Archivos de la categoría ‘Ciencia Ficción’

Reflexiones sobre gnosticismo y ciencia ficción

mayo 13, 2013

Hace unos años di una charla en la AsturCon sobre gnosticismo y ciencia ficción, y recordando los autores incluidos en la lista como relevantes en lo que al tema se refiere, creo que hacerlo hoy mantendría más o menos los mismos, aunque daría más importancia a algunos de ellos. Y al hacerlo profundizaría en los autores de cómic fantástico, pues quizá sean los autores más interesantes, ya que la impronta gnóstica en la ciencia ficción es mucho mayor que la introducción de una duda sobre la naturaleza de la realidad de Phillip K. Dick o algunos dioses sacados de los cuentos de Lovecraft. Pero creo que al plantear ahora unas reflexiones sobre esta temática, y cuando hay bastante literatura sobre el tema, lo más importante me parece que no es explicar dónde aparece lo gnóstico en el género de la ciencia ficción, sino en resaltar en qué aspectos de ello se hace más énfasis.

VALISTomando como referente a Dick podríamos ver que en su obra se repite la duda sobre la naturaleza de la realidad, pero esta se presenta a través de dos aspectos diferentes. Por un lado una ontología fenomenista en la cual se adopta una concepción idealista de la realidad, donde lo material es un mera hipóstasis de la información que procesa la mente, que diría Dick. Por otro lado la persistente presencia de una entidad demiúrgica que controla la realidad y de aviesas intenciones, o relacionado con ella, la aparición de algún elemento que trata de imitar lo humano pero en realidad no lo es, como el androide. De estas dos siempre se ha hecho mucho mayor énfasis en la crítica sobre la primera de ellas, relegando, equivocadamente según mi percepción, a la segunda. Así se habla mucho de lo que tienen que ver las realidades virtuales del cyberpunk con el imaginario gnóstico, pero poco sobre los demiurgos, a pesar de que en el zeitgeist estos son los que son casi onmipresentes no ya en la obra de ficción, sino también en el imaginario de lo paranormal.

Al hilo de esto último, también es interesante como a la hora de hablar del rechazo de la carne, de lo material, también se haga mucho énfasis en la variante informática, la de la realidad virtual al estilo de Gibson, pero menos sobre la modificación de ésta para alcanzar en cierto modo su trascendencia. Existe un buen número de obras de ciencia ficción transhumanista o postsingularista en las que se plantea una trascendencia de la carne humana no mediante la creación de un mundo de información solipsista, sino mediante una modificación del cuerpo y la naturaleza para adaptarse al ambiente cambiante de un universo en evolución. Y aquí llego al meollo del asunto, pues esta visión de la trascendencia del ser humano al estilo de Bernal o Dyson plantea claramente una concepción materialista de los conceptos gnósticos que se manifiestan en la ciencia ficción. Frente a ella se encuentra la concepción idealista de realidades artificiales repletas de entidades daimónicas virtuales.

Por lo tanto creo que cuando por parte de los estudiosos se opta por una u otra parte del pensamiento gnóstico, y en concreto por las que he comentado, en realidad no están más que aplicando un sesgo idealista en su análisis, considerando únicamente un análisis parcial de la importancia que tiene lo gnóstico en la génesis y evolución de los conceptos en la ciencia ficción. Y este sesgo se acompaña de otro que me parece más determinante aún, el que adopta una visión del gnosticismo que podríamos denominar elitista, más próxima a la filosofía hermética que al gnosticismo primigenio. Pero la precisamente la ciencia ficción moderna tiene un origen en la cultura popular, no puede entenderse la primera sin la segunda, y esto es más claro en la ciencia ficción posmoderna.

Es por eso que me resulta paradójico y decepcionante que los teóricos posmodernos del género, a pesar de organizar su discurso en muchas ocasiones de lo cultista y lo popular, y de que realizan interesantes análisis de la cultura popular y los géneros, sin embargo caigan en este sesgo que podríamos denominar idealista-elitista. Y no en tanto ellos adopten posturas idealistas-elitistas, sino porque se fijan en aspectos del gnosticismo en la ciencia ficción que les alejan del meollo del asunto, tal como lo veo yo. Por eso, si ahora volviese a dar una charla sobre gnosticismo y ciencia ficción me centraría más en esa parte materialista-popular pues es de la que menos se habla, y además, la más interesante.

Selección natural cosmológica, un concepto entre la física y la ciencia ficción

mayo 7, 2013

Una cuestión que se plantea cuando se filosofa sobre la moderna cosmología es la cuestión del ajuste fino, es decir, cómo aparentemente los valores de diferentes parámetros que aparecen en las teorías y modelos de la física son tales que facilitan el desarrollo de la vida en el universo. Personalmente creo que es un falso problema, en el sentido de que aún nos falta un conocimiento general de la síntesis entre la física y la biología, y su conexión con el contexto cosmológico. Pero en la literatura pueden encontrarse diferentes soluciones, más o menos satisfactorias, y más o menos atractivas.

Si se quieren evitar los argumentos del diseño o los principios teleológicos imprecisos, hay que plantear alternativas que permitan explicar los valores de los parámetros analizados. Un de las más interesantes es la selección natural cosmológica de Lee Smolin. Según este físico teórico, y basándose en algunas propiedades de las soluciones de ecuaciones de campo de la gravitación que describen los agujeros negros, cada proceso de colapso que da lugar a la formación de uno de estos objetos potencialmente puede inducir la formación de un nuevo universo. Así, el proceso de colapso podría dar lugar a una fase de crecimiento inflacionario en un nuevo universo hijo, siendo este mecanismo una especie de forma de reproducción.

Pues bien, según Smolin en este proceso de formación de nuevos universos pueden haber pequeñas fluctuaciones en los valores de las constantes físicas, y por tanto pueden surgir físicas ligeramente diferentes. Smolin sugiere que esto puede considerarse como un análogo de las mutaciones aleatorias en biología, y que entre los diferentes universos podría considerarse un proceso análogo a la selección natural. En este caso vendría dada en base a que los universos que produzcan más agujeros negros, tendrán un mayor número de descendientes, y por tanto más exitosos evolutivamente. Pero aquí es donde Smolin va más allá y considera que como una consecuencia derivada de la física necesaria para la formación de los agujeros negros surgen las condiciones que hacen posible la vida en nuestro universo.

Esta última parte es la que me parece más débil en el argumento de Smolin, y diversos autores la han criticado en este punto. La idea de selección puede ser correcta, y de hecho es una de las propuestas metafisicas más interesantes para plantear un escenario de universo sin principio y con una explicación inmanentista de la creación. Pero eso no implica que la habitabilidad del universo sea un resultado necesario y evidente de este proceso de evolución. En cualquier caso Smolin argumenta en detalle su propuesta, y presenta una serie de predicciones que según él pueden falsar su escenario.

Como dato curioso, y ya casi en el ámbito de la ciencia ficción, comentar que hay autores que han propuesto que en la selección natural de universos podría haber una contribución no estrictamente natural, pues podría imaginarse la intervención de civilizaciones avanzadas en otro universo que se dedicasen a crear, quién sabe si por diversión o por error, que diría Lovecraft, universos capaces de albergar seres vivos. Por no hablar de las ideas más especulativas de ese Punset anglosajón llamado James Gardner.

Se da el caso además de que dos científicos de la universidad de Oxford han publicado un artículo donde hacen lo que sin duda parece evidente si uno se toma en serio el escenario de Smolin, aplicar técnicas y métodos que surjan o puedan aplicarse en el estudio de la evolución de los seres vivos. No sé hasta qué punto la formalización matemática de la evolución que plantean los autores es válida o no, pero parece claro que ellos consideran que gracias a ella puede establecerse la analogía entre la selección darwiniana y la de universos, a pesar de importantes diferencias entre ambos casos, como por ejemplo la no introducción de la muerte (aunque sobre esto podría hablarse largo y tendido) o la competición de recursos en el caso de la selección cosmológica.

La selección natural cosmológica es otra propuesta especulativa más de más allá del escenario del Big Bang estándar, como pueden ser la inflación eterna, o la cosmología cíclica conforme de Penrose, que tratan cuestiones de alcance extrapolando nuestro conocimiento actual de la física. A mí me parece interesante, pero realmente he decir que me parece que está más en el ámbito de la ciencia ficción que de la propia ciencia, aunque también creo que la segunda debería de dejarse inspirar por la primera mucho más de lo que lo hace actualmente.

Dédalo e Ícaro: el futuro de la ciencia (John B.S. Haldane y Bertrand Russell)

abril 22, 2013

Dedalo

Un subgénero bastante interesante de la ciencia ficción es el transhumanista, que trata sobre las modificaciones tecnológicas a las que es posible que el ser humano se someta en el futuro y cuáles serán las consecuencias de éstas, en diversos ámbitos que abarcan desde lo social a lo puramente filosófico. Y es que al modificar su propia naturaleza el ser humano bien puede ocurrir que deje de serlo y pase a ser otra cosa, que no sabemos muy bien cuál podría ser, de ahí que estemos ante un tema muy apropiado para la ciencia ficción.

Ahondando en sus orígenes nos encontramos con diversos autores, tanto en el ámbito literario como el científico, y en este último destacan John D. Bernal y J.B.S. Haldane, quienes en unas cuantas conferencias y ensayos breves expusieron un panorama del futuro no ya de la humanidad, sino de la vida en el cosmos, en el que se combinan el transhumanismo y la escatología con bases más o menos científicas. Y si hay que buscar un primer texto por parte de estos autores, sin duda es uno de los dos que componen este volumen que en su momento la editorial KRK tuvo la feliz idea de editar: Dédalo o la ciencia y el futuro, de Haldane.

En él, el genetista británico, pocos años después de la Primera Guerra Mundial, planteaba una serie de reflexiones sobre el impacto de la ciencia en la sociedad y como ésta podría emplearse para mejorar la condición humana. Aunque en general el tono de Haldane es agridulce, y la propia elección de un personaje trágico como Dédalo para emplearlo como arquetipo para el científico moderno, puede decirse que en el fondo es optimista.

En parte por deformación profesional, y en parte porque es lo más coherente con la temática que en él trata, Haldane da mucha importancia a las cuestiones biológicas, incluso entrando en temas delicados como el cultivo de fetos fuera del vientre materno o la eugenesia. Pero lo que a mí me sigue fascinando estéticamente es su predicción de que con la tecnología el ser humano cambiaría el color de los océanos. Y la imagen de unos océanos de un fuerte color purpura es muy sugerente, y algo inquietante.

En respuesta a este texto, otro de los grandes pensadores de este siglo, Bertrand Russell articuló una respuesta crítica a las propuestas de Haldane. Mucho más escéptico con el papel de los científicos en la sociedad, y con todo lo que respecta al ser humano en general redactó una respuesta cuyo propio título ya es una muestra de su contenido: Ícaro o el futuro de la ciencia. Ya no estamos ante al héroe trágico, sino directamente ante su hijo quien pereció por acercarse demasiado al Sol. La postura de Russell se resume en una afirmación, ya en el final de su ensayo:

La ciencia no ha dado al hombre más autocontrol, más bondad, o más capacidad de prescindir de sus pasiones cuando decide el sentido de su acción.

Los avances científicos no harían más que aumentar el poder destrucción del ser humano o las desigualdades e injusticias entre los hombres, y la historia del resto del siglo XX no ha hecho sino darle la razón a Russell. Quien de todas maneras no es hostil a la ciencia en sí misma, sino todo lo contrario, pero sus reflexiones parten de tener en cuenta el contexto social y político de entonces, además de la propia naturaleza humana.

Aunque Haldane no respondió a Russell, sí que puede intuirse una respuesta en otro ensayo breve visionario, pero esta vez de John Bernal, quién si llegó a plantearse la necesidad de una modificación de la naturaleza humana mucho más radical que la planteada en un principio por Haldane, y que se puede considerarse como una auténtica exposición de filosofía transhumanista. La obra de Bernal influyó a científicos como Freeman Dyson, y es un referente para muchos autores de ciencia ficción, por ejemplo, sin ir más lejos, Juan Miguel Aquilera.

A pesar de los errores en las predicciones de estos dos grandes pensadores, y de que son dos textos breves, aún conservan su frescura y son textos de una gran entidad literaria. Y si cabe aquello en lo que se alejan de lo que realmente fue el devenir de la historia incita más si cabe la reflexión del lector.

Este año 2013 se cumplen exactamente noventa años de la conferencia de Haldane, y esto es una magnífica excusa para adquirir este clásico de la literatura futurista en cualquiera de las diversas ferias del libro que se celebran estos días.

Nanotrajes para sobrevivir en el vacío del espacio

abril 17, 2013

Curiosas sorpresas nos depara a veces el eterno baile de los átomos y el vacío. Mi última entrada trata sobre el transhumanismo, y algunas de las que tengo pendientes de asuntos relacionados, y precisamente hoy me he encontrado con una noticia estrechamente relacionada con esta fascinante temática. Esta es, una investigación que, entre otras cosas, sugiere procedimientos que en un futuro podrían utilizarse para conseguir que los organismos vivos puedan sobrevivir a condiciones como las del vacío espacial. Ciertamente las moscas son animales modestos, pero no deja de ser un primer paso. Además de ser una muestra del sentido de la maravilla que tiene la ciencia.

Recuerdo que la primera vez que leí el ensayo de Freeman Dyson El mundo, el demonio y la carne (lo podéis encontrar en El científico rebelde) pensaba que eso de adaptar a los organismos vivos para vivir en el espacio, o fabricar trajes que no fueran como los de los astronautas del transbordador espacial era más ciencia ficción, que prospectiva científica. Afortunadamente, a veces uno se sorprende para bien. Sobre todo cuando la ciencia y las especulaciones de la ciencia ficción van de la mano. Aunque en estos momentos la exploración del espacio parece un sueño, casi inalcanzable, al menos nos quedan como consuelo este tipo de noticias.

Aunque quizá debamos tener en cuenta también esa ambiciosa propuesta de colonización de Marte, con grandes hermanos de la exploración espacial de por medio, y que cuenta con padrinos como el Nobel de Física Gerard ‘t Hooft, pero eso es otro historia.

El transhumanismo en la obra de Stanislaw Lem

abril 15, 2013

GOLEM_XIVSi se pregunta por el nombre de algún autor de ciencia ficción transhumanista es posible que aparezcan nombres como los de Greg Egan o John C.  Wright, pero seguramente el de Stansilaw Lem no aparecería como el primero de la lista. Y sin embargo que el ser humano está condenado a transcenderse a sí mismo como resultado de la aplicación de la tecnología es una reflexión que aparece a lo largo de su obra, no como el elemento principal, pero desde luego es mucho más que una mera anotación al margen en ella.

Esto se asocia con uno de los temas capitales en su obra, el del contacto con entidades extraterrestres, o más bien la explicación de por qué este en la práctica parece ser casi un imposible metafísico. Bien sea a través de algunas reflexiones presentes en sus obras satíricas de robot, o en sus novelas que específicamente tratan del tema, vemos que una de las respuestas de Lem ante la ausencia de contacto, la paradoja de Fermi, es el hecho de que necesariamente los extraterrestres habrán de ser seres muy diferentes a nosotros.

Pero Lem también plantea la posibilidad de que realmente los nichos noéticos más extendidos, aquellos lugares en donde el cosmos favorece la aparición y desarrollo de la inteligencia, no tienen que se necesariamente los planetas poblados por mamíferos reptiles o bichos del espacio exterior varios.  Evidentemente el ejemplo más claro de esta concepción de Lem es su obra más representativa: Solaris. Y no es difícil encontrar una conexión entre  esta entidad y la trascendencia de la vida biológica que encontramos en otros autores que sí tratan más explícitamente la evolución transhumana, y se me vienen a la cabezas las entidades que aparecen en el universo de Neverness de David Zindell.

Por otro lado, la explicación del Gran Silencia que Lem articula en uno de los ensayos de Vacío Perfecto se basa en la aceptación de que la evolución de la inteligencia implica una faceta no biológica que da lugar al desarrollo de civilizaciones que cambian la propia naturaleza física de nuestro universo.

Pero si hay una obra donde este tema se trata de forma más explícita, sin duda es Golem XIV, que podemos disfrutar ahora en una edición de Impedimenta. Y aunque Lem aclaraba que no todas las opiniones vertidas han de tener una correspondencia con las suyas, lo cierto es que son bastante representativas de lo que podemos encontrar en el resto de su obra sobre estas cuestiones. Y es que en este texto apócrifo,  las dos conferencias del gran superordenador que da título a la obra no son sino reflexiones sobre la evolución, en un sentido amplio, pues trata la puramente biológica como aquellas asociada con la Inteligencia (con mayúsculas) más próxima a la máquina que a lo biológico.

Así con la mala leche que es habitual en el maestro polaco, y con la libertada creativa que le da el presentar las opiniones de una más que misántropica inteligencia mecánica, asistimos a un demoledor y certero análisis del proceso de evolución biológica y el no precisamente protagonista papel de humanidad en ella. Lo interesante es la conclusión general de GOLEM quien considera que el único futuro digno para la humanidad es alcanzar la condición transhumana transcendiendo el proceso evolutivo mediante el concurso de la ingeniería biológica, entre otras tecnologías.

Y en la segunda conferencia de GOLEM, que trata sobre sí mismo, llegamos al paroxismo de la especulación, pues aquí es donde afronta la cuestión de la evolución de la Inteligencia fuera del soporte físico, o los problemas que esta plantea. Quizá el universo no este lleno de civilizaciones biológicas o de sus meros equivalentes mecánicos, sino por otro tipo de entidades mucho más ajenas a la naturaleza humana. Por momentos el lector no puede más que sentir un mareo en ese relato sobre cómo las superinteligencias transforman su soporte físico en una especie de estrella de neutrones consciente, que deviene necesariamente en un agujero negro, un fin inevitable donde el proceso de alcanzar la singularidad, tal y como se concibe este concepto actualmente (originario de Stansilaw Ulam y John von Neumann y  popularizado por el escritor de ciencia ficción Vernon Vinge). Pero no como metáfora, porque el alcanzar la singularidad es el destino que GOLEM considera el único posible para estas superinteligencias sobre las que especula.

Una de las cumbres especulativas y literarias de Lem, quien una vez más nos muestra cuál debería de ser el camino de la ciencia ficción, y en cierto modo muchos autores se han alejado de la estela de aquella ciencia ficción que tanto denostaba Lem en su momento para discurrir por sendas narrativas y especulativas mucho más apasionantes.

Mundos en el abismo (Juan Miguel Aguilera y Javier Redal)

marzo 26, 2013

mundosabismojpgAhora que Bibliópolis ha reeditado esta novela, todo un clásico de la ciencia ficción, es un buen momento para hablar sobre ella. No es exagerado decir que estamos ante de una de las mejores obras de todos los tiempos de la ciencia ficción española, y ni siquiera afirmar que es una de las mejores de la ciencia ficción mundial de los últimos veinticinco años.  Además ha dado lugar a la creación de un universo propio, desarrollado no sólo por Aguilera y Redal sino también por otros autores.  Ciertos aspectos de la física presente en el ciclo completo de Akasa-Puspa ya la analizado en el ensayo de la obra colectiva citada, así que aquí me centraré en los aspectos narrativos o temáticos de esta novela, aunque mucho (y bueno) podría decirse sobre la física que hay presente en Mundos en el abismo.

Para un lector que no conozca la obra, las afirmaciones con que he comenzado esta reseña pueden parecer exageradas, pero no lo son cuando se analiza la obra en su contexto histórico. En 1988 una novela como esta sin duda supuso una revolución en el panorama de la ciencia ficción española, pues hasta ese momento no se había escrito nada igual, capaz de alcanzar el nivel de las grandes obras de la ciencia ficción anglosajona de entonces. Con el añadido de que a pesar de que los autores se inspiraron parcialmente en esta última (especialmente en Larry Niven y Jerry Pournelle), tiene una voz propia con algunas de las características específicas de la ciencia ficción española tal y como la han caracterizado algunos académicos como Fernando Ángel Moreno. Pero no es sólo una buena novela para los estándares de entonces, sino que continúa siendo una historia que puede atrapar con la misma fuerza a los lectores de las nuevas generaciones. Y es que el estilo de Aguilera y Redal es muy potente, y son capaces de crear una auténtica sensación del sentido de la maravilla, a la vez que el lector se ve inmerso en una aventura fascinante y trepidante desde las primeras páginas hasta el final.

Pero Mundos en el abismo es más que eso. Realmente sí que es una obra destacable en el panorama internacional de la ciencia ficción porque en ella se encuentran presentes elementos muy propios de la ciencia ficción del siglo XXI, sobre todo en los autores británicos. Y es que Aguilera y Redal son capaces de efectuar una combinación del space opera aventurero con los elementos hard. Pero además de esta innovación narrativa, que aunque es cierto que no era del todo novedosa sí que lo fue la forma en que Aguilera y Redal lo hicieron, también tenemos uno de los mejores ejemplos de ciencia ficción transhumanista. A este respecto el lector ha de tener en cuenta que los autores beben de las fuentes originales, y desde luego podemos encontrar el rastro de las obras de John Bernal y Freeman Dyson sobre el tema, con el aliciente de que llevan a las últimas consecuencias algunas de las reflexiones de estos autores.

Estamos por lo tanto ante una obra en la que se establece claramente una fusión de géneros y temáticas, pero que sin embargo no se adscribe por completo a la ciencia ficción posmoderna de la primera década del siglo XXI. Y es que esta obra es, a pesar de todo, una heredera del modernismo y la ilustración, pues en el fondo nos encontramos con una novela sobre viajes de exploración y descubrimiento, de encuentros con otras razas y culturas. Si bien aquí es difícil distinguir qué parte de la historia procede de Aguilera y cuál de Redal, la obra del primero continúo en torno a la temática del viaje de descubrimiento, y esto también está presente aquí.

Y esto me lleva a hablar de la componente hard de la novela, el fundamento científico de la obra, que a día de hoy y en su conjunto me parece que es el mejor ensamblado con que me haya encontrado nunca en una obra de ciencia ficción (quizá sólo Greg Egan sea capaz de algo similar). Y es que hay buena física, mejor según creo que yo en otras obras más famosas, una biología consistente, y ambas se combinan para dar sustento a elementos de la trama, en un entralazamiento, una maraña de conceptos imprensionante. No sólo eso, sino que la obra también tiene una base histórica (a ver quién no piensa en el Imperio Carolingio, por ejemplo), antropológica y religiosa muy sólida, que a su vez no puede separarse de la física y la biología.  Aquí, y en aspectos de ambientación nos encontramos con algunos de los aciertos de la novela. Por ejemplo, el hecho de intentar combinar viajes a velocidades inferiores a las de la luz e imperios espaciales se asocia con el entorno donde acontece la historia. La propia historia de Akasa-Puspa se relaciona con los aspectos de colonización espacial y transhumanismo, pero también de una serie de dinámicas históricas y sociales que se asocian con ella. En la ambientación induhista hay pequeñas perlas que complementan la perspectiva de todo el conjunto, etc.

Pero que no se equivoque el potencial lector, a pesar de que hay una abrumadora inclusión de ideas y conceptos, la historia se sigue con gran facilidad. Los conceptos científicos están claramente explicados y de forma dinámica en la historia, con diálogos claros e interesantes, y no sólo no restan a los aspectos formales sino todo lo contrario. Una de las cosas que más impresionó en mi primera lectura de la novela es cómo la inclusión de tecnología de viaje espacial verosímil consigue introducir un dramatismo en los combates espaciales que pone los pelos de punta, y es que los veleros solares dan para mucho más que las naves espectaculares (que también las hay) en manos de dos grandes narradores.

Poco más quiero añadir, porque no quiero aburrir al lector de esta reseña con una sucesión de elogios. Y también porque no puedo hacer lo que me gustaría, que es comentar algunos aspectos particulares de la trama, y es que es mejor que descubráis por vosotros mismos las sorpresas que depara la lectura de Mundos en el abismo. Como he comentado, a esta novela le siguieron otras historias ambientadas en el mismo universo. Como la continuación Hijos de la eternidad que si bien es una novela magnífica quizá es un poco inferior en el ritmo, o la escrita en solitario por Aguilera, Mundos y demonios que aporta nuevas dimensiones a la historia y que podría ser el germen de futuras continuaciones.

En resumen, que estamos ante uno de esos casos en los que la calificación de obra maestra no es para nada accesoria, y todo el texto de esta reseña puede resumirse con una única palabra: imprescindible.

Más allá del legado de Einstein y la ciencia ficción

marzo 14, 2013

Recordando esta semana la fecha de nacimiento de Einstein, no he podido evitar pensar una vez más en algo que me ronda la cabeza hace tiempo. Siempre se ha hecho notar la importancia de Albert Einstein como icono del científico, y creo que en lo que se refiere a sus contribuciones a la ciencia no son exageradas. De hecho el 2005 se declaró el Año Mundial de la Física para conmemorar cinco publicaciones de Einstein que cambiaron radicalmente esta disciplina. Y precisamente ese año escribí un artículo para la revista Galaxia (que finalmente apareció en el número 15 de esta revista) teniendo en cuenta tal conmemoración como hilo partida para hablar de cómo las contribuciones a la ciencia de este científico genial fueron claves para el desarrollo de la moderna ciencia ficción.

Han pasado ocho años ya, y no puedo evitar reflexionar sobre cuánto ha cambiado mi perspectiva del tema, o cómo han cambiado mi estilo de escritura y mis preferencias. Eso sí, sigo pensando más o menos lo mismo en lo que respecta a las ampliaciones que haría que lo que comenté en una entrada de hace un par de años. Pero al pensar de nuevo en ello, me he dado cuenta de que si algo no ha cambiado ha sido precisamente mi admiración por Einstein, y mi convencimiento de que fue el físico más grande del siglo XX. Y el hecho de que cien años después uno se plantee hablar en el blog de temas fascinantes como el de los agujeros negros acústicos, y los análogos de sistemas gravitatorios en general, creo que demuestra que el legado de Einstein es más fuerte ahora incluso que hace unas décadas. Además seguramente estas líneas de investigación le habrían encantado, pues era muy aficionado a los argumentos heurísticos.

Seguramente alguien tan trascendente como Einstein merecería un tratamiento más detallado y sentido en lo que respecta a su contribución al espíritu de la ciencia ficción del que le dí entonces, y tal vez en un futuro lo haga. De momento, sirvan estas reflexiones personales como una muestra de mi admiración por este personaje, y espero que sirvan para incitar a la lectura de las obras de Einstein (que las hay accesibles a un público amplio) a los lectores de este blog. Y para dejar constancia, y comprobar que dentro de un año o dos, si este blog sigue activo, volverá a surgir el tema. Seguramente es cosa del eterno retorno, o como diríamos los físicos, ciclos de Poincaré.

Música de cine de ciencia ficción hard

marzo 5, 2013

Si la producción de ciencia ficción hard es extensa en la literatura, ocurre todo lo contrario en el cine. Y si fuésemos puristas habría que contar las producciones con los dedos de una mano, pero yo no lo soy. Así que con un criterio más amplio podemos incluir dentro de esta categoría un selecto grupo de películas, algunas bastante notables, además. Y como sucede con la ciencia ficción, una buena banda sonora es fundamental. Aunque una cosa es la música de fondo para leer ciencia ficción hard y otra distinta la propia de las películas, aquí os dejo cuatro enlaces con fragmentos de buenas bandas sonoras.

En primer lugar, no puede faltar algo relacionado con el gran Stanislaw Lem, y como no podría ser de otro modo, la banda sonora de cualquier de las dos adaptaciones de Solaris habría de estar en esta lista. He optado por la más reciente de las dos, pues ocurre que lo mejor de la película es la banda sonora de Cliff Martínez (aparte de la arrebatadora presencia de Natascha McElhone), y como afortunadamente la obra maestra de Tarkovski tiene más virtudes cinematográficas…

Y si Tarkovski ha sido remakeado no iban a ser menos Kubrick y su 2001, aunque de forma encubierta. En primer lugar, y aunque algún quisquilloso se negará a considerarla hard por cuestiones en las que ningún espectador medio, aún con formación técnica, repararía (otro tema, ay, es de la abundancia de material de fisión, pero bueno habrá que aceptarlo en mor de la suspensión de la incredulidad), en esta lista debe entrar Sunshine de Danny Boyle. Y es que la banda sonora de John Murphy es grandiosa, evocadora y emocionante.

Y cómo no, una de Marte, en la que Brian de Palma intenta copiar a Kubrick, pero se queda a medias. Y sí, esta es completamente hard (bueno la parte de física, la de biología, ejem, je, je, je). En cualquier caso la música de Ennio Morricone hace parecer a la película mejor de lo que es realmente. El maestro Morricone ha trabajado en pocas bandas sonoras de ciencia ficción, pero de gran calidad, y ahí están la banda sonora tanto de Misión a Marte como de La cosa como los mejores ejemplos. Y sí, el tema que os enlazo recuerda un poco al tema principal de esta última, pero es que el maestro Morricone es bueno hasta copiándose a sí mismo.

Seguramente habrá despistados que pensarán que no puede haber ciencia ficción hard española. Así que para terminar, un contraejemplo para refutar este tópico:  Stranded (Naúfragos). La base documental y técnica de la película es magnífica y si bien en la pantalla se nota menos, os recomiendo la novelización del guión de Juan Miguel Aguilera y Eduardo Vaquerizo donde podréis apreciarlo mejor. En cuanto a la banda sonora de Javier Navarrete, aquí os dejo un fragmento, para que con él viajéis por la superficie de nuestro vecino planeta Marte.

Dos caras de la ciencia ficción

marzo 1, 2013

Al hilo de mis últimas entradas sobre la naturaleza del género, surge una cuestión interesante, que no traté entonces. Y es que aparece una dialéctica que está muy presente cuando los aficionados intentan definir lo qué es la ciencia ficción. Pues independientemente de que la denominación del género sea la más adecuada o no, sí que hay presente un componente científico en un sentido amplio en ella. Pero también hemos visto como muchas veces la ciencia ficción se aproxima a lo místico o lo paranormal, sin terminar de abandonar el elemento cientifista del todo, y deviniendo en una temática pseudocientífica. Esto molesta a muchos aficionados que no quieren que se asocie a su género preferido con eso que en algunos ámbitos se denomina magufo (aunque suele ser empleado este término como despectivo, para mí habría que limitarse a emplearlo únicamente como caracterización de una persona que adopta una visión mágica de las cosas, y me parece muy inapropiado el uso que se hace de él, pero eso es otro tema).

Pero siendo sinceros, realmente la ciencia ficción está mucho más cerca de lo paranormal que de lo puramente científico. E incluso, buena parte de la ciencia ficción hard no es realmente científica, sino pseudocientífica, y si alguien quiere un ejemplo claro de lo que quiero decir, no tiene más que leer La nube negra de Fred Hoyle y compararlo luego con su ensayo El universo inteligente, que podría entrar en la lista de Odo de lo que es ensayo pero podría pasar por ciencia ficción (en la mía de esta categoría está en un lugar destacado). Y eso por no hablar de las derivas místicas de un autor tan asociado al hard como Clarke. Lo que yo creo, realmente, es que esta dialéctica que comenta es una manifestación de dos formas de ver el mundo, que se manifiestan cada una a su manera en la literatura de ciencia ficción.

Una, es aquella en la que lo que prima es el significado. Todo tiene un significado, independientemente de que exista una relación causal o no. Si hay un autor que podemos asociar con este tipo de pensamiento en el siglo XX es sin duda Carl Gustav Jung, y en la defensa de sus tesis sobre la sincronicidad (esa búsqueda de significados) se encontró con inesperados aliados como Wolfgang Pauli. Y con un añadido, la confusión de realidad y ficción, un tema muy propio del posmodernismo, pero que para muchos autores es algo más que un juego semántico y tiene una vertiente ontológica. El caso más claro que se me ocurre de autor que tiene este punto de vista es el guionista de cómic Grant Morrison, pero como se trata de hablar de literatura de ciencia ficción, claramente hay que citar un nombre: Phillip K. Dick.

Si se lee la biografía de Carrère o el ensayo de Capanna es fácil percibir que lo que crea orden en el caos de la narrativa de este autor genial es la búsqueda de significados, conexiones, en resumen, patrones. Es con esta base de la que parten muchos exegetas de lo paranormal, y en este sentido recomiendo la lectura de uno de éstos, Jeffrey Kripal, gran admirador de Dick, por lo que parece.

Pero hay otra forma de ver las cosas que es la antagónica de la anterior, y que ciertamente muestra el aspecto más alejado de lo paranormal dentro de la ciencia ficción. Pero no se basa en una búsqueda de más elementos científicos en la narración (eso lo hacía Hoyle), sino en la adopción de una metafísica diferente. Al menos en una gnoseología diferente (y quizá una ontología). Se trata aquella que se centra en el combate contra el antropocentrismo, contra la teleología, contra la búsqueda de significado. Es decir, la concepción científica del mundo, tal como la veo yo, no tanto como una serie de contenidos técnicos sino más bien como una búsqueda crítica de la verdad donde no hay sentido, moral o significado. Pero atención, únicamente desde la perspectiva humana.

Y si hay un autor que representa esta forma de interpretar la realidad es Stanislaw Lem. Sus obras están llenas de críticas al antropocentrismo, como es bien sabido, pero también de una refutación de la idea de que el mundo está lleno de patrones y significados. Para Lem el mundo está dominado por el azar, y el orden y el determinismo son, o bien ilusiones, o bien el resultado de la acción de leyes de grandes números. En base a estas es como fundamenta su creencia de que nuestra existencia es una combinación de azar y causalidad. Este tipo de pensamiento se remonta a algunos pensadores radicales de la Ilustración, como Diderot, quienes tenían una concepción de las cosas mucho más interesante que la de algunos de sus contemporáneos más influyentes filosóficamente.

Quizá las obras donde más claramente se percibe la crítica de Lem a la búsqueda de significados es en la estupenda novela La voz de su amo, donde pone en duda la capacidad de la matemática humana para ser capaz de comprender realmente un mensaje extraterrestre (o siquiera ser capaces de distinguir un mensaje de lo que no lo es) y en la recopilación de reseñas de libros imaginarios que es Vacío perfecto. Citando a otros autores, no puedo evitar, una vez más, sacar a colación a Ted Chiang, ya que su relato Dividido entre cero, en cierto modo también va de este palo.

His_Master's_Voice_Spanish_Edhasa

Pero, ¿cuál es mejor ciencia ficción, la de Dick o la de Lem? En realidad las dos son igualmente buenas, y de hecho Lem consideraba a Dick un autor interesante. Los criterios de calidad no deberían basarse en nuestras preferencias filosóficas sobre lo que debe de ser la ciencia ficción, sino en el contenido formal y conceptual de las obras. Y en este sentido tanto la del magufo Dick, como la del ilustrado Lem o el determinista Chiang son obras sobresalientes.

Los peligros de vivir sobre un falso vacío

febrero 22, 2013

Como sabéis los habituales del blog, me interesa mucho la temática escatología física, es decir, la cuestión del fin del universo basada en nuestros conocimientos de la física, o mejor dicho, en una extrapolación de los datos y teorías de que disponemos en esta disciplina. Y ciertamente los más interesantes son los catastróficos. Entre ellos está el escenario de Big Rip o Gran Desgarro, que en pocos meses volverá a la palestra a partir de los datos del fondo de microondas, pero estos días aparece en los medios todo un clásico, aunque poco conocido. Se trata de la inestabilidad del vacío.

Según el modelo estándar de la física de partículas y en base al mecanismo de ruptura de simetría que lo complementa (vamos, lo que podríamos llamar la física del Higgs) el vacío puede ser inestable, y se pueden producir transiciones entre estados de vacío. Pero una transición de estas sería catastrófica, ya que literalmente, un nuevo vacío implicaría nuevos parámetros físicos (con las mismas ecuaciones) y una nueva física. Desde un punto de vista práctico esto implicaría que todo decaería en un mar de radiación que no dejaría nada de lo que conocemos, y que daría lugar a otro estado del universo. La cuestión es que es posible una transición de este tipo, mediante una solución de tipo instantón, entre diferentes estados de vacío. El nuevo vacío aparecería como una burbuja de radiación que se expandiría a gran velocidad hasta llenar el universo.

Esto se conoce desde los años setenta del pasado siglo, con aportaciones de físicos de partículas como Coleman, De Luccia, Wilczek o Turner. Uno de los resultados de este tipo de investigaciones es que con una partícula de Higgs lo suficientemente pesada se podría argumentar que nuestro vacío actual de la física de partículas es estable. Pero ahora algunos autores nos recuerdan que el valor de la masa de dicha partícula obtenidos en el LHC es bajo y está en la zona en que es posible suponer que el vacío pueda ser inestable. Aunque intentan tranquilizarnos invocando la supersimetría, parece ser precisamente que la evidencia que tenemos hasta ahora es que ésta última no está presente.

A mí me llama bastante la atención que siendo un tema antiguo dentro de la física de partículas, hay relativamente poca ciencia ficción que aborde este escenario catastrófico (aunque libros de divulgación clásicos sobre el fin del universo como el de Frank Close o el de Paul Davies sí que lo tratan). No deja de ser curioso que siendo un escenario inquietante, con una física fundamental bien desarrollada y que da lugar a muchas posibilidades narrativas no haya sido explotado, salvo por autores del tipo de Greg Egan. Sin duda, con este tipo de especulaciones lo más apocalípticos estarán complacidos.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 44 seguidores