Los amantes (Philip José Farmer)

Noviembre 10, 2009

El que los fans consideren con un irreflexivo entusiasmo clásicos del género de ciencia ficción obras que no merecen tal calificativo induce cierto escepticismo a la hora de enfrentarse a uno de ellos. En mi caso, además, algunos considerados como tales me decepcionaron considerablemente. Por otro lado, hay novelas y antologías de relatos que han sido víctimas de forma sistemática de un olvido por parte de lectores y editores, y eso hace que algunos verdaderos clásicos pasen desapercibidos.

Creo que esta novela de Farmer cae dentro de la segunda categoría. Es un clásico si se analiza en el contexto en que fue escrito, y como obra precursora de movimientos y tendencias en el género. ¿Pero lo es porque ha soportado el paso del tiempo?. Yo creo que sí, que en contra de lo que a veces se ha dicho esta novela ha envejecido muy bien. También creo que han de comentarse otros aspectos de la trama diferentes al que hicieron famoso este libro.

En ella se nos presenta una sociedad del futuro en la que la mitad de la población mundial está sometida a una teocracia surgida tras una guerra apocalíptica. El escenario que presenta Farmer no sólo sigue siendo verosímil, sino que lo es más hoy en día que cuando escribió la novela. Además se asegura colocar la acción en un futuro lo suficientemente lejano. Esto le permitió hacer al autor una crítica muy ácida de ciertos aspectos de la sociedad americana en el momento en que escribió su novela, como el puritanismo, la hipocresía, la caza de brujas, etc. Sin embargo esa crítica está lo suficientemente bien presentada como para ser mucho más general, y podamos aplicarla a todo tipo de sociedad teocrática, que no está muy lejos, por cierto de algunas sociedades contemporáneas (véase el caso de Irán, por ejemplo).

En este entorno asistimos a las peripecias de un mediocre estudioso de la lingüística que por una serie de acontecimientos acaba siendo parte de una expedición interestelar. Aquí está otro de los grandes aciertos de la novela, ya que nos presenta un ámbito de investigación científica tan especializado en donde son necesarios generalistas expertos capaces de traducir la información procedente de un ámbito a otro, dentro de una misma disciplina científica. Se trata de una cuestión que ya planteaba el matemático polaco Stanislaw Ulam en la época en que Farmer escribió la novela, y que creo que hoy, ya es una realidad. Realmente el crecimiento exponencial de las publicaciones científicas ha superado las previsiones de los autores de ciencia ficción.

La parte central de la trama acontece en el mundo extraterrestre en donde el protagonista se relaciona con diversos habitantes del planeta, lo que conduce a que mantenga una relación sentimental que fue incapaz de mantener con su propia mujer en la Tierra. Y en la historia es fundamental el entorno, el mundo tan falsamente parecido a la Tierra del siglo XX, pero que en verdad es completamente alienígena.

Un mundo alienígena completamente verosímil, y en donde Farmer juega con maestría con algunos tópicos de la biología. De hecho lo que parece la pifia más clara y evidente de la historia, en realidad no lo es, y si bien todo está llevado a unos extremos científicamente poco creíbles, no dejamos de estar ante una verosímil extrapolación de nuestro conocimiento sobre el mundo de los insectos y la evolución. Este detalle me parece que bien pudo ser una broma del autor a los lectores quisquillosos que le buscan tres pies al gato en el fundamento científico de las historias de ciencia ficción. Y por último, Farmer nos presenta un caso de parasitismo realmente fascinante.

Como decía al comenzar creo que el paso del tiempo no le ha sentado tan mal a la novela, y que para el lector actual aún mantiene bastante interés la historia, y al menos gana bastantes puntos si lo comparamos como otras novelas de la misma época. Es una lástima que ninguna editorial se anime a reeditarlo cuando en el mercado hay obras que huelen infinitamente más a naftalina que esta, por lo menos, entretenida e interesante novela de unos de los autores clásicos del género.


La ciencia ficción hard de Stanislaw Lem

Agosto 2, 2009

Stanislaw Lem pasa por ser un autor de ficción científica de corte humanístico y satírico. De hecho pocos lectores y críticos lo calificarían de autor de ciencia ficción hard. Pero estarían equivocados pues una de las características del genio polaco era que sus reflexiones filosóficas siempre tenían como base los desarrollos de la ciencia del momento.

De hecho Lem tenía una auténtica cultura científica enciclopédica y sin duda tuvo que leer bastante literatura sobre física, y creo que la mayoría de las obras fundamentales de los padres de la cuántica. Lo que sucede es que es algo que está presente como trasfondo de algo más profundo, o para dar base a las críticas sociológicas y políticas.

Sin embargo en Lem tenemos previsiones o anticipos propios de un Arthur C. Clarke. En La voz de su amo plantea un escenario en que el mensaje extraterrestre tan esperado por SETI se presenta en el fondo cósmico de neutrinos. Esta novela data de mediados de los sesenta y si bien creo que la idea no es original y de alguna revista científica la obtuvo, bien es cierto también que no he conseguido rastrear literatura especializada que no sea de los años setenta o posterior (mirad las referencias del artículo que comento más abajo). Aunque habrá que seguir buscando en esa maravillosa herramienta que es el google académico, para estas cosas.

Actualmente pueden encontrarse publicaciones en las que se sugiere que una de las actividades en que emplear los actuales detectores de neutrinos, o de los de próxima generación, sería la búsqueda de señales procedentes de civilizaciones inteligentes. Aquí os dejo un par de ejemplos vía ArXiv. Este y este otro.

A veces la buena ficción hard no se escribe presentando una enciclopedia tecnológica sino empleando un poco de imaginación a partir del estado del arte del conocimiento científico en ese momento. Y en eso sí que se puede considerar a Lem como un autor hard.


Paradojas temporales y universos paralelos

Mayo 20, 2009

Uno de los temas recurrentes dentro de la ciencia ficción es el de las paradojas temporales. Una de las soluciones que en la ficción se han considerado es la inclusión de universos paralelos de modo que la paradoja se resuelve mediante un desplazamiento a otro universo, o mediante su creación como resultado de la acción que crea la paradoja.

Los universos paralelos son compatibles con la Física, incluso algunos físicos afirman que algunas teorías implican necesariamente su existencia. Pero hay que tener cuidado a la hora de qué marco teórico considerar para justificar su introducción en una historia de ciencia ficción ya que no en todos los universos paralelos podrían justificar la eliminación de la paradoja.

El error más común en la ciencia ficción y en buena parte de la divulgación científica es que emplea una mala interpretación de la interpretación de la mecánica cuántica de Hugh Everett de los estados relativos. Más conocida como la interpretación de muchos mundos. En ella el problema del colapso de una superposición de estados en un proceso de medida se resuelve mediante la introducción de diferentes historias para diferentes observadores, de modo que cada uno sólo percibe un resultado pero se tiene un conjunto de historias del sistema físico en que se dan todas los posibles resultados. De ahí, y como resultado de la propia terminología de Everett se pueda deducir la existencia de un conjunto de universos, asociado cada uno de ellos con una medida. También se puede plantear un escenario de muchas mentes en vez de muchos mundos, si bien este tiene menos interés para la ciencia ficción (aunque podría analizarse desde ese punto de vista la interesante novela de Dick Aguardando al año pasado).

Pues bien, a la interpretación de Everett se recurre para resolver las paradojas. El hecho de matar a tu abuelo crea un nuevo universo, o como creo que sería más correcto tu historia acontece desde otro momento en otro universo de lo existentes. Uno de los mayores defensores de la interpretación de muchos universos, David Deutsch, sugiere que en realidad el número de universos (que puede ser infinito) es constante y las historias se reparten entre los universos disponibles. Pero esto no puede ser así, precisamente por una de las claves de la propia interpretación.

La estructura matemática de la mecánica cuántica implica que si tomamos por cierta la existencia de tales universos múltiples todos ellos viene regidos por una única ecuación de evolución cuántica, es decir, el conjunto de universos forman un todo. Modificar radicalmente la naturaleza de uno de ellos implica hacerlo con la de todos. Y esto es así tanto para un viaje en el pasado como para un viaje a un univers simultáneo en el tiempo. Precisamente en La llegada de los gatos cuánticos de Frederick Pohl el viaje de un universo paralelo a otro implica un efecto de rebote que al final tiene bastante importancia en la novela, que además es una magnífica y divertida parodia. Por lo tanto en principio los universos de Everett no resolverían la paradoja.

En principio porque siempre se puede buscar alternativas en el sentido de que desde un comienzo el colectivo de universos ya incluya el efecto de la paradoja, pero ojo, no como una introducción posterior. Además existen pueden existir otro tipo de universos paralelos cuya existencia se puede deducir de las cosmologías inflacionarias, según las cuales podría haber burbujas de espacio-tiempo muy alejadas de nosotros en un universo infinito, en las cuales, como resultado de que nuestro estado físico es finito, existan copias de nosotros. Es decir hay una mucha muchedumbre de universos en los cuales un clon mío está escribiendo esto, y otros en los que no se me habría ocurrido soltar semejante redundancia en esta frase. Pero en realidad son universos independientes y una cosa sería viajar a uno de ellos en nuestro pasado, y otra muy distinta viajar al pasado en el nuestro.

Esto no invalida a la solución de los universos paralelos como una aceptable científicamente para introducir en una historia de ciencia ficción sobre paradojas temporales. Simplemente hay que ser prudente al introducirla. Una novela en que se utilizan los universos paralelos cuánticos para explicar los efectos de los viajes en el tiempo es Las naves del tiempo de Stephen Baxter, una de las pocas en que se tiene en cuenta el importante asunto de la conservación de la energía.


Star Trek

Mayo 18, 2009

Mola. No hay forma mejor de comentar la película que es un magnífico entretenimiento, que si bien puede caer en algunos tópicos propios del cine actual, sabe combinar los elementos característicos de la franquicia Star Trek con un aire renovado que abre nuevas posibilidades a posibles continuaciones.

Curiosamente al pasar los días y comentar la película me he dado cuenta de algunos detalles muy curiosos con los que juega el guión al principio para despistar al espectador con respecto a lo que le espera, si bien rápidamente uno ya es cómplice de lo que se nos quiere contar. En general, y salvo alguna pequeña pifia en un diálogo (que podría ser chapuza en al traducción, que ya no es la primera vez que pasa) el entorno que se nos presenta es bastante creíble y la base del argumento también. En lo que respecta a ciertos encuentros que hay quien dice que son muy rebuscados les invito a recordar cómo reacciona ante el segundo cierto personaje paradigmático de la saga. Y en cualquier caso me parece algo accesorio.

Lo que me lleva a reflexionar sobre el espectador pejigueras que ya no le perdona ni una a la película por tal o cual fallo científico o supuestamente del guión. Si uno fuese coherente, y yo lo soy bastante, al final no podría disfrutar de una cantidad inmensa de películas, de muchos géneros e incluso clásicos indiscutibles del cine. Siempre que no me tomen por tonto intento disfrutar sin más, y luego ya reparo en esas cuestiones.

Estará lleno de gente que hará coñas sobre la “materia roja” y que dirá que es un deus ex machina que no tiene nada que ver con la ciencia y demás. Creo que es muy interesante y tiene una enorme utilidad didáctica analizar las pifias del cine de ciencia ficción en lo que a temas de Física se refiere. Pero también que ha de hacerse con prudencia, siempre que no hablemos de cosas muy elementales (como lamentablemente suele ser el caso). Y es que la idea feliz, sin ninguna base científica previa, del motor de curvatura (debería de hablarse de motor de distorsión), he demostrado ser más rigurosa de lo que parecía.

En 1994 el físico mexicano Miguel Alcubierre analizó las propiedades de soluciones de las ecuaciones de Einstein de la gravitación que permitirían el viaje a velocidades mayores que la de la luz en el vacío mediante una distorsión del espacio-tiempo circundante. En el modelo de Alcubierre se crearía una burbuja de espacio normal tras la cual se produciría una expansión del espacio-tiempo (del tipo de la expansión cosmológica) y al frente una contracción de éste. Así la distorsión es tal que se acercarían los puntos de salida y de llegada de la nave pudiendo viajar a velocidades mayores que la de la luz en el vacío.

El hecho de que el espacio que rodea a la nave es normal y no existe dilatación temporal. Surge el problema de que al igual que para los agujeros de gusano, para estabilizar la burbuja es necesario aportar grandes cantidades de materia exótica (con densidad de energía y presión negativas). En un principio los primeros cálculos implicaban cantidades ingentes de energía, si bien ya existen soluciones de motor de distorsión que implican energías asociadas a masas planetarias (métodos para aprovechar energías de esa entidad por parte de civilizaciones avanzadas son explicados por Dyson en un artículo sobre máquinas gravitatorias). La cantidad de energía depende de la velocidad de la nave y curiosamente esto fundamenta la idea de los guionistas de Star Trek de plantear límites a la velocidad de distorsión.

Todo esto es física bien establecida. La solución de Alcubierre procede de una teoría muy refrendada por los experimentos, y la prueba de existencia de materia exótica está en la propia existencia de una constante cosmológica. Eso no significa que el motor de distorsión pueda ser viable desde un punto de vista teórico. El problema que surge es el de recolectar en grandes cantidades materia exótica, y tal vez existan restricciones que descubramos en una teoría cuántica de la gravitación. Se han obtenido algunas pero no procedentes de teorías auténticamente cuánticas. También se ha planteado recientemente el hecho de que en el borde de la burbuja se genere radiación de Hawking sobre la nave, o que la propia burbuja sea inestable.

Así que hay que ser prudente a la hora de hacer ciertas afirmaciones, pues siempre puede ocurrir que alguien se ponga a investigar sobre alguno de esas ideas chorras de una película o una novela y pueda obtener algo de interés científico. Además siempre son una buena excusa para hablar de estas cosas.


Diáspora (Greg Egan)

Mayo 16, 2009

diaspoHay cosas que se pueden contar únicamente desde la ciencia ficción, y es el género literario en donde hacerse las grandes preguntas que inquietan al ser humano. Una muestra de que esta afirmación no es una exageración es esta novela de Egan en la que asistimos a un viaje cósmico en un sentido literal. Una excursión por el Multiverso de la mano de humanos de una naturaleza muy distinta a la nuestra.

Realmente la sensación de extrañeza comienza desde la primera página, ya que estamos ante unos humanos muy diferentes de unos siglos en nuestro futuro, pero humanos reconocibles e identificables, a pesar de todo. Ante una catástrofe imprevisible las formas supervivientes de humanidad emprenden un viaje para descubrir las causas de la catástrofe y un lugar más seguro que habitar. En realidad no hay más argumento que este, y la clave está en cómo es el viaje, y lo más importante, a dónde.

En lo que se refiere al viaje para el lector es difícil si se pretende analizar todo lo que Egan nos cuenta y los conceptos que maneja. En mi caso hace tanto tiempo que no disfrutaba de una lectura por la interesante física que nos muestra el autor en su mundo imaginario. En realidad son un par de cositas, la idea de haces fibrados en geometría diferencial, una idea feliz de John Wheeler sobre los agujeros de gusano y la naturaleza de las partículas, un argumento de Dirac sobre la naturaleza del espín, y de vez en cuando alguna mención a la dependencia de las interacciones con la dimensionalidad del espacio. No hay más y si se sigue al autor sin la paranoia de pensar que son difíciles conceptos matemáticas se puede entender en todo momento la trama.

Lo interesante de la buena ficción científica rigurosa en los contenidos científicos no es que aporte tratados técnicos con las ideas alocadas que el autor no ha podido publicar en una revista científica, sino que a partir de un concepto o una teoría simple utilice su imaginación para presentarnos una ambientación científicamente plausible a partir de la cual poder plantearse una especulación de entidad. En este caso lo más interesante de la novela, para mí, no son los viajes multidimensionales sino la visión que nos aporta del Universo. Aunque en esta ocasión Egan no se plantea excesivas profundidades metafísicas sí que nos muestra una visión de un entorno físico hostil, tremendamente hostil a la vida, pero a la vez dentro de un Multiverso enormemente diverso en el que poder encontrar ámbitos más favorables.

Creo que no decepcionará a los seguidores de Egan, aunque no sé si será una novela adecuada para quién no se ha enfrentado nunca a una historia del autor más original y más cañero conceptualmente de la ciencia ficción contemporánea.


La física de Watchmen II: Filosofía del espacio-tiempo

Abril 2, 2009

La segunda parte de mi serie sobre la física de Watchmen hace referencia al episodio fundamental del cómic, el de Marte. En él surgen una serie de temas que son mucho más interesantes que aquellos a los que se hace más referencia, quizá por el hecho de que tienen más valor para un lector habituado al género de los superhéroes. El hecho de que Rudy haya dedicado una entrada a Ted Chiang como ejemplo de lo que podría haber sido la ciencia ficción me ha animado a plantear esta segunda parte de la serie, ya que la comparación con Chiang era algo que tenía pensado tratar desde un principio. A pesar de la generalidad del título hablaré únicamente de la percepción del tiempo del doctor Manhattan. Y es que en el cómic en nudista azulado parece percibir el tiempo de otra forma, y de hecho se nos sugiere que de alguna forma percibe los instantes de tiempo de forma simultánea y no siguiendo la secuencia temporal que el resto de nosotros. Si bien la explicación de Moore de que esto guarda relación con el mundo cuántica es errónea, no lo es esta interpretación de la percepción del tiempo. Porque en realidad es la forma correcta de interpretar el tiempo según la relatividad especial.

A veces se considera que la relatividad especial es una teoría dinámica y vinculada con el electromagnetismo, y sin embargo es algo mucho más general. Es un marco geométrico básico que ha de cumplir cualquier teoría física, introduciendo una estructura en la que el espacio y el tiempo forman parte de una única entidad geométrica, el espacio-tiempo con unas características determinadas. Como resultado de la introducción de esas propiedades geométricas, que son absolutas (es decir, no dependen del estado de movimiento) surgen algunas consecuencias curiosas en lo que al comportamiento de algunas magnitudes físicas fundamentales se refiere. Esta estructura implica que la medición de las longitudes o los tiempos dependen del estado de movimiento, no obteniendo el mismo resultado de una medición por parte de un observador en reposo que por parte de uno en movimiento a velocidad constante. No obstante, cuando se miden distancias espacio-temporales todos los observadores miden lo mismo, y por lo tanto la teoría no es, como equivocadamente se dice, una teoría en que todo es relativo, sino en la cual las leyes físicas son absolutas en un marco geométrico, y la relatividad de las mediciones surge como resultado de emplear un marco geométrico inadecuado.

Pero lo que más nos interesa aquí de la estructura geométrica del espacio-tiempo es que no se puede establecer la simultaneidad de diferentes sucesos. La estructura matemática de la teoría de la relatividad es tal que observadores con diferentes estados de movimiento pueden observar diferentes secuencias de acontecimientos. Lo que para uno son dos sucesos simultáneos, para otro puede resultar en que acontecen en diferentes instantes de tiempo, incluso el orden secuencial que pueden percibir dos observadores puede variar. Esto no va en contra de la causalidad, ya que en el marco geométrico espacio-temporal la secuencia de acontecimientos es absoluta.

Sin embargo esto plantea un problema de interpretación de nuestra percepción secuencial del tiempo, en realidad no tiene sentido hablar de un tiempo que fluye del pasado al futuro, como resultado de la relatividad de la simultaneidad. Y además en el marco geométrico en que se desarrolla la teoría en realidad lo que tenemos es un espacio-tiempo estático, nuestra vida es una línea que está trazada en una variedad geométrica, no un punto que se mueve. El gran físico George Gamow tituló su biografía haciendo referencia a este hecho, como una muestra más de su fina ironía y el conocimiento de la física que tenía. Es famosa la carta en que Einstein habla a la viuda de su gran amigo Michelle Besso sobre la ilusión del fluir del tiempo. Es decir, no hemos de ver el tiempo como una película sino como una foto fija, o empleando una analogía mejor en este caso, como una página de cómic en que se desarrolla nuestra vida, como si todo fuese una única página de cómic estática.

Precisamente el episodio del tebeo de Moore y Gibbons muestra a la percepción esta concepción del paso del tiempo de forma magistral con la propia estructura de la narración. En este caso el formato, el del cómic, es una pieza fundamental en la interpretación de una idea de profundidad en el terreno de lo epistemológico y lo ontológico. Esta percepción del tiempo no es exclusiva de Watchmen ya que la encontramos también en la obra de un autor tan interesante como Kurt Vonnegut, estando muy bien descrita en Las sirenas de Titán. Uno de los protagonistas percibe el tiempo de forma diferente, y lo hace al mismo modo que el doctor Manhattan. Pero en la novela de Vonnegut se plantea la cuestión del determinismo y el libre albedrío. No es casualidad que también se lo pregunte Laurie a Manhattan con una respuesta que claramente se decanta por el determinismo absoluto (algo que también se deduce de algunos pasajes de From Hell, en dónde Moore también explora la misma percepción del tiempo).

Sin embargo a mí me parece que la respuesta que plantean tanto Vonnegut como Moore es demasiado simple. Mucho más interesante es la respuesta de Ted Chiang en su genial relato La historia de tu vida en dónde también se utiliza la misma percepción del tiempo, esta vez en manos de una extraterrestres. Además de hacer una interesante reflexión de cómo el lenguaje altera nuestra propia percepción del tiempo, Chiang analiza el determinismo desde otra perspectiva más general. De hecho, puede decirse que la mayor parte de los cuentos de Chiang tratan sobre el determinismo desde diferentes puntos de vista (su cuento aparecido en Nature sobre una lucecita que se enciende antes de pulsar el botón de encendido es demoledor). Lo que me parece destacable del cuento de Chiang es que plantea una interpretación variacional de la percepción del tiempo. En Física podemos plantear las ecuaciones en términos de ecuaciones locales o en términos de ecuaciones integrales globales, lo que da lugar a los principios variacionales (en esencia principios que establecen que una magnitud física ha de alcanzar un máximo o mínimo). En mecánica se emplean para estudiar qué trayectoria sigue una partícula en la naturaleza. De todas las posibles trayectorias en un espacio abstracto de coordenadas la que sigue en el mundo real la partícula es aquella que hace que el producto de la energía por el tiempo (la acción) sea un valor extremal (máximo o mínimo, pero también hay otro caso que no comentaré). No hay una teleología en la partícula, no hay algo que la dirija, es un proceso global. En el relato de Chiang la protagonista no está siendo dirigida por una maquinaria de reloj como a la que hace referencia Manhattan, ella toma sus propias decisiones y no existe un contradicción con la idea de libre albedrío, porque su elección es global. Digamos que ella elige su trayectoria globalmente, pero evidentemente esta elección implica una serie de elecciones personales y hechos que le acontecen, de ahí el determinismo. La relatividad especial puede formularse variacionalmente lo que significa que podemos interpretar la concepción del tiempo de Manhattan, del millonario excéntrico de Vonnegut o la lingüista de Chiang de este modo. Y atención, todo esto es desde el punto de vista de la física clásica, sin hacer referencia al mundo cuántico.

En sus notas finales a la antología que recoge el relato, Chiang comenta que su idea original era plantearse el relato desde la perspectiva cuántica pero que al final lo hizo clásicamente para no marear mucho al lector. Y es que si tenemos en cuenta la interpretación en términos de una formulación variacional planteada por Feynman la cosa es mareante. En el caso clásico las trayectorias son ficticias, en el cuántico son reales, de alguna manera existe un tanteo de trayectorias. Pensad lo que eso significa en el contexto de las historias que he comentado.

Pero todo esto también nos puede hacer reflexionar sobre la propia naturaleza del género de ciencia ficción. Es evidente que aporta un grado de compresión mucho más profundo de conceptos procedentes del ámbito de la Física. Se habla muchas veces de la importancia del dominio del lenguaje matemático para comprender los conceptos de esta disciplina. Sin embargo muchas veces las metáforas son una potente herramienta para la comprensión profunda de las ideas, la física es algo más que un formalismo, algo más que una secuencia de experimentos, y ese algo más a veces de aportarse desde otros ámbitos. En este caso desde el arte o la filosofía que se combinan mediante el empleo de estructuras narrativas propias de la novela o del cómic. En este caso el formato de tebeo me parece el más adecuado, pero teniendo en cuenta el ejemplo de Chiang o Vonnegut también podemos considerar la novela.

Más importante me parece que este juego conceptual sólo puede hacerse desde la ciencia ficción, no se puede excluir otro género o formato, pero está claro que es desde una literatura en la cual la reflexión en torno a conceptos científicos es fundamental en dónde se puede obtener una creación que tenga un valor cognitivo. Algo que sabía muy bien Stanislaw Lem, por cierto. Es cierto que podríamos pensar en otros ámbitos, y ahora me viene a la cabeza la película Memento. Pero en realidad la película de Nolan se basa en un premisa científica y en una especulación en torno a ella, la carencia de la memoria a corto plazo, por lo que creo que a pesar de estar encuadrada en otro género narrativo es en esencia una forma de ficción científica.

En el otro sentido, no podría entenderse de ninguna manera la introducción de una estructura narrativa como la planteada, que se pretende corresponder de alguna manera con la estructura ontológica de la realidad (otra cosa es que el autor crea o no que esa es la estructura que hay en el mundo real) que perciben los personajes, sin el recurso a las teorías científicas. El eliminar éstas como el sustento de una forma de narrar de interés artístico y objeto de análisis por parte de los especialistas supone un gravísimo error. Cuando se lee a autores como Greg Egan, Ted Chiang o Stanislaw Lem teniendo en cuenta las teorías científicas y filosóficas que emplean está claro que no puede haber una palabra más acertada para describir lo que hacen ficción científica, y el poder que tiene ésta como herramienta para comprender la realidad. Es decir, estamos ante la ciencia ficción en estado puro. De todos modos me temo que la agresividad posmoderna frente a todo lo que lleve a la palabra ciencia (salvo que sea para definir a lo que hacen ellos, claro) seguirá enturbiando el ambiente en estas cuestiones.


Los lectores de literatura fantástica somos unos parias intocables

Marzo 29, 2009

Estaba escuchando en una emisora local recomendaciones de libros por parte de una colaboradora de una librería, en la que por cierto, suelo comprar libros. Uno de esos libros era uno de divulgación de Javier Negrete sobre los griegos, y he aquí que la librera nos dijo que de este autor estamos acostumbrado a leer, ¡novela histórica!. Eso sí, después de reflexionar qué decía, no sea que pronunciar las palabras fantasía o fantástico provoque la aparición de algún sarpullido. Parece mentira que alguien se se supone que vive de vender libros desconozca que el porcentaje de libros de novela histórica de Negrete es pequeño comparado con aquellos de temática fantástica, y por los que ha ganado premios tanto de literatura fantástica como erótica.

Pero es lo de siempre. En otra librería, hace un par de meses, podía escuchar como uno de los empleados venía a decirla a una chica que claro los libros esos de Martin son fantasía y que eso es peor literatura que la novela histórica, así por las buenas, sólo por ser de dicho género.

Es bastante cabreante tener que escuchar esas cosas que les dicen a los clientes o el relegar los libros a esos rincones, como apartados de los demás. Que no se vean mucho. Entre otras cosas porque quienes leemos literatura fantástica también los somos y ya está bien que se nos trate como a clientes de segunda, porque para cobrar no tienen problema ninguno en no hacer distinciones entre clientes. Parias, pero para lo que interesa, no.


Ha muerto Phillip José Farmer

Febrero 25, 2009

Me acabo de enterar de que hoy a muerto nada más y nada menos que Phillip José Farmer uno de los grandes de la ciencia ficción. Sin ser un autor de estilo muy depurado, especializado en obras de aventura intrascendente y pastiches de todo tipo, merece una estrella en el cielo de los grandes maestros. Pues a pesar de todo suyos son algunos clásicos del género. Más que desearle que descanse en paz yo le deseo que se reencarne en algún tipo de mundo alienígena en donde vivir todo tipo de aventuras, incluidas las sexuales.


La física de Watchmen I: Taquiones.

Febrero 24, 2009

Aprovechando el próximo estreno de la película, y que se trata de un de los mejores tebeos sobre ciencia ficción, y una de las mejores obras del género en cualquier formato, voy a dedicar una pequeña serie para comentar algunos aspectos de la física presente en él. En realidad no se trata más que simples menciones a ciertas teorías o hechos de la Física, pero es una buena excusa para hablar sobre ello, y lo más importante, buscar conexiones con otras obras de ficción científica de calidad. Para comenzar hablaré de los taquiones ya que éstos están relacionados con el comportamiento del Dr. Manhattan hacia el final de la obra. Entonces, ¿qué son los taquiones?.

Para comprenderlo tenemos que analizar la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein, Poincaré y Lorentz. A veces se considera como una teoría cinemático, otras veces se considera como una teoría asociada a los campos electromagnéticos, pero tales interpretaciones son erróneas. En realidad se trata de una teoría que establece una interpretación geométrica que ha de estar presente en todos los ámbitos de la Física, y en todo caso la base geométrica fundamental de cualquier teoría clásica de los campos que sea consistente. Dicha teoría, tal como fue formulada por Einstein, se basa en dos postulados simples: la existencia de una velocidad característica (que se corresponde con la velocidad de la luz en el vacío) que es constante, y la equivalencia de la física que perciben diferentes observadores que se mueven de una forma determinada (en reposo o a velocidad constante).

A partir de esos dos postulados pueden obtenerse diversas predicciones. Una es que no se puede establecer el concepto de simultaneidad de sucesos y que ha de introducirse un marco geométrico en el que espacio y tiempo van de la mano en una única entidad, el espacio-tiempo. Ese será uno de los temas de una de las entregas de esta serie. Pero aquí nos interesa más que la masa de una partícula depende del estado de movimiento, o para decirlo de forma más precisa para no dar lugar a confusiones, que la masa que miden diferentes observadores depende del estado de movimiento. Ocurre, además, que esta dependencia es tal que para que un objeto con masa distinta de cero alcance la velocidad de la luz ha de acelerarse con una cantidad infinita de energía.

Es por esta razón que se considera que nada puede viajar más rápido que la luz. Si bien existen partículas que viajan a la velocidad de la luz, los fotones, están tienen una masa medida en el sistema de referencia en que están reposo de valor cero, y siempre viajan a esa velocidad. De aquí surge el límite de velocidad de la luz. No tiene físicamente sentido considerar una energía infinita, luego cualquier objeto con masa no puede alcanzar dicha velocidad. Aunque esto parece una mala noticia para la space opera de batallas espaciales ha dado lugar a todo un subgénero de ciencia ficción: las naves generacionales.

Pero esta es solo la mitad de la historia. La Relatividad Especial impide que una partícula acelere hasta la velocidad de la luz, pero a priori no prohibe que puedan existir partículas que viajen a una velocidad mayor que la de la luz, siempre que estas no se frenen a esa velocidad. La razón es que en la ecuación de dependencia de la masa frente a la velocidad es una raíz cuadrada, y además de la soluciones reales podemos considerar soluciones complejas. El físico Gerald Feinberg desarrolló en un artículo escrito en 1967 las propiedades de partículas asociadas a dicho tipo de soluciones de las ecuaciones relativistas: los taquiones.

A partir del análisis de Feinberg se deducen algunas propiedades de este tipo de partículas que las hacen problemáticas. En primer lugar se espera que por el hecho de viajar a velocidades mayores de la luz puedan emitir algún tipo de radiación, pero al hacerlo se frenarían, lo que a su vez haría que emitiesen más radiación aún (este es el fundamento de una de las armas de La Guerra Interminable de Joe Haldeman). De ser así los taquiones deberían de emitir grandes cantidades de radiación que serían detectables. Pero es peor el hecho de que las soluciones de las ecuaciones implican que la energía para tales partículas tendría un valor imaginario, lo que en la práctica se traduce en que el vacío sería inestable ante la presencia de taquiones. Como parece que no estamos achicharrados por un baño de radiación parece ser que a pesar de todo no existen los taquiones, que sepamos.

Sin embargo no podemos descartar su existencia del todo. En los modelos de cuerdas los taquiones surgían como soluciones posibles, lo que era problemático. Esto se solucionó con la introducción de nuevas simetrías de modo que en las teoría de las supercuerdas tales soluciones ya no serían importantes. Pero se ha estudiado de todos modos cómo aún existiendo tales soluciones en la práctica no serían detectables. Pero a todos los efectos prácticos, para nosotros, es como si no existieran. Aunque también es verdad que se ha propuesto que los taquiones en realidad se manifiestan como partículas convencionales y es lo que podrían ser en realidad ciertos tipos de neutrinos. De nuevo parece que en la práctica no se manifestarían sus excéntricas propiedades.

Los taquiones son importantes para la ciencia ficción porque tienen otra propiedad más muy interesante. Al viajar más velozmente que la luz servirían como un medio de transporte interestelar o al menos, como un medio para transmitir información entre civilizaciones extraterrestres. Pero ocurre que al viajar superlumínicamente podrían transmitir información del futuro al pasado, violando la causalidad. Se han estudiado diversos problemas que muestran las paradojas que surgen, por ejemplo a partir de una ideada por el físico Richard Tolman, analizada por Gregory Benford.

Precisamente a Benford le debemos una de las pocas novelas de ciencia ficción donde los taquiones son esenciales en la trama, y posiblemente su mejor novela en su irregular trayectoria: Cronopaisaje.


Campo de concentración (Thomas M. Disch)

Julio 19, 2008

Este comentario, que no reseña, será breve. Al menos teniendo en cuenta que sobre este libro podrían escribirse varias entradas y muy extensas. Lo será porque para decir que es una magnífica novela de ciencia ficción no hace falta mucho espacio, y porque darle vueltas a lo mismo es caer en la tautología. O peor aún, caer en la retórica para mostrar lo sesudo y listo que soy. Tampoco pienso razonar nada, ala. Es una novela jodidamente buena y ya está.

Lo más curioso es que al principio no me entraba y estaba pensando que tal vez todos esos que hablan tan bien de él estuviesen equivocados. Pero hacia la mitad me encontré con una afirmación fascinante, que todo el universo es un gigantesco campo de concentración, en boca de uno de los personajes. A partir de ahí el libro fue conectando conmigo poco a poco hasta el interesante final. Dejando de lado todos los temas estilísticos, las referencias literarias y cosas así que otros apreciarán más que yo, me centraré en tres grandes temas que están presentes, entre otros muchos más.

Por una parte tenemos una historia de distopía en un futuro cercano, casi contemporáneo, a la época en que Disch escribió la novela. Una historia bastante potente. Las distopías que más me han impresionado son aquellas que muestran una involución totalitaria encubierta en democracia (otro ejemplo magnífico es Estación Hawksbill de Silververg). Este es el caso, y además con una mala leche tremenda. No hay más que tener en cuenta cómo el protagonista llega al Campo Arquímedes, que ya dice mucho de la visión crítica de Disch de la sociedad norteamericana, la cual parece que en cuarenta años ha cambiado poco, todo hay que decirlo.

Y aquí aparece el que podría decirse que es, para mí, el tema principal de la novela, lo que podríamos denominar la maldición faústica. Los males que lleva consigo el adquirir conocimiento, casi podríamos decir que el mal mismo es la búsqueda de ese conocimiento. Al igual que le sucede a Fausto, esa comprensión lleva consigo un precio muy alto a pagar, y algunos incluso están dispuestos a hacerlo. Es algo recurrente en toda la novela, y creo que es el tema principal, aunque evidentemente se nos presenta ligado a la distopía de forma indisoluble.

El otro gran tema es de carácter metafísico y existencial, y también es recurrente, aunque da la impresión de que como un tema secundario ligado al que acabo de comentar: la idea que el mundo es una gran cárcel, que el infierno es este mundo. Muchas de las reflexiones del diario del protagonista van en esta dirección. Y precisamente parte de esa maldición faústica tiene mucho que ver con la naturaleza del mundo y cómo ese conocimiento se torna en algo malo cuando somos conscientes de esa realidad existencial.

Sin embargo la conclusión de la historia es muy interesante, y no es pesimista. El conocimiento aporta mal, pero también una forma de enfrentarse a él. Es abierto, y además me parece que un final lógico y coherente. Y hay un par de sorpresas bastante divertidas.