Archivos de la categoría ‘Filosofía de la Ciencia’

Azar y orden

diciembre 18, 2012

En el interesante libro La hora de embriagarse de Hubert Reeves podemos encontrar el siguiente texto atribuido a Dennis Diderot, como parte de una respuesta a una carta de Voltaire, y que plasma una duda escéptica con respecto a los argumentos de diseño:

Se llena de escombros un vasto terreno, arrojándolos al azar, y entre ellos el gusano y la hormiga encuentran alojamiento muy confortable. ¿Qué pensaríais de estos insectos, si tomando por seres reales las relaciones de los lugares que habitan con su organización, se extasiaran ante la belleza de esta arquitectura subterránea y la inteligencia superior del jardinero que así dispuso las cosas para ellos?

No se trata de una afirmación, sino de una duda escéptica. ¿Realmente hay un orden matemático tras la realidad o es todo una ilusión de nuestra mente que tiene una especial preferencia por la búsqueda de patrones? Me temo que no tenemos una respuesta científica a esta pregunta, y queda para cada cuál optar por una u otra alternativa. Esta cita resume muy bien todo el libro de Reeves que se puede considerar como un texto que sigue una estela de autores e ideas que comienza con Lucrecio y que llega hasta nuestros días. Autores que han reflexionado sobre el azar y el sentido.

Por otro lado, el título del libro de Reeves hace referencia a un poema de Charles Baudelaire. Pero buscando referencias literarias, este fragmento me parece que de algún modo inspiró la metáfora del picnic y las hormigas referente a cómo interpretar las acciones de una inteligencia extraterrestre superior que encontramos en uno de los clásicos de todos los tiempos de la ciencia ficción: Picnic junto al camino, de Arkadi y Boris Strugatski. Ya que Boris ha muerto hace unas semanas, es una buena excusa para encontrarse con la obra de estos dos interesantes autores claves de la ciencia ficción rusa.

Logicómix (Apostolos Doxiadis, Christos Papadimitriou, Alecos Papadetos y Annie di Donna)

noviembre 5, 2012

Afronté la lectura de este cómic partiendo de la base de la gran cantidad de críticas y reseñas elogiosas, con una unanimidad que no es habitual, lo que en cierto es un problema, pues uno corre el peligro de poder llevarse una decepción ante unas expectativas muy altas. Pues no ha sido el caso, se trata de un cómic estupendo, del que he disfrutado desde el principio hasta el final.

Sin embargo, hay algo que quiero aclarar, pues creo que algunas reseñas incitan a la confusión. Para nada es una obra de divulgación de conceptos matemáticos o filosóficos, aunque esto se hace y bastante bien por parte de los autores, es algo muy diferente. Tampoco es una biografía, aunque uno de los hilos conductores de la historia sea una biografía, en parte real y en parte apócrifa, de Bertrand Russell. Ni siquiera una narración histórica, aunque algunos de los momentos más trágicos del siglo XX son espectadores del devenir de los personajes. Pues de lo que se trata es de, como indica en el subtítulo de la obra, una búsqueda épica de la verdad. Una odisea homérica en que Bertrand Russell va en busca de su propia Ítaca, la Verdad.

Como no podría ser menos en una historia épica, narrada por unos guionistas griegos nada menos, el protagonista se encontrará con otros aventureros, en este caso otras grandes mentes dedicadas a la lógica. Así, al final uno puede percibir cuál es el verdadero tema de la historia, que es la dialéctica que se establece entre la razón y las pulsiones irracionales de la mente. También la delgada línea que separa la obsesión por el pensamiento lógico de la propia locura que podemos observar en algunos de los personajes principales de esta búsqueda épica. La respuesta viene dada por los autores en el epílogo de la obra, en forma de adaptación de un fragmento de una tragedia de Esquilo.

En lo que respecta a la faceta divulgativa, aunque claramente no es el objetivo principal de la obra, ciertamente es de gran calidad. Las explicaciones son claras y están muy bien engarzadas con la historia. ¡Y además el cómic es autorreferente!

Para terminar dos cosas que me han gustado mucho. Por una parte, la estupenda documentación de la obra, pues aún todos los hechos inventados y las libertades creativas de los autores tienen una sólida base. Por otra, la pinta de auténtico chalado que tiene Wittgenstein  ya desde su primera aparición, je, je.

Mente y materia (Erwin Schrödinger)

octubre 19, 2012

Continuando con los ensayos de Schrödinger, el siguiente en la lista tiene que ser este, quizá el más elaborado filosóficamente, y desde luego el que mejor desarrolla sus ideas metafísicas. Como su título indica, la obra trata sobre la dicotomía entre mente y materia, que ha sido uno de los ejes del desarrollo de la filosofía occidental. Pero Schrödinger no sólo plantea el problema sino que también aporta su particular solución, que entronca con la filosofía védica a través del pensamiento de Schopenhauer, no existen múltiples mentes, sino una única mente.

Es este un panteísmo idealista, pero a la vez realista. Pues Schrödinger parte de analizar los que él considera los dos principios metafísicos básicos en que se sustenta la ciencia, y en general toda la filosofía occidental. Por una parte el Principio de comprensibilidad de la Naturaleza, que afirma que el mundo es cognoscible y que se remonta a la escuela de filosofía milesia, el physiologoi. El otro es el Principio de objetivización, existe una realidad externa objetiva independiente del observador. Al análisis de éste y se relación con el problema de mente y materia dedica Schrödinger la segunda mitad del libro.

Se puede estar de acuerdo o no con las propuestas filosóficas de Schrödinger, pero es un ensayista ameno, y sobre todo, un pensador profundo. Al comenzar sus estudios universitarios dudaba entre dedicarse a la filosofía o la física, y está claro que tomó la elección correcta en base a sus contribuciones a la ciencia, pero nunca abandonó su vertiente filosófica y este libro es una muestra de ello. Imprescindible.

La naturaleza y los griegos (Erwin Schrödinger)

octubre 13, 2012

Otro de los clásicos del gran físico austriaco es este breve pero interesante ensayo dedicado a algunos de los pensadores más interesantes y originales de la historia de la filosofía.  Aquellos que en nuestros libros de filosofía eran denominados como “presocráticos”, como tratando de restar su importancia o interés. En este libro podemos ver cómo son pensadores fundamentales, tanto desde la perspectiva histórica, como la más actual asociada con los avances de la física.

Pues la tesis fundamental de Schrödinger es que el pensamiento de estos autores es la base de dos principios metafísicos básicos, siendo uno de ellos la idea de que el mundo es cognoscible. Frente a los problemas filosóficos que presentan las interpretaciones de la física cuántica un retorno a las ideas de los griegos es necesaria. Muy interesantes son las reflexiones de Schrödinger sobre cómo podrían Leucipo y Demócrito haber llegado a la introducción de la hipótesis atómica, y cómo ésta es una de las respuestas posibles en la dialéctica entre continuo y discreto, que a día de hoy sigue siendo uno de los grandes problemas sin resolver de la ciencia.

Por todas estas cuestiones es este un libro apasionante, pero además es una de las mejores introducciones al pensamiento de las primeras escuelas de pensamiento filosóficas de la antigua Grecia.

Presentación de Akasa-Puspa en el festival Celsius 232 de Avilés

julio 14, 2012

Este viernes, 20 de Julio, estaré junto a Jose Antonio Cotrina, Felicidad Martínez, Sergio Mars y Rodolfo Martínez presentando la obra colectiva Akasa-Puspa, de Aguilera y Redal. El acto será a las 19:30 en la carpa de actividades del festival. Es una estupenda conjunción de autores y estoy seguro de que será una presentación muy interesante para que descubráis esta obra colectiva. Nos vemos en el Celsius.

El enigma de la realidad. Las entidades de la física de Aristóteles a Einstein (Pilar Ruiz-Lapuente)

mayo 22, 2012

Últimamente leo pocos libros de divulgación sobre física, pues o bien tratan temas muy básicos, o por el contrario tratan otros más complejos e interesantes relacionados con los desarrollos punteros de la disciplina pero su enfoque no me convence y prefiero recurrir a los múltiples y buenos materiales existentes en las revistas generalistas. Sin embargo, cada vez disfruto más con los ensayos dedicados a “pensar sobre la física” y escritos para un público amplio. Por eso de agradecer encontrarse con este texto de una física de prestigio dentro del mainstream de la disciplina como es Pilar Ruiz-Lapuente y que trata nada más y nada menos que del desarrollo de las ontologías de las teorías de la física a lo largo de la historia.

En lo que respecta a mi juicio sobre la obra es ambivalente, pues por una parte trata temas que me interesan mucho (de hecho los que yo esperaría encontrar en una obra como esta) y la exposición es muy buena, pero el conjunto no me acaba de convencer del todo. Puede decirse, como sugiere el título, que la obra va exponiendo diferentes ontologías de las teorías física, de ahí la referencia a las entidades de la física. Y la presentación es bastante ecléctica, de modo que a lo largo de un desarrollo más o menos lineal se van introduciendo doctrinas como el realismo, el instrumentalismo, el convencionalismo o el relacionismo, y cómo éstas aparecieron en diversos momentos de la historia de la física. Pero por otra parte cuando parece que la autora va a profundizar en una cuestión interesante deja lo más importante en el tintero, o al menos esa fue mi percepción.

Tampoco se percibe del todo bien la continuidad de la exposición, creo que como resultado de esto que acabo de comentar pues la intención de la autora parece clara, y ciertamente al terminar el libro he tenido la intención de estar ante una obra inacabada. Si bien es cierto que lo que la autora quiere sugerirnos es que a lo largo del tiempo han cambiado las ontologías de las teorías físicas pero sin embargo se mantienen las formulaciones, yo esperaba un poco más de detalle y extensión a la hora de exponer las conclusiones.

Entre lo más positivo en el ensayo destacaría que dedica bastante espacio a discutir temas como las teorías de los antiguos griegos o la escolástica, lo que es bastante de agradecer, así como la aparición de diversas citas de Lucrecio o John Milton. Quizá la brevedad con que trata la ontología subyacente a las modernas teorías cuánticas de campos es una limitación de la ambición de la obra, pero teniendo en cuenta el devenir de la física teórica actual me parece un gran acierto por parte de la autora dedicar bastante más espacio a la relatividad einsteniana que a la teoría cuántica o la física de partículas.

A pesar de sus defectos me parece una obra muy interesante, y en algunos capítulos he disfrutado bastante con la lectura. Eso sí, aunque está escrita para un público general, sí que hay que estar un poco familiarizado con la historia de la ciencia y tener claros algunos conceptos básicos de la filosofía de la ciencia.

The Physical Basis of The Direction of Time (H. Dieter Zeh)

agosto 21, 2011

Aunque no suelo comentar libros técnicos, y menos aún escritos en inglés, con este hago una excepción pues es un ensayo muy completo que trata un tema de física muy general, y que constituye uno de los grandes retos a que se enfrenta esta disciplina científica, tratar de determinar cuál es el origen físico de la dirección del tiempo. Lo tengo desde hace algunos años y hace poco he hecho una relectura, por lo que me parece una buena excusa para comentarlo.

Por el propio tema que trata el libro se trata de un ensayo, no de un libro de texto, y además un ensayo donde la exposición de conceptos y el contexto epistemológico en que se plantean son relevantes. Lamentablemente para la mayoría de los lectores es una obra sobre física teórica pura y dura, que requiere de conocimientos avanzados de física para su comprensión, aunque esto también depende de los capítulos y de cómo se quiera enfocar la lectura. Pero en cualquier caso es un texto que trata en detalle y con cierta profundidad en algunos casos la física que se relaciona con la dirección del tiempo, lo que implica considerar explícitamente el formalismo matemático y conceptos avanzados de la disciplina.

Comienza con una introducción al problema, tratando de mostrar claramente cómo la idea de tiempo en física no se corresponde con el concepto psicológico de tiempo, y como la cuestión de la dirección del tiempo se asocia con una serie de preguntas concretas sobre la naturaleza del tiempo físico, en un contexto determinado, y que no corresponde en su totalidad con el problema general más filosófico que se trata en los libros de divulgación. Sin embargo ante el hecho de que ecuaciones que presentan una reversibilidad temporal surja una dirección del tiempo (interesante me parece la aclaración de conceptos al respecto que hace el autor) ha dado lugar a dos tipos de respuestas por parte de los físicos. Por un lado quienes apuestan por condiciones iniciales o de contorno especiales, y por otro quienes tratan de buscar el origen de la dirección del tiempo en las propias leyes o en argumentos termodinámicos.

El libro se estructura en capítulos que tratan sobre “diferentes flechas del tiempo” en física. Comenzando con la electromagnética que se manifiesta como la ausencia de efectos de potenciales adelantados y que ha sido tratada extensamente en la literatura. Buena parte del capítulo se centra en la electrodinámica de acción a distancia de Wheeler y Feynman en cómo es necesario recurrir a especiales condiciones de contorno.

El siguiente capítulo es uno de los más interesantes del libro, pues trata de cuestiones de la fundamentación de la mecánica estadística y cómo se relacionan con el problema de la dirección del tiempo. El hecho de optar por una definición puramente física de la entropía o un enfoque en términos de información tiene relevancia para la cuestión de la flecha del tiempo. También se hace mención a algunos enfoques como el de la escuela de Prigogine, pero ni este ni los otros comentados aportan una solución al problema.

Zeh apuesta por buscar un origen de la dirección del tiempo en el ámbito de la cosmología cuántica pero para llegar a ello primero ha de abordar la cuestión de la medida cuántica y su relación con la dirección del tiempo, lo que además complementa el análisis del capítulo anterior. Aquí se nota el ámbito de investigación del que procede Zeh y la mayor parte del capítulo se centra en el análisis del enfoque de la decoherencia en la teoría de la medida en la mecánica cuántica, aunque también trata brevemente el enfoque de muchos universos, pues tendrá alguna aplicación en los capítulos posteriores.

Es entonces cuando Zeh trata el apasionante tema de la relación entre gravedad y termodinámica, un ámbito en el que hay demasiadas preguntas sin respuestas y una parte de la física que nos deparará sorpresas en las próximas décadas, con toda seguridad. Una exposición de la termodinámica de los agujeros negros, o de la expansión cósmica, nos muestra dónde está el núcleo fundamental de la problemática de la dirección del tiempo. Pues la termodinámica de los agujeros negros o el Big Bang plantea grandes preguntas sin responder sobre el problema de la especial condición inicial (o final) en el origen (o final) del universo. Por supuesto las ideas de Penrose son comentadas, aunque también se tiene en cuenta otros puntos de vista.

Con la base del capítulo anterior el último afronta la cuestión de cómo surge el tiempo en el ámbito de la cosmología cuántica y cómo podría surgir la dirección del tiempo, teniendo en cuenta el especial papel que podría jugar la decoherencia en el problema, y la importancia que tiene poder disponer de teorías cuánticas sobre la gravedad.

Un libro denso y exigente, pero a la vez ameno e interesante y que sin duda puede considerarse como uno de los textos más completos sobre en este campo. El autor ha actualizado el volumen en las diferentes ediciones, de modo que las últimas tienen en cuenta las últimas investigaciones en el ámbito de la física (yo tengo la tercera edición y creo que ya va por la sexta), de modo que además aporta una visión actual del problema de la dirección del tiempo. Imprescindible para todos aquellos que quieran profundizar en el tema y dispongan del bagaje necesario para ello.

El tema del contacto extraterrestre en la obra de Stanislaw Lem

agosto 14, 2011

Como dentro de poco habrá algunas actividades en Madrid en torno a la obra del genial Stanislaw Lem recupero este texto para el blog, que en su momento preparé para la web de la AsturCon (con motivo de su defunción, hace ya cinco años). He hecho algunos cambios de estilo, pero he mantenido la mayor parte del texto original. Espero que os resulte interesante y os haga interesaros por la obra de uno de los más grandes autores del siglo XX:

Una de las temáticas más comunes en el seno de la ciencia ficción es la del contacto con civilizaciones extraterrestres. No es de extrañar, por tanto, que uno de los autores más emblemáticos de la ciencia ficción europea, el recientemente desaparecido Stanislaw Lem (1922-2006), también tratara el tema en sus obras. El caso de Lem es especial, ya que el primer contacto ha sido uno de los temas capitales de su obra. Además, a diferencia de lo que sucede con otros autores, es tratado desde una perspectiva epistemológica contraria a la visión antropocéntrica dominante en la ciencia ficción.

El tema del primer contacto en Lem puede abordarse desde varios puntos de vista. Puede hacerse desde una perspectiva puramente literaria definiendo una serie básica de estructuras narrativas específicas que se encuentran en la obra de Lem. Otra posibilidad es considerar un análisis de corte estrictamente científico, es decir, considerar qué tipo de vida es la imaginada por el autor polaco y comentar la plausibilidad científica de ésta. Pero también puede hacerse un análisis epistemológico estableciendo cómo la teoría general del conocimiento que aparece a lo largo de la obra de Lem puede aplicarse a la cuestión del primer contacto Aquí enfocaré el tema mediante una mezcla de estas tres metodologías de análisis.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que Lem escribía ficción científica, lo que no coincide estrictamente con lo que habitualmente se entiende por ciencia ficción. Al hablar de ficción científica no debemos considerar que se trata de una ficción enteramente científica, o en dónde el elemento científico es el dominante, sino una ficción en la cual los elementos introducidos sean compatibles con la ciencia del momento y que adopten una concepción de la naturaleza basada en esos conocimientos.

¿Cómo construir dicha ficción estrictamente científica? El propio Lem sugiere una serie de alternativas en alguno de sus ensayos. Por ejemplo, parece claro que no habremos de tener en la narración contradicciones lógicas, o acontecimientos que claramente violen las principales leyes físicas que conocemos, ya que en tal caso habríamos de hablar de fantasía pura. Además, a diferencia de otros autores de ciencia ficción, Lem se limita a introducir en sus historias elementos científicamente plausibles, pero con unas fronteras de lo posible claramente delimitadas. Y es que Lem consideraba su literatura no como literatura fantástica, sino como una literatura realista en cuanto que trataba sobre acontecimientos que podrían suceder en un futuro y en este mundo. Hay que tener en cuenta que Lem consideraba ontológicamente diferenciadas a la literatura eminentemente fantástica de la ficción científica alegando razones de corte puramente estructural en lo narrativo así como en la intencionalidad implícita en lo narrado. Además, en la obra de Lem no se introducen de forma explícita elementos metafísicos.

Si tenemos esto en cuenta, podemos concluir que los extraterrestres imaginados por Lem son extraterrestres que realmente podrían existir en nuestro mundo. Este carácter realista que Lem pretendía dar a sus obras es fundamental para entender toda su producción literaria como una reflexión epistemológica en torno a una teoría científica, de ahí que Lem pueda considerarse como una autor que trata sobre lo epistemológico y no tanto sobre lo gnoseológico, aunque desde luego esta afirmación es matizable. El realismo le aporta más entidad a cualquier reflexión que se plantee sobre las civilizaciones extraterrestres, porque éste ya es un tema de interés científico. A este respecto, los extraterrestres de Lem, además de ser los ejes fundamentales en torno a los que gira la especulación científica principal de cada una de sus historias, también simbolizan lo desconocido, aquello que el ser humano no puede comprender por ser algo ajeno a su naturaleza. Y lo desconocido, por tanto, escapa al análisis científico en cuanto que este es una construcción humana, tanto mental como social, y como tal construcción humana es limitada e imperfecta. Ahí surge precisamente la idea de los límites del conocimiento científico, y cómo éstos se relacionan con la idea de azar, otros de los temas claves en la obra de Lem (para mí el fundamental de toda su obra, pero sobre eso hablaré en otra ocasión).

Si consideramos la novela de Lem que nos presenta de forma más optimista el contacto con extraterrestres, Edén, ya nos encontramos con una crítica a la metodología científica en el estudio de una cultura ajena a la humana. Cualquier nuevo fenómeno que trata de explicar la ciencia presenta dificultades propias y originales, y como tal debe ser estudiado. Sin embargo un análisis en términos de especialidades científicas estancas puede resultar, y de hecho lo es en muchos casos, insuficiente. Es lo que sucede en Edén, en donde los científicos humanos no son capaces de comprender en su conjunto a la sociedad del planeta Edén ya que parten de sus limitados puntos de vista de especialidad. Sólo un análisis holístico del problema puede ser fructífero, lo que Lem sugiere mediante las respuestas que aporta el cibernético, cuya especialiiad científica tiene un componente holístico mayor que la de sus compañeros de expedición. El hecho de que no se mencionen los nombres propios de la tripulación de la nave accidentada en Edén sugiere que cada uno simboliza a cada una de las ciencias en la que es especialista, no son personajes con entidad propia sino arquetipos que representan a las diferentes especialidades científicas. En esta primera incursión en el tema del contacto extraterrestre Lem se centra en la problemática que presenta el relativismo cultural en el contacto entre especies procedentes de mundos diferentes.

Pero en otras de sus obras va mucho más allá. Si dentro de la comunidad científica que desarrolla la ciencia que pretende estudiar el tema de las civilizaciones extraterrestres denominada se considera a las matemáticas como un lenguaje universal, Lem niega esta posibilidad en una de sus novelas más interesantes: La voz de su amo. Presentada como si fuese la una obra autobiográfica de un famoso matemático anónimo, nos narra el proceso de análisis y estudio de un mensaje extraterrestre encontrado en el fondo cósmico de neutrinos. Las conclusiones a que llega la investigación que se nos narra en la novela son insuficientes y completamente pesimistas, desde el punto de vista del matemático nos narra la historia en primera persona.

Ni siquiera puede decirse que exista un mensaje extraterrestre como tal aunque el patrón detectado en la señal del fondo de neutrinos parece ser resultado de algún tipo de actividad inteligente. Las matemáticas humanas resultan insuficientes para desentrañar la estructura oculta en el supuesto mensaje, y tal vez lo que aparenta ser una estructura ordenada, un código, con una finalidad dirigida a la comunicación entre especies, no sea más que un subproducto en el seno de un todo mayor y más complejo completamente incognoscible para la matemática humana. Resulta imposible establecer comunicación con quienes han creado el mensaje, o comprender sus intenciones, pues posiblemente se trata de una civilización tan avanzada que se salga completamente de los estándares humanos, tanto en el desarrollo tecnológico como cognitivo. Incluso podría ser una civilización que habite en otro nivel de existencia en el continuo espacio-tiempo. Esa es ka conclusión a que llega el matemático que nos narra la historia, pero no es la única posible, y Lem nos aporta algunas alternativas más en las hipótesis de otros miembros del equipo de investigación de la señal extraterrestre.

Esta novela nos sugiere que las matemáticas humanas no son un absoluto universal. Aunque lo fuesen, hoy ya sabemos que existen en su seno problemas irresolubles o en los que el azar ontológico juega un papel clave como sugiere el matemático G.J. Chaitin. En La voz de su amo estamos ante una crítica de corte epistemológico en contra del antropocentrismos, pero de mucho más calado que en el caso de Edén en dónde únicamente se realizaba una crítica a la metodología de trabajo científica. En este son los propios pilares de la ciencia misma los que se ponen en duda cuando nos enfrentamos a lo extraño a la mente humana.

No obstante, esta crítica no es incompatible con una visión antrópica del cosmos en la cual el ser humano se considera como un observador privilegiado. Esta visión no es excluyente, ya que en ella podríamos englobar a aquellos que sin ser humanos existan como resultado de los mismos procesos físicos o biológicos que han dado lugar al ser humano, es decir, a la inmensa mayoría de los extraterrestres que aparecen en el género ciencia ficción. Sin embargo, el principio metafísico fundamental en la obra de Lem son el principio de mediocridad que podríamos resumir diciendo que el ser humano no es un observador privilegiado ni tiene un papel destacado en el devenir del universo. Si admitimos con todas sus consecuencias tal principio podríamos encontrarnos con formas de vida totalmente ajenas a lo humano y aún así basadas en las misma física y la misma química que nos han permitido evolucionar hasta ser lo que somos, quién sabe si también las mismas leyes biológicas. Pero podría darse el caso de que encontrásemos formas de vida a las que no se les puede aplicar los conceptos de vida y de inteligencia tal como los entendemos actualmente.

Tal tipo de formas de vida son las protagonistas de El invencible. Comenzando como una aventura espacial en la que una nave llega a un planeta extraño y un gran peligro la aguarda, de repente la historia da un giro y nos encontramos con una historia compleja y fascinante en donde las protagonistas son unas formas de vida totalmente extrañas y ajenas a lo humano. En esta novela no estamos ante entes puramente biológicos, sino ante extraños híbridos cibernéticos, máquinas sometidas a procesos de selección natural. Aquí volvemos a encontrarnos con la cibernética, y no de forma casual, pues durante décadas fue uno de los temas preferidos de Lem.

Hasta ahora hemos visto como el contacto no parece ser posible en la medida en que el ser humano no tiene por qué ser el patrón universal en cuanto a formas de vida e inteligencia. Estadísticamente nos encontraremos con más casos en los cuales los extraterrestres se encuentran en un nivel de evolución o de desarrollo diferente el nuestro ya sea superior, inferior o paralelo. Pero, ¿sería posible el contacto con una civilización de desarrollo tecnológico similar al humano? Ese es el punto de partida de Fiasco. El hecho de que estadísticamente haya más posibilidades de que la mayor parte de las civilizaciones sean superiores, inferiores o radicalmente diferentes a la nuestra, impone la necesidad de considerar lo que se denomina una ventana de contacto. Sólo podremos comunicarnos con las civilizaciones que están dentro de esa ventana, con las demás el contacto no sería viable por estas demasiado desarrolladas, poco desarrolladas o por ser criaturas tan diferentes que la comunicación no sería posible.

La novela de Lem comienza tras doscientos años de SETI tras los cuales la humanidad ha detectado por fin, en el planeta Quinta, una civilización que cumple todas las condiciones necesarias para que el contacto sea posible. A tal fin se envía a la nave Eurídice a ese sistema para establecer contacto con la cultura extraterrestre. Sin embargo el intento de contacto termina en un completo fiasco, de ahí el título de la novela. Pero no será por causa del desigual desarrollo tecnológico, ni siquiera por la imposibilidad de establecer un canal de comunicación, como en otras de las historias de Lem. No, la causa del fiasco es que simple y llanamente los quintanos no desean comunicarse con los humanos. Y es que una mente alienígena es algo completamente extraño y no se rige por nuestros esquemas humanos.

Las conclusiones a que llegan los tripulantes de la Eurídice sobre las verdaderas intenciones de los quintanos son incompletas y se basan en una extrapolación de sus propias concepciones antropocéntricas. Y el fiasco no es el hecho en sí de la ausencia de contacto, sino la actitud que los tripulantes de la nave tienen como resultado de ello, lo que da lugar a un dramático y emotivo final. Esa es la conclusión final de la novela, un final que sin duda es uno de los mejores de Lem y que queda grabado a fuego en la mente del lector. Fiasco puede entenderse como el colofón de todas las novelas de Lem que tratan el tema del contacto extraterrestre. No sólo por lo cuidado de las reflexiones filosóficas, la estructura narrativa o el buen manejo de los conceptos científicos, sino por su magnífico e impactante final.

Pero la puesta en duda más radical de la adecuación entre nuestra percepción subjetiva de las cosas y el mundo real aparece en la novela más famosa de Lem: Solaris. Se trata de una novela completamente epistemológica en la que se pueden encontrar varios niveles narrativos y de reflexión filosófica diferentes. En este caso no tenemos meros extraterrestres, tenemos una entidad planetaria indefinible completamente ajena no ya a lo humano, sino a cualquier concepción que tengamos de individuo o de especie. La diferencia de los humanos respecto a los extraterrestres de La voz de su amo puede ser de grado. También los seres de El Invencible son especies sometidas a procesos de selección natural similares a los terrestres. La entidad de Solaris es otra cosa radicalmente distinta. Solaris es algo que no podemos comprender porque está más allá de la comprensión de la mente humana.

A lo largo de la novela se nos narran las dificultades con que encuentra la solarística, el estudio del mar viviente de Solaris, para poder formar un marco teórico unificado y consistente. No hay hipótesis global posible sobre el mar, todas son parciales y sólo pueden dar cuenta de aspectos parciales del comportamiento del mar, es más, muchas de ellas son complementarias ya que son contradictorias entre sí, pero todas ellas permiten explicar una serie de fenómenos concretos. Si queremos dar una descripción completa del mar debemos considerar todo el conjunto de hipótesis solarísticas, pero nunca varias simultáneamente. Esta filosofía es muy similar a la de la complementariedad del gran físico Niels Bohr.

Pero se puede ir más allá, y llegar a la conclusión de que no puede existir un estudio científico de Solaris. Sin abandonar la ciencia y sus principios, Lem nos está mostrando un problema que aparentemente puede ser planteado en términos científicos pero nunca resuelto, y que quizás ni siguiera sea científico. Para ver como es así podemos considerar los criterios de demarcación científica que se emplean en filosofía de la ciencia. Estos criterios son los que emplean los filósofos para establecer lo que es ciencia , por ejemplo el de falsabilidad. Según este criterio, para que una hipótesis pueda decirse que es enteramente científica ésta ha de ser tal que pueda ser refutada. Pero si tratásemos de aplicar un criterio de este tipo a la ciencia que se nos describe en Solaris, veremos que ninguna de las hipótesis presentadas puede ser refutada por la propia naturaleza esquiva del problema. Por tanto Solaris no habría de considerarse como una novela de ficción científica, porque el problema filosófico planteado trasciende a la propia ciencia.

En este sentido Solaris es diferente de las otras novelas de Lem que he comentado anteriomente, ya que en este caso no está claro si podría englobarse en la ficción científica o habría que considerarla como ficción especulativa a secas. Sin embargo, no es fantasía pura, ya que en los términos en que se presenta la narración los elementos son plausibles y no caen en contradicciones lógicas o en violaciones flagrantes de leyes científicas básicas. Pero aunque no es fantasía, tampoco podríamos llamarla ficción científica, ya que en este caso se trata de ficción metacientífica. Es este un tema apasionante que deberían de considerar los estudiosos de la narrativa de ciencia ficción, porque podría ayudar a dar una definición de literatura de ciencia ficción más completa que las que habitualmente se manejan por parte de los aficionados y la crítica.

La conclusión a que podemos llegar tras este breve recorrido por las obras de Stanislaw Lem que tratan el tema del contacto extraterrestre es que podemos intuir la presencia de lo que podríamos denominar un programa de investigación narrativa, complementamente original dentro de la ciencia ficción contemporánea. Un programa que está dotado de elementos estructurales comunes, una base filosófica que se desarrolla en las diferentes narraciones, y unas conclusiones que fueron madurando a lo largo de la obra del genial escritor polaco. El mejor homenaje que le podemos hacer es leer todas estas novelas y disfrutar con su lectura, pero teniendo en cuenta que más allá de las apariencias hay todo un mundo de reflexiones científicas y filosóficas en su obra de ficción.

Incertidumbre (David Lindley)

mayo 12, 2011

Creo que nunca me cansaré de leer sobre la historia del desarrollo conceptual de la mecánica cuántica, pues es algo que creo que a todos los que hemos estudiado física nos fascina, y en general es un tema que atrae a cualquier persona que tenga interés en la ciencia. Pero teniendo en cuenta que hay muchos libros sobre este tema podemos preguntarnos qué aporta uno en concreto que no podamos encontrar en otros del estilo.

Pretendo hacer eso al reseñar este libro de Lindley lo que seguramente condicionará los temas que destaco, pero quiero resaltar que me parece una buena introducción a la historia de la mecánica cuántica que puede ser útil al lector que no conoce en profundidad la física. Pero yo me he fijado más en algunos aspectos particulares del libro.

La característica fundamental es que nos narra la historia de la idea de incertidumbre en mecánica cuántica, centrándose fundamentalmente en la figura de Heisenberg. La mayoría de los autores marcan como el comienzo de la física cuántica con los trabajos de Planck (salvo Sánchez Ron que muy acertadamente lo situa con el desarrollo del estudio de los espectros atómicos), pero Lindley opta por un comienzo diferente de la historia: el estudio del movimiento browniano. Así establece una continuidad entre el desarrollo de la mecánica estadística, con especial énfasis en la obra de Boltzmann, y el surgimiento de la incertidumbre en la física cuántica.

Otra de las peculiaridades del libro es la importancia que da a las personalidades de algunos de los protagonistas de esta historia, pero fundamentalmente tres: Heisenberg, Bohr y Einstein. Sobre todo los dos primeros, que son los dos ejes de la historia que se nos narra, y el tercero como una figura lejana que siempre está presente y condiciona la evolución de las ideas de todos los demás. Pero Lindley toma partido por Heisenberg, yo diría que forma bastante descarada, y le da caña a Bohr de lo lindo.

Nos muestra a Bohr como un gran personaje en la obra, pero un personaje cuya mala influencia influye negativamente el joven e influenciable Heisenberg en un principio, y que más tarde da lugar a un conflicto ideológico y personal entre ambos. Aquí creo que se nota demasiado como Lindley toma partido por uno de los contendientes, y como se muestra demasiado condescendiente (para mi gusto) con Heisenberg, además de pasar muy por encima de ciertos aspectos polémicos de su carrera científica.

Un problema que surge a la hora de analizar el desarrollo de las ideas de Heisenberg en el periodo que va desde que comienza a trabajar con Sommerfeld hasta la formulación del principio de incertidumbre es que los relatos en primera persona disponible son de bastante años después de los acontecimientos. No está claro hasta qué punto lo que Heinsenberg interpretaba como su evolución conceptual en aquellos años tiene poco o mucho de idealización o construcción posterior.

En lo que se refiere a las ideas Lindley, hace bastante énfasis en la idea de que la incertidumbre ya está presente desde los primeros momentos, desde el descubrimiento mismo de la radioactividad y ya en toda su crudeza en la idea de los saltos cuánticos. Creo que consigue explicar al lector lo que implica la espontaneidad de lo cuántico, y por qué ya en los primeros momentos de la teoría los físicos se encontraban intranquilos con ello.

Los capítulos finales tratan sobre la reacción de Einstein a la teoría cuántica, como esta se relaciona con las formulaciones de variables ocultas, y finalmente algunos comentarios someros sobre la influencia de la idea de incertidumbre procedente de la física en otros ámbitos de la sociedad, fundamentalmente la filosofía.

Finalmente una cuestión en la que la perspectiva es diferente a la habitual es la de las influencias externas en el desarrollo de las ideas de la física. Frente a la tesis de las teorías surgen de una forma concreta porque el experimento y el infalible método científico lo fuerzan, y la contraria del constructivismo social (que siempre ha considerado la historia de la mecánica cuántica como uno de sus ejemplos favoritos en base a la tesis de Paul Forman sobre la influencia del ambiente cultural en la república de Weimar), Lindley opta por darle el protagonismo a los individuos. Cómo la personalidad, los avatares vitales, y las relaciones interpersonales fueron muy importantes en el desarrollo de la teoría. Pero sobre todo la contingencia de algunos acontecimientos que fueron fundamentales en el desarrollo de la teoría.

Aunque no estoy de acuerdo con la relativización que hace de los factores sociológicos, y me parece  que da una visión bastante individualista del surgimiento de la teoría cuántica (como digo centrándose en la interacción entre unas pocas figuras clave) me parece muy acertada la introducción de la contingencia en la historia de la ciencia.

Por eso y por lo que he citado me parece un libro bastante bueno, que puede resultar de interés para el conocedor de la historia de la física cuántica, y una buena introducción para los legos. Es decir, se trata de una buena obra de divulgación sobre física, que se deja leer muy bien. Eso sí, me parece que es demasiado tendencioso a la hora de mostrarnos a Heisenberg como el “bueno de la película”.

Sobre la edición comentar que he encontrado un par de cosas raras en el texto, que me sugieren que no ha habido una revisión de estilo técnica del texto en condiciones. Aunque no son muchas y no alteran el texto me han llamado la atención.

¿Cuántos positivistas habitan en el armario?

febrero 16, 2011

Revisando las estadísticas del blog he podido comprobar como además de aparecer en las dos entradas más visitadas de este blog, Rudolf Carnap y Niels Bohr son los campeones de las búsquedas que generan las visitas. Por una parte me hace sentirme orgulloso de los visitantes de esta bitácora, pues parece ser que lo que buscan son contenidos de enjundia. Pero también me produce cierta perplejidad por encontrarme con tantos seguidores de la filosofía positivista.

En estos tiempos en que supongo que ser positivista está muy mal vistosupongo que estarán todos ocultos en los confines del armario de las doctrinas filosóficas. Aclarando que yo no me considero positivista, no puedo evitar mostrar mi simpatía por ciertas vertientes moderadas de esta doctrina filosófica. Así que me pregunto, ¿cuántos positivistas habitan en el armario?


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