Mis compras de libros en la Semana Negra

Julio 15, 2008

Siguiendo con mis crónicas de la AsturCon y la Semana Negra os voy a poner la lista de los libros que he comprado. A la espera de que mañana compre alguno de los terriblemente baratos, porque mi economía ya no me da para más, estos son los que he comprado:

El dios de los ácidos. Conversaciones con Albert Hoffman. Antonio Gnoli y Franco Volpi.
Una canción para Lya. George R. R. Martin.
The Armageddon Rag. Goerge R. R. Martin.

Los dos últimos firmados por Martin, por supuesto, y eso que no soy de buscar firmas de autores. De hecho gracias a Juan podéis verme cuando Martin me firmaba uno de los libros, en concreto la antología de cuentos:

Muchas gracias, Juan. En los próximos días quizá aumente la lista de compras o ponga algún comentario más sobre las charlas de la Semana Negra o cosas que hayan pasado durante la AsturCon, que ya estoy descansado, aunque tengo otro tipo de actividades que me quitan tiempo y energías.


A la memoria de Thomas M. Disch

Julio 8, 2008

El día 4 de Julio el escritor Thomas M. Disch se suicidó, con lo que hemos perdido uno de los autores más importantes dentro del género fantástico. De sus novelas sólo he leído Los Genocidas pero es tan buena que sólo por ella merece estar en el panteón de los grandes de la ciencia ficción. Lamentablemente es uno de esos libros que no se han reeditado en décadas, y que yo pude conseguir casi de milagro. Tampoco parece que en un futuro próximo lo sea Campo de concentración, que tengo en la pila de lecturas pendientes.

Los Genocidas es una novela imprescindible para toda persona interesada en la ciencia ficción. Lo es porque en ella aparece una de las invasiones alienígenas más originales, y a la vez aterradora. También porque es una historia sin concesiones y sin final feliz, triste y deprimente, lo que dice mucho de la personalidad de su autor, pero también de su genio creativo. Y por último, porque lleva hasta el final las conclusiones últimas que pueden sacarse de todo lo que sabemos sobre biología. Pero creo que la mejor forma de explicarlo es con las palabras con las que acaba la novela:

La Naturaleza es pródiga. De cada cien plantas sólo una o dos sobrevivirían; de cien especies solamente una o dos.
Pero el hombre no.

Quizá por no ser una obra propia para el onamismo intelectual y complaciente no podamos tenerla a nuestra disposición actualmente en las librerías. De cualquier manera este es mi pequeño homenaje a uno de los grandes de la ciencia ficción.

Más triste es esta historia si pensamos que Disch vivía casi en la pobreza por haberse gastado un montón de dinero en la enfermedad de su compañero lo que me recuerda también el triste caso de Robert Sheckley que prácticamente se quedó olvidado enfermo en otro país. Y es que el sistema de seguros médicos de los Estados Unidos no es ejemplar. Aviso para navegantes y para los entusiastas de la liberalización absoluta.


La Divina Comedia como ciencia ficción

Junio 29, 2008

Esta obra de Dante puede considerarse como un antecedente de la ciencia ficción. La razón es que es una obra de contenido teológico y moral pero que introduce elementos de la ciencia de la época, tratando de reconciliar el pensamiento de Aristóteles con la doctrina cristiana. He encontrado este interesante artículo sobre la cosmología en la obra de Dante que creo que os puede interesar y que me parece un magnífico punto de partida para una discusión sobre el tema. Espero que os resulte tan interesante como a mí.

Pero de momento no me extiendo más, porque he estado viendo el partido, y no son momentos de sesudas reflexiones, je, je.


Capanna, la ciencia ficción y el imaginario colectivo

Junio 6, 2008

En esta entrevista sobre el futuro de la ciencia ficción el siempre lúcido Pablo Cappana desarrolla la idea de que esta ha tocado fondo como género literario. Las reflexiones del filósofo argentino me parecen muy acertadas, y comparto parte de los argumentos que presenta, por muy pesimistas que nos resulten para los lectores de ciencia ficción. Pero lo que más me interesa comentar es una frase que resume también mi forma de pensar sobre el papel en la sociedad de la ciencia ficción:

Desde el punto de vista literario se le puede cuestionar cualquier cosa, pero desde el mitológico, la ciencia ficción configuró el imaginario de todo el siglo XX.

No puedo estar más de acuerdo. Quizá por eso ya en el siglo XXI la literatura de ciencia ficción está como está y el mundo que nos rodea parece realmente de ciencia ficción.


¿Son tan malos los saldos de colecciones de ciencia ficción?

Mayo 29, 2008

Un tema recurrente en las bitácoras de aficionados a la literatura fantástica, así como en los foros dedicados a ella, es el de los saldos. Generalmente la conclusión es que los saldos son malísimos para el mercado y lector del género. Pero en estos tiempos de desaceleración económica acelerada (qué barbaridad, la verdad es que me entran ganas de hacer todo un monográfico sobre la física de los políticos) voy a ejercer de abogado del Diablo. No voy a defender los saldos, únicamente analizar desde una perspectiva escéptica los argumentos que se suelen emplear, y relativizar un poco la cuestión.

Por eso, y en primer lugar, voy a hablar del aspecto positivo de los saldos, creo que el más fundamental e importante. Los libros son caros y un pequeño lujo. Y para muchos lectores sólo se puede disponer de un buen catálogo de libros recurriendo a los saldos. Buena parte de mi biblioteca de ciencia ficción y ensayo científico la tengo gracias a los saldos, y sin ellos no tendría ni la tercera parte de los libros que tengo en este momento. Eso teniendo en cuenta que aunque mi economía me lo permitía no compré masivamente libros en algunos saldos casi míticos de colecciones de ciencia ficción (los de los novas blancos, de Martínez Roca, los ultramares, o incluso el más reciente de Júcar), de haberlo hecho tendría ahora una biblioteca completísima. No todo el mundo puede permitirse gastar una cantidad de dinero considerable en libros, bien sea porque no se dispone, o porque se tiene también otros vicios frikis. Y los saldos son a veces la única opción porque las librerías de segunda mano tienen una curiosa tendencia a aumentar significativamente el precio cuando se trata de literatura fantástica (he llegado a encontrarme con el mismo libro más barato en una librería de saldo, que está nuevo salvo el deterioro por el almacenaje, que en una de segunda mano ya usado y algo más deteriorado).

¿Cuál es el reverso tenebroso de los saldos?. Normalmente se dan dos argumentos, uno es que si hay libros saldados, aunque ya estén agotados o sean difíciles de conseguir, es complicado que aparezcan nuevas ediciones de un libro ya que sacar una nueva edición es un riesgo para cualquier editorial con visión de mercado. El otro es que afectan negativamente al mercado y que acaban en la desaparición de colecciones.

El primero es relativo. Hay casos en que es así tristemente, puedo aceptar incluso que en la mayoría de ellos, aunque no en todos. Digo que no en todos porque a veces algunas ediciones que están de saldo son realmente malas, incluso para el lector poco crítico, y siempre resulta comprar una edición nueva si está a buen precio. Sobre todo cuando ahora muchos aparecen en colecciones de bolsillo (aunque esto tiene el inconveniente de que estamos a merced de las editoriales que pueden permitirse tener este tipo de colecciones) bastante decentes. Con lo que no estoy de acuerdo es que eso sea tan malo como se presenta ya que el hecho de que existan clásicos que no están en el mercado o que queden series incompletas es malo según el tipo de lector. Los lectores de ciencia ficción tenemos un fetichismo de los libros y autores tremendo (seguramente por tener un gusto como lectores minoritario y que lamentablemente lo seguirá siendo) de modo que nos preocupa muchísimo no tener tal o cual novela o no poder haber completado una serie. Pero esto no es un problema del mercado y los saldos, es un problema del lector, y seguramente los lectores ocasionales que se acercan al género gracias a un saldo no pierden el sueño por eso. Y también es muy relativo que no aparezcan clásicos únicamente por los saldos. Dudo mucho que vea una reedición de Regreso a Entia de Lem en muchos años, eso si la veo, y no es un libro que haya sido víctima de un saldo, se trata de un caso de libro poco rentable sin más.

Sobre el mercado. La verdad, es que me preocupa bien poco. No soy más que un lector y no tengo ningún especial interés económico en que vaya mejor o peor, y siguiendo las máximas liberales que tanto se predican ahora, para mí lo importante es la oferta y que sea buena. Si puedo disponer de libros baratos, mucho mejor, que existan veinte editoriales o sólo tres como lector que ha de hacer un balance entre lo que puede o quiere gastar y la oferta disponible es algo que no me afecta. Además siempre están ahí las librerías de segunda mano para completar de vez en cuando la colección, y por supuesto las bibliotecas (unos cuantos clásicos de la ciencia ficción he tenido que leer de este modo). Creo que muchas veces desde el fandom no se tiene en cuenta esta perspectiva de lector y a veces se critica la compra masiva de libros de saldo obviando esto que acabo de decir.

¿Estoy diciendo entonces que los saldos son maravillosos y ojalá existan muchos?. No, en absoluto. Porque lo que pienso es que el problema no está, como la mayoría estaréis de acuerdo, en los saldos ocasionales que le surgen a una editorial pequeña, sino en los saldos masivos. Y a estos últimos, por mucha sofística que se emplee no hay forma de defenderlos. Sobre todo cuando se trata de editoriales grandes que tienen el colchón del gran grupo editorial o no tan grandes pero parece que se quieren “especializar” en ello. Por dos razones, una el timo al lector de pagar muy cara una edición regularcilla y luego ver unos meses después que se vende por la cuarta parte de lo que gastaste. La otra que me parece verdadera competencia desleal con las editoriales que no pueden permitirse hacer eso o no lo hacen porque tienen un mayor respeto por sus lectores.

Por lo tanto mi intención no era hacer aquí una apología del saldo generalizado, sino hacer algunas matizaciones que creo que no siempre se hacen. Además últimamente no he comprado nada de saldos y lo que suelo comprar ahora son libros de bolsillo o novedades de calidad, y creo que en parte tiene que ver con cierto cachondeo en el tema de los saldos (uno de los problemas está en la accesibilidad física de ellos, ya que en Asturias no han llegado algunos, y los que lo hacen con cuentagotas) y que lo que suele salir en ellos no me interesa mucho. Incluso de los que se avecinan (porque algunos sospecho que tenemos en el horizonte, y si no, tiempo al tiempo), que ya veremos.


¡Cuidado con la bestia! (Philip José Farmer)

Mayo 28, 2008

Philip José Farmer no es uno de los grandes autores de la ciencia ficción anglosajona, pero seguramente podría figurar en una lista de los más originales. Es un autor del que no he leído muchas novelas, y la primera que compré fue una de las últimas de su saga del Mundo del Río, hace ya bastante tiempo, con lo que no me entusiasmaba demasiado. Con el tiempo he podido conocer más a fondo la obra de este autor con algunas novelas más gracias a librerías de segunda mano y saldos. Podría decir que Farmer es un especialista en adaptar los tópicos y personajes de la cultura popular en un entorno fantástico y hacerlo con originalidad, así como mostrar de forma clara y desenfadad el erotismo en sus novelas.

Pero esta magnífica novela que voy a comentar ahora puede considerarse como un ejercicio de originalidad y mala lecha pocas veces igualado, sobre todo si tenemos en cuenta que no hace más que introducir una serie de tópicos del género, casi de forma caótica, y que sin embargo dan lugar a un tono coherente. Y aquí no estamos ya ante la aparición del sexo en la historia, sino ante un auténtico festival de pornografía desmadrada y tremendamente divertida. Haciendo además una curiosa mezcla del género negro con la ciencia ficción bastante peculiar.

Asistimos en ella a la investigación del detective Herald Childe sobre unos misteriosos personajes que acabarán revelándose como criaturas propias de la ciencia ficción. Es la segunda parte de una serie y he perdido las referencias a la primera, ya que parece que algunos personajes ya salían en ella, pero la trama se sigue bien porque aquí se explica la naturaleza de estos seres.

Mientras tanto podemos contemplar cómo el protagonista se folla a todo lo que se menea, y en la novela aparece sexo con vampiros, hombres lobos, alienígenas, por todos los orificios imaginables y de formas que resultan delirantes y divertidas. Pero todo esto tiene un sentido porque Farmer desarrolla toda una pornografía cosmogónica en la que el Grial, los ectoplasmas, los espectros y diversos personajes históricos se mezclan con viajes interestelares orgásmicos. Y lo mejor de todo es que es coherente. No se trata de un ejercicio de morbo de mostrar relaciones sexuales entre humanos y todo tipo de monstruos y criaturas, sino más bien de una especie de canon de la literatura pulp y los mitos humanos en clave de ciencia ficción y folleteo.

También hay un homenaje a los frikis de la ciencia ficción en la fitura de Forry que es un cameo de un personaje real del fandom estadounidense en la trama de la ficción. Lo mejor de todo es que Farmer no se toma en serio a sí mismo y por eso ha dado lugar una novela tan interesante y divertida, eso sí no apta para todos los públicos.


¿Mitos nuevos?

Abril 29, 2008

Llosef me incitaba desde su bitácora llena de pecios y brumas siniestras con olor a salitre que comentase alguna cosilla sobre mitos, antiguos y modernos. La razón es un comentario que he puesto en una de sus entradas que trata de la obra de Arthur Machen. No puedo ahora extenderme con la debida profundidad, así que me limitaré a dejar en el aire unas reflexiones a vuelapluma.

Hace un tiempo estoy muy interesado en cómo la literatura fantástica ha contribuido a crear mitos modernos y una iconografía nueva de los monstruos en la cultura popular. Me interesan sobre todo aquellos autores, que como Machen, emplearon las tradiciones celtas de seres feéricos en sus relatos. Así como personajes como Lovecraft que convirtieron doctrinas esotéricas en una ficción terrorífica materialista. La razón es que creo que existe un hilo conductor entre esas historias antiguas, esos bestiarios míticos de antaño, y las modernas historias de platillos volantes, fantasmas o sucesos que dan un miedo que te cagas cuando el periodista magufo pone música chunga. Y que precisamente ha sido la literatura fantástica el medio de transmisión.

Tampoco es una idea en exceso original y ya he comentado libros de ensayo en esta bitácora que defienden puntos de vista similares desde ámbitos académicos. Pero me parece algo a tener muy en cuenta. Cuando los programas de “misterios” son tremendamente populares no puedo más que pararme a pensar en cuántas de esas historias no son más que versiones de famosos cuentos que el aficionado conoce bien, y que se nos quieren hacer pasar por verdaderas. Pienso ahora precisamente en el cuento largo de El pueblo blanco y cómo lo que ahí se describe me recuerda mucho a esas historias de “viajes a otra dimensión” o esas leyendas urbanas de teleportación de coches (leyendas porque se han demostrado por completo falsas y tienen todas las características propias de las leyendas urbanas). O cómo El horror de Dunwich de Lovecraft se parece demasiado a algunos relatos que se pueden encontrar en los libros sobre ovnis. De hecho cuando lo estaba leyendo no hace mucho tiempo (como resultado de que me regalasen el volumen segundo de la ficción completa de Valdemar) no paraba de pensar en muchos detalles del relato, y eso me hizo enfocar la relectura de los cuentos de Lovecraft de otra manera. Como digo las similitudes son demasiado grandes.

Por eso me inquieta como mucha gente inteligente, racional y sensata que es lectora habitual de literatura de género tiene un nivel de credulidad alta con todos esos temas paranormales y pseudocientíficos. Y digo mucho, porque dentro del fandom hay mucha gente metida en ese armario.


Ted Chiang ha ganado un Nébula

Abril 27, 2008

He leído en Stardust que Ted Chiang ha ganado el Nébula al mejor relato largo, con un cuento titulado “The Merchant and the Alchemist´s Gate”. Consultando la sinopsis tiene buena pinta, y me temo que será una vez más un relato sobre el determinismo, como es habitual en él, y parece que la ambientación es buena. Y siendo de Chiang es bueno seguro. Lo malo es que no lo leeremos traducido al castellano, me temo. Con la ausencia total de revistas y que el relato es corto como para ocupar el sólo un volumen está claro que no podremos disfrutar de él. Así que sólo nos queda confiar en alguna editorial del otro lado del océano que tenga distribución por aquí, o comprarlo en versión original (que será lo que habrá que hacer). Ojalá me equivoque.

Por otro lado es inquietante cómo a nadie se le ocurre a invitar a España para algún acto literario o comercial a esos dos monstruos que son Greg Egan y Ted Chiang, a día de hoy los que me parecen los dos mejores autores de ciencia ficción, sin duda alguna. En fin, hermanos y hermanas de la minoría de amantes de la ciencia ficción rompecocos, tenemos que resignarnos ante la gran mayoría de lectores de culebrones de fantasía que se pasan libros anunciando la aparición de dragones que luego no aparecen…


Literatura de ideas

Abril 9, 2008

Últimamente hablo poco sobre ciencia ficción, y es bastante posible que cada vez lo haga menos. Pero no es el momento ahora de explicar por qué, y tampoco tiene que ver una falta de interés por el género (aunque sí que tengo un punto de vista mucho más crítico respecto a él), ni muchos. Pero si quiero comentar un tema del que siempre me entran ganas de hablar leyendo blogs y revistas en red. Para ello propuse la encuesta sobre la mejor novela de Lem, y en un principio pensaba poner una entrada extensa. Sin embargo, estos días estoy bastante liado y no tengo ni el tiempo suficiente ni la mínima concentración para hacerlo. Así que este texto no será todo lo extenso que en un primer momento pretendía.

Muchas veces se plantea una confrontación entre dos formas de ver la literatura fantástica, una que se centra más en las ideas, y otra en los aspectos formales. No deja de ser una discusión artificial, pero que lamentablemente se reproduce más veces de lo que sería necesario al hablar de ciertos autores. Está claro que una buena historia ha de mantener un equilibrio entre fondo y forma. No lo está tanto cuál debe ser ese fondo y la verdad estoy cansado de ver argumento de autoridad sobre ello que me parecen irrelevantes. Así que no es mi intención tomar partido en esta cuestión.

Lo que quiero exponer es que me parece que al final es muy difícil plantearse esa discusión, y que los criterios de demarcación de una crítica objetiva y los criterios emocionales, o de gustos, es muy difusa. Por eso me pareció que un buen ejemplo es del Stanislaw Lem. Es un autor reconocido por la crítica con lo que no está bajo la lente de la duda de falta de calidad que injusta y sistemáticamente se puesto sobre otros autores como Asimov. Además, una muestra de su buen hacer literario está en la diversidad de estilos de sus obras, pasando del texto aburrido al tremendamente divertido, a veces en la misma novela, y siempre con una imaginación desbordante.

Si uno se dejase llevar por criterios más o menos objetivos, que tengan en cuenta tanto fondo como forma , sin duda su novela más completa sería Fiasco. Es un resumen de toda su obra, una especie de testamento literario dentro de la ciencia ficción, genero que abandonó definitivamente tras escribir esta novela. También es pura literatura de ideas, al más clásico estilo de la ciencia ficción, y todo un tratado filosófico y científico, en la medida que una novela pueda serlo. Pero en general, o al menos eso percibo en la mayor parte de la gente, les gusta mucho más Solaris.

Es posible que este sesgo tenga que ver con el hecho de que es más conocida y que ha tenido dos adaptaciones cinematográficas, y por lo tanto mucho más ha leído Solaris que Fiasco. Pero también podemos preguntarnos por qué una y no la otra es la novela emblemática de Lem. Y aunque sólo la he leído una vez, hace ya tiempo, creo que Solaris tiene más puntos débiles. Formalmente, en la medida en que mis capacidades de análisis como lector me lo permiten, no está tan bien estructurada. Además es muy desigual y no existe un coherencia en el estilo, a veces es entretenida y la trama es absorbente, otras veces pesada y anticlimática. Es lógico que así sea teniendo en cuenta el modo en que Lem la escribió, como reconoció en alguna entrevista. Pero al final, tiene algo.

Se trata de uno de los ejemplos más claros de lo que algunos han llamado el sentido de la maravilla. Si tuviésemos que basarnos en supuestos criterios objetivos tendríamos que reconocer que no es la mejor novela de Lem, y sin embargo no tengo duda alguna de muchos de quienes abogan por su empleo la elegirían frente a Fiasco. Tendremos que reconocer entonces que esa parte emocional en una novela es esencial, más allá de los estilos, referencias culturales o las ideas introducidas por el autor. Y que lo más importante es precisamente, y ya sé que es una perogrullada decirlo, es que el libro produzca una emoción de ese tipo al leerlo. De hecho, la novela que más me gusta de Lem, teniendo en cuenta criterios emocionales, no es ninguna de las dos citadas, es La investigación.

Ahora bien, no todos los lectores conectan con los mismos temas, con las mismas ideas. Y hay quien puede verse embriagado por un sentido de la maravilla al encontrarse con un dilema metafísico, pero también hay quienes piensan que la novela de Lem es un truño y que la ciencia ficción de pesas y medidas es la más potente, o que se emocionan con una historia que habla sobre los sentimientos y la esencia de lo que es ser humano. Las respuestas a la encuesta que he planteado son bastante diversas a pesar de no ser muchas. Y representan bastante bien esa diversidad en los lectores.

¿Entonces por qué algunos autores conectan tan bien con los lectores?. Dejando de lado aquellos que explotan los impulsos onanistas y cierto tipo de tramas repetitivas (desgraciadamente abundantes en la fantasía), parece que hay algunos que sí saben conectar con un número muy grande de lectores. Qué sorpresa produce entonces leer que son autores mediocres, malos, etc. No dudo que se exponen buenas razones para hacerlo, pero como digo mi tesis es que al final todo es cuestión de corazón y no de razón a la hora de conectar con las historias. Así que algo tendrán esos autores que saben conectar con el lector. Y ojo que desde el principio no hablo de la confrontación de fondo y forma, sino que una vez admitida la componente del fondo, de las ideas, discuto qué han de tener esas ideas, o cómo ha de ser la forma de presentarlas. Es decir, me parece injusto que se niegue la capacidad de ciertos autores de introducir esas ideas y producir la conexión emocional.

Y por supuesto hablo siempre en términos estadísticos, y siempre hay diversidad entre los lectores. Lo que quiero plantear es que el que se trate injustamente a autores como Asimov me parece en base a criterios subjetivos. Porque una cosa es que tal vez, en este ejemplo concreto, no sea un autor completo a la hora de conciliar fondo y forma, pero otra muy distinta que a la hora de construir el fondo sea malo o mediocre, porque sí es capaz de crear sentido de maravilla. Del mismo modo, Lem, que sí concilia lo formal con lo conceptual, no conecta del mismo modo en novelas que más o menos tienen una temática en común. Y sí una de sus novelas sí parece conectar mejor con la mayoría de los lectores de ciencia ficción ha de ser por algo.

Por lo tanto soy escéptico con respecto a los argumentos de autoridad en lo que se refiere a la interpretación del fondo en la ciencia ficción. Lamentablemente la profundidad conceptual de una obra no puede cuantificarse del mismo modo que las calorías que están presentes en un filete de ternera, o la velocidad de un coche por una autopista. Pero mucho menos esa capacidad de conectar con el lector a través de la especulación, de la duda o del sentimiento. Porque generalmente la literatura fantástica genera unas emociones diferentes a las que suelen asociarse con otros géneros, y a la vez comparte otras con toda la literatura en general. Otra cosa diferente es que sí puedan establecerse criterios más objetivos a la hora de analizar los aspectos formales de una obra, considerar el contexto cultural en que ha sido creada, y todas esas cosas que se suelen hacer desde la crítica. Cosas que han de tenerse muy en cuenta.

Pues si bien esto es una crítica a la crítica, también lo es a esas afirmaciones simplonas y superfluas que perdonan, esta vez sí, la mediocridad de ciertas obras de ciencia ficción con la excusa de que es literatura de ideas. Estoy pensando precisamente en esos prólogos de los últimos años de la colección de Miquel Barceló en donde defiende libros bastante malos con la excusa de que se trata de literatura de ideas. Pues no, de eso nada. Para que la ciencia ficción sea buena ha de conectar con el lector, esas ideas no son nada más que cháchara (y no voy a poner ahora ejemplos de autores de ciencia ficción hard y soft) si no conectan con el lector. Y claro, dominar ciertas técnicas y conocimiento de la forma de narrar, incluido en el aspecto académico, ayuda. No puedo admitir que la simple exposición de bichos raros o reflexiones sobre lo irreal del mundo, por decir algo, sea literatura de ideas. Para que lo sea ha de conectar con el lector. Pero esto es algo subjetivo, y cuando un buen número de personas lo hace con ciertos autores ha de ser por algo.

Como autocrítica también he de reconocer que soy bastante escéptico con respecto a las disciplinas que intentan establecer criterios científicos en cosas como el arte. Mi formación como físico, y mis posteriores lecturas sobre filosofía de la ciencias, me hacen ser muy escéptico con el rigor metodológico de las ciencias no experimentales o formales, incluso con las metodologías que se emplean en algunas. Y no tengo complejos de déficit cultural como para asimilar ciertos puntos de vista que muchas veces puedo compartir, pero no defender con criterios de objetividad científica. Y es que esa objetividad científica es más que dudosa, yo creo en ella pero en todos los casos puede defenderse con rigor que exista. Porque si en física y matemáticas las discusiones ideológicas son importantes, a veces en temas asociados a las aplicaciones y sobre teorías cuyas leyes cuantitativas se han demostrado por activa y por pasiva, qué podemos decir de otros campos.

Pero tampoco, y para terminar, puedo defender a aquellos que no tienen en cuenta esos aspectos que la crítica hace notar, o los intentos de dotar de mayor rigor al análisis de los textos literarios. Como digo esa doctrina Barceló me parece que hace mucho daño a la literatura de ciencia ficción, porque impide que exista un análisis más profundo en términos de crítica literaria. También es necesario un análisis en términos más generales. Pero ese es un asunto muy diferente al que he tratado aquí, la importancia de los factores subjetivos a la hora de analizar la calidad del fondo en la literatura de ciencia ficción. Y aunque esta entrada parezca larga, se trata de una versión reducida de la que me gustaría hacer. Otra vez será.


Pequeña encuesta

Abril 3, 2008

He pensado hacer una pequeña encuesta. Y prefiero que a pesar de no resultar una estadística muy precisa porque no creo que haya un gran número de respuestas, prefiero que sea a partir de los comentarios. La pregunta es la siguiente: ¿Cuál es la mejor novela de Stanislaw Lem, Solaris o Fiasco?.

Si fuese por preferencias personales quizá dijese que su mejor novela no es ninguna de estas, pero siendo objetivo la cosa está entre estas dos, y puesto a hacer un juicio literario me quedaría con la segunda, y sobre la sensación de asombro que crea en el lector la primera. Si queréis defender que la mejor novela de Lem es otra, podéis hacerlo.