y lo que es más importante, trata de hacerlo analizando la vida en el contexto cósmico. Tras haberlo leído puedo ya afirmar que todos los argumentos básicos en que se fundamenta SETI ya están presentes en él, y poco se ha avanzado desde entonces.

Se trata de una edición en inglés de un libro escrito en primer lugar en ruso por Shklovskii y revisado y ampliado por la mano de Sagan. Eso hace que se produzca un interesante balance entre los dos autores que es lo que le da su carácter de clásico del campo, y que también consigue que un libro escrito hace algo más de cuarenta años no haya perdido interés. Porque en contra de lo que pueda parecer no está desfasado.

En él se organizan y se estructuran de forma coherente toda una serie de trabajos previos que aparecieron en la literatura científica durante esa década (la década de oro de la exobiología podría decirse) y cuyos contenidos seguramente sonarán a muchos lectores de ciencia ficción. Eso no significa que el libro sea meramente especulativo, y cuando es posible se emplean argumentos cuantitativos, teniendo siempre como punto de partida los datos astrofísicos de que disponían los autores. Aquí me parece importante destacar que estamos ante dos investigadores que provenían del mundo de la física, aunque los intereses científicos de ambos divergían, si bien tenían un interés común por la vida extraterrestre.

El que sea antiguo podría significar que se trata de un texto desfasado y que tiene poco interés, pero no es cierto. Está claro que, como todos los libros de este estilo, el nivel de conocimiento del Sistema Solar de entonces está muy alejado del actual y de hecho Sagan siempre hizo referencia en sus ensayos a cómo le entusiasmaba haber participado en primera persona en la revolución del conocimiento asociada al empleo de las sondas interplanetarias. Pero si uno lee con atención se da cuenta de que esto es irrelevante para los argumentos de los autores, ya que no hacen especulaciones innecesarias fuera del grado de conocimiento de los planetas de que disponían, que ya permitía desechar ciertas hipótesis sobre la existencia de vida en ellos. Por otro lado que no tuviesen en cuenta posible hábitats para la vida que entonces no se consideraban no refuta sus conclusiones.

Pero la parte de la vida en otros sistemas estelares no ha perdido interés, y tampoco se nota tanto el desfase en el nivel de conocimientos astrofísicos, ya que ya entonces las teorías sobre evolución estelar estaban suficientemente avanzadas como para no cometer errores de bulto. Menos aún se pueden poner en duda las exposiciones sobre la utilidad de las ondas de radio en la comunicación interestelar o el empleo de canales ópticos. Y las reflexiones sobre el empleo de sondas en la colonización interestelar o el análisis de los términos de la ecuación de Drake siguen siendo en buena medida válidos. Realmente en cuarenta años sólo hemos pasado del primer término en la ecuación, a tener una estimación razonable del segundo (el número de sistemas planetarios en la galaxia) a través de cotas establecidas por la detección de planetas extrasolares.

Pero lo mejor del libro son las especulaciones calenturientas de Shklovskii pasadas por el filtro de Sagan. Por ejemplo la fascinante sugerencia de que los satélites de Marte podrían ser de origen artificial, tema al que se dedica todo un capítulo. Y no hay que dejarse engañar, los argumentos son muy sólidos y están basados en los datos disponibles entonces, aunque ahora sabemos que no es así gracias a los datos de las sondas sobre la composición de estos cuerpos y sobre la dinámica de sus órbitas, pero no es una idea tan descabellada como parece. También especulan sobre la civilización sumeria y cómo podrían interpretarse las leyendas sobre su fundación como un ejemplo de como podría ser un contacto con civilizaciones extraterrestres en el pasado histórico, aunque dejan muy claro que es un hipótesis que no consideran.

Aquí hay un detalle que me parece interesante, y por lo que el libro tiene gran interés. Este tipo de especulaciones de extraterrestres en el pasado eran muy queridas tanto por escritores de ciencia ficción como académicos soviéticos. En el primer caso está claro por qué, pero en el segundo seguramente eran forzadas por el ámbito en que vivían. Desde el punto de vista de la censura política soviética toda teoría delirante pero que pudiese dar una interpretación materialista de las religiones o mitos era bienvenida y fomentada, a sabiendas de su falsedad, por motivos ideológicos. Esto seguramente influía que en ámbitos científicos en donde tal tipo de sugerencias descabelladas darían la risa no fuesen criticadas con énfasis.

Encuentro muy interesante la parte política del libro, incluso fascinante. Shklovskii hace unos comentarios muy pertinentes sobre las chorradas que algunos decían en nombre del materialismo dialéctico en contra del estudio de la vida extraterrestre, o cómo el socialismo podría considerarse como una alternativa social que podría interpretar de otro modo la cuestión de las civilizaciones extraterrestres. Y también como Sagan muestra su punto de vista sobre estos temas. Pues ambos autores tratan de buscar un balance entre los sistemas de pensamiento dominante en sus países.

Para terminar lo que me parece más interesante de este libro. Es un ejercicio de algo que se ha perdido en la ciencia, de pura imaginación y creatividad, de la exposición de ideas. Pero ojo, las especulaciones se tratan como eso, y se sabe en todo momento cuándo hay datos sólidos y cuándo no. Esto es algo que se nota en los artículos sobre vida extraterrestre de esa época, sus autores no tenían miedo de especular, de imaginar. Esto ya no es así, ya no hay publicaciones científicas así, la ciencia ha perdido su imaginación y se ha vuelto muy antipática. Si alguien propusiese ahora cosas como las hipótesis de trabajo de Shklovskii se lo comerían vivo, o peor aún, guisado en uno de esos infames platos de los cocineros deconstructivistas. Y no creo que sea porque ahora sabemos más, sino porque la mentalidad de la comunidad científica es diferente.