Archive for the ‘Filosofía de la ciencia’ Category

Azar y determinismo emergente en la obra de Stanislaw Lem

junio 23, 2014

Comentando las ideas de Erwin Schrödinger sobre el determinismo que emerge a partir del azar, por el promediado sobre grandes números de moléculas, comenté que una visión similar la podemos encontrar en la obra de Stanislaw Lem. Ya he hablado aquí sobre las conexiones que podemos encontrar entre la obra del autor polaco y la de Isaac Asimov. Una de ellas se asocia con el concepto de psicohistoria.

Ambas cuestiones están relacionadas y la prueba de ello se encuentra en el diálogo final de La fiebre del heno, una de las novelas de ficción científica y epistemológica de Lem, en la cual una investigación policial por parte de un astronauta deviene en una exploración de las relaciones entre azar y orden en la sociedad humana. Lo que sigue es un spoiler, aunque sea filosófico, pues en realidad de eso trata la novela. En cierto momento de la discusión entre dos personajes, entre ellos el protagonista, este último nos dice que:

La humanidad se ha multiplicado y condensado tanto, que las leyes del átomo comienza a gobernarla. Cada átomo de gas se mueve caóticamente, pero es precisamente este caos lo que conduce al orden: estabilidad de la presión, temperatura, peso específico, etc. Su éxito involuntario se antoja paradójico: una larga serie de extraordinarias coincidencias. Pero sólo lo parece.

Este es exactamente la misma idea que la expresada por Schrödinger, y además es la base conceptual en que se sustenta la psicohistoria de Asimov. La analogía con los gases implica una regularidad del comportamiento del colectivo humano, el orden surge del azar.

La idea de la cadena de casualidades (así se titula esta novela en la edición en inglés) es recurrente en Lem. Es el hilo conductor de su relato autobiográfico en el breve ensayo Azar y orden, y también lo es en una de las reseñas falsas de Vacío perfecto, De Impossibilitate Vitae, que también incluye elementos autobiográficos. Pero lo más interesante es que esa falsa reseña, en la que se analiza una obra que presenta la falacia de que la baja probabilidad de los acontencimientos que han dado lugar a una vida humana, o al propio universo, concluye con un argumento interesante. Para rebatir la falacia Lem no recurre a argumentos de fundamentos de la probabilidad, sino a uno físico invocando el principio de indeferencia. Pero además lo hace considerando su versión procedente de la física estadística, la que implica la igual probabilidad de los posibles microestados, es decir, las diferentes configuraciones microscópicas moleculares. Y al hacerlo está dando primacía una vez más a la idea de orden emergiendo de un azar subyacente.

¿Por qué son tan pequeños los átomos?

junio 16, 2014

Además de un gran físico Erwin Schrödinger también fue un gran filósofo. Algunos de sus “libritos” como él los llamaba constituyen hitos en el pensar del siglo XX. En Mente y materia o La naturaleza y los griegos encontramos reflexiones de gran calado, en obras que por otra parte son cortas. De hecho la capacidad de Schrödinger para presentar un punto de vista complejo y profundo sobre un tema en textos breves era manifiesta. La prueba de ello es el texto que lleva por título el mismo que el de esta entrada. En una extensión equiparable a la que ocuparía una entrada de un blog como este, el físico austríaco se las apaña para hablar sobre indeterminismo, determinismo y el papel crucial que juegan las leyes cuánticas en la existencia de la vida como la conocemos. Una muestra de que el tamaño no importa a la hora de exponer las ideas, cuando se hace bien, aunque en este caso para demostrar que el tamaño sí importa en lo que respecta a la escala de los seres vivos con respecto a los átomos.

Planteada la pregunta, estableciendo que la cuestión del tamaño es relativo y que se refiere a la pequeñez de los átomos respecto a la escala humana Schrödinger nos dice que:

La pregunta precedente no puede ser contestada en ningún otro sentido que buscando las razones por las que un organismo que funciona de modo muy sensible y altamente diferenciado y reacciona con el entorno, tiene que componerse de un número tan extraordinariamente grande de átomos. Para el físico es manifiesto que la razón es que los procesos físicos y químicos en los que se basa el funcionamiento de los organismos, descansan en leyes estadísticas, que sólo se cumplen con gran precisión cuando el número de átomos intervinientes en ellos es extraordinariamente grande. De lo contrario se observan las llamadas oscilaciones termodinámicas, de las que en todo caso tiene que ser sustraídas las funciones vitales de los organismos.

Es decir el gran tamaño de los organismos vivos garantiza su estabilidad, porque de lo contrario serían víctimas de las fluctuaciones termodinámicas. El azar existente en las escalas atómicas haría inviable la existencia de seres vivos, la fluctuación, el movimiento errático de las moléculas no permitiría la vida entendida esta en términos de la física clásica.

Además Schrödinger considera que la regularidad y el determinismo que surgen en la escala macroscópica, siguiendo las ideas de su maestro el experimentalista Franz Exner, son emergentes y resultan del promediado sobre un gran número de constituyentes cuya dinámica individual es azarosa. Esta idea del determinismo emergente sobre un nivel subyacente azaroso es clave también en la obra literaria del escritor de ciencia ficción Stanislaw Lem, quien quizás recibiese la influencia de Schrödinger.

Pero este último va más allá, y paradójicamente considera que la teoría cuántica en la que tuvo un papel importante en su desarrollo, y que supondría un duro ataque al determinismo en la física, en realidad no hace sino reforzar el determinismo que permite la estabilidad de los seres vivos:

Las mismas leyes cuánticas, que últimamente han producido fuertes dudas sobre que la conducta del átomo aislado está rigurosamente determinada causalmente, ofrecen por otro lado el único fundamento para la comprensión de las regularidades inauditamente precisas que se muestran a gran escala no sólo al físico, sino también al biólogo con creciente claridad.

Es decir, son las leyes cuánticas, con su espectro discreto de estados moleculares las que hacen insensibles a las moléculas biológicas a las fluctuaciones termodinámicas. Schrödinger llegó a esta conclusión reflexionando sobre la estabilidad del material genética, y es una de las ideas principales expuestas en otro de sus libritos, todo un clásico de la ciencia ¿Qué es la vida?

Pensad atentamente sobre todo ello, porque tienen muchas más implicaciones de lo que parece, y en esto Schrödinger anticipó argumentos expuestos décadas después por físicos como Anderson o Laughlin a la hora de considerar la existencia de orden emergente en sistemas físicos.

Esta conferencia de Schrödinger y otras más, igual de apasionantes, las podéis encontrar en el volumen La nueva mecánica ondulatoria y otros escritos, en edición de Juan Arana de la editorial Biblioteca Nueva. No es tan conocida como otras antologías de este gran físico pero es tremendamente interesante.

Mundos dentro de mundos

abril 16, 2014

El título de esta entrada se corresponde con el de uno de los números de Los 4 Fantásticos de la etapa clásica de Stan Lee y Jack Kirby, pero también representa una curiosa y extraña hipótesis sobre la constitución del Universo. La expresión data del siglo XIX y se debe al físico George Stoney, pero la mejor exposición de la idea quizá sea la de Carl Sagan en el libro de Cosmos:

Hay una idea extraña, atrayente, evocativa, una de las conjeturas más exquisitas de la ciencia o la religión. Es una idea totalmente indemostrada; quizás no llegue a demostrarse nunca. Pero excita enormemente. Se nos dice que hay una jerarquía infinita de universos, de modo que si penetramos en una partícula elemental, por ejemplo un electrón de nuestro universo, se nos revela como un universo enteramente cerrado. Dentro de él, organizadas como el equivalente local de galaxias y estructuras más pequeñas, hay un número inmenso de otras partículas elementales mucho más diminutas, que a su vez son universos en el nivel siguiente, y así indefinidamente: una regresión infinita hacia abajo, sin fin. Y lo mismo hacia arriba. Nuestro universo familiar de de galaxias y estrellas, planetas y personas, sería una única partícula elemental en el siguiente universo superior, el primer paso de otra regresión infinita.

Una idea con un recorrido peculiar y cuyo origen está más bien en el pensamiento mágico que en el científico, en la metafísica basada en el hermetismo que en la ciencia rigurosa. Pero a pesar de saber sus poco científicos orígenes, aún puede atraer la imaginación a aquellos que compartimos con Sagan una visión racional del Cosmos, heredera de los antiguos jónicos. Quizá sea por la gran carga poética que contiene esta visión de mundos dentro de otros mundos.

El encantamiento de la ciencia

abril 14, 2014

Una cuestión importante sobre el impacto que tiene la ciencia en la sociedad es determinar si realmente con el aumento del conocimiento científico se produce un desencantamiento del mundo. Esto significa que según algunos autores la ciencia cambia nuestra visión del mundo eliminando los elementos animistas, espirituales, etc. De ahí el término desencantamiento ya que la ciencia sustituye el mundo lleno de hadas, magia y criaturas míticas por uno regido por leyes causales impersonales, por principios de organización y mecanismos cognoscibles y cuantificables, sean estos deterministas o estocásticos.

Pero también hay autores que sugieren que también se produce el fenómeno inverso, es decir, a medida que avanza la ciencia esta no puede evitar librarse de un proceso de encantamiento en lo que se refiere a su percepción por parte de la mayoría de la población. Así mucha gente tendería a pensar en la ciencia en términos del pensamiento mágico, y la propia ciencia pasaría a ser una especia de magia tecnificada, siendo los científicos los magos del mundo moderno. Lamentablemente esta parece ser la percepción de la mayor parte de la población, que no suele entender los principios en base los cuales funciona la tecnología, y para la cual sería irrelevante sustituir la explicación en términos de las ecuaciones de Maxwell.

Esto también explicaría algunos de los modernos terrores tecnológicos, como aquellos asociados a las ondas electromagnéticas emitidas por las antenas de móviles o a los infrasonidos generados por las turbinas eólicas. Por eso creo que la percepción que muchas personas tienen de que las radiaciones de dichos dispositivos son perniciosas para la salud, deriva de una concepción animista y mágica de la tecnología, en la cual las ondas acústicas y electromagnéticas pasan a ser los nuevos influjos mágicos, en este caso con connotaciones negativas. Y por eso la mejor forma de combatir estas creencias irracionales no es aportar una batería de evidencias científicas, sino en intentar cambiar la percepción animista, encantada, del mundo por una desencantada.

Y en general aceptar que puede existir un encantamiento de la ciencia por un sector importante del público que accede al conocimiento científico implica que no basta con hacer divulgación de los conocimientos como tales. Tal labor, que es fundamental por otra parte, no hace sin aportar conocimientos a quienes ya tienen de por sí una visión desencantada de la ciencia, pero su efecto sobre la otra parte de los receptores del conocimiento científico es discutible. Tampoco es efectivo realizar un proselitismo de la concepción científica del mundo si antes no se trabaja en alterar la concepción encantada de la ciencia.

Un problema difícil para el que no es fácil encontrar una solución. Aunque a los que nos interesa lo que la ciencia tiene que decir sobre el mundo, y queremos que una buena parte de la sociedad comparta nuestro, ser conscientes de dicho problema nos debe hacer sensibles a todo lo que puedan aportar los estudios sobre Ciencia, Tecnología y Sociedad, y cómo poder aplicar los resultados de estos en la popularización de la ciencia. Y también debemos ser conscientes que no importa tanto la cantidad como la calidad. Es más, yo diría que lo importante en realidad es la cualidad.

Las críticas de Sokal también se aplican a las ciencias naturales

noviembre 25, 2013

Hoy os recomiendo la lectura del breve e interesante preprint Some lessons for us scientists (too) from the “Sokal affair” de Pablo Echenique-Robba. En esencia el autor sugiere que algunas de las malas prácticas de los científicos sociales posmodernistas también son habituales en ciencias como la física, la química, la biología, etc. Es decir, las disciplinas científicas más rigurosas. Me parecen interesantes las reflexiones del autor, que aunque no son originales, no suelen presentarse con la debida frecuencia en el ámbito de la comunidad científica.

Materialismo y ciencia (Mario Bunge)

octubre 28, 2013

materialismoEl materialismo ha sido y es una postura filosófica duramente atacada, y sus defensores ridiculizados, demonizados o ignorados por la filosofía académica. Esto ha tenido como consecuencia que el materialismo resulte una filosofía incompleta frente a otras de corte idealista. Entender esto es fundamental para afrontar la lectura de este libro de Mario Bunge.

Para empezar Bunge parte de reconocer la falta de avances en el materialismo desde el siglo XIX, y atribuye este retraso a los errores de planteamiento de los autores materialistas. También plantea una serie de preguntas que un materialista filosófico debería ser capaz de resolver, y ciertamente para algunas de las cuales muchos materialistas no serán capaces de llegar a una respuesta. Por eso Bunge considera que el materialismo es a día de hoy un programa de investigación en ontología, que él acertado y trata de mostrarnos sus virtudes, pero siendo en todo momento consciente de sus limitaciones y puntos débiles. Así critica lo que denomina materialismo vulgar, que no hace sino dar munición filosófica a los rivales de las doctrinas materialistas.

Lo que sí está muy claro para Bunge es que el materialismo es la ontología compatible con la ciencia, desde luego en el plano metodológico, aunque el cree que en un sentido mucho más amplio y considera que el objetivo del programa materialista es convertirse en la ontología de la ciencia. Así está enfocado el libro desde este punto de vista, siendo los avances científicos uno de los pilares del desarrollo de la ontología materialista, dando mucha importancia a ellos en la exposición. Pero a diferencia de otros autores mucho más vulgares que se limitan a afirmar que la ciencia es materialista, pero cuya argumentación filosófica es muy pobre, este es un texto que desde el primer momento se enfrenta a cuestiones ontológicas.

Por eso la propia definición de lo que es materia intenta satisfacer estos dos criterios, ser satisfactoria como una definición general de tipo ontológico, y ser compatible con lo que la ciencia nos dice sobre el mundo. Los primeros apartados del libro están dedicados a ellos, así como a precisar a qué tipo de materialismo se refiere Bunge. Pues no sólo hay que tener claro qué es la materia, y a la hora de construir una ontología materialista de la mente o la cultura hay que tener en cuenta el enfoque general de partida.

Bunge considera un materialismo emergentista y sistemista, y está claro que para él el materialismo reduccionista es vulgar y está muy limitado. Ahora bien su énfasis en las ideas de emergencia y sistema no es una adopción de un punto de vista holista, pues tal enfoque no es para nada eficaz en la producción de buena ciencia. También tiene en cuenta los diferentes modos de devenir que podemos encontrar en la ciencia.

Tras ello pasa a analizar los puntos débiles de la dialéctica, entendida como una doctrina ontológica. En esencia su crítica se fundamenta en negar la generalidad de algunos de los principios de la dialéctica, fundamentalmente la idea de la dualidad de los contrarios o el principio de negación de la negación de Hegel como un motor de cambio de las cosas. Su crítica es de tipo logicista, pues Bunge es uno de esos autores que utiliza (yo diría que en exceso) la lógica clásica como la herramienta fundamental de la filosofía. Pero sin embargo no niega la utilidad del principio de que el cambio cualitativo puede surgir del incremento cuantativo.
Tras esto pasa a estudiar el enfoque materialista de la mente, precisamente el ámbito donde el materialismo está más verde, algo que Bunge reconoce con una honestidad intelectual que no podemos encontrar en otros autores. Además se muestra muy crítico con el fisicismo por considerarlo filosóficamente inconsistente, o los materialistas que terminan introduciendo algún tipo de dualismo. Presenta su propio programa filosófico, en lo que posiblemente es el capítulo más exigente en lo que se refiere a su rigor y precisión en la exposición de definiciones y conceptos.

Tras estos analiza el enfoque materialista de la cultura o de los valores. Es interesante que también realiza una crítica del materialismo cultural, ya que según él los autores que se adhieren a él introducen una descripción dualista a la hora de diferenciar entre infraestructura y superestructura. Esta parte del libro me resultó muy interesante, pues me ha gustado como Bunge sabe introducir la idea de la sociedad como algo material, como un conjunto de cosas concretas sin caer en el fisicismo.

Los capítulos finales contienen una crítica del giro idealista de Popper y una refutación de las tesis idealistas de Berkeley mediante un diálogo filosófico. Un libro con el que he disfrutado mucho, y que recomiendo a todos los interesados en conocer una versión del materialismo seria y bien fundamentada, a la vez que no dogmática y consciente de sus propias limitaciones. En resumen, una obra imprescindible.

Aunque me temo que de entre todos los que está sacando Laetoli en su Biblioteca Bunge será el menos leído por ser el que más se aleja en lo que respecta a exposición del credo escéptico, ya que no se trata ni de una exposición de las bondades de la ciencia ni una crítica de las ideologías y pseudociencias (que están presente en los otros dos libros de Bunge aparecidos en dicha colección), pues es un texto de ontología. Quizá a algunos escépticos les fuese mejor en la difusión de sus puntos de vista si partiesen de la lectura de obras de este tipo, más filosóficas y ontológicas, que del recurso a la batería de argumentos gastados de siempre.

El legado de Albert Einstein y la ciencia ficción I

septiembre 2, 2013

Este texto apareció publicado por primera vez en el nº 15 de la Revista Galaxia, en el año 2005, y aprovechaba la celebración de ese año como Año Mundial de la Física por parte de la UNESCO para realizar una exposición de algunas de las contribuciones de Albert Einstein a la Física y su importancia para la literatura de ciencia ficción. Salvo algunas pequeñas correcciones reproduce el publicado originalmente. 

El año de 2005 fue declarado por la UNESCO como Año Mundial de la Física. La razón esgrimida fue que se cumplieron los cien años de la publicación, por parte de Albert Einstein, de tres artículos capitales para el desarrollo de la Física en el siglo XX. En uno de esos trabajos Einstein expuso su famosa teoría de la relatividad especial. Esta teoría y su posterior teoría de la gravitación, conocida también como teoría de la relatividad general, han tenido una gran influencia en el desarrollo de la Física. Por tanto, es lógico que muchos conceptos propios de la relatividad hayan pasado a ser empleados por los escritores de ciencia ficción y el lector de ésta esté familiarizado con ellos. Sin embargo, no siempre se interpretan de forma adecuada y existe mucha confusión con respecto a estos conceptos por parte del lector, debido fundamentalmente a la forma en que aparecen en la ciencia ficción. En este artículo trataré de exponer algunas nociones básicas sobre relatividad y comentaré, cuando sea el caso, qué errores frecuentes se pueden encontrar en las novelas y relatos de ciencia ficción cuando surge alguno de estos conceptos.

Albert Einstein

La teoría especial de la relatividad, en contra de lo que se suele creer, no fue una creación exclusiva de Albert Einstein. Hendrik Anton Lorentz y Henri Poincaré ya habían desarrollado gran parte de lo que luego sería la teoría especial de la relatividad. No obstante, la versión de Einstein es superior a las versiones de Lorentz y Poincaré porque en su artículo de 1905 la desarrolló a partir de dos postulados simples y su marco conceptual es mucho más elegante.

El primero de sus dos postulados, denominado principio de relatividad, nos dice que las leyes físicas son iguales para cualquier observador que cumpla ciertos requisitos. Estos observadores especiales son los que se conocen como observadores inerciales y son aquellos que, o bien están en reposo, o bien están moviéndose a velocidad constante. Lo que este postulado nos dice es que para todos los observadores inerciales las leyes de la física son las mismas y no dependen de su estado de movimiento. Este principio estaba establecido en la Física desde tiempos de Galileo, pero sólo aplicado a las leyes de la mecánica, y lo que hizo Einstein fue extenderlo a todas las leyes físicas. Este postulado acaba con la noción de reposo absoluto, porque no hay forma de distinguir si se está en reposo o moviéndose a velocidad constante empleando las leyes físicas, ya que éstas son las mismas tanto para alguien que se mueve a velocidad constante como para alguien que permanece en reposo.

El segundo postulado afirma que la velocidad de la luz en el vacío es la misma para todos los observadores inerciales. Es decir, independientemente de la velocidad a la que se muevan, todos los observadores medirán el mismo valor de dicha velocidad.

A partir de estos dos postulados se obtienen todas las consecuencias de la teoría especial de la relatividad. Una de las más importantes es que la medida de distancias en el espacio y en el tiempo depende del estado de movimiento del observador. Es decir, dos observadores que se muevan a velocidades diferentes medirán distancias y tiempos diferentes. De esta dependencia de algunas magnitudes físicas con respecto al estado de movimiento del observador viene el nombre de relatividad que se le da actualmente a la teoría. Con respecto a este nombre existe mucha confusión, ya que se tiende a creer que la relatividad de alguna forma introduce cierto relativismo en las leyes físicas, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que introduce la relatividad de las medidas de espacio y de tiempo, dejando éstos de ser entes absolutos. Pero si se considera el conjunto del espacio y del tiempo, es decir, si se consideran simultáneamente medidas de espacio y tiempo en un marco más general, la medida será siempre la misma para todos los observadores, o como se dice en la jerga relativista, invariante. De hecho, en los años que siguieron a la publicación del artículo de Einstein algunos físicos y matemáticos propusieron otros nombres para la teoría, como el de teoría de invariantes propuesto por el matemático Felix Klein.

Pero para comprender lo que implica que la medida de distancias espaciales y temporales conjuntamente sea invariante, que es la verdadera base conceptual de la relatividad especial, debe emplearse la interpretación geométrica de la relatividad de Herman Minkowsky. Según esta interpretación, no podemos considerar el espacio y el tiempo como entes independientes sino que estos forman un único ente mayor, el espacio-tiempo de cuatro dimensiones, en el cual el tiempo pasa a ser una dimensión como las especiales pero con algunas propiedades diferentes en cuanto a la forma de medir las distancias. De este modo, cuando se hacen medidas en este espacio de cuatro dimensiones lo que midan las reglas tetradimensionales será lo mismo para todos los observadores. La relatividad nos habla, por tanto, de un espacio-tiempo absoluto y de unas leyes que son absolutas en ese espacio-tiempo. El hecho de que algunas magnitudes sean relativas, es decir, que dependan del estado de movimiento, es consecuencia de no emplear el marco geométrico adecuado. Es más, actualmente no se considera la relatividad una teoría dinámica que trata del estado de movimiento de algunos cuerpos, y cómo se relacionan las medidas de las magnitudes físicas con respecto a ese estado, sino que se considera como un marco geométrico que cualquier teoría física debe respetar. Es decir, cualquier teoría de la Física debe ser compatible con esa estructura que relaciona el espacio y el tiempo en una entidad mayor definida como espacio-tiempo y que obedece a unas propiedades geométricas bien definidas por la interpretación geométrica de Minkowsky. El aceptar dicho marco geométrico tiene como consecuencia que deben introducirse ciertas propiedades relacionadas con a medida de magnitudes físicas según el estado de movimiento de los observadores. Y ahora es cuando llegamos a la ciencia ficción, ya que algunas de ellas han sido un recurso muy utilizado en ésta.

La crisis en la física y los límites de la ciencia ficción

junio 28, 2013

Un tema que me resulta interesante es el de cómo a partir de la física pueden establecerse límites en lo que debe considerarse como literatura ciencia ficción o de fantasía. Es un tema que aparecía con frecuencia en los foros especializados, y más o menos siempre se presentaban los mismos argumentos. Pero en contra de lo que se podría pensar es un tema que en la obras especializadas se ha discutido en extensión, y entre los especialista en el análisis de la literatura las metodologías para delimitar los diferentes géneros literarios proyectivos están bastante claras, aunque luego, como en todos los campos de la investigación científica, existen matices importantes entre diferentes autores.

Una buena exposición del asunto, en lo que se refiere a la definición de lo que es la ciencia ficción se puede encontrar en el ensayo de Fernando Ángel Moreno. También se puede encontrar una discusión centrada en los límites de lo fantástico en otro interesante ensayo de David Roas. Y con respecto a este último surgen mis reflexiones. Pues este comienza con una serie de afirmaciones de lo que la física puede establecer como posible, bastante discutibles y matizables, y sin embargo termina con una exposición bien razonada de cómo en contra de lo que muchos autores posmodernos piensan con esa extensión de los límites de lo real aún es posible seguir hablando de una literatura genuinamente fantástica. Pues la clave está en cómo lo fantástico es aquello que se nos muestra como imposible desde una visión científica del mundo (que no es lo mismo, ni mucho menos, que decir que va en contra de los conocimientos científicos del momento, como bien explican los dos autores citados en sus ensayos).

Desde el punto de vista de la física, que es el que conozco y el que más me interesa, creo que el problema en la demarcación de lo posible está en que se hace énfasis en una serie de interpretaciones que pueden ser objeto de discusión. Así, es cierto que la mecánica cuántica plantea un serio reto a cualquier ontología de realismo ingenuo, pero eso no implica la subjetividad de la realidad, como a veces se llega a afirmar. Y es que existen diversas interpretaciones consistentes de la teoría, y no todas tienen las mismas ontologías, y a esto hay que añadir que realmente la mayor parte de la física actual refuta el realismo ingenuo y no por ello la mayoría de los científicos y tecnólogos que utilizan la física en su quehacer diario han abandonado la adopción de una filosofía realista, aunque sea como algo pragmático.

Tampoco debería de suponerse que como algunas teorías muy especulativas predicen la existencia de múltiples universos, deba suponerse que la física afirma que existen una infinidad de universos con leyes físicas diferentes. Existen muchas formas de plantear la existencia de universos múltiples, pero sobre su existencia no hay a día de hoy ninguna evidencia empírica, y en diferentes ámbitos existen modelos de universo diferentes. Por lo tanto también habría que ser cuidadosos con las extrapolaciones.

Y así, sucesivamente. Las interpretaciones alocadas de este tipo de teorías creo que tienen mucho que ver con una divulgación sesgada y que confunde al lector medio, haciendo pasar por hechos lo que son meras especulaciones sin base experimental u observacional alguna. A lo que se suma una realimentación entre diversos autores de un mismo palo y lectores ávidos de las maravillas y horrores cósmicos que la física moderna nos descubre. Pero siendo estrictos, esto no tendría que afectar a los límites de lo que es posible o real, pues a fin de cuentas lo que la ciencia ficción realiza son proyecciones sobre la ciencia existente.

Ahora bien, ¿qué sucedería si hubiese realmente un cambio importante en la física, un cambio en la forma de pensar y hacer esta disciplina? Seguramente muchos pensarán que como el conocimiento es acumulativo esto no es posible, pero esto también es discutible. Lo que son robustas son las formulaciones matemáticas, y muchas de ellas se han verificado hasta la extenuación, pero no así las ontologías. Y siempre es posible pensar que surjan nuevas teorías que incluyen las existentes pero que cambien nuestro punto de vista de forma radical, y la prueba de ello la tenemos precisamente en la relatividad o la cuántica, o como surgen nuevas formas de entender la mecánica en base los desarrollos en caos determinista.

Lo interesante es que podríamos estar frente a una nueva fase de transición conceptual a un nuevo paradigma en la física. La física de partículas y la cosmología están entrando en un callejón sin salida, los marcos teóricos que dominan el campo (Modelo Estándar y cosmología inflacionaria), están literalmente muriendo de éxito. Afortunadamente la física no se reduce a eso y se auguran avances importantes en campos como el estado sólido, los fluidos o la astrofísica estelar y planetaria. Pero si van a ser estos nuevos campos los que dicten las metodologías, los conceptos y la filosofía es posible que la salida al callejón sin salida de razonamientos antrópicos, multiversos y ajustes finos de los parámetros de la física de partículas implique que muchos de esos conceptos con los que algunos autores tratan de expandir los límites de lo real queden en meras quimeras.

En ese caso podría ocurrir que la frontera entre ciencia ficción y fantasía fuese menos difusa. Pero también podría ocurrir todo lo contrario, y tener una nueva y radical expansión de los límites de lo real, aunque en direcciones diferentes. Para los que pensamos que la literatura de ciencia ficción podría tener un futuro a pesar de los cambios sociales y culturales de estos tiempos esto es una cuestión importante, aunque me temo que cualquier predicción que podamos hacer sobre el futuro del género al finar no resultará acertada. Pues ya decía Niels Bohr que hacer predicciones, y sobre todo sobre el futuro, es muy difícil.

Azar y orden

diciembre 18, 2012

En el interesante libro La hora de embriagarse de Hubert Reeves podemos encontrar el siguiente texto atribuido a Dennis Diderot, como parte de una respuesta a una carta de Voltaire, y que plasma una duda escéptica con respecto a los argumentos de diseño:

Se llena de escombros un vasto terreno, arrojándolos al azar, y entre ellos el gusano y la hormiga encuentran alojamiento muy confortable. ¿Qué pensaríais de estos insectos, si tomando por seres reales las relaciones de los lugares que habitan con su organización, se extasiaran ante la belleza de esta arquitectura subterránea y la inteligencia superior del jardinero que así dispuso las cosas para ellos?

No se trata de una afirmación, sino de una duda escéptica. ¿Realmente hay un orden matemático tras la realidad o es todo una ilusión de nuestra mente que tiene una especial preferencia por la búsqueda de patrones? Me temo que no tenemos una respuesta científica a esta pregunta, y queda para cada cuál optar por una u otra alternativa. Esta cita resume muy bien todo el libro de Reeves que se puede considerar como un texto que sigue una estela de autores e ideas que comienza con Lucrecio y que llega hasta nuestros días. Autores que han reflexionado sobre el azar y el sentido.

Por otro lado, el título del libro de Reeves hace referencia a un poema de Charles Baudelaire. Pero buscando referencias literarias, este fragmento me parece que de algún modo inspiró la metáfora del picnic y las hormigas referente a cómo interpretar las acciones de una inteligencia extraterrestre superior que encontramos en uno de los clásicos de todos los tiempos de la ciencia ficción: Picnic junto al camino, de Arkadi y Boris Strugatski. Ya que Boris ha muerto hace unas semanas, es una buena excusa para encontrarse con la obra de estos dos interesantes autores claves de la ciencia ficción rusa.

Logicómix (Apostolos Doxiadis, Christos Papadimitriou, Alecos Papadetos y Annie di Donna)

noviembre 5, 2012

Afronté la lectura de este cómic partiendo de la base de la gran cantidad de críticas y reseñas elogiosas, con una unanimidad que no es habitual, lo que en cierto es un problema, pues uno corre el peligro de poder llevarse una decepción ante unas expectativas muy altas. Pues no ha sido el caso, se trata de un cómic estupendo, del que he disfrutado desde el principio hasta el final.

Sin embargo, hay algo que quiero aclarar, pues creo que algunas reseñas incitan a la confusión. Para nada es una obra de divulgación de conceptos matemáticos o filosóficos, aunque esto se hace y bastante bien por parte de los autores, es algo muy diferente. Tampoco es una biografía, aunque uno de los hilos conductores de la historia sea una biografía, en parte real y en parte apócrifa, de Bertrand Russell. Ni siquiera una narración histórica, aunque algunos de los momentos más trágicos del siglo XX son espectadores del devenir de los personajes. Pues de lo que se trata es de, como indica en el subtítulo de la obra, una búsqueda épica de la verdad. Una odisea homérica en que Bertrand Russell va en busca de su propia Ítaca, la Verdad.

Como no podría ser menos en una historia épica, narrada por unos guionistas griegos nada menos, el protagonista se encontrará con otros aventureros, en este caso otras grandes mentes dedicadas a la lógica. Así, al final uno puede percibir cuál es el verdadero tema de la historia, que es la dialéctica que se establece entre la razón y las pulsiones irracionales de la mente. También la delgada línea que separa la obsesión por el pensamiento lógico de la propia locura que podemos observar en algunos de los personajes principales de esta búsqueda épica. La respuesta viene dada por los autores en el epílogo de la obra, en forma de adaptación de un fragmento de una tragedia de Esquilo.

En lo que respecta a la faceta divulgativa, aunque claramente no es el objetivo principal de la obra, ciertamente es de gran calidad. Las explicaciones son claras y están muy bien engarzadas con la historia. ¡Y además el cómic es autorreferente!

Para terminar dos cosas que me han gustado mucho. Por una parte, la estupenda documentación de la obra, pues aún todos los hechos inventados y las libertades creativas de los autores tienen una sólida base. Por otra, la pinta de auténtico chalado que tiene Wittgenstein  ya desde su primera aparición, je, je.


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