Ciencia e hipótesis (Henri Poincaré)

Junio 4, 2008

Poincaré es uno de los personajes más interesantes de la ciencia en los últimos dos siglos. Este genial matemático hizo aportaciones en casi todas las ramas importantes de su disciplina, pero también a la física. Pero no meras aportaciones en el desarrollo matemático de teorías, sino que lo hacía de la manera de un físico. También estaba muy interesado en las cuestiones filosóficas de fundamento de las matemáticas así como del proceso de creación en la mente del matemático. Y además escribió bastante obras de divulgación de gran calidad. Una de ellas es precisamente la que reseño ahora.

Escrito en 1902 este libro es una revisión en clave de divulgación de los grandes temas de la matemática y la física de entonces. Es una referencia muy útil para quien quiera tener una idea de cuál era el paradigma dominante en el ámbito de la física de entonces. Pero su mayor interés está en que Poincaré expone en profundidad los problemas de fundamentos con que se encontraba la física clásica y en sus argumentos ya están presentes buena parte de las ideas que darían lugar a la relatividad especial. De hecho Poincaré desarrolló una teoría relativista muy similar a la de Einstein de forma simultánea.

También es interesante su revisión de la problemática de fundamentación de la matemática que ya estaba presente entonces como resultado de los avances de la disciplina. Y lo que no ha perdido interés es la interpretación convencionalista del espacio de Poincaré. Para él el espacio que se introduce en la física no es más que resultado de una convención, y no hay un criterio objetivo que permita establecer si una geometría euclídea es más verdadera que una no euclídea con espacios con curvatura. El desarrollo de la relatividad general introdujo esta discusión en el ámbito de la física y en este contexto los argumentos de Poincaré son más interesantes si cabe.

Este libro es un clásico de la ciencia, pero también de filosofía de la ciencia, que creo que nadie interesado en el tema debería de perderse. Tenemos la suerte, además, de que están apareciendo ediciones de algunas otras de sus obras de divulgación o libros que tratan del papel de Poincaré en el desarrollo de la relatividad. Es una buena excusa para acercarse a este genial matemático y físico francés.


El significado de la relatividad (Albert Einstein)

Junio 2, 2008

Este libro es en parte culpable de la elección de mis estudios universitarios. Siempre tuve de niño interés por la ciencia, pero creo que si la física me atraía más que otras disciplinas científicas fue resultado de la traumática experiencia de enfrentarme a este libro. Imaginad a un niño pequeño que está comenzando a leer y que con insaciable curiosidad examina esos objetos llamados libros y piensa que algún día podrá comprender todo lo que hay aparece, esos mundos de maravilla. Y que ese niño, repito que apenas ha comenzado a aprender a leer tebeos y poco más, en el primer o segundo año de primaria, se encuentra de repente con un libro lleno de formulones rarísimos. Eso tiene que ser impresionante y hacer crecer la llama de la curiosidad en su interior.

Con el paso del tiempo ese niño fue aprendiendo más y más cosas, leyendo más y más cosas, y este misterioso libro se le seguía resistiendo. Ya de adolescente, una primera parte de la edición que tenía en su casa era de otro libro de divulgación del mismo autor y lo entendía, más o menos. Pero los formulones seguían resistiéndose, y así acabo estudiando física, pensando que eso haría de piedra de Rosetta y podría descifrarlo. Y finalmente, pudo entender el significado de lo que allí aparecía, no sólo lo que representaban las fórmulas, sino lo que significaban. Seguramente su satisfacción fue tanta como la Champollion cuando descifró los jeroglíficos egipcios.

Como os podéis imaginar ese niño era yo, y ahora tengo incluso dos ediciones de este magnífico texto de Einstein que comprendo perfectamente. Lo que no es ninguna hazaña ya que los textos de este genial físico son una delicia. En este caso se trata de unas conferencias de introducción a las teorías especial y general de la relatividad, con algunos añadidos interesantes del trabajo de Einstein en el campo unificado o de la resolución del problema cosmológico. Como digo da gusto leer a Einstein por su claridad, precisión, el manejo que hace de los argumentos heurísticos y la profundidad de sus razonamientos en la interpretación física de la teoría.

Aunque se trata de un texto técnico. También existe un libro de divulgación de la relatividad del propio Einstein que en otra ocasión comentaré. Pero aún siendo técnico puede seguirse muy bien la exposición si se maneja el álgebra de los tensores ya que la presentación es muy buena. La parte que más me gusta es la que habla de las ideas del espacio en la física prerrelativista o la aplicación que hace Einstein del principio de Mach al que denomina el problema cosmológico.

Todo un clásico de la física realmente imprescindible y que toda persona interesada por la física debería de tener en su biblioteca. Ha sido reeditado hace pocos años en la colección Austral, así que se trata de un libro barato y nada difícil de conseguir.


Intelligent life in the Universe (Iosif S. Shklovskii y Carl Sagan)

Mayo 21, 2008

Hay tres libros que me parecen las referencias fundamentales en lo que la búsqueda científica de la vida extraterrestre se refiere, y este es uno de ellos. En este caso me parece que es fundamental porque es uno de los primeros que hace un enfoque general del estudio de la vida extraterrestre, y lo que es más importante, trata de hacerlo analizando la vida en el contexto cósmico. Tras haberlo leído puedo ya afirmar que todos los argumentos básicos en que se fundamenta SETI ya están presentes en él, y poco se ha avanzado desde entonces.

Se trata de una edición en inglés de un libro escrito en primer lugar en ruso por Shklovskii y revisado y ampliado por la mano de Sagan. Eso hace que se produzca un interesante balance entre los dos autores que es lo que le da su carácter de clásico del campo, y que también consigue que un libro escrito hace algo más de cuarenta años no haya perdido interés. Porque en contra de lo que pueda parecer no está desfasado.

En él se organizan y se estructuran de forma coherente toda una serie de trabajos previos que aparecieron en la literatura científica durante esa década (la década de oro de la exobiología podría decirse) y cuyos contenidos seguramente sonarán a muchos lectores de ciencia ficción. Eso no significa que el libro sea meramente especulativo, y cuando es posible se emplean argumentos cuantitativos, teniendo siempre como punto de partida los datos astrofísicos de que disponían los autores. Aquí me parece importante destacar que estamos ante dos investigadores que provenían del mundo de la física, aunque los intereses científicos de ambos divergían, si bien tenían un interés común por la vida extraterrestre.

El que sea antiguo podría significar que se trata de un texto desfasado y que tiene poco interés, pero no es cierto. Está claro que, como todos los libros de este estilo, el nivel de conocimiento del Sistema Solar de entonces está muy alejado del actual y de hecho Sagan siempre hizo referencia en sus ensayos a cómo le entusiasmaba haber participado en primera persona en la revolución del conocimiento asociada al empleo de las sondas interplanetarias. Pero si uno lee con atención se da cuenta de que esto es irrelevante para los argumentos de los autores, ya que no hacen especulaciones innecesarias fuera del grado de conocimiento de los planetas de que disponían, que ya permitía desechar ciertas hipótesis sobre la existencia de vida en ellos. Por otro lado que no tuviesen en cuenta posible hábitats para la vida que entonces no se consideraban no refuta sus conclusiones.

Pero la parte de la vida en otros sistemas estelares no ha perdido interés, y tampoco se nota tanto el desfase en el nivel de conocimientos astrofísicos, ya que ya entonces las teorías sobre evolución estelar estaban suficientemente avanzadas como para no cometer errores de bulto. Menos aún se pueden poner en duda las exposiciones sobre la utilidad de las ondas de radio en la comunicación interestelar o el empleo de canales ópticos. Y las reflexiones sobre el empleo de sondas en la colonización interestelar o el análisis de los términos de la ecuación de Drake siguen siendo en buena medida válidos. Realmente en cuarenta años sólo hemos pasado del primer término en la ecuación, a tener una estimación razonable del segundo (el número de sistemas planetarios en la galaxia) a través de cotas establecidas por la detección de planetas extrasolares.

Pero lo mejor del libro son las especulaciones calenturientas de Shklovskii pasadas por el filtro de Sagan. Por ejemplo la fascinante sugerencia de que los satélites de Marte podrían ser de origen artificial, tema al que se dedica todo un capítulo. Y no hay que dejarse engañar, los argumentos son muy sólidos y están basados en los datos disponibles entonces, aunque ahora sabemos que no es así gracias a los datos de las sondas sobre la composición de estos cuerpos y sobre la dinámica de sus órbitas, pero no es una idea tan descabellada como parece. También especulan sobre la civilización sumeria y cómo podrían interpretarse las leyendas sobre su fundación como un ejemplo de como podría ser un contacto con civilizaciones extraterrestres en el pasado histórico, aunque dejan muy claro que es un hipótesis que no consideran.

Aquí hay un detalle que me parece interesante, y por lo que el libro tiene gran interés. Este tipo de especulaciones de extraterrestres en el pasado eran muy queridas tanto por escritores de ciencia ficción como académicos soviéticos. En el primer caso está claro por qué, pero en el segundo seguramente eran forzadas por el ámbito en que vivían. Desde el punto de vista de la censura política soviética toda teoría delirante pero que pudiese dar una interpretación materialista de las religiones o mitos era bienvenida y fomentada, a sabiendas de su falsedad, por motivos ideológicos. Esto seguramente influía que en ámbitos científicos en donde tal tipo de sugerencias descabelladas darían la risa no fuesen criticadas con énfasis.

Encuentro muy interesante la parte política del libro, incluso fascinante. Shklovskii hace unos comentarios muy pertinentes sobre las chorradas que algunos decían en nombre del materialismo dialéctico en contra del estudio de la vida extraterrestre, o cómo el socialismo podría considerarse como una alternativa social que podría interpretar de otro modo la cuestión de las civilizaciones extraterrestres. Y también como Sagan muestra su punto de vista sobre estos temas. Pues ambos autores tratan de buscar un balance entre los sistemas de pensamiento dominante en sus países.

Para terminar lo que me parece más interesante de este libro. Es un ejercicio de algo que se ha perdido en la ciencia, de pura imaginación y creatividad, de la exposición de ideas. Pero ojo, las especulaciones se tratan como eso, y se sabe en todo momento cuándo hay datos sólidos y cuándo no. Esto es algo que se nota en los artículos sobre vida extraterrestre de esa época, sus autores no tenían miedo de especular, de imaginar. Esto ya no es así, ya no hay publicaciones científicas así, la ciencia ha perdido su imaginación y se ha vuelto muy antipática. Si alguien propusiese ahora cosas como las hipótesis de trabajo de Shklovskii se lo comerían vivo, o peor aún, guisado en uno de esos infames platos de los cocineros deconstructivistas. Y no creo que sea porque ahora sabemos más, sino porque la mentalidad de la comunidad científica es diferente.


El teorema de Gödel (Ernst Nagel y James R. Newman)

Mayo 18, 2008

De vez en cuando me gusta comentar libros que pueden considerarse clásicos de la literatura científica contemporánea, en uno u otro campo. Este es uno de ellos, tanto por la época que fue escrito, hace ya cincuenta años, como por su contenido. Se trata, como indica el título, de un libro que trata de explicar al profano en lógica y matemáticas los famosos resultados de Kurt Gödel sobre los fundamentos de la matemática.

Lo que demostró Gödel es que hay teoremas matemáticos que son verdaderos que no pueden ser demostrados formalmente. Ahora bien cuando se habla de demostrar formalmente esto tiene un sentido técnico preciso y para ello hay que comprender los conceptos de consistencia y completitud en la demostración matemática. También que a ese tipo de demostración se le imponen ciertas restricciones (como por ejemplo que el número de pasos en la demostración sea finito). Los autores explican paso a paso todas estas cuestiones, explicando los problemas de fundamentos que dieron lugar al teorema de Gödel.

El libro es corto y se lee de un tirón, y ciertamente los autores van al grano en sus exposiciones, sin divagaciones o elucubraciones filosóficas. El comentario de los resultados de Gödel es breve y quizás en lo que más énfasis hacen es en una interpretación correcta de los resultados tratando de evitar el equívoco en el lector. Breves comentarios sobre el punto de vista adoptado por Gödel de un platonismo matemático como respuesta a su teorema y una pequeña reflexión sobre las implicaciones en el desarrollo de inteligencias mecánicas, ponen punto final a la exposición.

A mí no me convence para nada la postura filosófica de Gödel y me encuentro mucho más cómodo con la filosofía de las matemáticas de G.J. Chaitin, que precisamente se interesó por el tema del teorema (y sus aportaciones a la matemática guardan relación con él) tras leer este libro.


El hospital de la transfiguración (Stanislaw Lem)

Mayo 16, 2008

La verdad es que un gustazo reseñar un inédito en castellano de Lem aunque es significativo que siendo su primera novela no estuviese todavía traducida. El veredicto tras la lectura es que Lem hizo muy bien en dejar la literatura realista y dedicarse a la ciencia ficción y las ficciones metaliterarias. ¿Significa esto que esta novela es mala?. En absoluto, es todo lo contrario, sobre todo teniendo en cuenta que es la primera novela del autor polaco. Aunque también hay que tener en cuenta que Lem tuvo que modificar mucho el texto por culpa de la censura y no está claro si eso contribuyó a mejorar o empeorar el resultado.

Curiosamente el argumento no es nada original, se trata del típico viaje a los infiernos, en que el héroe sufre una transformación tras su viaje al inframundo. A eso se refiere el título, e incluso los títulos de los capítulos están puestos con esa intecionalidad. En este caso el viajero espiritual es un joven médico polaco quien tras asistir al funeral de un tío acaba trabajando en un hospital psiquiátrico como resultado de un encuentro casual con un amigo de la facultad. En él irá descubriendo las miserias humanas de los médicos, el drama de los pacientes, y se irá transformando a sí mismo. Toda la acción sucede durante la ocupación alemana de Polonia.

El guía dantesco en el viaje al inframundo es uno de los pacientes del hospital, un poeta loco y excéntrico que ejerce como maestro del joven médico. En sus discursos, a veces geniales, a veces delirantes, encontramos ya la visión del mundo que tan presente está en la obra posterior de Lem, la imagen del ser humano como ejemplo máximo de mediocridad en un mundo dominado por leyes impersonales y azarosas. Claramente aparece aquí la visión del mundo que luego se completaré en el Lem maduro de sus grandes obras de ciencia ficción, así como cierta angustia existencial manifestada en las reflexiones del protagonista.

Pero además, también vemos el hospital como un reflejo de un mundo externo más loco aún que los pacientes. A pesar de sus pacientes, del horror de un psiquiátrico de esa época, y lo anormal del comportamiento de los médicos, es un reducto de la cordura en un mundo sumido bajo el delirio de la guerra y la destrucción. Como pequeños apuntes en la historia, a través de los diálogos del médico con algunos pacientes, vemos como el hospital es un refugio contra el hambre o la persecución nazi, tal que algunos pacientes parecen fingir su locura porque prefieren eso y sufrir el uso de drogas o terapia de shock antes que enfrentarse al destino peor que les aguarda fuera. O las historias que narra el capataz de la estación que son un reflejo de la situación de la clase obrera en esos momentos, terrible sin duda este pasaje. El hospital acaba siendo incluso un refugio para un eminente investigador represaliado por los alemanes.

Sin embargo sabes que tarde o temprano el horror del mundo externo poseerá al hospital y temes por el destino de quienes lo habitan. Aquí el viaje del protagonista culmina en un genuino Aqueronte que muestra lo peor del ser humano, y que da razón a la tesis básica del poeta loco, en realidad el ser humano no es más que mierda (como metáfora de la mediocridad) en un cosmos que le sobrepasa, pero también lo es ética y moralmente. Los pasajes finales son desgarradores, terribles, y en el final se produce la completa transfiguración del protagonista en una escena que en otro contexto nos parecería trivial.

Creo que a los que os emocionáis con una buena lectura os va a gustar mucho esta novela. En mi caso ha habido pasajes que me han emocionado, es un libro que va al interior, a las tripas y que en mi opinión no deja indiferente. A pesar de ser una obra primeriza ya se encuentran en ella algunas de las mejores cualidades narrativas de Lem, aunque no todas. Quizá el primer capítulo de tono costumbrista puede dar una idea equivocada al lector de lo que vendrá luego. Pero el resto es magnífico. Precisamente por eso pienso que Lem hizo mejor en dedicarse a la ciencia ficción en contra de sus preferencias, seguramente, en ella algunas reflexiones que aparecen en este libro en boca del poeta se materializarían mucho mejor. Pero también pudo librarse así de la censura y dar rienda suelta a su creatividad, que ya en esta, su primera novela, se nota bastante.

No es la mejor novela de Lem, aunque me temo que mucho acomplejado de la ciencia ficción o de aquellos que desprecian el género le darán más relevancia dentro de su obra de la que tiene, pero como cualquier libro suyo es una obra de una calidad excelente. Lo que me recuerda la dura y despiadada crítica que el poeta loco hace de los críticos literarios que es genial. Y es un libro que me ha emocionado, algo me pasa pocas veces. Literatura de la buena, aunque algo por debajo del nivel de las mejoras obras de Lem, lo que equivale a decir que muy por encima de la mayoría de los libros que invaden las estanterías de las librerías de leer y tirar, frente a los que seguramente esta pequeña joya pasará desapercibida.


Fundamentación lógica de la física (Rudolf Carnap)

Octubre 23, 2007

Durante el siglo XX el debate en la filosofía de la ciencia se planteó entre dos grandes concepciones de la labor científica, una centrada en los aspectos lógicos y formales, en la lógica de la investigación científica, y otra que hacía énfasis en la sociología de la ciencia. Un nombre destacado entre los defensores de la primera es el de Rudolf Carnap y este libro es una exposición detallada de algunas de sus ideas. Pero hay que tener en cuenta que es un libro que recoge su pensamiento más elaborado escrito a finales de los cincuenta, y por lo tanto sus tesis pueden asociarse más a lo que se ha denominado concepción heredada de la filosofía de la ciencia que a sus primeras ideas sobre el fisicalismo en la ciencia y su filosofía de las matemáticas.

Como su título indica el libro pretende dar una fundamentación lógica de la física. El libro se estructura en seis bloques temáticos. Si bien en su momento la idea de autores como Carnap de reducir la física a leyes teóricas analizables en términos de los lenguajes lógicos y leyes empíricas se mostró problemática eso no quita valor a gran parte del contenido del libro. Eso hay que tenerlo muy en cuenta.

La primera parte se centra en los diversos conceptos de probabilidad y la problemática de la inducción en la investigación científica. Establece una distinción entre una concepción lógica de la probabilidad y la estadística, lo que tiene implicaciones a la hora de analizar la inducción en física. Como suele ser habitual en este tipo de autores no menciona por ninguna parte la teoría axiomática de la probabilidad de Kolmogorov, quizá no tan apasionante filosóficamente como las otras que cita pero sí una muestra de qué problemática se plantea en las matemáticas con este esquivo concepto.

La segunda trata la estructura lógica asociada con la medición de magnitudes en física. Lo más provechoso de este capítulo es el empleo de la teoría de los conjuntos para establecer los conceptos básicos en la medición de magnitudes físicas. Un tema olvidado y que debería de ser tenido muy en cuenta física. También hace mención al operacionalismo de Brigdman curioso personaje poco conocido por la comunidad de los físicos.

Lo mejor del libro es sin duda alguna la parte que dedica a la filosofía del espacio, a cómo la física moderna trata el concepto de espacio-tiempo. Con un análisis muy completo e interesante de las implicaciones de la teoría relatividad. Para ello analiza la relatividad general teniendo en cuenta el punto de vista convencionalista de Poincaré frente a la concepción de Einstein del espacio-tiempo. Lo mejor del libro sin duda, de lectura imprescindible. Si bien estos autores adscritos a la concepción heredada y las escuelas filosóficas que los inspiraron eran algo flojos en temas de mecánica cuántica eran auténticos fieras en el análisis filosófico de las teorías clásicas, con especial énfasis en la relatividad general. De hecho estos temas nunca han sido de mayor actualidad en el seno de la física. Las teorías de la gravitación cuántica tratan sobre la propia naturaleza del espacio en sí mismo y es necesario tener en cuenta la discusión filosófica previa. El debate entre la concepción relacionista de Leibniz, la convencionalista de Poincaré y los enfoques positivistas es muy útil incluso hoy en día.

Los siguientes capítulos abordan el peliagudo tema de la causalidad y su vinculación con el determinismo. Las reflexiones de Carnap no son excesivamente originales y se limita a defender un punto de vista intermedio entre los excesos metafísicos, que tanto critica a lo largo del libro, y la negación total de la causalidad y el determinismo. Esto último no tiene mucho sentido a la vista del éxito predictivo de la ciencia. Quizá podría resumirse su punto de vista en que la existencia de un determinismo fuerte en física pero parcialmente limitado por la incertidumbre cuántica no tiene que entrar en contradicción con la libertad de elección.

La sexta parte es la que peor ha envejecido con el tiempo. Aquí es donde presenta el programa de reducción de la física a términos lógicos y empíricos, mediante la división de las leyes científicas en leyes teóricas y leyes empíricas. Para poder conectarlas hay que introducir la noción de leyes de correspondencia. Estas correspondencias vincularían conceptos teóricos como campo o electrón con los resultados de los experimentos científicos. Es aquí en donde este enfoque de la filosofía de la ciencia se mostró más débil. Es muy difícil separar en algunos casos una ley teórica de una empírica, porque en un proceso de medida hay una carga subyacente de teoría muy grande, que habitualmente no aparece de forma explícita.

El libro termina con un pequeño capítulo sobre el indetermismo en mecánica cuántica. Como comentaba los autores de esta escuela filosófica y muchos contemporáneos de educación en la física y matemática clásicas (como Popper) no tenían su punto fuerte en la teoría cuántica. Pero al menos Carnap, Nagel y Hempel eran conscientes de ello y trataban estas cuestiones con la debida modestia de aquel que se mueve en terrenos resbaladizos, pero sin renunciar a exponer sus puntos de vista. No como Popper que pretendía descubrir el chocolate del loro sin saber muy bien de lo que hablaba. En este caso Carnap no se moja mucho, aunque sí critica los excesos filosóficos cometidos en nombre del determinismo cuántico.

Si tuviese que quedarme con algo lo haría con los capítulos sobre la filosofía del espacio. Lamentablemente es un libro bastante difícil de conseguir.


Lo decible y lo indecible en mecánica cuántica (John S. Bell)

Agosto 1, 2007

Durante décadas la cuestión de cómo interpretar el formalismo cuántico y si pudiese existir alguna teoría alternativa a la estándar fue de carácter filosófico. El debate se centraba en la existencia o no de una teoría cuántica de lo que Eisntein, Podolsky y Rosen denominaron elementos de realidad, lo que se denomina una teoría de variables ocultas. Físicamente la existencia de elementos de realidad implica que es posible hacer referencia a propiedades físicas de objetos sin que intervenga de por medio un proceso de interacción entre el objeto estudiado y el dispositivo experimental. Tras tres décadas de debate John S. Bell introdujo en el laboratorio la discusión filosófica mediante una serie de resultados matemáticos precisos y que podrían ser verificados experimentalmente.Este libro contiene los artículos originales de Bell y algunos más de gran interés para entender las problemáticas que surgen en la “filosofía cuántica”. También son interesantes para alguien que quiera introducirse en el ámbito de las aplicaciones tecnológicas más fascinantes de la mecánica cuántica como la criptografía o la computación, ya que en él se encontrará con los problemas conceptuales que surgen al analizar el funcionamiento de sistemas cuánticos. Y en general es una lectura imprescindible para el interesado en el tema de los fundamentos cuánticos porque Bell fue el responsable de convertir el debate filosófico en física experimental. Es por lo tanto un libro técnico, aunque no especialmente difícil de seguir por quien tenga algunos conocimientos básicos de física cuántica, aunque también tiene un par de artículos divulgativos muy interesantes y sólo por los cuales ya merece la pena intentar leerse el libro.

Lo que hizo Bell fue demostrar que una teoría cuántica con elementos de realidad y ciertas propiedades, lo que se denomina una teoría realista local, debe cumplir unas desigualdades, que además se violan en la teoría cuántica convencional. Lo más importante es que este tipo de desigualdades se pueden poner a prueba mediante experimentos y de momento la mayor parte de los experimentos realizados han demostrado que se violan. En el volumen aparecen los artículos en donde Bell demostró esto y lo más importante, su resultado de que si se violan sus desigualdades uno ha de optar por el realismo o por la localidad, dos importante características de las teorías clásicas.

También encontramos artículos sobre posibles extensiones de las teorías de variables ocultas a las teorías cuánticas de campos. Pero quizá lo más interesante sean los artículos en que Bell critica otras interpretaciones de la mecánica cuántica, como la de Everett. Se suele asociar la interpretación de Everett con la idea de los universos múltiples, pero no es la única forma de afrontar tal intepretación. Sin embargo Bell critica la idea de universos múltiples y muestra otras formas de interpretar el formalismo de Everett que en todo momento Bell asocia con una teoría de variables ocultas.

Pero no todos los artículos tratan del mundo cuántico. También hay uno sobre cómo explicar la teoría de la relatividad de Eisntein y cómo a veces es muy útil hacerlo en los términos de otros autores aunque su interpretación física no se corresponda con la real. A pesar de no tener mucho que ver con el resto del libro la relación está muy clara para el lector atento y en el fondo Bell lo que hace es defender una forma de entender la realidad compatible con lo que le dictan sus resultados sobre las variables ocultas.

Puedo decir con toda certeza que se trata todo un clásico dentro de la literatura de la Física en general. Un clásico que ha envejecido bastante bien con el paso del tiempo, quitando algún artículo que hace referencia resultados experimentales. Lo que más me gusta de Bell es que su empleo de las matemáticas es bastante sobrio y hace énfasis en los conceptos físicos, algo que deberían de copiar todos esos entusiastas de las teorías de supercuerdas, lazos y similares. Y los dos o tres artículos de divulgación son bastante buenos y claros, algo muy de agradecer. Especialmente recomendado para quienes estén estudiando una asignatura de mecánica cuántica.


La teoría atómica y la descripción de la Naturaleza (Niels Bohr)

Julio 31, 2007

Hay libros que son referentes en una biblioteca personal. Este es el caso. Si bien tengo pocos libros sobre Filosofía de la Física (he leído sobre todo los libros sobre este tema sacados de bibliotecas) hay tres de ellos que para mí son fundamentales. Uno de ellos es este libro de Bohr, el otro es de John Bell sobre fundamentación cuántica y el otro el libro de Einstein sobre el significado de la relatividad. Junto con los librillos de Schrödinger constituyen mi canon filosófico sobre la Física.La teoría atómica y la descripción de la Naturaleza es una colección de cuatro conferencias de Bohr y entre ellas se encuentra la conferencia dada en Como, Italia, en 1927 que constituye la exposición fundamental de la filosofía de Bohr en torno al concepto de complementariedad. Se trata por tanto del texto capital para entender las implicaciones gnoseológicas de la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica. La de Bohr no es la única interpretación filosófica del formalismo cuántico ortodoxo pero a mí me parece la única verdaderamente profunda y elaborada, más próxima a la verdadera filosofía del mundo físico que otras concepciones de otros físicos más de filosofía al estilo El mundo de Sofía.

Porque los dos grandes pensadores de la mecánica cuántica sin duda fueron Einstein y Bohr. El primero siempre ha sido menospreciado injustamente cuando fue el único que desde los principios de la teoría comprendió en su totalidad las implicaciones filosóficas de la introducción del cuanto de Planck ( quizá si Poincaré no se hubiese muerto cuando empezaba a interesarse por la hipótesis cuántica habrían sido dos ). Einstein siempre fue consciente de lo que implicaba. Otro tema diferente es que estuviese acertado o no en su creencia de que la teoría era incompleta pero nunca puso en duda su gran potencia como teoría física con aplicaciones. Y su gran rival fue sin duda Bohr. Bohr que mientras los jóvenes cuánticos preocupados por sus abstracciones se preocupaba de las objeciones de Einstein, y se las tomaba muy en serio, como las de Schrödinger. Por eso Bohr es uno de los grandes, porque siempre escuchaba a los demás, tenía en cuenta sus propuestas y las discutía. La gran mayoría de físicos deberían de copiar de estos dos monstruos del pensamiento.

En cuanto al contenido de las conferencias en realidad se trata de cuatro versiones diferentes sobre un mismo tema. Además hay que tener en cuenta que Bohr tenía dificultades para expresar en papel sus pensamientos y hacía múltiples correcciones y repasos a sus borradores. Es por tanto un poco difícil la lectura de los textos a pesar de no estar excesivamente plagados de tecnicismos. Eso sí hace mucho énfasis en los aspectos de la teoría cuántica que tratan sobre la descripción de la Naturaleza. Y es que Bohr creía que la Física no puede aspirar más que a tener una imagen sobre la Naturaleza, nuestro conocimiento de ella siempre estará limitado de alguna manera.

La edición de Alianza, que es la que tengo yo, tiene además un interesante prólogo de Miguel Ferrero (el culpable de que me interese tanto el tema de la fundamentación cuántico porque realicé un trabajo sobre el tema en la asignatura de cuántica que da en la Universidad de Oviedo) sobre las ideas Bohr. Un prólogo con un interesante guiño a la literatura fantástica de Borges y que es muy interesante. Se trata sin duda alguna de todo un clásico de lectura imprescindible para toda persona que tenga interés por la Física.