La segunda parte de mi serie sobre la física de Watchmen hace referencia al episodio fundamental del cómic, el de Marte. En él surgen una serie de temas que son mucho más interesantes que aquellos a los que se hace más referencia, quizá por el hecho de que tienen más valor para un lector habituado al género de los superhéroes. El hecho de que Rudy haya dedicado una entrada a Ted Chiang como ejemplo de lo que podría haber sido la ciencia ficción me ha animado a plantear esta segunda parte de la serie, ya que la comparación con Chiang era algo que tenía pensado tratar desde un principio. A pesar de la generalidad del título hablaré únicamente de la percepción del tiempo del doctor Manhattan. Y es que en el cómic en nudista azulado parece percibir el tiempo de otra forma, y de hecho se nos sugiere que de alguna forma percibe los instantes de tiempo de forma simultánea y no siguiendo la secuencia temporal que el resto de nosotros. Si bien la explicación de Moore de que esto guarda relación con el mundo cuántica es errónea, no lo es esta interpretación de la percepción del tiempo. Porque en realidad es la forma correcta de interpretar el tiempo según la relatividad especial.
A veces se considera que la relatividad especial es una teoría dinámica y vinculada con el electromagnetismo, y sin embargo es algo mucho más general. Es un marco geométrico básico que ha de cumplir cualquier teoría física, introduciendo una estructura en la que el espacio y el tiempo forman parte de una única entidad geométrica, el espacio-tiempo con unas características determinadas. Como resultado de la introducción de esas propiedades geométricas, que son absolutas (es decir, no dependen del estado de movimiento) surgen algunas consecuencias curiosas en lo que al comportamiento de algunas magnitudes físicas fundamentales se refiere. Esta estructura implica que la medición de las longitudes o los tiempos dependen del estado de movimiento, no obteniendo el mismo resultado de una medición por parte de un observador en reposo que por parte de uno en movimiento a velocidad constante. No obstante, cuando se miden distancias espacio-temporales todos los observadores miden lo mismo, y por lo tanto la teoría no es, como equivocadamente se dice, una teoría en que todo es relativo, sino en la cual las leyes físicas son absolutas en un marco geométrico, y la relatividad de las mediciones surge como resultado de emplear un marco geométrico inadecuado.
Pero lo que más nos interesa aquí de la estructura geométrica del espacio-tiempo es que no se puede establecer la simultaneidad de diferentes sucesos. La estructura matemática de la teoría de la relatividad es tal que observadores con diferentes estados de movimiento pueden observar diferentes secuencias de acontecimientos. Lo que para uno son dos sucesos simultáneos, para otro puede resultar en que acontecen en diferentes instantes de tiempo, incluso el orden secuencial que pueden percibir dos observadores puede variar. Esto no va en contra de la causalidad, ya que en el marco geométrico espacio-temporal la secuencia de acontecimientos es absoluta.
Sin embargo esto plantea un problema de interpretación de nuestra percepción secuencial del tiempo, en realidad no tiene sentido hablar de un tiempo que fluye del pasado al futuro, como resultado de la relatividad de la simultaneidad. Y además en el marco geométrico en que se desarrolla la teoría en realidad lo que tenemos es un espacio-tiempo estático, nuestra vida es una línea que está trazada en una variedad geométrica, no un punto que se mueve. El gran físico George Gamow tituló su biografía haciendo referencia a este hecho, como una muestra más de su fina ironía y el conocimiento de la física que tenía. Es famosa la carta en que Einstein habla a la viuda de su gran amigo Michelle Besso sobre la ilusión del fluir del tiempo. Es decir, no hemos de ver el tiempo como una película sino como una foto fija, o empleando una analogía mejor en este caso, como una página de cómic en que se desarrolla nuestra vida, como si todo fuese una única página de cómic estática.
Precisamente el episodio del tebeo de Moore y Gibbons muestra a la percepción esta concepción del paso del tiempo de forma magistral con la propia estructura de la narración. En este caso el formato, el del cómic, es una pieza fundamental en la interpretación de una idea de profundidad en el terreno de lo epistemológico y lo ontológico. Esta percepción del tiempo no es exclusiva de Watchmen ya que la encontramos también en la obra de un autor tan interesante como Kurt Vonnegut, estando muy bien descrita en Las sirenas de Titán. Uno de los protagonistas percibe el tiempo de forma diferente, y lo hace al mismo modo que el doctor Manhattan. Pero en la novela de Vonnegut se plantea la cuestión del determinismo y el libre albedrío. No es casualidad que también se lo pregunte Laurie a Manhattan con una respuesta que claramente se decanta por el determinismo absoluto (algo que también se deduce de algunos pasajes de From Hell, en dónde Moore también explora la misma percepción del tiempo).
Sin embargo a mí me parece que la respuesta que plantean tanto Vonnegut como Moore es demasiado simple. Mucho más interesante es la respuesta de Ted Chiang en su genial relato La historia de tu vida en dónde también se utiliza la misma percepción del tiempo, esta vez en manos de una extraterrestres. Además de hacer una interesante reflexión de cómo el lenguaje altera nuestra propia percepción del tiempo, Chiang analiza el determinismo desde otra perspectiva más general. De hecho, puede decirse que la mayor parte de los cuentos de Chiang tratan sobre el determinismo desde diferentes puntos de vista (su cuento aparecido en Nature sobre una lucecita que se enciende antes de pulsar el botón de encendido es demoledor). Lo que me parece destacable del cuento de Chiang es que plantea una interpretación variacional de la percepción del tiempo. En Física podemos plantear las ecuaciones en términos de ecuaciones locales o en términos de ecuaciones integrales globales, lo que da lugar a los principios variacionales (en esencia principios que establecen que una magnitud física ha de alcanzar un máximo o mínimo). En mecánica se emplean para estudiar qué trayectoria sigue una partícula en la naturaleza. De todas las posibles trayectorias en un espacio abstracto de coordenadas la que sigue en el mundo real la partícula es aquella que hace que el producto de la energía por el tiempo (la acción) sea un valor extremal (máximo o mínimo, pero también hay otro caso que no comentaré). No hay una teleología en la partícula, no hay algo que la dirija, es un proceso global. En el relato de Chiang la protagonista no está siendo dirigida por una maquinaria de reloj como a la que hace referencia Manhattan, ella toma sus propias decisiones y no existe un contradicción con la idea de libre albedrío, porque su elección es global. Digamos que ella elige su trayectoria globalmente, pero evidentemente esta elección implica una serie de elecciones personales y hechos que le acontecen, de ahí el determinismo. La relatividad especial puede formularse variacionalmente lo que significa que podemos interpretar la concepción del tiempo de Manhattan, del millonario excéntrico de Vonnegut o la lingüista de Chiang de este modo. Y atención, todo esto es desde el punto de vista de la física clásica, sin hacer referencia al mundo cuántico.
En sus notas finales a la antología que recoge el relato, Chiang comenta que su idea original era plantearse el relato desde la perspectiva cuántica pero que al final lo hizo clásicamente para no marear mucho al lector. Y es que si tenemos en cuenta la interpretación en términos de una formulación variacional planteada por Feynman la cosa es mareante. En el caso clásico las trayectorias son ficticias, en el cuántico son reales, de alguna manera existe un tanteo de trayectorias. Pensad lo que eso significa en el contexto de las historias que he comentado.
Pero todo esto también nos puede hacer reflexionar sobre la propia naturaleza del género de ciencia ficción. Es evidente que aporta un grado de compresión mucho más profundo de conceptos procedentes del ámbito de la Física. Se habla muchas veces de la importancia del dominio del lenguaje matemático para comprender los conceptos de esta disciplina. Sin embargo muchas veces las metáforas son una potente herramienta para la comprensión profunda de las ideas, la física es algo más que un formalismo, algo más que una secuencia de experimentos, y ese algo más a veces de aportarse desde otros ámbitos. En este caso desde el arte o la filosofía que se combinan mediante el empleo de estructuras narrativas propias de la novela o del cómic. En este caso el formato de tebeo me parece el más adecuado, pero teniendo en cuenta el ejemplo de Chiang o Vonnegut también podemos considerar la novela.
Más importante me parece que este juego conceptual sólo puede hacerse desde la ciencia ficción, no se puede excluir otro género o formato, pero está claro que es desde una literatura en la cual la reflexión en torno a conceptos científicos es fundamental en dónde se puede obtener una creación que tenga un valor cognitivo. Algo que sabía muy bien Stanislaw Lem, por cierto. Es cierto que podríamos pensar en otros ámbitos, y ahora me viene a la cabeza la película Memento. Pero en realidad la película de Nolan se basa en un premisa científica y en una especulación en torno a ella, la carencia de la memoria a corto plazo, por lo que creo que a pesar de estar encuadrada en otro género narrativo es en esencia una forma de ficción científica.
En el otro sentido, no podría entenderse de ninguna manera la introducción de una estructura narrativa como la planteada, que se pretende corresponder de alguna manera con la estructura ontológica de la realidad (otra cosa es que el autor crea o no que esa es la estructura que hay en el mundo real) que perciben los personajes, sin el recurso a las teorías científicas. El eliminar éstas como el sustento de una forma de narrar de interés artístico y objeto de análisis por parte de los especialistas supone un gravísimo error. Cuando se lee a autores como Greg Egan, Ted Chiang o Stanislaw Lem teniendo en cuenta las teorías científicas y filosóficas que emplean está claro que no puede haber una palabra más acertada para describir lo que hacen ficción científica, y el poder que tiene ésta como herramienta para comprender la realidad. Es decir, estamos ante la ciencia ficción en estado puro. De todos modos me temo que la agresividad posmoderna frente a todo lo que lleve a la palabra ciencia (salvo que sea para definir a lo que hacen ellos, claro) seguirá enturbiando el ambiente en estas cuestiones.