Algol

Mayo 6, 2008

Muchas estrellas tienen nombres que provienen del árabe, entre ellas una de las que tiene un nombre más bonito es Algol. Viene a significar algo así “como estrella del diablo” y es un nombre que le viene bien. Se trata de una estrella variable, es decir, su brillo no es constante. De hecho su cambio de brillo es muy intenso y puede apreciarse a simple vista. Y aquí surge otra confusión del tipo de la de Sirio.

Tengo libros de astronomía en donde se comenta que los árabes le pusieron ese nombre por su variabilidad. Pero también tengo otros libros que afirman que no es así, que eso no es cierto, que no hay evidencias escritas de que le pusiesen ese nombre por esa razón, y que no es más que una mera casualidad, de hecho lo explican diciendo que como pertenece a la constelación de Perseo la asociaron con la cabeza de un monstruo o demonio. Y la verdad no sé qué pensar, me extraña que fuese algo que los astrónomos medievales árabes y europeos no conociesen. En cualquier caso la primera referencia de algún astrónomo europeo documentada es la del italiano Geminiano Montanari en 1669.

Pero también es interesante Algol porque su variabilidad es resultado de que no es una única estrella, sino un sistema doble, una binaria eclipsante, para ser más preciso. El descenso del brillo, que se produce de forma periódica, es consecuencia de que una de las dos estrellas pasa por delante de la otra, la que vemos.

Pero lo más interesante de este sistema binario es que a mediados del siglo XX se descubrió que este sistema doble no encajaba dentro de las teorías de la evolución estelar. Ahora sabemos que esto es resultado de la transferencia de masa de una estrella a la otra. Así que para algunos astrofísicos, durante al menos una década, este sistema estelar sí que era un poco diabólico.


El color de la estrella Sirio

Mayo 3, 2008

Hoy quiero comentar un pequeño misterio astronómico, o psicológico, ya que depende de las hipótesis que planteemos para resolverlo. No es más que una curiosidad, pero que a mí me hace reflexionar un poco sobre las limitaciones de nuestros conocimientos actuales. Sirio es una de las estrellas más brillantes del cielo, y cómo os podrá confirmar cualquier persona que esté habituada a mirar el cielo nocturno, presenta a la vista un color azulado. Pues bien, un montón de autores de la antigüedad se empeñaron en decir que es una estrella de un color rojizo. Por ejemplo Homero, aunque en su caso es comprensible su error,je,je. Lo malo es cuando otros autores como Séneca o Cicerón, quienes sin duda si observarían de vez en cuando los cielos, mantenían lo mismo. Hasta aquí uno puede pensar que incluso estos eruditos de entonces hablaban de oídas y sin sabe de que estrella hablaban. Pero que lo dijese Ptolomeo son palabras mayores, porque aquí si estamos hablando de uno de los grandes astrónomos de la antigüedad (en las revistas de astronomía en que he leído sobre estas cosas no he encontrado que color asignaba Hiparco a estas estrellas), y no lo hace en un poema, sino en cartas estelares.

Pero este empeño alcanza incluso tiempos más modernos, ya que incluso Voltaire, nada más y nada menos, insiste en el color rojizo de Sirio. La verdad, parece poco creíble que alguien interesado en la mecánica newtoniana como Voltaire, y como todos los ilustrados de su tiempo, con gran interés por las ciencias, no se parase algún día a mirar al cielo en su casa de campo. Y no conociese con precisión las constelaciones. Otra cosa es que la referencia al color fuese errónea pero puesta de forma intencionada para retomar la tradición clásica. Pero hay algo que no cuadra, hablamos de personas que se pasaban mucho tiempo observando el cielo, que lo conocían mucho mejor que nosotros y no estaban limitados por la contaminación atmosférica. ¿Por qué equivocaron en la apreciación del color de la estrella Sirio?.

La solución más simple, aplicando la navaja de Ockham, es suponer que las propiedades físicas de la estrella han variado en unos pocos siglos. Semejante afirmación sería tildada de despropósito por los astrofísicos ya que iría en contra de todos los modelos de evolución estelar. Pero es lo que tiene la navaja de Ockham, que su hoja es muy fina, y cuando se aplica estrictamente uno puede cortarse. Es más de las explicaciones que se me ocurren, desde que todos sean daltónicos a que haya cambiado la percepción del color en los humanos de repente en unos pocos siglos, me parecen muy rebuscadas. De modo que si hubiese que aplicar los argumentos de Hume con respecto a los milagros, habría que quedarse con cambiar toda la astrofísica estelar, porque sería más extraordinaria la explicación fisiológica que la física. Al fin y al cabo, la ciencia ha de atenerse a los hechos puros y duros, y todo eso de los paradigmas, programas de investigación y demás son inventos de los filósofos. Por eso, en algunos casos, conviene ser dogmático en vez de escéptico. ¡Ah que difícil es mantener una coherencia argumental ante las sopresas que nos depara el libro de la Naturaleza!.